04 de febrero de 2001

Los estudios preliminares realizados por CONCULTURA confirman que de 90 iglesias coloniales, 48 fueron dañadas por el terremoto, 14 de ellas declaradas monumentos nacionales.


Escríbanos

Antes del terremoto del 13 de enero, la riqueza arquitectónica colonial y los centros urbanos de antiguas casas con amplios corredores eran los atractivos principales en la mayoría de pueblos que intentaban venderse como lugares de contrastes.
Un sueño que había tomado forma con la restauración de los centros históricos de Santa Ana, San Salvador, parte de Santa Tecla, Ahuachapán y Suchitoto, en el departamento de Cuscatlán, donde el turismo llegaba para degustar sus tradiciones en medio de la pasividad que ofrecen los pueblos.
Con el terremoto se esfumaron esos esfuerzos y parte de la historia de El Salvador en los últimos 400 años, ya que el patrimonio religioso colonial de tierra de las más antiguas construcciones presentan daños severos en casi un 80 por ciento.

Patrimonio en espera

El Cristo Negro de Ereguayquín, Usulután, se quedó sin hogar tras colapsar el templo colonial del siglo XVII, así como cuadras completas de viviendas antiguas de adobe y teja que caracterizan a la mayor parte de pueblos salvadoreños.
Con esta iglesia también se perdieron los rasgos arquitectónicos de principios y mediados del siglo XX, que caracterizaron a sitios severamente dañados por el sismo como San Agustín, Santiago de María y Jiquilisco.
De la caótica situación en que se encuentra el patrimonio cultural son fiel reflejo los nueve templos más dañados en el departamento de Sonsonate, incluyendo la catedral, la iglesias de Salcoatitán, la Asunción de Izalco y las Ruinas de Caluco que presentan averías casi insalvables.
La directora de Patrimonio Cultural, arquitecta Isaura Aráuz, estima que a medida se concluyan las investigaciones se podrán establecer las prioridades de restauración, ya que por el momento sólo se lograron realizar trabajos menores para evitar que los daños sigan creciendo.

Arauz aseguró que especialistas de México e Israel ofrecieron su apoyo para dar seguimiento a los programas de rescate que por el momento no pueden iniciarse, pues las prioridades son los damnificados del terremoto.
Inicialmente se dijo que los estragos en todo el país a nivel de patrimonio cultural, incluyendo monumentos nacionales, casas de la cultura e iglesias coloniales, alcanzó los 400 millones de colones aunque este monto puede crecer o bajar al culminar las investigaciones de campo.
La arquitecta Aráuz estima que los fondos de otros proyectos en ejecución serán invertidos para atender la emergencia, este sería el caso de los siete millones de colones destinados en el 2001 para continuar la restauración del Palacio Nacional de San Salvador que no presenta mayores daños.
Ante los estragos dejados por el terremoto, la directora de Patrimonio apoya las iniciativas para crear un plan de desarrollo urbano que garantizaría en parte mantener los rasgos originales de los centros históricos como fieles testigos de la riqueza arquitectónica de los pueblos.

 

CONCULTURA participa en la comisión que lidera el Viceministerio de Vivienda sobre el Programa de Ordenamiento Territorial, que especificaría el uso del suelo de acuerdo a sus bondades, es decir la búsqueda de un desarrollo urbano económico más ordenado.
Por el momento los menos dañados son los sitios arqueológicos incluyendo Joya de Cerén, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993, el cual sólo presenta algunos desprendimientos de tierra en las estructuras 10 y 12.
La naturaleza fue menos benevolente con la red de las Casas de la Cultura, 48 de las cuales se suman al patrimonio dañado, así como también los teatros nacionales de San Salvador, Santa Ana y San Miguel.

Teatros en apuros

Remozado hace sólo algunos meses, el Teatro de Santa Ana se llevó la peor parte de los monumentos con los que cuenta esta ciudad, en cuyas salas actuaron figuras de renombre internacional como la poetisa chilena Gabriela Mistral.
El edificio se construyó durante la administración del entonces presidente Tomás Regalado, con fondos provenientes de un impuesto especial al café. Se levantó en un terreno antes conocido como Portal de Los Bernales, expropiado en 1895.
“Los temblores provocaron grietas en la parte frontal, del revestimiento de pintura en algunas partes y la caída de uno de los ángeles que decoraban el frontispicio”, dijo la arquitecta Aráuz, al hablar de los estragos que dejó el terremoto en el centro histórico de esta ciudad del occidente.
Por más de una década, la Asociación de Protección del Patrimonio Cultural de Santa Ana trabajó en la restauración del inmueble que forma parte de un conjunto de bienes en los que se incluye el local de la alcaldía y la catedral, que también presenta grietas.

En esas mismas condiciones se encuentra el Teatro “Francisco Gavidia”, de San Miguel, construido en 1903. Éste todavía presenta rajaduras causadas por los pasados terremotos que afectaron el país, sobre todo aquel de la década de los 50 que destruyó Jucuapa, en Usulután.
En 1999, los migueleños intentaban hacer de su teatro un edificio público antisísmico mejorando los accesos y el sistema de gradas, previendo futuros sismos como el que sorprendió al país hace dos semanas.

 

Construida con la “Campaña del Centavo”, que impulsó Fray Felipe de Jesús Moraga, El Calvario de Santa
Ana es hoy el símbolo del terremoto en esa conservada ciudad.

 

A pesar del deterioro que presenta el patrimonio nacional, hasta no concluir las evaluaciones que realiza CONCULTURA con base en metodologías internacionales que incluyen un reconocimiento en cada sitio afectado, no podrá saberse con exactitud el futuro sobre todo de las iglesias coloniales con daños severos.

Santa Tecla: la mayor víctima

Fue fundada hace 146 años en medio de cafetales y sierras, por eso fue llamada la “Ciudad de las Colinas”. Así las familias más adineradas decidieron construir sus residencias en el centro de la naciente urbe.
Ahí sería trasladada la capital para evitar que los continuos terremotos siguieran destruyendo San Salvador —de hecho se le llamó Nueva San Salvador— y aunque el cambio nunca ocurrió, era la ciudad republicana que mejor se conservaba.

Por Decreto del Supremo Gobierno en agosto de 1854, fue la única con una sola plaza y ocho portales originales, con un nuevo concepto de planificación urbana de calles más espaciosas que pusieron fin a los callejones estrechos de la colonia.
A finales del 2000, de acuerdo con un preinventario realizado por la alcaldía municipal, existían 450 inmuebles con valor histórico, incluyendo el Hogar Guirola y la “Casa de los Zopes”, de principios y mediados del siglo XX.

Pero Carlos Mejía, quien lidera la Comisión de Cultura y Centro Histórico de Santa Tecla, tenía especial cariño para con el edificio de la alcaldía, una de las dos construcciones con balcón en la esquina de finales de 1800, con jardines interiores y 16 habitaciones.
Su sala más importante es el Salón Rosado, cuya restauración costaría por lo menos un millón de colones, rescatando murales y pinturas originales; pero ese proyecto quizá no se realice, pues el terremoto dejó el edificio casi inhabitable.
En general, la mayor parte de construcciones de adobe y teja que antes formaban la riqueza arquitectónica de Santa Tecla sucumbieron, las casas Guirola, que sobresalen por sus decorados, presentan daños.
Pese a que sus casas están hechas añicos en muchas zonas, Santa Tecla está más preocupada por sus damnificados; el patrimonio arquitectónico puede esperar hasta el inicio de la etapa de reconstrucción.

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