10 de febrero 2002



San Lorenzo es un pequeño pueblo de Ahuachapán, casi en la frontera con Guatemala.
Ahí en invierno y en verano sus terrenos reverdecen y dan fruto: las hortalizas, mismas
que prodigan el sustento diario a sus pobladores.

Un agricultor recolectar hortalizas, que más tarde serán vendidos en el mercado de Santa Ana.

La tierra en el municipio de San Lorenzo es húmeda, debido a que el agua se encuentra muy superficial (a solo o dos metros de profundidad) y existen tres ríos que abrazan con su caudal los suelos de la zona, conocida como “lugar de manantiales”.
Esto brinda las condiciones propicias para la siembra de hortalizas. Pepino, repollo, rábano, chile dulce, tomate y lechuga son cultivados por el 70% de la población.
Leticia de Jesús Tobar, de 33 años, junto al menor de sus cuatro hijos muestra con satisfacción las matas de pepino y rábano que tiene sembradas al terminar el patio de su casa (donde empieza el terreno). “Mire como está. Ahora tenemos poquito, estamos sacando 200 pepinos. Mi esposo los lleva a vender a Ahuachapán”, cuenta.
Mientras se agacha para mover las hojas de pepino y dejar al descubierto el fruto, Jesús expresa: “De aquí para allá vamos a sembrar más, primero Dios en estos días”. Luego sus manos se extienden para mostrar la otra parte del terreno ya preparada para las nuevas labranzas.
A pocas cuadras de ahí se encuentra más de una manzana de tierra cultivada con repollo, chile dulce, cilantro, tomate y lechuga. En un extremo, dos jóvenes se dedican a quitar la maleza de los surcos de chile dulce, mientras al otro, el encargado del regadío, prepara las eras para la siembra de rábano.
Jorge Sermeño, encargado de los cultivos, relata que la siembra de hortalizas constituye un negocio rentable. “Si no hubiera ganancia, nadie se dedicara a esto. Mi patrón tiene años de hacerlo, y yo le ayudo. Acabo de poner sulfato al repollo (abono para mejorar el estado de las plantas), que con el agua se aprovecha más”, asegura.
Arnulfo Chinchilla, otro agricultor, reconoce lo bueno y lo malo de dedicarse al cultivo de hortalizas. “Hay tiempos que da y otros no y esto depende de los precios que logren los productos”, manifiesta.
Cuando la cosecha es buena y alcanza precios altos, de una inversión de 600 colones obtiene hasta ¢5,000 de ganancia.
Pero como los agricultores lo admiten, en San Lorenzo de eso vive la mayoría de gente, y mientras se pueda, recibirán las primeras luces del día en medio de las repolleras y de los pepinales y verán ocultarse los últimos rayos del sol mientras recogen el fruto de su sudor.

¿Cómo se trabaja?

La forma de riego más utilizada en la zona es por surco. Consiste en desviar el agua de la cañería madre, a través de una canaleta, para llevar el agua hacia las siembras.
Resulta el más fácil, pero a la vez el menos efectivo. Debido a que el agua no es bien aprovechada porque penetra con superficialidad, la tierra se reseca con rapidez y el riego tiene que repetirse cada dos o tres días.

 

 

Otro de los sistemas de riego que se utiliza en menor medida, pero donde el agua es mejor aprovechada, es con la construcción de sifones. Para ello se hace una cuneta o acequia de cabecera que no sobrepase el 2% de pendiente, y desde allí se toma el agua que es transportada por cañería hacia los cultivos, detalla Hernández.
Técnicos del Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria Forestal (CENTA) recomiendan a los productores labrar los terrenos, no sólo con rastra, sino también con arado, porque se logra una mayor penetración en el suelo y esto permite que la planta se desarrolle mejor.
Después de este proceso, si se verifica que a la tierra le hace falta materia orgánica se le aplica gallinaza (excremento de aves); para mejorar su estructura y para crearle poros se le pone cascajo y por último, cal agrícola o muerta con el fin de evitar hongos y bacterias.
Fredy Hernández, técnico del CENTA, dice que para controlar las plagas se recomienda el manejo integrado, que consiste en la aplicación de algunas tácticas. tales como el control botánico, que se logra con la preparación de fórmulas a base de ajo, cebolla y chile chiltepe, que luego se aplica a los cultivos.
Además el control químico, que se consigue mediante la aplicación de insecticidas agrícolas de venta en el mercado, con el fin de repeler las plagas conocidas como chupadoras, entre ellas el pulgón y la mosca blanca.

