2 de diciembre 2001


Durante la entrega de los Premios Iberoamericanos de Comunicación por la Defensa de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia, realizados en Quito, Ecuador, se le recordó como un trabajador incansable en favor de los sufridos y de los desamparados. Aprovechamos para platicar con su hija Verenice, quien nos compartió algunos detalles de la vida íntima del célebre artista ecuatoriano.


“Él era un genio”, dice Verenice Guayasamín, como queriendo resumir el talento creador de su célebre progenitor, que ha traspasado ya las fronteras ecuatorianas, por la calidad y la calidez con que relata el sufrimiento del hombre a lo largo del siglo veinte, a través de sus pinturas, esculturas y murales, en los que las mujeres y los niños son elementos esenciales.

¿Cómo es que la niñez llega a ser un tema de preocupación para su padre?
A través de su vida, la niñez siempre estuvo presente en su obra. Fue una de sus principales preocupaciones, aunque era el hombre en general el que le preocupaba. En su serie “La edad de la ira”, que comprende 150 cuadros, refleja mujeres llorando por sucesos como la guerra civil de España, la bomba en Hiroshima, la guerra del Vietnam y los campos de concentración entre otros. Igualmente pintó al trabajador, la mujer indígena, etc.

¿Hasta qué punto su padre se comprometió con las causas en favor de los pobres y de los oprimidos?
Él decía que uno denunciaba según lo que hacía y él lo hacía a través de su arte. Admiraba a Fidel Castro y la revolución cubana, pero era incapaz de tomar un arma.


 

Para ilustrar esto Verenice cuenta que cuando su padre vio a su gran amigo de la infancia (de apellido Manjarrés) muerto por una bala durante la guerra de cuatro días que vivió Ecuador el siglo pasado, sólo pudo rendirle tributo pintando el cuadro “Los niños muertos”, el que ahora se exhibe en el museo de arte contemporáneo de la Fundación Guayasamín, en Quito.
Pese a este compromiso social por medio de su arte, Osvaldo Guayasamín nunca se enroló en partidos o grupos políticos; sin embargo, poco antes de su muerte en 1999 apoyó las causas benéficas de UNICEF y se convirtió en su embajador, cargo honorífico que le llevó por varios países, incluyendo El Salvador.

¿Cómo era Osvaldo Guayasamín como persona?
Amoroso, bondadoso, muy preocupado por los hijos, era muy hogareño (porque) la familia tenía para él un valor fundamental. Le gustaba estar en familia, rodeado de sus hijos y nietos.

¿Cómo lo prefería: como padre o como artista?
Me es difícil decidir porque mi padre era maravilloso. No sé si lo admiraba más como hombre o como artista.
¿Cuáles eran sus gustos y disgustos?
Odiaba las corbatas y sólo las usaba cuando debía asistir a algún evento formal. En sus últimos años de vida adoptó la camisa con cuello alto y sobre ella el saco, a fin de evitar la corbata y lucir presentable. A él le gustaba vestir de la manera más sencilla.

 

 

 

 

 

Algunos detalles

Guayasamín dejó más de 6,000 creaciones, entre pinturas, acuarelas, grabados, esculturas, litografías, dibujos, murales y retratos de importantes personalidades mundiales que admiraba.
Se dice que era infatigable, ya que podía trabajar ininterrumpidamente más de doce horas en su taller y terminar un retrato en un día.
Cuando pintaba o retrataba, llenaba el ambiente de música de Juan Sebastian Bach o Robert Schumann, sus compositores preferidos.
Cuando retrataba a alguien no se basaba en su apariencia, sino en lo que él llamaba el “paisaje interior”.
Como el talento le venía de nacimiento, en la escuela sufrió castigos por distraerse en las clases para caricaturizar a sus maestros. La página de un cuaderno de sus días de escuela reúne a la vez ecuaciones matemáticas, dibujos y una plana que debió repetir cuarenta veces “Soy inculto”.

 

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