2 de diciembre 2001

En el corazón de Quito, Ecuador, encontramos, además de mareos y fatiga por sus 2,800 m.s.n.m., estrechas calles y edificios antiguos, una elegante catedral, la histórica plaza de la Independencia, y a unos metros de allí, una virgen de El Panecillo, que vigila cada paso del turista.




Fachada principal de la Catedral de Quito, ubicada en pleno corazón antiguo.

Una vez se arriba a Quito, la capital de Ecuador, es obligatorio seguir la pista que conduzca a la Plaza de la Independencia o Plaza Grande, como la llaman los quiteños, el corazón histórico de la ciudad, impregnado por sus estrechas calles y edificios que recuerdan el paso de sus conquistadores castellanos.
Decidimos emprender esa búsqueda bajo una fresca y húmeda tarde. Después de una lenta peregrinación a bordo de un taxi a causa de los cotidianos congestionamientos vehiculares, encontramos ese casco colonial esperándonos como una joya preciosa que realza la belleza de la capital ecuatoriana.
Las casonas de barro y sus calles que parecen pasillos, así como la hermosura de la antiquísima Basílica de la Virgen, abren la puerta a las maravillas arquitectónicas que esconde el centro histórico de esta ciudad, que vale la pena contemplarla, devorar sus calles a pie y respirar el aire fresco que ofrece a sus visitantes.
Resulta inútil dejar de admirar sus ventanas, balcones y cada detalle arquitectónico de sus edificios de dos o tres pisos de altura. Y es que este corazón antiguo palpita y atrapa a cualquiera. Desde su cielo despejado hasta la cumbre de El Panecillo, donde la enorme figura de una virgen alada parece vigilar de norte a sur y del este al oeste la ciudad quiteña, o bien su suelo donde la indígena ofrece sus frutas u otra mercancía, y el anciano saca melodías tristes a su vieja guitarra para conseguir unas cuantas monedas del transeúnte frente al portón de la catedral.
Al cerrar la tarde, la neblina la cubre como un manto gris o la baña una repentina lluvia, que tras su paso deja una estela de frío que cala los huesos. “El clima de Quito es bien raro. La mañana puede ser fresca, luego hace bastante calor y por la tarde llueve y hace mucho frío”, comenta el taxista Pedro Calderón.
Pero este variable clima no resta belleza ni atractivo a Quito, especialmente el de su centro antiguo, que motivó a la UNESCO a declararla en 1978 Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Si se pudiera declarla como ciudad hospitalaria, Quito lo es indicutiblemente con sus visitantes. Nuestra estancia por ella, aunque breve, siempre contó con la amabilidad y el respeto de su gente.

Vigilados por la virgen

Aparte de su gente hospitalaria, Quito ofrece a sus huéspedes diversidad de atractivos para disfrutar. A unos veinte minutos de su centro histórico se ubica un monte en el que se erige la imagen de una virgen, cuyo interior puede escalarse para apreciar desde allí toda la ciudad de Quito, con sus tejados naranjas, sus templos y campanarios coloniales o góticos, sus plazas principales, el contraste entre la ciudad vieja y la ciudad moderna.


 

Los quiteños la llaman la Virgen del Panecillo, patrona de Quito, y el monte que le sirve de pedestal se llama oficialmente Shungoloma o Yavira. Tiene una altura de 41 metros y pesa aproximadamente 124,000 kilogramos. Es el monumento de aluminio más grande del mundo.
Este cerro, con tres mil metros de altitud sobre el nivel del mar, es una referencia para los quiteños porque marca la división entre el sur y el centro de la ciudad y aún mantiene el legado de la época incaica porque allí se encuentran las ruinas de la Olla del Panecillo, una especie de cisterna circular de ocho metros de profundidad que fue utilizada para el riego de sembradíos.
La historia también registra que allí se levantó un templo de adoración al sol en la época prehispánica; pero hoy abriga la enorme estatua de la virgen, una réplica en aluminio fundido de la Virgen Apocalíptica del artista Bernardo de Legardo (siglo XVII) y elaborada por el artista Hernán Matorras en 1976.

Otros atractivos


Ya en el corazón de esta ciudad, la Plaza Grande o de la Independencia es su monumento más representativo, rodeado del Palacio de Gobierno, la Catedral y el Palacio Municipal.
Esta obra, constituida por un pedestal ornamentado y coronado por un ángel y laureles, recuerda a los quiteños la huída del león ibérico y la histórica fecha del primer grito de independencia, el 10 de agosto de 1809. Fue inaugurada el 10 de agosto de 1906, casi cien años después del heroico movimiento independentista.



Vista parcial del moderno Quito al pie del activo volcán Pichincha.

La catedral es otra joya del casco colonial. Concluida en 1806, pero consagrada en 1572, alberga los restos de obispos, cardenales y los de algunos presidentes de la república, como el mariscal Antonio José Sucre, en cuyo honor se había denominado la moneda nacional que circulaba antes de la dolarización. Y qué decir de sus callejuelas, el resto de sus edificios como el Teatro Nacional o el Museo de la Ciudad, una hermosa construcción del siglo XVII, en donde fungió el hospital San Juan de Dios y que aún atesora una pequeña capilla adornada con altares que exhiben riquísimos ornamentos bañados en polvo de oro, así como imágenes antiguas.
Por toda esta riqueza, el Centro Histórico ha sido considerado entre las joyas arquitectónicas e históricas más importantes de América Latina. Según los registros catastrales que posee el municipio, se cuenta con 320 hectáreas que abrigan 130 edificaciones y miles de inmuebles (iglesias, monasterios, conventos, hospitales, plazas, museos, etc.) que conforman el actual patrimonio protegido de la ciudad.
Así es el centro histórico de Quito, una ciudad que se levanta a 2800 metros sobre el nivel del mar, y que si bien roba aire a nuestros pulmones, y produce sueño, mareos y fatiga, también nos ha atrapado el corazón.
Al filo de aquella tarde abandonamos su corazón más antiguo y con él sus callejuelas, antiguas iglesias, su imponente Catedral y demás edificios hermosos que invitan a volver, pero sobre todo su encantadora gente que habita esta mitad del mundo.

 

 

Calle céntrica del casco antiguo de Quito, que al igual que otras es estrecha y flanqueada por edificios con rasgos arquitectónicos neoclásicos.

Fundanda sobre ruinas

La antigua ciudad de Quito fue construida por los conquistadores españoles sobre las ruinas de la capital norte del imperio de los Incas, arrasada en 1534 por el general Inca Rumiñahui en su retirada.

Antes de la hegemonía inca, la ciudad, asentada sobre un estrecho valle protegido por dos hileras de montañas, fue ocupada durante siglos por la nación Shyri, que absorbió a la primitiva nación de los quitus. Este es un lugar muy antiguo, pues se han encontrado utensilios de la edad de piedra que datan de 9,000 años antes de la era cristiana.

Quito está comprendida por la parte vieja (de rasgos coloniales) y la moderna, pero ambas están pobladas por un marcado sector indígena que a nivel nacional constituye un 35%.

La población quiteña bordea los 2,300.000 habitantes y como la de todo Ecuador no usa el sucre; su economía está dolarizada desde marzo pasado.RECUADROVirgen de El Panecillo

Virgen de El Panecillo,

La Virgen de El Panecillo, es todo un símbolo de Quito. Está asentada sobre un monte desde el cual se puede contemplar la hermosa ciudad en sus cuatro puntos cardinales y es la estatua de aluminio más alta del mundo.

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