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Él era un genio, dice
Verenice Guayasamín, como queriendo resumir el talento creador
de su célebre progenitor, que ha traspasado ya las fronteras
ecuatorianas, por la calidad y la calidez con que relata el sufrimiento
del hombre a lo largo del siglo veinte, a través de sus pinturas,
esculturas y murales, en los que las mujeres y los niños son
elementos esenciales.
¿Cómo
es que la niñez llega a ser un tema de preocupación para
su padre?
A través de su vida, la niñez siempre estuvo presente
en su obra. Fue una de sus principales preocupaciones, aunque era el
hombre en general el que le preocupaba. En su serie La edad de
la ira, que comprende 150 cuadros, refleja mujeres llorando por
sucesos como la guerra civil de España, la bomba en Hiroshima,
la guerra del Vietnam y los campos de concentración entre otros.
Igualmente pintó al trabajador, la mujer indígena, etc.
¿Hasta
qué punto su padre se comprometió con las causas en favor
de los pobres y de los oprimidos?
Él decía que uno denunciaba según lo que hacía
y él lo hacía a través de su arte. Admiraba a Fidel
Castro y la revolución cubana, pero era incapaz de tomar un arma.
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Para ilustrar esto Verenice cuenta que
cuando su padre vio a su gran amigo de la infancia (de apellido Manjarrés)
muerto por una bala durante la guerra de cuatro días que vivió
Ecuador el siglo pasado, sólo pudo rendirle tributo pintando
el cuadro Los niños muertos, el que ahora se exhibe
en el museo de arte contemporáneo de la Fundación Guayasamín,
en Quito.
Pese a este compromiso social por medio de su arte, Osvaldo Guayasamín
nunca se enroló en partidos o grupos políticos; sin embargo,
poco antes de su muerte en 1999 apoyó las causas benéficas
de UNICEF y se convirtió en su embajador, cargo honorífico
que le llevó por varios países, incluyendo El Salvador.
¿Cómo
era Osvaldo Guayasamín como persona?
Amoroso, bondadoso, muy preocupado por los hijos, era muy hogareño
(porque) la familia tenía para él un valor fundamental.
Le gustaba estar en familia, rodeado de sus hijos y nietos.
¿Cómo
lo prefería: como padre o como artista?
Me es difícil decidir porque mi padre era maravilloso. No sé
si lo admiraba más como hombre o como artista.
¿Cuáles eran sus gustos y disgustos?
Odiaba las corbatas y sólo las usaba cuando debía asistir
a algún evento formal. En sus últimos años de vida
adoptó la camisa con cuello alto y sobre ella el saco, a fin
de evitar la corbata y lucir presentable. A él le gustaba vestir
de la manera más sencilla.
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Algunos
detalles
Guayasamín
dejó más de 6,000 creaciones, entre pinturas, acuarelas,
grabados, esculturas, litografías, dibujos, murales y retratos
de importantes personalidades mundiales que admiraba.
Se dice que era infatigable, ya que podía trabajar ininterrumpidamente
más de doce horas en su taller y terminar un retrato en
un día.
Cuando pintaba o retrataba, llenaba el ambiente de música
de Juan Sebastian Bach o Robert Schumann, sus compositores preferidos.
Cuando retrataba a alguien no se basaba en su apariencia, sino
en lo que él llamaba el paisaje interior.
Como el talento le venía de nacimiento, en la escuela sufrió
castigos por distraerse en las clases para caricaturizar a sus
maestros. La página de un cuaderno de sus días de
escuela reúne a la vez ecuaciones matemáticas, dibujos
y una plana que debió repetir cuarenta veces Soy
inculto.

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