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Conocí a Alex Canizález allá por 1993, cuando él
recién llegaba del exilio de México.
Desde que lo vi lleno de entusiasmo, dispuesto a darle al oficio de
escribir versos, me dije: Este Alex no se anda por las ramas.
Primero me mostró un legajo de poemas, calzados con el título
Raíces del canto, con el cual obtendría un
primer lugar en los Juegos Florales de Santa Ana en 1995. Continuamos
viéndonos, pero por eso de los azares nos distanciamos un poco.
Sin embargo, terco como es y sabedor de la espinita de escribir que
él llevaba dentro, años después llega a mis manos
su primer plaquete, intitulado Poemas del hombre muerto,
compuesto por 22 poemas de corte vivencial, la nostalgia, el sentimiento
acuñado y el compromiso de seguir cantando.
En el libro Poemas del hombre muerto hay versos de toque
existencial, donde el bardo ausculta las sensaciones de la muerte, pero
a su vez se interroga: ¿Qué es poesía?,
a sabiendas de que es una comunicación entre
el ser y el alma.
Canizález evoca su viaje al destierro, el tren Órale
azteca, que lo trasladaría a través del desierto mexicano
a otra tierra extraña para salvaguardarse de la guerra que arreciaba
en el país.
En un libro de Octavio Paz/ leo la palabra: Nayarit/ en mi mente/
cruza de nuevo aquel tren/ negro del desierto... los policías
federales/ verdes, barrigones y de gruesos bigotes/ revisan a los ojos
emigrantes... (Alguien recita los recuerdos).
Canizález va esculpiendo como el escultor con finas
metáforas sus congojas, las
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influencias de escritores que le han legado
la palabra; recrea una niñez donde reinaba la placidez, Chalchuapa,
su tierra natal; en fin, son cantos llenos de ternura.
No obstante, aunque el poeta recrea un diálogo con su yo interno,
lejos estamos de aceptar lo que dice: Con estos poemas muere el
Alex de la guerra y nace otro.
Todo lo que quiero es que los duelos
no hayan sido en vano, porque mientras exista la palabra y la
metáfora apuntalándose para dar vida a una cotidianeidad
asfixiante, difícilmente el bardo podrá morir, pues la
vida, según Pessoa, se echa al camino. Por
ello sabemos que tarde o temprano, Alex nos regalará versos humanos,
amorosos como los que hoy publica.
Y es que a medida el poeta va acicalando su pluma, la metáfora
lo hace tragarse sus palabras, porque como dice el juglar, para
vencer la muerte es que escribí poemas. Con ello explícitamente
manifiesta que desea irse a la posteridad, pero con su primer librito
al hombro.
Vayan mis palabras para Alex Canizález y mis augurios por que
continúe cantando en el Pulgarcito de América,
engalanándonos con esos versos vivenciales, y por qué
no decirlo, de dolor y de nostalgia.
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Ficha
técnica
obra:
"Poemas del hombre muerto".
Editorial
: Paradiso
Precio
: 20 colones
Páginas
: 22
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Ven
a calmar
esta sed de amor
(Para Rosario Maldonado
)
Carlos Andrés Villacorta
Ven
a calmar esta sed de amor
que por ti siento
en todas las fibras de mi pensamiento
y enséñame a andar como tú sabes
y desnúdate toda, febril y loca,
y dame uno a uno
todos los besos de tu boca.
Calma mi sed de amor
y ven a mi estancia
y abrázame,
quiero sentir tu fragancia
y acariciar tus muslos tan hermosos
y besar tus ojos
y también tus labios rojos
y enrédame todo en tus brazos
y que me cubras
como lo haría una anémona gigante
y ser tú y yo dos y uno y amantes.
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