William de Jesús Tobar quita la maleza de los surcos de chile dulce. Las hortalizas son la fuente de trabajo de muchos jóvenes de la zona.

Cuando se acerca el tiempo de recolección se les dan indicaciones sobre cómo cortar los frutos en horas bajas, de preferencia por la tarde, y luego mantenerlos en la sombra y en un lugar fresco, mientras se llega el momento de comercializarlos.
Una parte de la producción de hortalizas se vende en el mercado de Santa Ana y el resto es acaparado por los mayoristas de La Tiendona (San Salvador), quienes incluso cuando la cosecha de repollo es buena lo exportan a Guatemala y a Honduras.

70% dela población
se dedica al cultivo de hortaliza en San Lorenzo.

¢5,000 de ganancia
Se obtienen cuando la cosecha es buena y alcanza precios altos. Esto, de una inversión de apenas ¢600.

32 manzanas
Se habían cultivado para el verano de 2000.

15manzanas
han sido cultivadas desde el año 2001 hasta este momento.

50% de disminución
en la siembra fue una de las secuelas que dejaron los terremotos del año pasado, frustrando las proyecciones de abundancia de San Lorenzo.
 

 

Darling Henríquez, de 23 años, se dedica a vender hortalizas de casa en casa en el pueblo de San Lorenzo.

Tierras propicias

Las ventajas de las tierras de San Lorenzo para la siembra de cultivos están ligadas con su antepasado. Según el alcalde Lázaro Latín Corado, el casco del pueblo era una laguna que fue secándose con el paso del tiempo.
Cuando se secó se fundó San Lorenzo sobre lo que antes fue un lago. Quizás a eso se deba que las tierras de la zona sean húmedas. Los agricultores explican que basta abrir un hoyo de uno o dos metros para encontrar el agua.
Como si la humedad de sus tierras no fuera suficiente, este municipio cuenta con tres ríos, San Antonio, Grande de San Lorenzo y Agua Caliente, que ponen a la disposición su caudal para el riego de las hortalizas.
Pero las aguas más aprovechadas son las del afluente San Antonio. Mientras dirige su mirada hacia los cerros cercanos, Jorge Sermeño detalla que el canal madre utilizado para el riego de las siembras le da la vuelta al pueblo. “Viene desde el río y pasa por el pie de esas lomas, haciendo el recorrido por 325 manzanas de terreno”, dice.
El alcalde explica que con el propósito de ayudar a los agricultores y debido a que la cañería madre está finalizando su vida útil piensan remodelarla. Para eso, la municipalidad ha solicitado cooperación a la Organización de Estados Americanos (OEA).
Mientras el agua sea abundante, la municipalidad ayude en el desarrollo de proyectos de mejora y la laboriosidad de los habitantes se mantenga, una gran parte de los terrenos de San Lorenzo se vestirá de verde para luego dar el fruto esperado: las hortalizas

Asesoría técnica

Debido a que el 70% de la población de este municipio se dedica al cultivo de hortalizas, el Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria Forestal (CENTA), dependencia del Ministerio de Agricultura y Ganadería, da asesoría técnica a quienes ven en las plantas hortícolas un sendero hacia la prosperidad.

Fredy Hernández, técnico del CENTA, explica que la asesoría se brinda a personas que siembran de dos tareas de tierra en adelante. Se les enseña el uso racional del agua para riego, manejo integrado de plagas y enfermedades en cultivos hortícolas, asesoría en manejo de la poscosecha y comercialización.

arriba
Visite las demás ediciones publicadas Regrese a la edición mas reciente Nombres de personal que labora en esta revista Envíenos sus consultas a nustro buzón

Copyright 1995 - 2002. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com