
La encumbrada montaña
de tierra que produjo el terremoto del 13 de enero sobre una parte de
la colonia Las Colinas de Santa Tecla fue por varios días el
punto de convergencia de muchos rescatistas internacionales que vinieron
al país con un mismo propósito: recuperar sobrevivientes
o cadáveres soterrados.
Entre esos brigadistas se encontraban parte de los 135 miembros del
ejército mexicano capacitados en el auxilio de la población
civil en caso de desastres. Fueron los segundos en llegar al país,
después de los socorristas guatemaltecos, y no tardaron en trasladarse
desde la base militar de Ilopango, a la cual arribaron el domingo 14
de enero, hacia Las Colinas.
En ese contingente viajaban catorce perros entrenados para determinar
el punto exacto en el que se ubica un sobreviviente o un cadáver,
así estuvieran bajo cinco metros de tierra y escombros húmedos.
Durante las siguientes 48 horas desde su arribo, hombres y perros trabajaron
casi sin descanso en la búsqueda de desaparecidos. Por dos semanas
ayudaron al rescate de uno de los tres sobrevivientes (de los cuales
murió uno posteriormente) y más de setenta cadáveres.
Esta labor no es producto de la improvisación, sino de una preparación.
Al igual que el recurso humano, los canes han atravesado por un arduo
y largo camino de adiestramiento, en lo que el gobierno mexicano gasta
una alta inversión, según el general Antonio
Redón, jefe de los rescatistas.
¿Cómo
se entrenan?
Para formar parte de este
contingente especial y de apoyo en casos de emergencias, que en cuestión
de minutos se organizan y en pocas horas se trasladan a cualquier parte
en aviones de la Fuerza Aérea Mexicana, también requieren
un entrenamiento especial.
El general Redón, también médico cirujano ortopedista
y quien celebró sus cuarenta años de servicio en tierras
salvadoreñas, explica que los hombres que se especializan en
búsqueda y rescate lo hacen en el monte, en actividades nocturnas,
en el agua, caídas a tierra y otras formas, a través de
cursos permanentes dentro y fuera de su país y dentro de los
Grupos de Adiestramiento de las Fuerzas Especiales, a los que llaman
Los Gafes.
De la preparación de los binomios hombre-perro se
encarga la Policía Militar, aunque también los posee la
Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México.
La idea es desarrollar en estos animales un poderoso olfato, capaz de
localizar personas soterradas, vivas o muertas, víctimas de algún
desastre.
Y en efecto, lo desarrollan de manera sorprendente. Pero esto se logra
sometiéndolos a un aprendizaje desde que son cachorros. Según
el cabo Andrés García Peñón, todo comienza
con la selección del personal humano o manejadores, quienes deben
ser dinámicos, tener coordinación de movimientos, gustar
de los perros y estar interesados en aprender sobre ellos.
Los perros también son seleccionados por su dinamismo e interés
por olfatear cualquier cosa, entre otras habilidades. En una primera
fase se les entrena jugando.
Desde chicos (ocho meses) se les entrena a base de juegos con
pelotas o que el perro tiene que buscar a su manejador a corta distancia,
que busque objetos escondidos por motivación propia. Esta primera
fase dura unos dos meses, dice el cabo García.
Después se les somete a seis meses de ejercicios más avanzados,
como que busque en lugares pedregosos a una persona extraña,
primero acompañada del manejador y después sin él.
Esta persona le hablará y mientras tanto el animal está
aprendiendo a olfatear seres vivos.

|
|
En una fase siguiente y la más avanzada,
aprenderá a identificar el olor de personas muertas, tanto cadáveres
frescos como putrefactos. El cabo García explica que para ello
utilizan ampolletas de seudo de cadáver que compran
a laboratorios estadounidenses y las vacían en pelotas, toallas
y otros objetos que motivan al perro al juego.
Los objetos impregnados con el olor a cadáver se esconden
en lugares como piedras durante tres o cuatro horas y luego se motiva
al perro para que los busque. Esta fase dura un mes y es lo último
que se les enseña, dice García.
Simultáneamente, estos animales también han aprendido a
buscar sobre escombros, mediante recreaciones de zonas de desastres en
las que deben superar diversos obstáculos, lo cual les ayuda a
desarrollar agilidad.
El lenguaje oral de sus manejadores es fundamental en todo su entrenamiento.
Palabras como busca son claves en esta tarea, como el hecho
que aprendan a distinguir sobrevivientes de cadáveres.
Cuando detectan a una persona viva, se inquietan, ladran y rascan
la tierra como queriendo sacarla; cuando son muertos, algunos ladran,
pero en general cambian su actitud, dan vueltas y mueven su cola. Esto
se les enseña, aunque algunos lo traen por naturaleza, dice
García.
Las Colinas se tornó en un campo de ardua labor para estos perros,
porque la tierra estaba compactada y eso impide muchas veces que se escape
el olor de los cuerpos que están atrapados, sin embargo, olfatearon
bien.
Pablo Serrano, de la Procuraduría General de la República
Mexicana y manejador de uno de los perros, dice que estos animales entrenados
rara vez se equivocan, y cree que su labor en Las Colinas habría
sido más efectiva de no haberse agolpado a la zona tanta gente.

