5 de Noviembre de 2000


Entre los talentos, obtener un promedio perfecto es cosa fácil, tanto como soñar en un futuro como científicos, presidentes o astronautas. La única limitante es que El Salvador todavía carece de una institución que los descubra y los promueva.


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La mayoría de los talentos son identificados como alumnos problemáticos, se aburren de todo y por todo dentro de una clase regular. En casa también son un dolor de cabeza para los padres que no saben cómo tratarlos.
Escriben poco, pero tienen una especial capacidad de retención, aun para resolver acertijos y cálculos matemáticos o pueden ejecutar un instrumento musical sin conocerlo. Por lo general sus promedios son de 10 en las áreas hacia las cuales se dirige su talento.
En El Salvador no existe una estructura definida que atienda a los menores superdotados, sino proyectos que funcionan por separado. Se carece de un perfil de ellos, aunque en el exterior muchos se han destacado, becados, en diferentes áreas.

Oportunidad limitada

Sandra Cañas, estudiante de 15 años del Instituto “José Simeón Cañas”, de Zacatecoluca, La Paz, se convirtió en la primera mujer en recibir una medalla de bronce en las Olimpiadas de Centro América y el Caribe de Matemáticas.
Su capacidad para los cálculos y su afán por resolver problemas matemáticos desde los primeros días de escuela la convirtieron en una estudiante sobresaliente con promedio de 10. Además fue llamada por el programa de adiestramiento que realiza la Universidad de El Salvador.
“Aprender a resolver problemas matemáticos no es fácil, pero sí es fascinante. A mí desde niña me gustaron los números”, dice Sandra, una de las más aventajadas alumnas que atiende el proyecto dirigido por el ingeniero Carlos Canjura.
Este esfuerzo, aunque limitado a las matemáticas y que este año abrió sus puertas a niños talentos de la física, nació en 1997 por petición del Ministerio de Educación, convencido de la necesidad crear una generación más productiva de salvadoreños.
Ciento ochenta menores se benefician cada sábado con las clases especializadas, a través de las cuales se busca mejorar el rendimiento de los futuros participantes en las olimpiadas y tratar de que los jóvenes tengan una versión diferente de la matemática y que guste como ciencia.
El ingeniero Canjura supervisa, coordina y ejecuta el programa de estudios, que involucra a menores de 18 años a partir del séptimo grado, la mayoría estudiantes de escuelas públicas a nivel nacional, a quienes se les realiza de tres a cuatro pruebas para ingresar.
La ministra de Educación, Evelyn Jacyr de Lovo, dice que la “selección fue casi natural”, ya que se descubrieron mediante los certámenes escolares y muy pocos fueron propuestos por maestros.
Eduardo González, del Liceo Sicopedagógico de Zacatecoluca, es un caso especial. A sus 10 años ganó el concurso nacional de matemáticas a nivel de cuatro grado y sobresale en el grupo que atiende el departamento de Matemáticas de la UES.
A su edad ha pasado al grupo de bachillerato con ventaja sobre la mayoría. “Quiero ser un gran matemático”, dice Edgardo, para quien su instructor piensa que antes de lo esperado debe enviarse al exterior para fortalecer sus capacidades, dado el avance que muestra.
Esta iniciativa, la única que existe en este campo, es excluyente de los talentos artísticos. Las autoridades de Educación reconocen que muchos estudiantes destacados se pierden por falta de incentivo, en especial en el área rural.


 

Visión menos cerrada

A nadie le es ajeno el éxito que ha tenido el cantautor salvadoreño Álvaro Torres; tampoco los triunfos de Andrés Arias, a quien las revistas Time y Life incluyeron entre los 100 emigrantes más destacados del siglo XX.
En el país no existe un perfil sobre cuántos compatriotas han sobresalido en el exterior por sus méritos artísticos, humanísticos o científicos ni sobre los niños que se destacan en sus escuelas o colegios.

