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Luz, agua y colores mezclados que no conocen
las enmendaduras y los retoques; aire diminuto y palpable, que con sutileza
atraviesa las pupilas del humano y que describen los cimientos de más
de 52 ciudades denominadas Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Así es la obra de Oswaldo Muñoz Mariño, un ecuatoriano
designado por la UNESCO como pintor de la memoria del mundo, donde su
arte congela las imágenes de casas, muros, plazas, catedrales
y castillos para que vivan más allá del progreso y puedan
ser inmortalizadas por su belleza.
La perspectiva adecuada de este cronista de la pintura está basado
en detalles y en escalas profundas que permiten sentir la atmósfera,
las nubes y hasta el mismo cielo.
Para este maestro, elemento humano no existe en sus cuadros; al incorporarlo
sus lienzos pierden la armonía y los daña.
Este suramericano, que carga en la línea de su vida una profesión
de arquitecto y una larga trayectoria en las artes plásticas,
pone con sus manos distancias y cercanías que buscan el impulso
emotivo del paisaje natural y cultural.
Muñoz está marcado por el arte desde que tenía
cuatro años de edad, cuando decide estampar en las paredes de
su casa su primera obra de arte: un carro que recién había
comprado su padre.
Nosotros vivíamos en Riobamba, Ecuador. Mi padre tenía
unas haciendas e iba a comprar un carro. Yo le dibujo un auto en papel
y le gustó. Tanta era la satisfacción que decido pintarle
toda la sala, que estaba forrada de seda blanca para que él se
fijara más en mí. Lo grave fue cuando vi a mi madre y
a mis tías lavando los tapices. Mi progenitor no los pudo ver,
recuerda.
Al conocer mi habilidad para el dibujo, me regalan un cuaderno
y una caja de acuarelas. Desde allí fue como me enamoré
de la técnica, explica este pintor, quien en forma simultánea
deslizó sus manos por el pantalón gris a cuadros que no
atinaban con sus calcetines azules y zapatos cafés.
En lo que sí atinó este ecuatoriano, que toca por primera
vez suelo salvadoreño, es la falta de una rendija para que se
den a conocer los artistas plásticos a nivel mundial.
Ejemplo de ello es no conocer a sus colegas salvadoreños en el
campo de la plástica. No les echa la culpa, porque también
en Suramérica hay producción artística inmensa,
pero muy poco apoyo para darlos a conocer a nivel internacional.
Más allá de Quito
La construcción de su amor por el
arte está cargada de fuerza de voluntad y de tenacidad. Al morir
su padre se trasladó de Riobamba a Quito (1937), donde estudió
en el Colegio Mejía y empieza a delinear las sendas de su vida
gracias al trabajo que desempeñó como pintor de letreros
y de placas para automóviles.
Ya graduado de bachiller y armado de sensibilidad, México se
convierte en una de sus principales metas. Ahí decide realizar
sus sueños: estudiar arquitectura y destacar en las artes plásticas.

La
iglesia de la Compañía es la mejor. Tiene un refinamiento
excelente.
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En
sus cuadros solo hay escalas, no hace falta una figura humana. Los daña.
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Instalado en su nuevo hogar y en
un país extraño se incorpora a la Universidad Autónoma
de México, se le abre un mundo nuevo de relaciones con
un grupo de compañeros, hijos o parientes de personajes
del mundo de la cultura, el arte y la filosofía.
Durante sus estudios entabla relaciones de amistad con Frida Khalo,
Diego Rivera, Gabriela Mistral, David Alfaro Siqueiros, José
Clemente Orozco y García Márquez, entre otros.
Diego era un fenómeno. Revolucionó la pintura
mexicana; un hombre culto. Sabía más de la pintura
de Ecuador que yo. Muy inteligente, gran conversador; daba gusto
escucharlo y se podía platicar con él. Nos conocimos
en la universidad. Era compañero de estudio de un sobrino
de él y una sobrina de Frida. Yo tenía como veinte
años y llegaba a la casa de Diego a prestarle unas plumas.
Con gusto me las ofrecía; éramos muy jóvenes.
Nos trataba como a unos chiquillos, dice Muñoz Mariño.

Quito
es la ciudad que más ha pintado, todo por el clasicismo
del barroco que predomina.
A Frida la recuerdo cuando
estaba en el tercer año de arte. Teníamos que hacer
una biografía de una artista y la escogimos a ella, porque
era un personaje increíble. Le teníamos mucho cariño
y ella también a nosotros, recuerda Muñoz.
Lo que su boca dibujaba era realidad; su espeso bigote lo delató
y no tuvo más remedio que contar unas de tantas historias
cuando Frida bromeaba con ellos.
Nos vacilaba. En ocasiones se encontraba muy enferma, se
echaba sus tequilas a escondidas y disimulaba su embriaguez en
la cama, Pero cuando llegaba Diego como a las cuatro de la tarde,
ella me gritaba: siéntame ahí, para que el gordo
no se dé cuenta que estoy ebria, manifiesta.
Mis
obras están hechas en menos de 24 horas. Lo que aparece
al siguiente día es como un remiendo, porque los estados
de ánimo cambian
Frida tenía buen carácter,
era muy bromista. En una ocasión llegué y la saludé.
Le di un abrazo acompañado de un beso en la mejilla, muy
sorprendida y agobiada respondió: Bueno, muchacho, me lo
tienes que dar en la boca. ¿Que acaso no eres hombre?,
porque así me saludan ellos, recuerda Muñoz.
Estar en el clima del arte y a la par de todas estas personas
geniales influyó para que este maestro de la acuarela testimonie
la esencia de lo que se niega a desaparecer. Como los recuerdos
familiares de la infancia o como las raíces olvidadas de
la historia de los pueblos que afloran a través de las
grietas de viejos muros denominados Patrimonios de la Humanidad.
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Su
percepción es la del arquitecto que maneja los espacios,
que capta sus proporciones y que descubre sus texturas.
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Exposiciones
1951-
Colegio de Arquitectos de México.
1976- Galería
de Altamira, Quito.
1980- Maison de L´UNESCO.
1981- Galería
Helof, París.
1981- Galería
Klumbumiendzynarodwejprasyiksiazki, Cracovia.
1984- Museo de Bellas
Artes, La Habana.
1988- Galería
KFW, Frankfurt.
1990- Nakaku Kumi Hall,
Yokohama.
1991- Centro Cultural
Recoleta, Buenos Aires.
1992- Palacio de la Ópera,
Viena.
1994- Colegio de Arquitectos,
Portoviejo.
1996- Museo de la Ciudad,
Quito.
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Más
de Muñoz
Miembro de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos, Venezolanos
y de Ecuador. Desde 1948 a 1970, profesor de la Universidad
Autónoma de México.
La
difusión de sus testimonios de Quito, declarada Patrimonio
de la Humanidad 1978, le significaron su carta de presentación
para invitarlo a la UNESCO.
Posee
una importante colección de cuadros pintados en 18
países y 52 ciudades declaradas Patrimonio Cultural
de la Humanidad.
El
indígena ha significado mucho para él. En
la provincia de Riobamba les enseñaba a leer y a
escribir.
Con
Oswaldo Guayasamin realizó un proyecto para México,
llamado Huayra Huanca, que significa el
origen del tiempo. Representa los cuatro elementos:
el agua, el fuego, la tierra y el aire.
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