10 de febrero 2002



El Aedes aegypti parece no tener rival alguno ante los sistemas tradicionales de exterminio para contrarrestar el dengue, otorgándoles la categoría de inmortal. Sin embargo, en su cancha acuática existen oponentes sencillos sin necesidad de utilizar productos químicos. Estos son los peces, en especial los gouramis.



La escasez del agua es uno de los problemas fundamentales que enfrenta la mayoría de colonias populosas de San Salvador y otras zonas del país.
Ante esta crisis, las personas se ven obligadas a acumular agua en barriles, pilas y huacales, entre otros recipientes.
Es increíble como el salvadoreño se arma de ingenio para poder obtener y preservar el agua de la vida. Sin embargo, la acumulación de tan preciado líquido trae consigo la cría de larvas de zancudos, entre ellos el Aedes aegypti, transmisor del dengue.
Este insecto de patas largas tiene su residencia en aguas limpias y tranquilas, como cisternas, barriles, pilas, neumáticos y otros recipientes que las personas no mantienen protegidos dentro y fuera de sus hogares.
Para el control de esta plaga que cada año hace de las suyas, el Ministerio de Salud realiza campañas de fumigación y distribución de un sustrato químico llamado “abate”, pero que no es suficiente para erradicar el problema.
El dengue ya ha cobrado la vida de un niño en lo que va del año y hay varios infectados. Según datos del Departamento de Estadísticas del Hospital Benjamín Bloom, en las dos primeras semanas del 2002 se reportaron siete pacientes con dengue hemorrágico.
El Aedes aegypti se ha ganado la capacidad de pasearse libremente por El Salvador, campando por su respeto desde las montañas de Nahuaterique, en La Unión, hasta las riberas de La Hachadura, población fronteriza con Guatemala.
Y pareciera que este insecto no tuviera adversario, otorgándole el título de inmortal por soportar los productos químicos lanzados en cada campaña contra él. Sin embargo, en su hábitat se mueven unos oponentes sencillos. Estos son los peces y dentro de ellos, los más afamados son los gouramis.

El cuidado que necesitan estos peces es mínimo en comparación con otras especies.

Peor enemigo del dengue

Dan fe a este control biológico las investigaciones que viene realizando en las áreas urbanas y rurales desde hace dos años el biólogo Walter Araujo, quien asegura que los peces son una alternativa viable para contrarrestar la propagación de larvas del zancudo.
Están dotados con unos bigotes largos como de gato, que utilizan para saborear la comida y rastrear quién anda por ahí. Así son los gouramis, unos peces de boca filosa que tienen la fama de ser el enemigo número uno del zancudo.
Estos peces, de escasos quince centímetros de tamaño, no exigen un ambiente muy agradable. Pueden vivir en charcas, terrenos inundados, pilas, barriles y aguas fétidas. Todo gracias a un órgano especial llamado laberinto.

El desove ocurre debajo del nido y dura una hora. La hembra se tiene que retirar de inmediato para que el macho no la devore. 

“Yo tengo más de dos años de estar trabajando con ellos. He estudiado bien a estos omnívoros. Conozco de los gouramis hasta el último detalle y son efectivos para comerse las larvas”, explica Walter Araujo, biólogo y criador de gouramis.
El laberinto de estos peces funciona de la siguiente manera: los peces con solo sacar la boca y en algunos casos la cabeza absorben una burbuja de aire mezclada con agua, que introducen en una membrana especial (el laberinto) que distribuye el oxígeno retenido por todo el torrente sanguíneo.
Para entender mejor, el laberinto (uno ubicado a cada lado de la cabeza) actúa como los pulmones. Los peces respiran, absorben el oxígeno y expulsa el aire innecesario.

 

 

El órgano es parecido al de los humanos, sólo que está formado por placas óseas en forma de abanico y recubierto por una membrana parecida a un coágulo de sangre.
Está formado por una serie de laminillas dispuestas en forma caprichosa, con numerosas vueltas y cavidades que le dan el aspecto de un verdadero laberinto, que no deja escapar el oxígeno. De ahí su nombre.
A pesar de tener laberinto, los gouramis también poseen branquias, que desempeñan funciones respiratorias auxiliares. En términos generales, las agallas son rudimentarias y ello lleva a manifestar que estos son los únicos peces que se ahogan en el agua si no tienen una adecuada respiración.
Los gouramis son peces que pertenecen al suborden Anabantoidei. De su casta existen diferentes especies en las que destacan los azul (Trichogaster trichopterus), los claros de luna (Trichogaster microlepsis) y los enanos (Colisa lalia), entre otros.
De estos cazadores acuáticos, el azul se reproduce a mayor escala en la granja “Gfish”, ubicada en San Juan Opico, La Libertad, porque es resistente a temperaturas altas (60¼ C), puede vivir en zonas pantanosas y alcanza un tamaño considerado. Las personas pueden consumirlo.

