2 de septiembre de 2001

Su don artístico y su amor por el estudio superan las dificultades económicas que cada año amenazan con separarla de la escuela. Ella es una de tantos jóvenes rurales que ansían desarrollarse en este país.


Escríbanos

No viste de manera excéntrica ni lleva una vida bohemia. Su apariencia no llama la atención; usa vestidos sencillos, no es extrovertida, más bien tiene caracter apacible y a sus 15 años no muestra malicia alguna.
A Ana Evelyn Carrillo Guzmán nunca le han enseñado a escribir poemas, no tiene una biblioteca repleta de libros escritos por poetas prestigiosos ni se mueve en círculos literarios. Todo le sale del corazón, de su sensibilidad artística nata.
El cuaderno donde registra esos instantes de inspiración están plagados de cantos a la naturaleza que Dios ha creado. Los pájaros, el celaje, el mar, los árboles, la lluvia y el viento son los elementos que siempre destaca y que al escribirlos adorna con recortes de figuras o dibujos y alusivos al tema en el que se ha inspirado.
“He escrito más de treinta poemas que tratan más que todo de la naturaleza porque me gusta mucho, aunque mi primer poema habló del amor y de la esperanza”, afirma Evelyn.
Su admiración por la naturaleza es lógica. Ha nacido y se ha criado en medio de los árboles, el sonido incesante de la quebrada y el canto alegre de las aves.

Desde que descubriera su don de la poesía hace dos años no ha cesado de escribir. “Yo descubrí que me gustaba la poesía desde que escuché a una compañera del sexto grado recitar un poema en una clase de Literatura y Lenguaje”, apunta Evelyn.
El alma artística de esta jovencita se alimenta cada día cuando de su casa a la escuela camina por veredas escabrosas, pero rodeadas de los elementos de la naturaleza que tanto admira. Baja y sube pendientes, atraviesa riachuelos, camina junto a los frondosos árboles y contempla el vuelo de los pájaros.
“La humilde tarde ha caído, la fresca brisa ha llegado; un pajarito ya está en su nido y una hebra de sol ha quedado... ¡Oh, fresca tardecita! cerca de las hierbas sales; ¡Oh, linda tortolita, cantas en los matorrales!...”, ha escrito.
Pero Evelyn es polifacética. No sólo canta al entorno natural. “...Como los mares se tienden, como el lucero ha brillado, así tus enseñanzas se extienden, aquí en el octavo grado...”, le dijo entre otros versos hace dos meses a José Valladares, su nuevo maestro de Matemáticas y de Ciencia, Salud y Medio Ambiente.

 

Aunque reconoce utilizar en sus poemas frases y palabras que ha leído en periódicos y revistas, no se puede negar la capacidad artística de Evelyn, que no constituye su único mérito. También tiene otra virtud: el amor por el estudio.

Buena estudiante

Evelyn es popular en la escuela por recitar sus poemas cada vez que lo exige algún evento cívico o la clase de Lenguaje y Literatura, pero también es reconocida como buena alumna.
El profesor José Valladares dice que aparte de poseer buena conducta, es bastante participativa en clase y pregunta cuando algo no entiende. “No es una alumna sobresaliente, pero rinde en sus estudios. Su promedio es de 8 y 9”, señala el maestro.
Evelyn se autodenomina una estudiante regular. Su mamá dice que ella habla así porque es exigente consigo misma y ama demasiado el estudio. “Desde antes de que fuera al primer grado y le enseñara las vocales y los números del uno al diez, yo vi que le gustaba el estudio y que no le iba a costar”, afirma Celestina Carrillo.
“Para llegar a alta cima es necesario escalar...”, “Felices seamos estudiantes, en esta divina tierra, sigamos siempre adelante, que nuestro futuro no se pierda...” son fragmentos de algunos poemas en los que revela el significado que para ella tiene el estudio como vía de superación.
Su entusiasmo no tiene límites. Su mamá Celestina dice que en vista que quedó lisiada de su pierna derecha hace tres años, Evelyn, la segunda de cuatro hermanos, es la encargada de los oficios de la casa y aunque le “agarra la tarde” para irse a la escuela, no deja de asistir.

“Este año no iba a estudiar porque no teníamos dinero, pero con el apoyo de ¢500 que le dio Plan Padrino le compré los cuadernos y los zapatos que era lo más importante”, dice Celestina.
El director de la escuela de San Isidro, Pascual Ponce, dice que la ayudaron a obtener esa ayuda porque “es buena estudiante y era una lástima que no siguiera en la escuela”.

Evelyn tiene bien definidos sus anhelos. “Quiero ser profesora de matemáticas y de literatura y lenguaje. Si mi hermano (quien sostiene su hogar) y mi mamá ya no pueden ayudarme para estudiar bachillerato y la universidad, voy a aprender un oficio. Así trabajo en el dia y estudio en la noche”, dice con ánimo.
Su madre dice que al ver el deseo de superación en su hija desea obtener un trabajo que se adapte a su problema en su pierna para seguir apoyando a su hija en la escuela y a los otros dos hijos menores, puesto que el mayor tuvo que conseguir trabajo de sastre para sostener el hogar después de que muriera su esposo.

 

“Algunos padres creen que las hembras por gusto estudian porque luego se desperdician (se acompañan y tienen hijos en forma precoz), pero yo no estoy de acuerdo. Yo quiero que mi hija siga estudiando”, afirma Celestina, una costurera con estudios del noveno grado.

Escasez económica

La supervivencia de esta familia depende del escaso salario que percibe el hijo mayor de Celestina a través de su trabajo de sastre en un taller en los Planes de Renderos. Celestina sólo aporta a la casa de vez en cuando.
“A veces ni para el maíz hay en la casa, pero Dios nos ayuda. Mi mamá consigue hacer despacio un vestido para niña y lo salimos a vender. Casi siempre nos lo compran bien barato, pero aceptamos por la misma necesidad”, afirma Evelyn.
La vida de Evelyn no es fácil, aun cuando en sus poemas exalte con alegría a la naturaleza, a su Creador y anime a los estudiantes a seguir adelante; sin embargo, su entusiasmo es mayor a las dificultades económicas, tanto que hasta sueña con una casa de ladrillo, que tenga agua potable, luz y que esté ubicada sobre la calle principal de San Isidro y no tan recóndita como en la que vive.
También sabe que para materializar ese sueño debe luchar y parte del esfuerzo es trabajar en la casa y estudiar. Por eso aprovecha cualquier momento libre para repasar las clases y escribir una nueva estrofa de su inspiración.
Para Celestina, su hija “es necia” en el estudio porque le apasiona, para Evelyn significa seguir el camino que se ha trazado: estudiar para superarse y pulir su don artístico cada vez que le surgen del corazón bonitos e ingenuos versos dedicados a Dios y a su creación.

Momentos de
amargura

Era un dia sábado caluroso
cuando de repente aconteció
un movimiento muy temeroso
que a muchas cosas destruyó.

La mañana de ese día
fue de muy raro poder
sin fuerza y sin alegría
personas no podían contener.

Fue una gran destrucción
que dio pánico y tristeza
pero con luto en el corazón
todavía vemos la naturaleza.

Pero nosotros tenemos fe
de que Dios a todos bendecirá
y que sólo una prueba fue
y construirá siempre el más allá.

Ana Evelyn Carrillo Guzmán
(Fragmentos del poema alusivo al terremoto del 13 de enero de 2001).

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