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Cada
miércoles de tiangue, Baltazar Sarmientos tiene mucho trabajo.
Con los diez viajes que realiza obtiene de 100 a 150 lempiras que le
sirven para mantener a su familia.
La verdad es que venimos aquí (Ciudad
Victoria) para vender y comprar porque el dinero de Honduras no vale.
Todo está bien caro y a uno de pobre no le alcanza para nada.
Allá sólo de cien para arriba se platica, explica
Bernarda Ascencio.
Ella reside en Gualcinse, Lempira. Cada miércoles prepara su
cargamento, que consiste en seis o siete gallinas, y algunas veces una
arroba de maíz o frijol, toma el camión que la deja en
la ribera del río Lempa (línea divisoria entre los dos
países), se pasa el puente de hamacas o a través de una
canoa y pisa tierra salvadoreña.
Allí la espera otro camión que la transporta a Ciudad
Victoria. Desde las siete de la mañana, las calles principales
de este lugar se llenan de gente huraña y escurridiza, pues la
mayoría proviene de comunidades pobres del vecino país.
Uno de los costados de la plaza principal, situada en el barrio El Centro,
se convierte en el punto de encuentro y en el centro de ventas. Allí
llegan mujeres menudas de ropas humildes y desgastadas llevando los
enormes canastos con gallinas para vender. Luego compran los insumos
básicos de la semana y llevan a alguno de sus hijos a una clínica
asistencial.
Llegan niñas de piel aceitunada y de miradas desconfiadas que
esperan comprar un par de zapatos o un vestido, campesinos que desean
trabajar en las tierras salvadoreñas porque es mejor remunerado,
ancianos de andar lento que se comunican por teléfono con sus
hijos residentes en Estados Unidos.
En fin, es el mejor destino para centenares de hondureños que
residen en pueblos y comunidades fronterizas con Cabañas. Al
atardecer, más de doscientas personas cruzan el río para
volver a la tierra que los vio nacer. Irónicamente llevan productos
salvadoreños y van con la certeza de que en El Salvador se vive
mejor.

El
dinero que las hondureñas obtienen por las gallinas les sirve
para comprar bienes que llevan a sus hogares.
Mercado
de animales
A partir de las ocho de la mañana, una de las aceras y parte
de uno de los portales ubicados en la plaza principal de Ciudad Victoria
lucen abarrotados de gallinas, el negocio preferido por la mayoría
de hondureñas.
Traemos gallinas porque nos dan más ganancia. En Honduras
las compramos a 30 ó 40 lempiras y aquí las vendemos a
40 colones, menciona entusiasmada Leticia Lazos, quien cada miércoles
vende de ocho a diez aves.
Según ella, las ganancias de ese negocio le alcanzan para mantener
a sus dos hijos. Como el cambio del lempira está a 0.50 ó
0.55 centavos de colón, significa que obtiene casi el doble del
precio original de las gallinas.
Otras personas, además de gallinas venden maíz o semilla
de ayote. Cuando ya tienen los colones o los dólares en sus manos
se dirigen a las tiendas de granos básicos, a las ventas de ropa
o al mercado para dejar en la ciudad parte del dinero que recibieron
por los productos.
Quienes tienen que hacer mandados mayores, como asistir al hospital
o hacer compras especiales, extienden su viaje hasta la cabecera departamental,
Sensuntepeque, a unos 10 kilómetros de distancia.
A veces nos quedamos a dormir en hospedajes, por ejemplo cuando
tenemos que estar temprano donde el doctor o hablar con nuestros hijos
en Estados Unidos, cuenta el hondureño José López.
A unos 200 metros de la plaza principal, siempre en el barrio El Centro,
se desarrolla el otro tiangue de los miércoles. Ganado, caballos
y cerdos son exhibidos en los corrales para la adquisición.