Burbujas de amor

En un principio, los alevines tienen respiración branquial. A las tres semanas de nacidos desarrollan el laberinto y suben a la superficie a tomar aire por primera vez.

El Trichogaster trichopterus o gourami azul de tres manchas procede del sur de Vietnam, de Thailandia y de la península Malaya. Habita en las orillas de ríos, lagos y canales con abundante vegetación y poca corriente de agua. En el país ya se cultiva y cada uno cuesta entre cinco y diez colones.
La reproducción de los escamosos es fácil y fuera de lo común. Según el biólogo Araujo, el más laborioso de los dos es el macho, que antes del apareamiento se encarga de construir el nido, que forma por burbujas de aire unidas por una capa mucosa en forma de una plataforma flotante.
Lista la hembra con su vientre redondeado se producen las paradas amorosas abajo del nido. Él la enlaza con sus aletas y tras un apretón enconchado, llamado “abrazo nupcial” que dura una hora, salen cientos de huevos que son acompañados por una eyaculación de esperma que flota en el agua y fecunda el desove.
Ellas depositan entre 300 y 1000 huevos de color oscuro y un tamaño similar a las burbujas, los cuales flotan, pues contienen una gran cantidad de aceite. Para que se reproduzcan se requiere que el pez hayan alcanzado su tamaño adulto: 15 centímetros en seis meses.

Este pez es de facil manejo y en un hogar se puede mantener en las pilas.

Lo curioso es la responsabilidad que tiene el futuro padre. Parece un ascensor: sube y baja para depositar sus vástagos en cada una de las burbujas hechas con amor. Él cuidará de los alevines hasta que revienten. No escatimará esfuerzos por mantenerlo intacto, alejando incluso a la hembra.
Los gouramis machos son muy protectores. En 24 horas los huevos eclosionan y cuelgan del nido. Al caerse uno, el padre recupera cada pececillo y lo sopla de nuevo en la burbuja.

Esto lo tendrá ocupado durante al menos tres días, después de los cuales hay peligro de que, cansado y sin alimentarse, se sienta proclive a comerse a alguna de sus
crías, por lo que se retira.
La alimentación de estos peces es omnívora. Así que se les puede proporcionar alimento vivo y en hojuela. Es un pez comunitario. Sin embargo, cuando crecen es mejor mantenerlos con otros del mismo tamaño para evitar que se coman a los más pequeños.
Utilizar peces para erradicar las larvas de zancudo es una alternativa más para combatir el dengue. ¿Por qué no retomar proyectos como éste? Son fáciles de reproducirse, aguantan en aguas fétidas y lo mejor de todo son amigables con el medio ambiente.

 

Proyecto piloto

“Lo que el Ministerio intenta es dar otra alternativa que no sea el abate. Es increíble como este proyecto ha tenido un impacto positivo: haber bajado de un 14% de estado larvario a un 2%. Son resultados muy alentadores. Este control biológico está de la mano con el medio ambiente; no se utilizan químicos. Lo único que se requiere son ciertos cuidos para no dañar al pez a la hora de llenar los recipientes”, comenta Elizabeth Granados, gerente de Salud Ambiental de la institución.

El proyecto se encuentra en Nuevo Edén de San Juan, San Miguel, está a cargo del SIBASI de Sensuntepeque, Cabañas, que obtuvo los alevines de las instalaciones del CENDEPESCA en Santa Cruz Porrillo.

Proyecto piloto tiene aceptación

Como una medida diferente al empleo de químicos para el control larvario del Aedes aegypti, el Ministerio de Salud Pública está dando los primeros pasos en San Miguel al realizar un proyecto piloto con tilapias. Hablemos y la granja “Gfish” distribuyeron más de cien peces gourami en Soyapango a principio del año para determinar el grado de aceptación que tienen los vertebrados en la población. A un mes estas son algunas de las opiniones vertidas por los ciudadanos.

“El pececillo es bueno. Hice un prueba con él, lo metí en un bote de vidrio donde tengo una planta, se comió todos los gusanitos de zancudo. Yo no creía; ahora sí”.

Nohemy de Ayala, 30 años
Urb. Las Margaritas

“Es bueno utilizar los peces y abate. Ambos dan resultado. Pero la mejor arma para combatir el dengue es la prevención. Debemos mantener los depósitos limpios y tapados”.

José Carrero, 39 años
Urb. Las Margaritas

“Sería una buena idea que el Ministerio de Salud regalara peces en vez de abate. Yo le tengo mucho asco a los químicos. El pez que tengo es muy divertido, hasta como mascota me sirve”.

Yessica Pérez, 20 años
Colonia San Fernando

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