
Mapa
de Sonsonate, elaborado por Nicolás
de Cardona, 1632. (Tomado del libro
El Salvador, la huella colonial ,del Banco Agrícola Comercial).
A través de los años, pueblos,
comunidades y otros espacios urbanos fueron incorporándose lenta
y orgánicamente entre sí hasta convertirse en los barrios
que conocemos en la actualidad.
Aunque no se sabe la fecha exacta de cuándo se incorporaron de
manera oficial como barrios a la comunidad, sabemos cuál fue
el orden cronológico en el que los diferentes pueblos y comunidades
se integraron a una sola comunidad para formar el actual casco urbano
de Sonsonate.
De los cinco barrios que existen en esta ciudad, los de Veracruz y Mejicanos
son, sin duda, los más antiguos. Erróneamente se creía
que el primero fue nombrado así en conmemoración y recordatorio
del arduo, tedioso e inolvidable viaje que un grupo de indígenas
forzosamente realizó a Veracruz, México, para traer en
sus espaldas el pesado cargamento del material (pipas, anclas, velas,
piezas de hierro, madera) que el adelantado Pedro de Alvarado utilizaría
para la construcción de varios navíos.
Sin embargo, según el historiador salvadoreño Pedro Escalante
Arce, los indígenas no viajaron a Veracruz, sino al norte de
Honduras. De hecho es mucho más probable que este barrio se haya
denominado así por estar en el mismo lugar donde se fundó
una iglesia del mismo nombre (Veracruz) y no por un viaje mitológico.
En su estadística general de la República de El Salvador
(1858-1861), Gómez sostiene que Veracruz fue la primera iglesia
que tuvo Sonsonate. Al haber sido esta la primera iglesia, y debido
a la tradición católica de advocación, Veracruz
también fue sin duda su primer barrio.

Panorámica
de una de las calles del barrio
El Pilar, considerado como uno de los más importantes por las
bellezas arquitectónicas que conserva.
Pueblo
de Mejicanos
La segunda comunidad más antigua es la que algunos misioneros
de la segunda mitad del siglo XVI denominaron el pueblo de Mejicanos,
localizado en una planicie al norte de Tacuzcalco, en el valle que también
denominaban de Mejicanos, dado el origen de sus moradores:
un grupo de indígenas tlaxcaltecos.
Falsamente se creía que los primeros pobladores del ahora barrio
de Mejicanos fueron un grupo de indígenas que formaban parte
de un batallón que, desde México, acompañó
a la princesa Luisa de Xicotenga, esposa de Alvarado, a la conquista
de Cuzcatlán.
El historiador sonsonateco Orellana, al igual que otros, sostiene que
estos milicianos indígenas, eludiendo un seguro castigo quedaron
dispersos por la provincia de los Izalcos cuando el adelantado de Alvarado
efectuó su regreso.
Sin embargo, los tlaxcaltecas y demás indígenas auxiliares
mejicanos que llegaron a lo que hoy es Sonsonate fueron establecidos
cuando finalmente se fundó la villa de la Trinidad en 1553.
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En realidad,
el pueblo de Mejicanos se originó cuando un grupo de indígenas
tlaxcaltecas, como parte de una guarnición colonial de auxiliares,
fue asentado por los mismos españoles en el lugar que hoy ocupa
el barrio de Mejicanos. De hecho, esta fue una práctica muy común
durante la colonia y no un hecho aislado en Sonsonate.
Aunque en un principio Mejicanos no era parte del casco urbano de Sonsonate
por considerarse un pueblo separado, este llegó a convertirse
en uno de sus barrios a principios del siglo XIX cuando se incorporó
al trazo urbano general.
Iglesia
del Pilar
La comunidad del Ángel se originó en 1572 cuando bajo
el patrono del ángel de la guarda, los padres dominicos trasladaron
el convento al otro lado del río Sensunapán. Sin embargo,
este no se constituyó en barrio, sino hasta mucho tiempo después.
Se sabe que ya para 1780, El Ángel ya era considerado un barrio
de Sonsonate, y que su actual iglesia fue construida a mediados del
siglo XIX.

