2 de diciembre 2001


El progreso de la humanidad se ha debido en buena parte a los inventos; son ellos los que han marcado los avances en la historia.



Alfred Nobel a los 30 años de edad

La creación de uno de estos inventos es mucha veces la consecuencia de otros, pero todos ellos son producto de la imaginación, del estudio, de la investigación constante y de la creatividad práctica del hombre.
Por ejemplo, la invención de la pólvora es atribuida a los chinos o al monje alemán Bertoldo Schwarz.
En sus inicios tuvo múltiples usos, desde los fuegos artificiales hasta encontrar nuevas modalidades en las formas de hacer la guerra. El próximo 10 de diciembre se cumplirán 106 años de la muerte de Alfred Bernard Nobel, uno de los más prolíficos inventores que nos ha dado la humanidad.
Nobel, sueco de nacimiento, ciudadano del mundo, creador de los tan codiciados Premios Nobel, fue un genio polifacético: científico, inventor, empresario, magnate de la industria.
Falleció en 1896 en San Remo, Italia, a la edad de 63 años, habiendo registrado para entonces 355 patentes.
Perteneció a una ilustre familia de científicos por su línea paterna. Un antepasado suyo, Olof Rudbeck, descubrió en Upsala el sistema linfático humano, y aportó además valiosas contribuciones en botánica, ingeniería e historia.
En su adolescencia, Nobel residió en San Petersburgo en compañía de sus hermanos Robert, Ludvig y Emi, donde recibió una esmerada educación.
Siempre manifestó un apasionado interés por la química, a cuya formación académica contribuyeron destacados catedráticos y estudiosos de la materia.
Hablaba cinco idiomas: alemán, inglés, francés, ruso y su idioma materno, el sueco, lo que le permitió una fluida comunicación con expertos notables de la física, de la química y de las matemáticas de su época.

 

Basado en la observación

Dada su gran inclinación por los aspectos filosóficos, producto de su gran entrega a la lectura, llegó a reflexionar sobre la metodología de la ciencia, desarrollando así un razonamiento que no solamente estuvo inspirado en Locke, sino también en el ideal del conocimiento de Alexander Von Humboldt.
Nobel enfatizó que toda ciencia se basa en la observación de similitudes y disimilitudes; se apoyó en el razonamiento de Humboldt, quien concluía así: “De la observación se pasa a la experimentación basada en analogías e inducción de leyes empíricas”.
Nobel había llegado muy lejos a través de aplicar métodos empíricos, rigurosa observación, ensayos, experimentos, analogías e inducción de leyes. La influencia del científico e investigador alemán Von Humboldt fue profundo, ya que cuando este falleció, Nobel era un hombre de 26 años y absorbió buena parte de su pensamiento y de su razonamiento científico.
Corrían los años de 1860, él con su padre y sus hermanos se dedicaron por entero a la fase experimental. Con grandes riesgos obtuvo así la nitroglicerina y la mezcla de esta con la pólvora negra lo llevó al aceite explosivo. Finalmente, después de varios y esforzados experimentos, llegó al descubrimiento de la dinamita, que patentó en 1867 en varios países, especialmente en Gran Bretaña, Suecia y Estados Unidos de América.
Nobel declaró entonces ser el primer que llevó esa sustancia del campo científico al industrial. Dos retos enfrentaría entonces: la inestabilidad de los explosivos y su conservación.

Recorrido de la fama

El recorrido de Nobel a la fama a través del logro de sus metas fue de diez cortos años, pero llenos de zozobras, angustias, desalientos y desafíos.
A sus 40 años, Nobel había ya recibido, en unión con su padre, el Premio de la Real Academia de Ciencias de Suecia por sus importantes inventos “de valor práctico para la humanidad”, galardón que los inspiró para crear más tarde y para toda la vida los Premios Nobel, el más alto honor cívico legado a la sociedad universal.
El incansable Nobel desplegó una ilimitada red de inversiones, fábricas y gigantescas compañías en los países más importantes de Europa, así como en los Estados Unidos de América. En unión de su padre y de sus hermanos trabajó incansablemente en la gran distribución de petróleo en Bakú, Rusia, habiendo construido el primer tanque petrolero del mundo.

 

Primera ceremonia de los Premios Nobel, el 10 de diciembre de 1901.

Sus mujeres

Dos mujeres estuvieron ligadas sentimentalmente a Nobel, Bertha Kinsky, con la que sostuvo una breve relación; otra más apasionada y duradera fue la que tuvo con Sofie Hess, quien abierta y desvergonzadamente buscó de él su cuantiosa fortuna.
Sus fracasos amorosos y sentimentales lo hicieron decidir que el destino de su fortuna se utilizara para estimular, premiar y reconocer los logros de los hombres y de las mujeres que hacen bien a la humanidad en las ramas de medicina, literatura, química y física, así como a personas que trabajan en la preservación de la paz.
En su selección participan cada año la Real Academia de Ciencias de Suecia, la Karolinska Institutet de Estocolmo, la Academia Sueca, para los primeros, y para designar a los laureados por la paz, el Parlamento de Noruega elige un comité, que designa al premiado.
El próximo 10 de diciembre podremos apreciar a los escogidos y galardonados del año 2001, quienes recibirán ante los miembros de la realeza de Suecia y Noruega, y simultáneamente a la misma hora y día, tanto en el esplendoroso Salón Azul del Ayuntamiento de Estocolmo como desde la Sede del Parlamento de Oslo, los reconocimientos mencionados.
La entrega de los codiciados y anhelados premios Nobel constituye el fruto del pensamiento tenaz y audaz, resultado a su vez del esfuerzo y de la creación del genio sueco y gran filántropo e infatigable inventor: Alfred Bernard Nobel.

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