17 de febrero 2002



En Quito (Ecuador), un grupo de niños y niñas ha dejado su trabajo en las calles para
concluir sus estudios, gracias a becas financiadas por compañías privadas.

 

En la escuela también han encontrado
la oportunidad de aprender un oficio,
como el de la cerámica

Ubicada sobre una de las colinas cercanas al volcán Pichincha, la escuela “Juan Isaac Lovato”, al norte de la capital ecuatoriana, ha experimentado en el último año un aumento en su población escolar: unos 57 ex-trabajadores infantiles han regresado para continuar sus estudios.
La escuela forma parte del proyecto piloto “Beca Escolar” que desarrollan en conjunto el gobierno ecuatoriano a través del Ministerio de Educación y el Instituto Nacional de Niñez y Familia (INNFA), UNICEF y empresas privadas con un solo interés: rescatar a menores de edad que ofrecen su fuerza de trabajo en las calles quiteñas.
Los muchachos que han engrosado las filas de esta escuela ubicada en La Pulida, uno de los barrios más pobres de Quito, son parte de los beneficiados con el proyecto educativo que ahora les permite soñar con un mejor porvenir.
Romel Ricalde, un robusto moreno de 13 años, recuerda sus días como trabajador de la calle. “Yo le ayudaba a mi papá a cuidar carros en la Avenida Amazonas porque había necesidad en la casa”, afirma.
Este jovencito reconoce como el trabajo lo alejaba a menudo de las aulas porque salía temprano de su casa y regresaba entrada la noche, todo con el fin de colaborar con el aumento de los ingresos a su hogar que ahora sigue siendo sostenido por su padre que cuida carros y una madre que lava ropa ajena.
Con la beca obtenida, Romel mira ahora la vida desde otro punto de vista. Si bien la pobreza continúa en su hogar, la escuela le plantea una posibilidad para despojarse de ella. Igual oportunidad tienen otros niños y niñas pobres distribuidos en cinco escuelas de Quito.

 

Puerta al desarrollo

La idea de este proyecto es retirar a estos menores de la calle y reincorporarlos a la escuela, donde puedan formarse académicamente y encontrar mejores oportunidades. Ahora estos niñas y niños como Romel pueden estudiar sin mayores obstáculos.
Aprenden en las aulas mediante formas creativas y divertidas y participan activamente de juegos recreativos que siempre llevan un componente educativo. Algunos de los estudiantes beneficiados reconocen que no han dejado de trabajar junto a sus padres porque el hambre siempre aprieta, pero ahora esto es secundario. La primera prioridad para ellos hoy es estudiar.

Arte de calidad

Esta permanencia en las aulas ha permitido además que algunos jovencitos hayan descubierto sus habilidades artísticas y se han inscrito en cursos de pintura, cerámica y artes manuales. Los productos —que poseen buena calidad— los venden para su propio beneficio.
En estas aulas han encontrado mucho más que en las calles donde antes trabajaban de manera informal. La concientización de sus padres también ha sido clave para el buen desarrollo de este proyecto e incluso muchas madres se reúnen en grupos para planear mejores formas de trabajo que les permitan mejores dividendos y contar con el tiempo para atender a sus hijos.
Al igual que en Ecuador, en nuestro país existen cientos de miles de niños y niñas que han truncado sus estudios porque antes que la escuela hay que trabajar para comer. Los semáforos, las calles y el campo agrícola están llenos de estos pequeños trabajadores que esperan por una mejor oferta que los conduzca a un mejor futuro.

Los niños y las niñas también han recuperado sus ratos de recreación

 

La enseñanza-aprendizaje se facilita con el uso de sencillas estrategias educativas.

Pobreza y educación

Según la oficina de UNICE en Ecuador, unos tres millones de menores viven en pobreza y de ellos 22% de niños y niñas están fuera de la escuela.

La pobreza afecta a un 70% de las personas. Las zonas altas y montañosas, selváticas de la Amazonía y de la Costa, así como las zonas suburbanas de Quito y Guayaquil albergan a una alta proporción de las familias pobres e indigentes del país.

Un 90% de las generaciones actuales tiene acceso a la educación primaria; sin embargo, el sistema educativo es deficiente en infraestructura, calidad, distribución de profesores y en logros académicos.

Arriba del 70% de niñas y niños sólo puede aspirar a finalizar la primaria y abandonan la escuela cuando empiezan a trabajar a los 10 y 12 años.

Según el INNFA, en el 2000 un millón de menores trabaja de alguna manera en Ecuador. Sólo en el Distrito Metropolitano de Quito existen unos 7000 niños, niñas y adolescentes, viviendo, trabajando y mendigando en las calles.

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