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Un joven que se dirige a su trabajo mira
hacia un edificio y ve a una hermosa rubia que atisba hacia la calle desde
un octavo piso. Con el corazón latiéndole violentamente,
corre al edificio; descubre que el ascensor está descompuesto,
de modo que sube corriendo las escaleras, llega sin aliento a la puerta
de la mujer y toca el timbre.
Le abre la puerta un hombre gigantesco y feo, y el joven pregunta: ¿Puedo
ver a la dama?. Antes de concluir la frase, el bruto lo patea escaleras
abajo.
Al día siguiente, camino al trabajo, el joven vuelve a mirar hacia
el mismo edificio y ahí está ella en la ventana, y se ve
más hermosa que nunca. Trepa escaleras arriba, llega a la puerta
y toca el timbre. El mismo bruto le abre y lo arroja por las escaleras,
esta vez causándole una herida en la frente que requiere 12 puntos.
Al tercer día la ve de nuevo. Incapaz de resistir, trepa adolorido
las escaleras y llega exhausto a su puerta. Toca el timbre. Esta vez,
ella abre la puerta. Mirándola sorprendido, el joven exclama: ¿Dónde
está el gigante.
Este chiste fue contado en una clase de sicología, no para provocar
risas ni para ganar el título del profesor más popular
del campus, sino para ilustrar el concepto del condicionamiento,
como parte de un estudio el primero de su tipo que investiga
científicamente el efecto del humor en la enseñanza.
El humor siempre ha gozado de una imagen positiva. Si bien no es una panacea
capaz de curar a los pacientes, los estudios han demostrado que una buena
dosis de humor puede servir de sedante.
En el campo de la educación se han escrito más de cincuenta
trabajos alabando el valor del humor en la instrucción, dice el
profesor de Sicología de la Universidad de Tel Aviv, Avner Ziv.
No obstante, muy pocos proyectos de investigación han tratado de
verificar empíricamente el efecto positivo del chiste, que es ampliamente
aceptado (aunque no necesariamente practicado) en la comunidad docente.
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Aprendizaje
asociativo
Ziv partió de la hipótesis
de que el humor no es solamente un medio para atraer la atención,
sino también un paradigma de aprendizaje asociativo.
Un estudio de literatura profesional sobre el tema revela que intentos
previos para evaluar el efecto del humor en el campo de la educación
revelaron que el chiste no tenía ningún efecto sobre el
aprendizaje o, en el mejor de los casos, que cualquier beneficio obtenido
se refería más a la reducción de los temores que
a la retención de la información.
Ziv, que ha publicado un estudio académico sobre el humor judío,
encontró muchos puntos débiles en la investigación:
gran parte de ella se dedicaba a clasificar el humor solo
en base a las subjetivas evaluaciones que tenían los alumnos de
sus maestros; otros estudios, que pretendían medir objetivamente
el efecto del humor empleado por los maestros, no eran suficientemente
comprensivos.
Los estudiantes observaban por lo general una clase grabada en vídeo
y dictada la mayor parte de las veces por artistas profesionales y luego
se les examinaba la retención de información. Nadie había
llevado a cabo una investigación sistemática sobre la enseñanza
real en un aula, sobre una base activa, realizada por educadores de verdad.
Ziv consideraba que los alumnos que asistían a las clases en las
que se utilizaba un humor relevante obtendrían mejores calificaciones
en una prueba que midiera lo que habían aprendido que aquellos
que estudiaran la misma materia, con el mismo profesor, pero sin hacer
uso del humor.
Humor
en la enseñanza
Se llevaron a cabo dos estudios en dos materias
académicas diferentes: uno sobre estadísticas, y el otro,
un curso introductorio de sicología en una academia para maestros.
En ambos casos, las clases fueron dictadas a un grupo de control y a un
grupo experimental.
Las clases a las que asistía el grupo experimental contaban con
caricaturas humorísticas y chistes relacionados con los conceptos
a enseñar.
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Ambos instructores uno para el curso
de estadísticas y otro para el de sicología eran graduados
de un seminario especial sobre el humor en la enseñanza.
Ambos grupos en cada curso rindieron un examen final de múltiple
opción sobre la materia estudiada. Los resultados fueron claros:
los participantes a quienes se les enseñó con humor lograron
calificaciones más altas que aquellos que asistieron a clases convencionales.
Ziv presentó sus hallazgos en un artículo publicado en el
Journal of Experimental Education. En el artículo cualificó
el efecto del humor en la educación. El humor, sostiene, puede
aumentar significativamente la memoria, pero debe ser usado con cautela.
En un estudio previo, Ziv había encontrado que la dosis óptima
de humor era un máximo de tres a cuatro instancias de jovialidad
por hora. Así, para obtener el máximo beneficio, el humor
debe ser requerido solamente para acentuar los conceptos esenciales. Más
aún, advierte, el sarcasmo puede tener un efecto negativo.
Ziv concluye sosteniendo que el humor no es un requisito previo para la
enseñanza y ciertamente no es la más importante cualidad
de un buen maestro: debe ser empleado solamente por quienes se sienten
cómodos con él.
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