Había un desorden total y el
perro debe trabajar con la menor cantidad posible de personas para no
tener que estar discriminando olores afuera y compenetrarse en localizar
más rápidamente a los que estén bajo tierra; pero
en aquel momento nadie nos hacía caso, la gente quería encontrar
a sus familiares desaparecidos, apunta Serrano.
Pese a todos estos inconvenientes, los perros trabajaron mucho y con bastante
efectividad todo el domingo, tanto que tuvieron que retirarlos a descansar
porque los cojinetes (almohadillas) de sus patas estaban muy lastimadas,
cuando lo normal es que trabajen y descansen por espacios de media hora
cada uno.
Si bien hoy se sometieron a pesadas jornadas en tierra, estos perros también
pueden trabajar en emergencias acuáticas como inundaciones.También
se les entrena con seudos de ahogados por si tienen que rescatar a alguno,
sostiene el cabo García.
La importancia de estas criaturas es tal, que el ejército mexicano
les procura una atención esmerada, que va desde la veterinaria
hasta la alimenticia, a fin de asegurar su bienestar físico, que
es fundamental para que se desarrollen como perros de trabajo.
Atendidos
como reyes
Estos animales tienen prioridad sobre
uno. Se les trata como reyes, señala el subteniente Moisés
Manuel Pedrez López.
Y es que los manejadores deben someterse, aparte de sus propias capacitaciones,
que incluyen combate contra incendios, navegación terrestre y otros,
a conocimientos como odontología y sicología canina, para
poder comprender al perro, sus actitudes y necesidades.
Por el largo tiempo que pasan junto a ellos, surge una relación
especial, tanto así que el perro sólo reconoce a su manejador.
Yo soy especialista en búsqueda y rescate y tengo especial
cariño por Bruma, mi perra Rottweiler de
cinco años y medio. Con ella he salido a cuatro operativos internacionales:
Venezuela, Honduras, Colombia y hoy a El Salvador, relata el cabo
García.
|
|

Pablo Serrano reconoce este afecto con los
perros, porque salimos siempre con ellos a varias partes, la mayor
parte del tiempo estamos juntos, nos reconocen muy bien, aunque
comparte la idea de que los perros identifiquen a diferentes manejadores
por cualquier emergencia.
La convivencia y amistad es tal, que cuando el perro detecta un sobreviviente
por ejemplo, el mérito es del equipo, no hay envidias. El
manejador siempre estará feliz con su perro, no sentirá
celos de él jamás, dice Serrano.
Lo triste de este compañerismo llega cuando se acaba la vida útil
de los perros respecto al trabajo de búsqueda y rescate, que a
nivel del ejército mexicano es de nueve años, y pasan a
la canófila, una especie de jubilación donde se les alimenta
y saca a pasear, pero también puede perdurar la amistad si el manejador
lo solicita para llevárselo a vivir a casa.
Mientras esa jubilación no llega, los perros son igualmente atendidos
como reyes.
Son vigilados muy de cerca por una escuadra
veterinaria que les establece una alimentación balanceada y completa,
resumida en unas nutritivas croquetas para perros de trabajo.
Ellos están enseñados a comer exclusivamente croquetas
a fin de que no ingieran cualquier cosa que encuentren en el área
de trabajo. Aún si encontraran un pedazo de carne, no lo comen,
esperan a terminar la jornada laboral para comer. Ahora, agua pueden tomar
toda la que quieran y a la hora que quieran, manifiesta el cabo
García.
Ellos están enseñados a comer cada 24 horas, y su
ración normal es una dieta muy balanceada conforme a su peso, edad
y constitución física que establecen los veterinarios. Si
trabajaran con el estómago lleno les puede dar alguna indigestión,
dice Serrano.
Así es la vida de estos perros diseñados para el trabajo,
un trabajo muy noble que se ha puesto de manifiesto en nuestro país,
al que estos solidarios mexicanos arribaron con todo el entusiasmo de
ayudar.
Apuntes
de perros
En México prefieren como perros de trabajo al pastor alemán,
el pastor belga y el rottweiler. El pastor alemán por ejemplo,
porque reúne cualidades como agilidad y pasividad, aunque se utilizan
más las hembras por ser más dóciles.
Las perras que trabajan no procrean, pues para ello existe un centro de
reproducción; sin embargo, se respeta su época de celo al
igual que a los machos, que significa un mes cada año.
Hay perros muy veteranos y experimentados que ya no pueden hacer grandes
búsquedas, pero se les usa para confirmar la ubicación de
cadáveres o personas vivas que previamente ha hecho un perro joven.
El perro de trabajo en México es de tamaño medio porque
los pequeñitos corren el riesgo de caer y no poder salir de una
zanja o sumergirse en el lodo muy profundo. Dicen que el pequeñito
se mete donde quiera, pero lo que nos interesa es que nos dé el
punto exacto donde está la víctima, no que entre,
opina Pablo Serrano.
Estos perros se bañan cada quince días, si lo hicieran a
diario se les dañaría su piel y el pelo se les cae. Sólo
reciben baños de esponja y un cepillado diariamente, que es equivalente
a un buen masaje relajante al final de un día de trabajo.
|