4 de noviembre de 2001

La capital salvadoreña es una ciudad pequeña, pero cualquiera que no la conozca —un niño con espíritu aventurero o un anciano que padezca de olvidos, demencia u otra enfermedad senil— se pierde fácilmente.


Escríbanos

Unos tres meses atrás, la base central de Comandos de Salvamento en San Salvador recibió una llamada para alertar sobre el desaparecimiento de Marta (nombre ficticio). Eran sus patrones, quienes preocupados porque no retornaba decidieron poner aviso en las dependencias de socorro.
Hasta hace unos tres meses, Marta no había perdido el rumbo porque el camino de su pueblo en la zona rural de San Miguel a la colonia Miramonte lo tenía memorizado. Se bajaba en la terminal de oriente y en una parada cercana abordaba otro autobús que la llevaba al lugar donde trabajaba como doméstica.
Pero un día de tantos se perdió. Cuando regresaba de ver a su familia abordó una ruta equivoda y todo el panorama cambió. Fue llevada por sitios que jamás había visto, se bajó en algún lugar desesperada y deambuló por tres días enfrentándose a diversidad de peligros.
Al cabo de los tres días, el teléfono de Comandos de Salvamento volvió a sonar. Eran nuevamente sus patrones avisando que Marta había aparecido en su casa de San Miguel, después de que al fin se reencontrara con la terminal de oriente, su único punto de referencia.
El caso de Marta no es sacado de una cinta cinematográfica; es un cuento real que le puede suceder a cualquiera que no conozca la capital u otra ciudad urbana. No sólo se pierden los niños, sino también los jóvenes y mayormente los ancianos.

¿Por qué se pierden?

Carlos Alvarado, vicepresidente de Comandos de Salvamento, dice que los casos de extravío no son frecuentes, pero se registran por lo general entre 15 y 20 al mes, principalmente de ancianos que padecen olvido; sin embargo, también son comunes los casos de personas que padecen epilepsia, los que se desorientan después de ser asaltados o aquellos que proceden del interior del país y desconocen la capital.
En fecha reciente atendieron el caso de una familia desesperada por el desaparecimiento de una familiar de 18 años que vive en Guazapa. Sabe leer y escribir, pero al igual que Marta, sólo conoce la parada donde debe bajarse en las cercanías del mercado La Tiendona, donde espera el bus que la lleva a una iglesia evangélica donde se congrega. Al cierre de esta información no se había tenido noticias sobre ella.
“Casos de menores de edad casi no atendemos, sólo cuando se realizan eventos públicos, como marchas o ferias, porque por curiosidad o la misma forma de ser de los niños se separan de sus padres, pero este extravío es temporal porque al poco tiempo los reclaman sus familiares”, manifiesta Alvarado.

 

