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Antes del terremoto del 13 de enero, la riqueza
arquitectónica colonial y los centros urbanos de antiguas casas
con amplios corredores eran los atractivos principales en la mayoría
de pueblos que intentaban venderse como lugares de contrastes.
Un sueño que había tomado forma con la restauración
de los centros históricos de Santa Ana, San Salvador, parte de
Santa Tecla, Ahuachapán y Suchitoto, en el departamento de Cuscatlán,
donde el turismo llegaba para degustar sus tradiciones en medio de la
pasividad que ofrecen los pueblos.
Con el terremoto se esfumaron esos esfuerzos y parte de la historia de
El Salvador en los últimos 400 años, ya que el patrimonio
religioso colonial de tierra de las más antiguas construcciones
presentan daños severos en casi un 80 por ciento.
Patrimonio
en espera
El Cristo Negro de Ereguayquín, Usulután,
se quedó sin hogar tras colapsar el templo colonial del siglo XVII,
así como cuadras completas de viviendas antiguas de adobe y teja
que caracterizan a la mayor parte de pueblos salvadoreños.
Con esta iglesia también se perdieron los rasgos arquitectónicos
de principios y mediados del siglo XX, que caracterizaron a sitios severamente
dañados por el sismo como San Agustín, Santiago de María
y Jiquilisco.
De la caótica situación en que se encuentra el patrimonio
cultural son fiel reflejo los nueve templos más dañados
en el departamento de Sonsonate, incluyendo la catedral, la iglesias de
Salcoatitán, la Asunción de Izalco y las Ruinas de Caluco
que presentan averías casi insalvables.
La directora de Patrimonio Cultural, arquitecta Isaura Aráuz, estima
que a medida se concluyan las investigaciones se podrán establecer
las prioridades de restauración, ya que por el momento sólo
se lograron realizar trabajos menores para evitar que los daños
sigan creciendo.
Arauz aseguró que especialistas de México e Israel ofrecieron
su apoyo para dar seguimiento a los programas de rescate que por el momento
no pueden iniciarse, pues las prioridades son los damnificados del terremoto.
Inicialmente se dijo que los estragos en todo el país a nivel de
patrimonio cultural, incluyendo monumentos nacionales, casas de la cultura
e iglesias coloniales, alcanzó los 400 millones de colones aunque
este monto puede crecer o bajar al culminar las investigaciones de campo.
La arquitecta Aráuz estima que los fondos de otros proyectos en
ejecución serán invertidos para atender la emergencia, este
sería el caso de los siete millones de colones destinados en el
2001 para continuar la restauración del Palacio Nacional de San
Salvador que no presenta mayores daños.
Ante los estragos dejados por el terremoto, la directora de Patrimonio
apoya las iniciativas para crear un plan de desarrollo urbano que garantizaría
en parte mantener los rasgos originales de los centros históricos
como fieles testigos de la riqueza arquitectónica de los pueblos.

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CONCULTURA participa en la comisión
que lidera el Viceministerio de Vivienda sobre el Programa de Ordenamiento
Territorial, que especificaría el uso del suelo de acuerdo a sus
bondades, es decir la búsqueda de un desarrollo urbano económico
más ordenado.
Por el momento los menos dañados son los sitios arqueológicos
incluyendo Joya de Cerén, declarado Patrimonio de la Humanidad
en 1993, el cual sólo presenta algunos desprendimientos de tierra
en las estructuras 10 y 12.
La naturaleza fue menos benevolente con la red de las Casas de la Cultura,
48 de las cuales se suman al patrimonio dañado, así como
también los teatros nacionales de San Salvador, Santa Ana y San
Miguel.
Teatros
en apuros
Remozado hace sólo algunos meses,
el Teatro de Santa Ana se llevó la peor parte de los monumentos
con los que cuenta esta ciudad, en cuyas salas actuaron figuras de renombre
internacional como la poetisa chilena Gabriela Mistral.
El edificio se construyó durante la administración del entonces
presidente Tomás Regalado, con fondos provenientes de un impuesto
especial al café. Se levantó en un terreno antes conocido
como Portal de Los Bernales, expropiado en 1895.
Los temblores provocaron grietas en la parte frontal, del revestimiento
de pintura en algunas partes y la caída de uno de los ángeles
que decoraban el frontispicio, dijo la arquitecta Aráuz,
al hablar de los estragos que dejó el terremoto en el centro histórico
de esta ciudad del occidente.
Por más de una década, la Asociación de Protección
del Patrimonio Cultural de Santa Ana trabajó en la restauración
del inmueble que forma parte de un conjunto de bienes en los que se incluye
el local de la alcaldía y la catedral, que también presenta
grietas.

En esas mismas condiciones se encuentra el
Teatro Francisco Gavidia, de San Miguel, construido en 1903.
Éste todavía presenta rajaduras causadas por los pasados
terremotos que afectaron el país, sobre todo aquel de la década
de los 50 que destruyó Jucuapa, en Usulután.
En 1999, los migueleños intentaban hacer de su teatro un edificio
público antisísmico mejorando los accesos y el sistema de
gradas, previendo futuros sismos como el que sorprendió al país
hace dos semanas.
Construida
con la Campaña del Centavo, que impulsó Fray
Felipe de Jesús Moraga, El Calvario de Santa
Ana es hoy el símbolo del terremoto en esa conservada ciudad.
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A pesar del deterioro que presenta el patrimonio
nacional, hasta no concluir las evaluaciones que realiza CONCULTURA con
base en metodologías internacionales que incluyen un reconocimiento
en cada sitio afectado, no podrá saberse con exactitud el futuro
sobre todo de las iglesias coloniales con daños severos.
Santa
Tecla: la mayor víctima
Fue fundada hace 146 años en medio
de cafetales y sierras, por eso fue llamada la Ciudad de las Colinas.
Así las familias más adineradas decidieron construir sus
residencias en el centro de la naciente urbe.
Ahí sería trasladada la capital para evitar que los continuos
terremotos siguieran destruyendo San Salvador de hecho se le llamó
Nueva San Salvador y aunque el cambio nunca ocurrió, era
la ciudad republicana que mejor se conservaba.
Por Decreto del Supremo Gobierno en agosto de 1854, fue la única
con una sola plaza y ocho portales originales, con un nuevo concepto de
planificación urbana de calles más espaciosas que pusieron
fin a los callejones estrechos de la colonia.
A finales del 2000, de acuerdo con un preinventario realizado por la alcaldía
municipal, existían 450 inmuebles con valor histórico, incluyendo
el Hogar Guirola y la Casa de los Zopes, de principios y mediados
del siglo XX.
Pero Carlos Mejía, quien lidera la Comisión de Cultura y
Centro Histórico de Santa Tecla, tenía especial cariño
para con el edificio de la alcaldía, una de las dos construcciones
con balcón en la esquina de finales de 1800, con jardines interiores
y 16 habitaciones.
Su sala más importante es el Salón Rosado, cuya restauración
costaría por lo menos un millón de colones, rescatando murales
y pinturas originales; pero ese proyecto quizá no se realice, pues
el terremoto dejó el edificio casi inhabitable.
En general, la mayor parte de construcciones de adobe y teja que antes
formaban la riqueza arquitectónica de Santa Tecla sucumbieron,
las casas Guirola, que sobresalen por sus decorados, presentan daños.
Pese a que sus casas están hechas añicos en muchas zonas,
Santa Tecla está más preocupada por sus damnificados; el
patrimonio arquitectónico puede esperar hasta el inicio de la etapa
de reconstrucción.
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