El chillido de los chanchos avisa que es día de comercio. Los
compradores que llegan desde la cabecera departamental regatean para
llevarse a bajo precio los animales, mientras los ganaderos, con sus
característicos sombreros, se pasean de un lugar a otro. Es miércoles
de compra y venta.
Antes una buena parte de estos animales era traída desde Honduras;
sin embargo, desde hace unos tres meses, la Policía Nacional
Civil (PNC) decomisó una manada de ganado y capturaó a
los dueños en el momento que cruzaban el río Lempa.
Ahora nos da miedo comprar. La PNC se ha dedicado a molestar a
los hondureños trabajadores, y el traspaso de chanchos y ganado
es beneficioso para ellos y para nosotros, menciona Alberto Rivas,
vendedor de cerdos.
Desde ese acontecimiento, los hondureños han dejado de participar
en este tiangue. Ahora sólo se comercializan los animales de
los cantones La Bermuda, El Zapote, Santa Marta, San Antonio, El Palomar
y San Pedro.
Después de ser vendidos, los animales son trasladados en camiones
a Sensuntepeque, donde serán revendidos al día siguiente
en el tradicional tiangue que se realiza los jueves.
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Mejor
El Salvador
Según Carlos León, alcalde de Ciudad Victoria, este tradicional
intercambio comercial entre salvadoreños y hondureños
existe desde que se fundaron los pueblos fronterizos, y desde entonces
no se ha interrumpido.
Y no es para menos. Para algunos hondureños viajar a sus ciudades
principales significa un gasto de tiempo y dinero muy alto. Por ejemplo,
quienes viven en el departamento de Lempira, para ir a Santa Rosa de
Copán deben salir en la madrugada, gastar 350 lempiras de pasaje
y 50 en dos tiempos de comida.
Para visitar La Virtud, uno de los pueblos más cercanos, pagan
75 lempiras por el camión o el bus que los transporta, es decir
casi cuarenta colones. En cambio, ir a Ciudad Victoria o a Sensuntepeque
les sale más barato. Sólo gastan en pasaje unos 25 lempiras.
Lempira es el departamento hondureño que limita unos 30 kilómetros
con Chalatenango y unos 40 con Cabañas. Desde lugares conocidos
como La Virtud, el Llano de las Hamacas, Huajiniquil, La Cuesta, Gualcinse
y Los Hernández, los hondureños cruzan el río Lempa
y se acercan a Ciudad Victoria.
Para pasar hacia El Salvador o al otro lado, como ellos
lo llaman, los hondureños tienen dos opciones: algunos recorren
el puente colgante, por el cantón San Pedro.
Otras personas atraviesan el afluente en barca, por el cantón
San Antonio, también conocido como La Haciendita.
Armando Echeverría, habitante de la zona, relata que la existencia
de este pequeño puerto data desde 1930 cuando su abuelo decidió
emprender la empresa.

Salvadoreños
y hondureños estrechan
lazos comerciales.
Desde que era niño, él ha sido testigo del paso de los
hondureños. Aquí la gente va para El Salvador con
gallinas y granos básicos a venderlos y regresan cargados. Antes
llevaban hasta refrigeradoras que traían desde Sensuntepeque,
expresa Echeverría.
El recorrido que los hondureños hacen por el puerto La
Haciendita ha sido beneficioso para unos 15 jóvenes que
viven en la ribera del afluente, del lado de Honduras.
Cuando el camión que trae a la gente desde Ciudad Victoria
viene, los muchachos salen corriendo para cargar los bojotes (bultos)
y como pago reciben 5 ó 10 lempiras, cuenta Echeverría.
Sin embargo, desde que en octubre la PNC comenzó a custodiar
esos dos puntos ciegos (San Pedro y San Antonio), el paso de productos
ha disminuido.
Barrera comercial
Los comerciantes que visitan Ciudad Victoria desde el país vecino
y los vendedores locales han comenzado a quejarse por los decomisos
de mercadería.
La policía está molestando a los trabajadores. Hace
unos meses decomisaron un ganado que los hondureños pasaron por
el puente, comenta el ganadero Alberto Rivas.
