4 de noviembre de 2001

Cuando el invierno toca la vegetación que resguarda las viejas trincheras de guerra en el bosque de Cinquera en Cabañas, una ardilla puede viajar saltando de rama en rama desde Suchitoto hasta Tenancingo sin bajar al suelo.


Escríbanos

Lo que hace doce años en Cabañas y Cuscatlán fue un escenario de guerra hoy es uno de los principales bosques caducifolios del país, que cubre una superficie de tierra de 4,700 hectáreas, todas enlazadas en cinco municipios: Suchitoto, Cinquera, Jutiapa, Tejutepeque y Tenancingo.
Aquí la vegetación se caracteriza por la ausencia de árboles altos, la mayoría de ellos suelta sus hojas al llegar el verano —de ahí el nombre de bosque caducifolio—. Su período de defoliación puede prolongarse hasta por cinco o seis meses desde diciembre a mayo.
Al caer las hojas amarillas y muy rara vez rojas permiten con su desplome, además de una importante iluminación, el desarrollo de especies que se encuentran en los estratos inferiores, una labor que ha realizado este bosque por veinticinco años, explica Jesús Reyes, biólogo de la Universidad de El Salvador (UES).
Entre las especies vegetales que alberga están el aceituno, el cedro, el copinol, el laurel, el caoba, el conacaste, la ceiba, el quebracho, el pie de venado, el madrecacao, el pito, el jiote, el roble, el caulote y el pacún, entre otros.
Estudios del año pasado registran que de los 750 árboles reportados en el país, 130 existen en esa zona.
Dentro de su fauna se pueden apreciar iguanas verdes, bejuquilla café, víbora de cascabel, coral falso y verdadero; entre las aves se encuentran garzas, pichiches ala blanca, pato calvo, codorniz, gavilán, colibrí, talapo, martín pescador, urraca y el dichosofuí.
Además, en el interior de esta vegetación existen coyotes, gatos de monte, tigrillos, pezotes, cotuzas, zorrillos, tayras, cusucos, taltuzas, micoleones, venados cola blanca, tepezcuintles, tacuazines y mapaches, entre otros.
La región del bosque de Cinquera se encuentra inmersa en la zona climática de sabanas tropicales calientes (secas) o tierras calientes, cuya altura sobre el nivel del mar está dada entre los cero y los 800 metros, según los datos recabados en la estación meteorológica e hidrológica del Ministerio de Agricultura y Ganadería ubicada en La Chorrera del Guayabo.

Riqueza histórica y natural

Estos suelos con tendencia a la desnudez son una herencia de los peores años de El Salvador. Durante la guerra no conocieron cultivo alguno tras ser abandonadas por sus pobladores y convertirse en escenario bélico.
Como testimonio de ello aún se encuentran bajo los arbustos las viejas trincheras que utilizó la guerrilla para repeler los ataques aéreos en los años ochenta; también se logran ver en medio de los senderos algunos troncos corroídos por el tiempo que fueron las bases de un hospital clandestino.
Y hay más: hace seis meses en el cerro San

Las principales restricciones que piden los guardabosques de la zona son evitar el ruido y no lanzar basura en el bosque.

 

Vista del embalse Cerrón Grande desde el mirador del cerro San Benito. Cinquera en lengua náhuatl significa “Sierra de rocas y pacayas”.

Benito fueron encontradas cuatro piletas donde se procesaba el añil. Estos vestigios pertenecen a la colonia y datan del siglo XVI, según Franklin Medrano, de la Asociación de Reconstrucción y Desarrollo Municipal (ARDM).
De los cuatro obrajes, dos han sido descubiertos por los lugareños. Ambos presentan una estructura al estilo calicanto, todo elaborado con barro. Los otros están pendientes para ser investigados por el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura).
Las primeras averiguaciones apuntan que fueron construidos en el antiguo latifundio de los Ávalos, en lo que fue la primitiva hacienda San Nicolás, como aldea de ladinos en 1807, quienes sobrevivían del cultivo y del procesamiento del añil.
El bosque es una región montañosa rodeada por el río Quezalapa y sus afluentes. Se extiende en los macizos orográficos de Azacualpa y San Antonio-Pepeistenango, El Pepeto-Copalchán, La Mesa y La Cruz.

Proyecto ecoturista

La riqueza natural e histórica hacen que el bosque de Cinquera sea un lugar idóneo para disfrutar de unas exquisitas vacaciones.
Dan relevancia al paraje natural las cascadas El Saltón, Las Mancías, San Benito y Los Tercios, que son parte de la red hídrica, conformada por un aproximado de ocho ríos y 14 quebradas.
“La ventaja que tienen estos manantiales es que nunca han recibido descargas de aguas negras. Son ríos limpios donde las personas se pueden bañar con toda confianza”, dice Jesús Reyes, quien asegura haber disfrutado ya de un buen chapuzón.
Dentro de la riqueza natural y acompañados de aire puro también se pueden ver desde los miradores Pepeistenango y Azacualpa, el lago de Suchitlán y el embalse del Cerrón Grande. Estos últimos permiten que en la zona converjan aves migratorias que utilizan el bosque como refugio al ocultarse el sol.
En la actualidad, las personas que deseen visitar el bosque de Cinquera, lo único que tienen que hacer es consultar a ARDM, quienes proporcionan un guía para realizar el recorrido por los senderos interpretativos.
El principal requisito es cancelar cincuenta colones por guía. Ellos conocen palmo a palmo el sitio y muestran los senderos en un lapso de dos horas.

 

Si no quiere gastar mucho, reúna el dinero armando un grupo de 10 ó 15 personas, que es el cupo máximo para hacer el recorrido.
El objetivo primordial que se busca para el bosque caducifolio es que esté integrado al listado de áreas naturales protegidas, categoría privada que tiene el Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales.
El florecer de este bosque seco en estos 12 años ha sido evidente. Lo que antes fue un puesto de mando de la guerrilla hoy es una fábrica de oxígeno con una flora espléndida camino a la madurez.

Así se llega

Las vías de acceso de San Salvador al bosque de Cinquera son dos: una por Suchitoto y otra por Ilobasco.
Desde Suchitoto hay 53 kilómetros de calle pavimentada y 20 kliómetros de tierra si viaja por la ribera del lago Suchitlán.
En caso de hacerlo por Ilobasco, de San Salvador a Tejutepeque existen 63 kilómetros de calle pavimentada y 12 kilómetros de calle de tierra.
Sobre su ubicación geográfica y según la imagen del satélite LANDASAT-94, el área boscosa incluye los municipios de Suchitoto, Tenancingo, Tejutepeque, Cinquera y Jutiapa.
Las coordenadas geográficas se extienden a los meridianos 88¼ 55´00” y 89° 01´40” longitud oeste y paralelos 13° 55´00” longitud noreste, abarcando cinco municipios y 17 cantones entre los departamentos de Cabaña y Cuscatlán.

 

La riqueza de flora y fauna del bosque de Cinquera es un lugar atractivo para biólogos y botánicos.

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