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La escasez del agua es uno de los problemas fundamentales que enfrenta
la mayoría de colonias populosas de San Salvador y otras zonas
del país.
Ante esta crisis, las personas se ven obligadas a acumular agua en barriles,
pilas y huacales, entre otros recipientes.
Es increíble como el salvadoreño se arma de ingenio para
poder obtener y preservar el agua de la vida. Sin embargo, la acumulación
de tan preciado líquido trae consigo la cría de larvas
de zancudos, entre ellos el Aedes aegypti, transmisor del dengue.
Este insecto de patas largas tiene su residencia en aguas limpias y
tranquilas, como cisternas, barriles, pilas, neumáticos y otros
recipientes que las personas no mantienen protegidos dentro y fuera
de sus hogares.
Para el control de esta plaga que cada año hace de las suyas,
el Ministerio de Salud realiza campañas de fumigación
y distribución de un sustrato químico llamado abate,
pero que no es suficiente para erradicar el problema.
El dengue ya ha cobrado la vida de un niño en lo que va del año
y hay varios infectados. Según datos del Departamento de Estadísticas
del Hospital Benjamín Bloom, en las dos primeras semanas del
2002 se reportaron siete pacientes con dengue hemorrágico.
El Aedes aegypti se ha ganado la capacidad de pasearse libremente por
El Salvador, campando por su respeto desde las montañas de Nahuaterique,
en La Unión, hasta las riberas de La Hachadura, población
fronteriza con Guatemala.
Y pareciera que este insecto no tuviera adversario, otorgándole
el título de inmortal por soportar los productos químicos
lanzados en cada campaña contra él. Sin embargo, en su
hábitat se mueven unos oponentes sencillos. Estos son los peces
y dentro de ellos, los más afamados son los gouramis.

El
cuidado que necesitan estos peces es mínimo en comparación
con otras especies.
Peor
enemigo del dengue
Dan fe a este control biológico las investigaciones que viene
realizando en las áreas urbanas y rurales desde hace dos años
el biólogo Walter Araujo, quien asegura que los peces son una
alternativa viable para contrarrestar la propagación de larvas
del zancudo.
Están dotados con unos bigotes largos como de gato, que utilizan
para saborear la comida y rastrear quién anda por ahí.
Así son los gouramis, unos peces de boca filosa que tienen la
fama de ser el enemigo número uno del zancudo.
Estos peces, de escasos quince centímetros de tamaño,
no exigen un ambiente muy agradable. Pueden vivir en charcas, terrenos
inundados, pilas, barriles y aguas fétidas. Todo gracias a un
órgano especial llamado laberinto.

El
desove ocurre debajo del nido y dura una hora. La hembra se tiene que
retirar de inmediato para que el macho no la devore.
Yo tengo más
de dos años de estar trabajando con ellos. He estudiado bien
a estos omnívoros. Conozco de los gouramis hasta el último
detalle y son efectivos para comerse las larvas, explica Walter
Araujo, biólogo y criador de gouramis.
El laberinto de estos peces funciona de la siguiente manera: los peces
con solo sacar la boca y en algunos casos la cabeza absorben una burbuja
de aire mezclada con agua, que introducen en una membrana especial (el
laberinto) que distribuye el oxígeno retenido por todo el torrente
sanguíneo.
Para entender mejor, el laberinto (uno ubicado a cada lado de la cabeza)
actúa como los pulmones. Los peces respiran, absorben el oxígeno
y expulsa el aire innecesario.
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El órgano es parecido al de los
humanos, sólo que está formado por placas óseas
en forma de abanico y recubierto por una membrana parecida a un coágulo
de sangre.
Está formado por
una serie de laminillas dispuestas en forma caprichosa, con numerosas
vueltas y cavidades que le dan el aspecto de un verdadero laberinto,
que no deja escapar el oxígeno. De ahí su nombre.
A pesar de tener laberinto, los gouramis también poseen branquias,
que desempeñan funciones respiratorias auxiliares. En términos
generales, las agallas son rudimentarias y ello lleva a manifestar que
estos son los únicos peces que se ahogan en el agua si no tienen
una adecuada respiración.
Los gouramis son peces que pertenecen
al suborden Anabantoidei. De su casta existen diferentes especies en
las que destacan los azul (Trichogaster trichopterus), los claros de
luna (Trichogaster microlepsis) y los enanos (Colisa lalia), entre otros.
De estos cazadores acuáticos, el azul se reproduce a mayor escala
en la granja Gfish, ubicada en San Juan Opico, La Libertad,
porque es resistente a temperaturas altas (60¼ C), puede vivir en zonas
pantanosas y alcanza un tamaño considerado. Las personas pueden
consumirlo.
Burbujas
de amor