La PNC se llevó el ganado y los dueños estuvieron presos
por varios días. Desde entonces, los hondureños han quedado
temerosos y ya no se atreven a comercializar animales en El Salvador.
Raras veces participan en el tiangue de cerdos, ganado y caballos que
se realiza los miércoles.
Hace un mes, el mismo cuerpo policial decomisó unos 20 sacos
de semilla de ayote. Los agentes se llevaron el cargamento y dejaron
libres a los propietarios. Para nosotros es un robo porque sólo
cargaron con el producto y hasta hoy no se ha sabido nada, cuenta
un comerciante, quien no quiso ser identificado.
No entiendo cómo los gobiernos hablan de libre intercambio
comercial y de integración centroamericana.Están afectando
a los hondureños porque se trata de gente de escasos recursos,
agrega el vendedor.
Carlos León, alcalde de Ciudad Victoria, no está de acuerdo
con los decomisos hechos por la PNC y por eso ha solicitado al Ministerio
de Gobernación la creación de una pequeña aduana
recaudadora de impuestos. Pero hasta el momento no ha recibido respuesta.
Sabemos que de esa forma se evitaría el despojo que se
hace a los hondureños. Ellos están de acuerdo con pagar
el impuesto asignado para cada producto. Esta sería una medida
para continuar con el beneficio que significa para la población
la entrada de ganado y de otros insumos, refiere el alcalde.
Mientras los comerciantes y el jefe edilicio ven con malos ojos los
operativos constantes que ejecuta la PNC, un agente de finanzas de la
División Paracentral de Investigaciones de San Vicente dice que
según el artículo 15 de la Ley Especial de Infracciones
Aduaneras se trata de contrabando.
El agente detalla que mientras la mercadería pase por ese sitio
establecido como punto ciego y hasta que no exista una aduana recaudadora
de impuestos, el cuerpo policial custodiará la zona y seguirá
decomisando los productos.
Por el momento, la instalación de una aduana sería la
mejor solución para los viajeros de esperanzas que cada miércoles
encuentran un alivio a su pobreza al vender y al comprar en Ciudad Victoria.
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Los
vendedores de carnes no dudan en adquirir más de un cerdo en
el tiangue.
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Me
sale mejor
Rumaldo
Vásquez es un hondureño de cuerpo enjuto y de manos
ásperas, quien desde que tiene noción de su existencia
se ha dedicado a la agricultura.
A sus 40 años tiene seis hijos que mantener y lo poco que
gana al trabajar en la tierra no le ajusta para saciar las necesidades
de su familia.
Por eso, cada vez que puede toma el camión hasta la frontera,
cruza el río Lempa y se escapa hacia El Salvador. Aquí
pagan hasta 50 colones diarios, en cambio en Honduras pagan 40
lempiras. Al hacer el cambio, me sale mejor, asegura.
Unos parientes que tiene en Ilobasco le dan posada. Después
de una semana de labor se marcha, llevando algunos comprados en
su matata. Esta vez lleva unas baterías, arroz, azúcar,
cebollas, un tecomate y panes. Cuando el hambre apriete volverá
a pisar suelo salvadoreño.
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Algunas
familias hondureñas sobreviven sólo de la venta de gallinas.
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Países
conectados
Cuatro departamentos
hondureños limitan con
El Salvador. Se conoce que en la mayoría de los pueblos
fronterizos existe algún tipo de intercambio comercial.
Ocotepeque con Chalatenango.
Lempira
con Chalatenango y Cabañas.
Intibucá con San Miguel.
Valle
con La Unión.
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El
cambio de moneda
favorece a los hondureños.
Los participantes
en el tiangue creen que la instalación de una cabina aduanera
sería la solución al decomiso de mercadería.
La mayoría
de hondureños que acuden a Ciudad Victoria es de escasos recursos.
Es gente que amarra su dinero en un pañuelo.
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