Iglesia
del Pilar, ubicada en el barrio del mismo nombre. Se encuentra en proceso
de restauración. (Tomada del libro
El Salvador, la huella
colonial, Banco Agrícola Comercial).
Sobre el barrio El Pilar se sabe que en
el predio en donde se encuentra la iglesia del mismo nombre se fundó
un beaterio en 1625, y que en 1732 la cofradía del Pilar inició
la construcción de su propia iglesia, que se prolongó
hasta 1840, fecha en la que se comenzaron las ceremonias del vía
crucis que iban desde el templo del Pilar hasta El Calvario, que, presuntamente,
se abría solo durante este tiempo.
Al igual que el barrio El Ángel, El Pilar se originó por
advocación religiosa, ya que en su seno aún se encuentra
la antigua iglesia que también lleva su nombre.
La misma regla se aplica al barrio de San Francisco, donde en 1574 se
fundó un convento bajo el patronato del Beatísimo San
Francisco, dando origen al pueblo de San Francisco, que más tarde
se convertiría en uno de los barrios más céntricos
y de mucha importancia comercial.

Interior
de la iglesia El Pilar con detalles
de arquitectura colonial.

Mapa
de la región de Sonsonate, 1797. (Tomado del libro El Salvador,
la huella colonial,
Banco Agrícola Comercial).
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Fachada
de la iglesia Santo Domingo.
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El
barrio más nuevo de Sonsonate
El barrio
El Centro es el más nuevo de todos. Nació como respuesta
urbana al creciente desarrollo poblacional, comercial y cultural
de la comunidad.
Gran parte de la zona que originalmente pertenecía al barrio
Veracruz se segregó para crear el barrio El Centro, por
ser esta zona la de mayor concentración de la actividad
comercial, administrativa, eclesiástica y cultural del
siglo XIX.
A mediados del siglo XVI la división urbana de Sonsonate
se conformaba por la villa y sus barrios. El centro de la ciudad
o núcleo urbano se consideraba como la villa, mientras
que las zonas periféricas se designaban barrios.
Más tarde, el núcleo urbano se convertiría
en el barrio El Centro. Paulatinamente barrios, comunidades y
pueblos comenzaron a integrarse a un trazo urbano único
y constituyeron los actuales barrios de Sonsonate.
A mediados del siglo XIX ya se reconocían los barrios de
Veracruz, El Ángel, El Pilar, San Francisco y El Centro.
En muchos de los pueblos de El Salvador, la mayor parte de los
barrios se origina con nombres seculares, vernáculos o
toponímicos.
Por advocación religiosa, los nombres originales y seculares
de pueblos, sitios y barrios fueron cristianizados al dárseles
denominaciones de santos, sacramentos u otros símbolos
religiosos.
Curiosamente esto no sucedió en este departamento, o si
sucedió no se encuentra documentado, pues toda la evidencia
histórica apunta a demostrar que sus nombres actuales tienen
conexión directa con o han sufrido pocos cambios en relación
con los nombres originales.
La única excepción sería el proceso inverso
que tomó lugar al convertir mediante la secularización
del nombre parte del barrio de Veracruz en el del Centro.
Tanto la constitución de un pueblo como su concepción
histórica dependen de la dinámica y de las particularidades
de su propio desarrollo y de la mira con la que veamos retrospectivamente.
Nada yace inmóvil, intacto ni permanece igual para siempre;
sin embargo, se dice que entre más cambian las cosas, más
continúan siendo lo mismo.
De esta manera, bajo el cambiante rostro urbano sonsonateco continúa
latiendo su antiguo corazón, su núcleo idiosincrático
porque en él yace perenne y triunfante su gloriosa sonsonaticidad.
Una delicia indiscutiblemente centroamericana, pues esta ciudad
ha pertenecido más a Guatemala que a El Salvador durante
toda su existencia como proyecto colonial.
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| Este
artículo se ha publicado con la autorización de Concultura
y la Agencia Española de Cooperación Internacional
(AECI). Está basado en un extracto del libro inédito
Sonsonate, historia urbana, de la colección Ciudad
y Memoria, del antropólogo Hugo de Burgos. |
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