En
un principio, los alevines tienen respiración branquial. A las
tres semanas de nacidos desarrollan el laberinto y suben a la superficie
a tomar aire por primera vez.
El
Trichogaster trichopterus o gourami azul de tres manchas procede del
sur de Vietnam, de Thailandia y de la península Malaya. Habita
en las orillas de ríos, lagos y canales con abundante vegetación
y poca corriente de agua. En el país ya se cultiva y cada uno
cuesta entre cinco y diez colones.
La reproducción de los escamosos es fácil y fuera de lo
común. Según el biólogo Araujo, el más laborioso
de los dos es el macho, que antes del apareamiento se encarga de construir
el nido, que forma por burbujas de aire unidas por una capa mucosa en
forma de una plataforma flotante.
Lista la hembra con su vientre redondeado se producen las paradas amorosas
abajo del nido. Él la enlaza con sus aletas y tras un apretón
enconchado, llamado abrazo nupcial que dura una hora, salen
cientos de huevos que son acompañados por una eyaculación
de esperma que flota en el agua y fecunda el desove.
Ellas depositan entre 300 y 1000 huevos de color oscuro y un tamaño
similar a las burbujas, los cuales flotan, pues contienen una gran cantidad
de aceite. Para que se reproduzcan se requiere que el pez hayan alcanzado
su tamaño adulto: 15 centímetros en seis meses.

Este
pez es de facil manejo y en un hogar se puede mantener en las pilas.
Lo curioso es la responsabilidad que tiene
el futuro padre. Parece un ascensor: sube y baja para depositar sus
vástagos en cada una de las burbujas hechas con amor. Él
cuidará de los alevines hasta que revienten. No escatimará
esfuerzos por mantenerlo intacto, alejando incluso a la hembra.
Los gouramis machos son muy protectores. En 24 horas los huevos eclosionan
y cuelgan del nido. Al caerse uno, el padre recupera cada pececillo
y lo sopla de nuevo en la burbuja.
Esto lo tendrá ocupado durante al menos tres días, después
de los cuales hay peligro de que, cansado y sin alimentarse, se sienta
proclive a comerse a alguna de sus
crías, por lo que se retira.
La alimentación de estos peces es omnívora. Así
que se les puede proporcionar alimento vivo y en hojuela. Es un pez
comunitario. Sin embargo, cuando crecen es mejor mantenerlos con otros
del mismo tamaño para evitar que se coman a los más pequeños.
Utilizar peces para erradicar las larvas de zancudo es una alternativa
más para combatir el dengue. ¿Por qué no retomar
proyectos como éste? Son fáciles de reproducirse, aguantan
en aguas fétidas y lo mejor de todo son amigables con el medio
ambiente.
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Proyecto
piloto
Lo que el Ministerio intenta es dar otra alternativa que
no sea el abate. Es increíble como este proyecto ha tenido
un impacto positivo: haber bajado de un 14% de estado larvario
a un 2%. Son resultados muy alentadores. Este control biológico
está de la mano con el medio ambiente; no se utilizan químicos.
Lo único que se requiere son ciertos cuidos para no dañar
al pez a la hora de llenar los recipientes, comenta Elizabeth
Granados, gerente de Salud Ambiental de la institución.
El proyecto se encuentra en Nuevo Edén de San Juan, San
Miguel, está a cargo del SIBASI de Sensuntepeque, Cabañas,
que obtuvo los alevines de las instalaciones del CENDEPESCA en
Santa Cruz Porrillo.
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Proyecto
piloto tiene aceptación
Como una medida diferente al empleo de químicos para el
control larvario del Aedes aegypti, el Ministerio de Salud Pública
está dando los primeros pasos en San Miguel al realizar
un proyecto piloto con tilapias. Hablemos y la granja Gfish
distribuyeron más de cien peces gourami en Soyapango a
principio del año para determinar el grado de aceptación
que tienen los vertebrados en la población. A un mes estas
son algunas de las opiniones vertidas por los ciudadanos.

El
pececillo es bueno. Hice un prueba con él, lo metí
en un bote de vidrio donde tengo una planta, se comió todos
los gusanitos de zancudo. Yo no creía; ahora sí.
Nohemy de
Ayala, 30 años
Urb. Las Margaritas

Es
bueno utilizar los peces y abate. Ambos dan resultado. Pero la
mejor arma para combatir el dengue es la prevención. Debemos
mantener los depósitos limpios y tapados.
José
Carrero, 39 años
Urb. Las Margaritas

Sería
una buena idea que el Ministerio de Salud regalara peces en vez
de abate. Yo le tengo mucho asco a los químicos. El pez
que tengo es muy divertido, hasta como mascota me sirve.
Yessica
Pérez, 20 años
Colonia San Fernando
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