17 de febrero 2002

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En este libro hoy versos de toque existencial, donde el bardo ausculta la
sensaciones de la muerte.

 




Conocí a Alex Canizález allá por 1993, cuando él recién llegaba del exilio de México.
Desde que lo vi lleno de entusiasmo, dispuesto a darle al oficio de escribir versos, me dije: Este Alex no se anda por las ramas.
Primero me mostró un legajo de poemas, calzados con el título “Raíces del canto”, con el cual obtendría un primer lugar en los Juegos Florales de Santa Ana en 1995. Continuamos viéndonos, pero por eso de los azares nos distanciamos un poco.
Sin embargo, terco como es y sabedor de la espinita de escribir que él llevaba dentro, años después llega a mis manos su primer “plaquete”, intitulado “Poemas del hombre muerto”, compuesto por 22 poemas de corte vivencial, la nostalgia, el sentimiento acuñado y el compromiso de seguir cantando.
En el libro “Poemas del hombre muerto” hay versos de toque existencial, donde el bardo ausculta las sensaciones de la muerte, pero a su vez se interroga: “¿Qué es poesía?”, a sabiendas de que es una comunicación entre
el ser y el alma.
Canizález evoca su viaje al destierro, el tren “Órale” azteca, que lo trasladaría a través del desierto mexicano a otra tierra extraña para salvaguardarse de la guerra que arreciaba en el país.
“En un libro de Octavio Paz/ leo la palabra: Nayarit/ en mi mente/ cruza de nuevo aquel tren/ negro del desierto”... “los policías federales/ verdes, barrigones y de gruesos bigotes/ revisan a los ojos emigrantes”... (Alguien recita los recuerdos).
Canizález va esculpiendo —como el escultor— con finas metáforas sus congojas, las

 

influencias de escritores que le han legado la palabra; recrea una niñez donde reinaba la placidez, Chalchuapa, su tierra natal; en fin, son cantos llenos de ternura.
No obstante, aunque el poeta recrea un diálogo con su yo interno, lejos estamos de aceptar lo que dice: “Con estos poemas muere el Alex de la guerra y nace otro.
Todo lo que quiero es que los duelos no hayan sido en vano”, porque mientras exista la palabra y la metáfora apuntalándose para dar vida a una cotidianeidad asfixiante, difícilmente el bardo podrá morir, pues “la vida”, según Pessoa, “se echa al camino”. Por ello sabemos que tarde o temprano, Alex nos regalará versos humanos, amorosos como los que hoy publica.
Y es que a medida el poeta va acicalando su pluma, la metáfora lo hace tragarse sus palabras, porque como dice el juglar, “para vencer la muerte es que escribí poemas”. Con ello explícitamente manifiesta que desea irse a la posteridad, pero con su primer “librito” al hombro.
Vayan mis palabras para Alex Canizález y mis augurios por que continúe cantando en el “Pulgarcito de América”, engalanándonos con esos versos vivenciales, y por qué no decirlo, de dolor y de nostalgia.

 

 

 


Ficha técnica

obra: "Poemas del hombre muerto".
Editorial : Paradiso
Precio : 20 colones
Páginas : 22

Ven a calmar
esta sed de amor


(Para Rosario Maldonado
)
Carlos Andrés Villacorta


Ven a calmar esta sed de amor
que por ti siento
en todas las fibras de mi pensamiento
y enséñame a andar como tú sabes
y desnúdate toda, febril y loca,
y dame uno a uno
todos los besos de tu boca.

Calma mi sed de amor
y ven a mi estancia
y abrázame,
quiero sentir tu fragancia
y acariciar tus muslos tan hermosos
y besar tus ojos
y también tus labios rojos
y enrédame todo en tus brazos
y que me cubras
como lo haría una anémona gigante
y ser tú y yo dos y uno y amantes.

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