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Cuentan los abuelos de Jayaque que en el
tiempo de sus mayores existía un caballito de oro que hacía
sus apariciones en el cerro Xayacatepec, que traía consigo abundancia
en cosechas y riquezas para sus habitantes como premio por el amor que
le profesaban a Dios.
En pleno siglo XXI, esta antigua leyenda del potro de oro cobra vida tras
la aparición de piezas arqueológicas en el Xayacatepec o
"cerro de los enmascarados", como se le conoce en nahuat a Jayaque.
"La existencia de un asentamiento indígena no es nuevo. Yo
he rescatado alrededor de 20 piezas arqueológicas, las cuales compré
a niños en cinco colones; otras las encontré en nuestra
finca", relata Elba Agarrido, residente de la zona.
Esta maestra de más de cinco décadas cuenta que ella envió
en 1974 varios fragmentos arqueológicos con fines de estudio al
Museo Nacional "David J. Guzmán". Todas, indica, fueron
ubicadas en el período Preclásico Medio (800 500 a.C.).
Dentro de las antigüedades encontradas e investigadas hay figuras
con tonalidades rojas y adornadas; las más sobresalientes son los
rostros y bustos mutilados, vasijas, navajas y lascas de obsidiana, piedras
de mano y moles, cerámicas que muestran la influencia de la cultura
olmeca, cuyo apogeo fue de 1200 a 400 años antes de Cristo.
Según esta profesora, los trozos pipiles se pueden registrar en
una cultura con descendencia de los estados mexicanos de Veracruz y Tabasco,
que se desplazaron desde allí a vastas regiones de Mesoamérica.
¿Dónde
están?
El contacto de los
lugareños con los ancestros pipiles se da a partir de las siete
de la mañana todos los domingos en el cantón El Chagüite,
tras la corrida del balón en la cancha de fútbol conocida
como "El manguito".
Este patrimonio cultural aún no declarado afloró hace nueve
meses cuando la comuna realizó trabajos en la cancha, a fin de
darle un mejor aspecto y evitar caídas a raíz de lo estropeado
del terreno.
"Cuando le estaban bajando el nivel a la cancha con unos tractores
me encaminé con uno de mis sobrinos para ver qué veíamos.
Mi sorpresa fue encontrar varias antigüedades mutiladas, entre ellos
una carita, un cuerpo y una diminuta piedra de moler", relata Raúl
Durán, jayaquense de unos 30 años.
Él agrega que fue una lástima ver como de la orilla del
centro deportivo brotaba una diversidad de piezas arqueológicas
demolidas por la fuerza de una cuchara metálica.

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"Parecía
un conjunto de tejas quebradas dispersas por el lugar", recuerda.
El relato de Raúl se sustenta con el de Miguel Ramos, de 23 años,
quien asegura haber encontrado varias caritas y un tecolote hecho de piedra.
Este tenía como característica peculiar un collar esculpido
con delicadeza.
A
flor de tierra
Al hacer un recorrido
por los cien metros de largo y cuarenta de ancho de tierra donde se ubica
la cancha encontramos restos de ollas quebradas y un trozo de loza que
da fe de la existencia de un asentamiento indígena.
Contrario a la importancia que debería dársele a este lugar,
el sitio no parece llamar la atención más que para practicar
deporte. Resulta curioso como, incluso, algunos lugareños se muestran
temerosos al ser cuestionados sobre el tema.

Algunos,
como Saúl Rivas, de 33 años, prefirió compartir la
historia de un amigo ya fallecido que vivía junto a la cancha.
Según él, el finado adquirió varias piezas en 1973
cuando hicieron la cancha y quien le confesó que en el sitio podía
encontrarse todo tipo de muñecos y que la gente llegaba de todos
lados a escarbar.
Verdadero o falso, lo cierto es que a la fecha muchos baches saltan a
la vista; los más grandes -que simulan nidos de tortugas- están
justo en el área desde donde se hacen los tiros de penal.
Hasta la fecha, según sus residentes, la alcaldía no ha
hecho nada por preservar el patrimonio cultural de Jayaque. La única
solución, como dicen ellos, "la dejamos a manos del Consejo
Nacional para el Arte y la Cultura (Concultura)".
Más
arqueología
En el cantón Las Flores, al noroeste,
están las ruinas de la población prehispánica de
Tzinacantán, que en 1550 tenía unos 425 habitantes.
El templo fue excavado por manos inexpertas, dañando la mayoría
de artefactos extraídos, habiéndose encontrado gran cantidad
de restos humanos y cerámica.
En el caso del asentamiento denominado Jayaque, investigadores extranjeros
(Casasola 1977) efectuaron un rescate en 1973.
En aquel entonces fueron excavados 32 pozos de prueba, obteniéndose
varios fragmentos de cerámica y vasijas, figurillas antropomorfas
elaboradas en cerámica, sellos, flautas, restos óseos humanos
y obsidiana gris.
De acuerdo con el análisis cerámico, el sitio fue ocupado
durante el Preclásico Medio (complejo cerámico Teotepeque
700/500 a.C.) y el Preclásico Tardío (complejo cerámico
Tamanique 500 -200 a.C.).
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Historia
Jayaque se encuentra situada a 38 kilómetros
al sureste de la capital. Es un municipio del departamento de La Libertad.
su nombre original es Xayacatepec, un toponimio de origen nahuat que significa
"cerro de los enmascarados" o "de los enamorados".
Los primeros registros indican que en 1550 tenía 500 habitantes.
Gracias a títulos de propiedad se conoce que la población
que hoy se llama Villa de Opico fue propiedad y residencia de los jayaquenses,
la cual abandonaron y vendieron en 1700 a causa de varias plagas.
Según el corregidor intendente don Antonio Gutiérrez y Ulloa
(1807), Jayaque era un pueblo de indios muy destruido y de mal temperamento
y los pocos naturales se dedicaban al cultivo del añil en las haciendas
inmediatas de particulares.



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