Los recientes disturbios protagonizados por ex-patrulleros y la policía confirman la versión de Alvarado. Entre otros resultados dejaron dos menores extraviados de 11 y siete años que fueron atendidos por la policía.
“Eliseo, de 11 años, había venido con sus abuelos desde el Bajo Lempa y cuando dispersaron la concentración se perdió. Lo encontraron como a las tres de la tarde en Ciudad Delgado y estaba llorando porque se sentía solo. Lo vinieron a traer al siguiente día”, relata Alvarado.
Pero otros niños se pierden por mero espíritu aventurero y según el director ejecutivo del Instituto Salvadoreño de Protección al Menor (ISPM), Ismael Rodríguez, éstos se distinguen fácilmente de los vagabundos porque no tienen piel requemada, uñas largas y sucias.
El ingeniero Rodríguez recuerda el caso de un jovencito que salió de su casa en Guatemala y vino a parar a El Salvador, quien después de casi un año fue reclamado por sus padres.
Otros no provienen de tan lejos, pero igual se extravían y según el ingeniero Rodríguez, los que atienden en el ISPM tienen edades promedio de entre los nueve y los 12 años, y provienen de familias pobres que residen en asentamientos marginales del país.
El ISPM dice no registrar gran cantidad de menores extraviados, pues de los aproximadamente 6000 jovencitos que ingresan al año por maltrato, abandono, vagancia, prostitución, fuga del hogar y mendicidad, entre otras causas, solo el 2% corresponde a extravío. En el 2000 recibió a 40 menores y en lo que va del 2001 registra 30.
Pese a que la Policía Nacional Civil es la que los remite en la mayor parte de ocasiones, no cuenta con estadísticas específicas sobre casos de extravío porque éstos son incluidos en el reporte de menores localizados que están en alto riesgo (por abandono, maltrato, abuso sexual, etc.).
El reencuentroCarlos Alvarado dice que cuando se les avisa de una persona extraviada la llevan a su sede, se les hace una revisión médica y se les entrevista con el fin de obtener datos básicos de identidad, dirección o teléfono de sus familiares.
Si despues de algunos días no son reclamados o los extraviados no brindan la información necesaria, envían sus fotografías a medios de comunicación, principalmente periódicos y noticieros televisivos, para contactar con sus parientes.
El ISPM dice que sólo un 30% de los menores extraviados que reciben es reclamado; el resto deben ingresarlos a la institución, esperan un periodo de seis meses a un año y si no aparecen parientes se les busca algún hogar sustituto o familia adoptante.

 

 

Recomendaciones

Si se extravía, pregunte por alguna institución de socorro o por la policía para que le ayuden a ubicar a sus familiares.

Si no conoce San Salvador y el bus se desvía de su ruta, no se desespere o se baje en cualquier parte. Mejor pida orientación al motorista o al ayudante.

Si son ancianos o niños, hacerlos portadores de algún documento de identificación o alguna tarjeta que contenga datos personales, teléfono y nombres de familiares.

No llame a entidades de socorro o a la policía reportando a un indigente por un extravío, pues esto hace invertir recursos y tiempo a estas instituciones cuando hay otros que realmente lo necesitan.

Comandos de Salvamento también los retiene por un tiempo prudencial, pero al no ser reclamados se les remite al ISPM, si es menor de edad, o al Centro de Atención de Ancianos “Sara Zaldívar”, si es adulto mayor.
Entre el 2000 y el 2001, el “Sara Zaldívar” ha recibido quince ancianos por extravío, pero según el director de la institución, doctor José Antonio Velásquez, de los diez ancianos registrados el año pasado sólo tres fueron reclamados por sus familiares.
Para el doctor Velásquez, el extravío de ancianos obedece más que todo a olvidos que padecen como producto de enfermedades, como el mal de Alzheimer.
El ingeniero Rodríguez cree que en el caso de menores es más por accidente, mientras que Carlos Alvarado opina que toda persona que desconozca ciudades como San Salvador es candidato al extravío.
Creíble o no, San Salvador sigue siendo escenario de extravíos cada día. Lo recomendable es cuidar más a nuestros hijos y abuelos, y para muchos que provienen del interior del país no basta con conocer escasos puntos de referencia.


ANATOMÍA DE UN EXTRAVÍO

Bajo los candentes rayos solares, Juan José (nombre ficticio) recorre las calles de San Salvador en busca de su objetivo: llegar a la Catedral Metropolitana. Él viajó a la capital desde el interior del país sin saber la ubicación exacta de su destino. Con un par de colones en la cartera para el pasaje del “urbano”, una horchata y una bolsa con “suspiros” por almuerzo, deambuló desde la colonia Escalón hasta la Plaza Barrios, sorteando toda clase de obstáculos, como el reordenamiento de las paradas de autobuses, unos mareros que le pedían “un vara” (un colón) y un par de ladrones que lo dejó sin dinero y sin proporcionarle una guía para poder llegar a su destino, favor que él gentilmente les había solicitado.

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