4 de noviembre de 2001

 


Escríbanos

Pensando en por qué no existió o existe una Jesús, Buda, Martina Luther King, Picassa, Davinci... inicio la lectura “Desnuda de mí”.
No, esto no es machismo, sino de buscar un aporte, que no sea la vida que la mujer habría otorgado a la humanidad. Ya es mucho, podrán decir, mas lo siento natural, predestinado; incluso algunas piensan ser personas sin opción. La mujer debe ser madre...; los otros órdenes, los decisivos, son reservados para los hombres.
Silvia Elena Regalado radicó un tiempo en Nicaragua. Pretende ser parte de esa corriente latinoamericana de poetisas liberadas, flujo que parece estar extinguiéndose, o por lo menos no existen más revelaciones que las existentes.
Pero al hablar de esta poesía tenemos por fuerza que centrar nuestra atención a su entorno, realidad una que suele ser conservadora, matizada con patriarcalismo de “no mires lo que hago, haz lo que te digo...”.
Con sus escritos íntimos, ella la provoca, disfrazándose sutilmente como la niña buena; luego transfórmase en mujer que no se guarda y literalmente se desnuda ante todos los ruborizados —ahora sí— machistas hombres, así como frente a las tímidas, envidiosas mujeres guardadas a un momento que nunca llega, porque la liberación femenina empieza con la mujer o cuando mínimo en su cerebro.
En este libro inspirado en los elementos tierra, aire, agua y fuego nos introduce en unas tres primeras partes, que nos hace pensar en una carga de sentimentalismo declarativo personal, que estuvo a punto de decepcionarme... Esto por mi gusto a otra clase de poesía; pero si me permiten el ejemplo “como en las bodas de Caná”, el mejor vino fue reservado para el final.
La parte de fuego despertó una imparable necesidad de leer y releer entre líneas su desnudez. ¿De qué hablan las mujeres entre sí? De hombres, cuerpos de hombres, de cómo quisieran ser tomadas por los hombres...

Amo esa desnudez
tuya
que me embiste.
Hurga dentro de mí
el fuego de un sol adormecido,
hasta hacerlo estallar
en su furia
de inviernos
y gemidos.

He de mencionar que esta divagación, muy erótica, para el hombre se vuelve reflexiva, incluso nos refleja la fórmula de tierno/bestia hacia la mujer, emanada esta como la conducta anhelada de padre/marido que sin ánimos de parecer libertina, en el fondo desea y que muchas veces no comprendemos.
Presentada así la poesía, la vivo a plenitud y no puedo incluso dejar de recomendárselas.

Me hundo en tu mástil
impúdico y desnudo,
tenaz
en su embestida solitaria.

 


Pensarlo es común, decirlo es osadía, pero escribirlo encierra toda una cosmovisión desconocida en sociedades de cinturón de castidad.

Hacerla trova es un logro importante, ya que obtiene un equilibrio entre lo erótico y el sentimiento de mujer; presupone un aporte a la causa feminista, al género poético, siendo determinantes en su hábitat de sobra conocido por sus tabúes en cuanto al sexo.
Lo aborda sin insultar, aunque tampoco es sugerida poesía, construye unos muy claros y directos versos, siendo este otro elemento interesante en este capítulo de fuego.
Como corolario, creemos este debería de ser un estilo más publicado a futuro de la escritora. Ese es su fuerte, y desde allí puede hacerse sentir; incluso promover talleres entre mujeres, desde su particular función de promotora cultural, tarea que no debe ahogar su producción poética.
“Desnuda de mí” al final dejó un sabor a más... De eso, lo que todos queremos desde ancestrales tiempos.

Hace un millón de años
no tendría palabras,
poseería aullidos,
el profundo gemir
de la entraña del celo.

Ficha técnica
Obra: Desnuda de mí.
Autora: Silvia Elena Regalado.
Páginas: 97.
Precio: ¢30.
A la venta en la Casa de la Cultura del centro. Teléfono 221-2016.

 

Fuego
Silvia Elena Regalado

Desde que te cabalgo,
desde que me cabalgas
y la ansiedad de mi piel
y el reclamo de mi boca.
El incendio diseminado
y tu nombre
y tu voz resonando
y la humedad
y el sol
y el bosque
y el mar
y el universo dentro de mí
haciéndoseme lágrima,
risa,
dibujándome tus ojos
prendiéndome fuego
fuego
fuego...

que los demonios no me son ajenos
que el estado de posesión en el que habito
lo engendró un infierno
profundamente
humano.

Si quieres puedes volver
Yeral

Si quieres puedes volver
porque la sombra de la tormenta se ha marchado,
el fuego que derrite tus manos se ha apagado
y los labios que frotaban tu piel están callados.

Si quieres nadie te reclamará el error,
mis ojos se quedarán ciegos, mis oídos sordos.
Y todo lo que te recuerda de mi amor
se volverá vacío, seco y olvidado.

Si quieres puedes volver,
fermentada como el vino,
dulce como la miel del panal.
Si quieres puedes seguir tu camino,
irte al otro lado del mundo por los senderos del mal.

Si quieres puedes hacer tu voluntad,
buscar una luz que te oriente.
Puedes dejar un amor de verdad
y encontrar una boca que te mienta siempre.

 

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