|


En
la escuela también han encontrado
la oportunidad de aprender un oficio,
como el de la cerámica
Ubicada sobre una de las colinas cercanas
al volcán Pichincha, la escuela Juan Isaac Lovato,
al norte de la capital ecuatoriana, ha experimentado en el último
año un aumento en su población escolar: unos 57 ex-trabajadores
infantiles han regresado para continuar sus estudios.
La escuela forma parte del proyecto piloto Beca Escolar
que desarrollan en conjunto el gobierno ecuatoriano a través
del Ministerio de Educación y el Instituto Nacional de Niñez
y Familia (INNFA), UNICEF y empresas privadas con un solo interés:
rescatar a menores de edad que ofrecen su fuerza de trabajo en las calles
quiteñas.
Los muchachos que han engrosado las filas de esta escuela ubicada en
La Pulida, uno de los barrios más pobres de Quito, son parte
de los beneficiados con el proyecto educativo que ahora les permite
soñar con un mejor porvenir.
Romel Ricalde, un robusto moreno de 13 años, recuerda sus días
como trabajador de la calle. Yo le ayudaba a mi papá a
cuidar carros en la Avenida Amazonas porque había necesidad en
la casa, afirma.
Este jovencito reconoce como el trabajo lo alejaba a menudo de las aulas
porque salía temprano de su casa y regresaba entrada la noche,
todo con el fin de colaborar con el aumento de los ingresos a su hogar
que ahora sigue siendo sostenido por su padre que cuida carros y una
madre que lava ropa ajena.
Con la beca obtenida, Romel mira ahora la vida desde otro punto de vista.
Si bien la pobreza continúa en su hogar, la escuela le plantea
una posibilidad para despojarse de ella. Igual oportunidad tienen otros
niños y niñas pobres distribuidos en cinco escuelas de
Quito.
|
|
Puerta
al desarrollo
La idea de este proyecto es retirar a estos menores de la calle y reincorporarlos
a la escuela, donde puedan formarse académicamente y encontrar
mejores oportunidades. Ahora estos niñas y niños como
Romel pueden estudiar sin mayores obstáculos.
Aprenden en las aulas mediante formas creativas y divertidas y participan
activamente de juegos recreativos que siempre llevan un componente educativo.
Algunos de los estudiantes beneficiados reconocen que no han dejado
de trabajar junto a sus padres porque el hambre siempre aprieta, pero
ahora esto es secundario. La primera prioridad para ellos hoy es estudiar.
Arte de calidad
Esta permanencia en las aulas ha permitido además que algunos
jovencitos hayan descubierto sus habilidades artísticas y se
han inscrito en cursos de pintura, cerámica y artes manuales.
Los productos que poseen buena calidad los venden para su
propio beneficio.
En estas aulas han encontrado mucho más que en las calles donde
antes trabajaban de manera informal. La concientización de sus
padres también ha sido clave para el buen desarrollo de este
proyecto e incluso muchas madres se reúnen en grupos para planear
mejores formas de trabajo que les permitan mejores dividendos y contar
con el tiempo para atender a sus hijos.
Al igual que en Ecuador, en nuestro país existen cientos de miles
de niños y niñas que han truncado sus estudios porque
antes que la escuela hay que trabajar para comer. Los semáforos,
las calles y el campo agrícola están llenos de estos pequeños
trabajadores que esperan por una mejor oferta que los conduzca a un
mejor futuro.

Los
niños y las niñas también han recuperado sus ratos
de recreación
|
|

La
enseñanza-aprendizaje se facilita con el uso de sencillas estrategias
educativas.
|
Pobreza
y educación
Según
la oficina de UNICE en Ecuador, unos tres millones de menores
viven en pobreza y de ellos 22% de niños y niñas
están fuera de la escuela.
La pobreza afecta a un 70% de las personas. Las zonas altas y
montañosas, selváticas de la Amazonía y de
la Costa, así como las zonas suburbanas de Quito y Guayaquil
albergan a una alta proporción de las familias pobres e
indigentes del país.
Un 90% de las generaciones actuales tiene acceso a la educación
primaria; sin embargo, el sistema educativo es deficiente en infraestructura,
calidad, distribución de profesores y en logros académicos.
Arriba del 70% de niñas y niños sólo puede
aspirar a finalizar la primaria y abandonan la escuela cuando
empiezan a trabajar a los 10 y 12 años.
Según el INNFA, en el 2000 un millón de menores
trabaja de alguna manera en Ecuador. Sólo en el Distrito
Metropolitano de Quito existen unos 7000 niños, niñas
y adolescentes, viviendo, trabajando y mendigando en las calles.
|
|