Salvar el futuro de ellos dependerá en parte de la dirección que puedan seguir iniciativas que prometen, como el convenio firmado con el doctor Carlos Vela, destacado científico salvadoreño que dirige un programa busca de talentos hispanos en Estados Unidos.
Con una adaptación a las necesidades educativas en nuestra nación, Vela, en coordinación con el ingeniero Canjura, de la UES, trabajará durante un mes con los niños que asisten a los cursos de matemáticas para desarrollar el primero de nueve módulos que incluye el plan vinculado a la NASA.
El interés “no es crear pequeños monstruos, sino niños capaces de trabajar por su país”, asegura Canjura. El curso tiene componentes para desarrollar sus habilidades científico-tecnológicas y sus capacidades humanas.
Los pequeños que estarán internos hasta el 15 de enero se convertirán en agentes multiplicadores en sus escuelas, animando a otros jóvenes.
La titular de Educación espera que el trabajo con la NASA se institucionalice y sobre esta base montar proyectos similares en las áreas humanísticas y artísticas a través de círculos de historia y certámenes.
Anunció además las reuniones que sostienen con historiadores y una fundación alemana, con quienes revisan la enseñanza en este campo para hacerla más atractiva, de tal forma que ayude a fortalecer la identidad cultural entre los niños.

“Aprender a resolver problemas matemáticos no es fácil. En mi caso aprendí porque desde muy pequeña me gustaron los números” Sandra Cañas


El doctor Alberto Chiquillo, encargado del programa de talentos de Educación, dice que El Salvador no sólo necesita matemáticos; por eso cada año se seleccionarán 60 muchachos a partir del séptimo grado.
Partiendo de la experiencia con el doctor Vela se va a fomentar la ética y comportamiento ciudadano. Además se impartirá química y física experimental, para quienes dominan las áreas humanísticas, y literatura e historia como áreas complementaria para los matemáticos.
El problema es que muchos de ellos no podrán llegar al bachillerato o a la universidad, por eso se trabaja en la posibilidad de otorgarles becas según sus condiciones económicas o enviarlos al exterior cuando su nivel académico sea superior.
Ahora que los planes comienzan a tomar forma existe preocupación sobre el papel de los docentes en la formación y en la selección del talento.

Para llegar a ser un talento se deben comenzar a buscar las aptitudes de los niños y de las niñas desde muy temprana edad. Andrea Raducan, la niña gimnasta rumana, obtuvo notas perfectas en los Juegos Olímpicos de Sydney, Australia.

 

Capacitación de docentes

Una de las ideas que se teje en Educación es adiestrar a los maestros para que tengan el conocimiento necesario para reconocer a un talento en el aula.

El doctor Chiquillo dice que por de pronto el programa proseguirá con el recurso existente; aunque a futuro se iniciarán capacitaciones e incluso se crearán consejos de profesores para trabajar en cada institución.
De esta forma se garantizará la educación especial en los dos rumbos, tanto para el niño que presenta deficiencias de aprendizaje como para los talentos.
La preocupación no es vana, ya que en la adolescencia muchos pierden el interés de seguir ante la falta de incentivos escolares o por la pobreza.
Por el momento, los pequeños talentos siguen por un camino de dificultades, aunque en Educación se busca la manera de absorberlos en los programas especiales con la promesa de que no habrá discriminación.

¿Talento o problema?

A sus tres años, Matías Osegueda habla como un niño de cinco, arma rompecabezas y busca siempre una explicación para todo. Pone en jaque a sus papás con cada pregunta y derrocha su energía haciendo garabatos en cualquier lado o berrinches porque insiste en ir a la escuela.

La única forma de calmarlo es ofrecerle lápices de colores y papel para dibujar. Patricia, su madre, dice que habló a la perfección en su primer año de vida. “A veces me saca de quicio; es curioso y preguntón. Quiero que vaya al kinder ya”, afirma.
Su caso no es una excepción; muchos padres se sentirán identificados con esta situación que puede ser no un problema, sino un llamado de atención.
Los niños talentos suelen ser rápidos para trabajar y se aburren en una clase corriente. Son niños problemas, demasiado capaces que no encuentran cómo utilizar su tiempo; entonces corren el riesgo de torcer sus caminos.
La licenciada Bessy Cabrera, coordinadora del programa “Escuela Saludable”, asegura que estos pequeños pueden aprender discursos hasta de 80 páginas y recordarlos sin equivocarse, repetir entre 50 y 500 cifras y ocupan su tiempo en armar y desarmar juguetes o equipos.
Cuando se trata de talentos a nivel humanístico desempolvan la historia y absorben la literatura de cualquier biblioteca a su alcance. El problema, asegura, es que cuando no dan rienda suelta a sus curiosidades se vuelven ensimismados, pues piensan que nadie los entiende.
“Descuidar el talento podría ser peligroso. Un talento no cultivado puede agarrar malos caminos”, afirma el ingeniero Carlos Canjura, de la UES.

 


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