03 de junio de 2001

Debajo de los cien metros de largo por treinta de ancho que cubre el terreno de la cancha de balompié de la ciudad de Jayaque se encuentran fragmentos arqueológicos que datan del período Preclásico Medio (800-500 a.C.).


Escríbanos

Cuentan los abuelos de Jayaque que en el tiempo de sus mayores existía un caballito de oro que hacía sus apariciones en el cerro Xayacatepec, que traía consigo abundancia en cosechas y riquezas para sus habitantes como premio por el amor que le profesaban a Dios.
En pleno siglo XXI, esta antigua leyenda del potro de oro cobra vida tras la aparición de piezas arqueológicas en el Xayacatepec o "cerro de los enmascarados", como se le conoce en nahuat a Jayaque.
"La existencia de un asentamiento indígena no es nuevo. Yo he rescatado alrededor de 20 piezas arqueológicas, las cuales compré a niños en cinco colones; otras las encontré en nuestra finca", relata Elba Agarrido, residente de la zona.
Esta maestra de más de cinco décadas cuenta que ella envió en 1974 varios fragmentos arqueológicos con fines de estudio al Museo Nacional "David J. Guzmán". Todas, indica, fueron ubicadas en el período Preclásico Medio (800 500 a.C.).
Dentro de las antigüedades encontradas e investigadas hay figuras con tonalidades rojas y adornadas; las más sobresalientes son los rostros y bustos mutilados, vasijas, navajas y lascas de obsidiana, piedras de mano y moles, cerámicas que muestran la influencia de la cultura olmeca, cuyo apogeo fue de 1200 a 400 años antes de Cristo.
Según esta profesora, los trozos pipiles se pueden registrar en una cultura con descendencia de los estados mexicanos de Veracruz y Tabasco, que se desplazaron desde allí a vastas regiones de Mesoamérica.

¿Dónde están?

El contacto de los lugareños con los ancestros pipiles se da a partir de las siete de la mañana todos los domingos en el cantón El Chagüite, tras la corrida del balón en la cancha de fútbol conocida como "El manguito".
Este patrimonio cultural aún no declarado afloró hace nueve meses cuando la comuna realizó trabajos en la cancha, a fin de darle un mejor aspecto y evitar caídas a raíz de lo estropeado del terreno.
"Cuando le estaban bajando el nivel a la cancha con unos tractores me encaminé con uno de mis sobrinos para ver qué veíamos. Mi sorpresa fue encontrar varias antigüedades mutiladas, entre ellos una carita, un cuerpo y una diminuta piedra de moler", relata Raúl Durán, jayaquense de unos 30 años.
Él agrega que fue una lástima ver como de la orilla del centro deportivo brotaba una diversidad de piezas arqueológicas demolidas por la fuerza de una cuchara metálica.

 

"Parecía un conjunto de tejas quebradas dispersas por el lugar", recuerda.
El relato de Raúl se sustenta con el de Miguel Ramos, de 23 años, quien asegura haber encontrado varias caritas y un tecolote hecho de piedra. Este tenía como característica peculiar un collar esculpido con delicadeza.

A flor de tierra

Al hacer un recorrido por los cien metros de largo y cuarenta de ancho de tierra donde se ubica la cancha encontramos restos de ollas quebradas y un trozo de loza que da fe de la existencia de un asentamiento indígena.
Contrario a la importancia que debería dársele a este lugar, el sitio no parece llamar la atención más que para practicar deporte. Resulta curioso como, incluso, algunos lugareños se muestran temerosos al ser cuestionados sobre el tema.

Algunos, como Saúl Rivas, de 33 años, prefirió compartir la historia de un amigo ya fallecido que vivía junto a la cancha. Según él, el finado adquirió varias piezas en 1973 cuando hicieron la cancha y quien le confesó que en el sitio podía encontrarse todo tipo de muñecos y que la gente llegaba de todos lados a escarbar.
Verdadero o falso, lo cierto es que a la fecha muchos baches saltan a la vista; los más grandes -que simulan nidos de tortugas- están justo en el área desde donde se hacen los tiros de penal.
Hasta la fecha, según sus residentes, la alcaldía no ha hecho nada por preservar el patrimonio cultural de Jayaque. La única solución, como dicen ellos, "la dejamos a manos del Consejo Nacional para el Arte y la Cultura (Concultura)".

Más arqueología

En el cantón Las Flores, al noroeste, están las ruinas de la población prehispánica de Tzinacantán, que en 1550 tenía unos 425 habitantes.
El templo fue excavado por manos inexpertas, dañando la mayoría de artefactos extraídos, habiéndose encontrado gran cantidad de restos humanos y cerámica.
En el caso del asentamiento denominado Jayaque, investigadores extranjeros (Casasola 1977) efectuaron un rescate en 1973.
En aquel entonces fueron excavados 32 pozos de prueba, obteniéndose varios fragmentos de cerámica y vasijas, figurillas antropomorfas elaboradas en cerámica, sellos, flautas, restos óseos humanos y obsidiana gris.
De acuerdo con el análisis cerámico, el sitio fue ocupado durante el Preclásico Medio (complejo cerámico Teotepeque 700/500 a.C.) y el Preclásico Tardío (complejo cerámico Tamanique 500 -200 a.C.).

 

Historia

Jayaque se encuentra situada a 38 kilómetros al sureste de la capital. Es un municipio del departamento de La Libertad. su nombre original es Xayacatepec, un toponimio de origen nahuat que significa "cerro de los enmascarados" o "de los enamorados".
Los primeros registros indican que en 1550 tenía 500 habitantes. Gracias a títulos de propiedad se conoce que la población que hoy se llama Villa de Opico fue propiedad y residencia de los jayaquenses, la cual abandonaron y vendieron en 1700 a causa de varias plagas.
Según el corregidor intendente don Antonio Gutiérrez y Ulloa (1807), Jayaque era un pueblo de indios muy destruido y de mal temperamento y los pocos naturales se dedicaban al cultivo del añil en las haciendas inmediatas de particulares.




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