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La historia del grabado es una relación
de oficio y artesanía donde todo se debe pensar y hacer al revés.
Los talleres de estos artistas, como el de Geovanni Gil, son espacios
de creación, de magia y de mucho sudor.
El grabado es un medio de expresión plástica que consiste
en realizar un original múltiple. Lo que significa que se trabaja
una imagen matriz al revés, se entinta la estampa y recién
ahí aparece el dibujo u obra de arte.
Es un proceso parecido a los sellos de hule que se utilizan en los bancos
u oficinas, donde la palabra cancelado se encuentra invertida,
pero al llenarla de tinta y aplicarla a un documento queda estampada
como debe leerse.
Yo me inicié por casualidad en este oficio. Al igual que
otros artistas en diferentes áreas, soy de aquellos que se subieron
al árbol y no hallan cómo bajarse, pero nos encanta estar
ahí. Estudié por casualidad artes en el Centro Nacional
de Artes (CENAR). Y mi inclinación por el grabado parte del año
94 para acá, explica Geovanni, especialista en esta faena.
El período en mención lo rememora como uno de los más
difíciles, donde no había acercamiento con otras corrientes
artísticas ni existían contactos internacionales. Le tocó
asumir la parte autodidacta, época de quemado de planchas (láminas
de metal) que en su mayoría se echaban a perder por el poco manejo
de la técnica.
El problema, según él, consistió en que en el país
solo la xilografía (tallado en madera) era poco conocida y no
habían materiales ni instrumentos necesarios para aplicar las
otras técnicas del grabado, como la litografía (piedra)
y la calcografía (metales).
Escaso
conocimiento
Todavía no hay un lugar para
este arte en el país. Hay poca cultura del grabado, pero de a
poco la gente se da cuenta de que éste es otro lenguaje válido,
explica Gil.
La situación del grabado en El Salvador está como
el capullo de una rosa: cada día se abre para florecer. Hoy día
se percibe más interés de los artistas por querer saber
de él, manifiesta.


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Geovanni explica que esta
expresión del arte no es rentable, pero sí lo es fuera
del territorio. El precio de sus obras oscila entre los 200 y los 1,800
dólares.
El problema, según él, es que a nivel nacional aún
no tiene el peso artístico como en Japón, México,
Chile, Colombia y Cuba, debido a que es considerado por muchos salvadoreño
como un arte menor, lo que a su juicio es un error.
El grabado no es que haya decaído, sino que ha venido en una
evolución. Nosotros, a diferencia de otros países,
no hemos tedido gente seria que haya agarrado esta forma de hacer arte
con formalidad, asegura.
Aquí sólo Mejía Vides, Camilo Minero y Armando
Solís lo han desarrollado, los tres son pintores no especialistas
en grabado. Ellos lo tomaron como una técnica más para
socializarse.
Contradictoriamente, esta forma de expresión, explica Gil, debió
tomar fuerza en la época de guerra que sufrió el país
su función principal es la crítica social,
pero se estancó.
En regiones como México, a raíz de la revolución,
se volvió un medio para concienciar a las masas; esto por ser
más barato y artesanal, sencillo de hacer y reproducir.

Su
verdadera alquimia
Geovanni participa de esta
singular sensibilidad del arte, no como un trabajo sino como un reto
a vencer. La verdadera alquimia de sus múltiples procesos consiste
en difundir sus ideas, develar sus secretos sólo a quienes se
entregan en cuerpo y alma a esta práctica.
La punta seca, el aguatinta, el aguafuerte, la xilografía y la
litografía, entre otras técnica que están inmersas
dentro del grabado, son parte de las herramientas elementales con las
que Gil representa sus tendencias neofigurativas y abstractas.
Este artista de ácidos, metales, piedras y madera hace de sus
obsesiones una obra. Corre el riesgo de impulsar una forma de expresión
poco conocida, explotada, explorada; es más poco comercializada
en la región.
Gusta dar sentido a su aventura. Lo ha sabido desde sus inicios en el
grabado en 1994 y así comprobarlo en su reciente exposición
el pasado 11 de agosto, denominada Clise, donde la mayoría
de sus obras son prospectivas: van más allá
de lo cotidiano, son futuristas.
Sin duda, un aporte fundamental de este maestro constituye practicar
el grabado, con lo que contrarresta la primacía de la pintura
y con lo que reafirma su postura neofigurativa crítica de recuperar
aquello que del pasado todavía pueda ser de provecho.
A esto se suma la imaginación fértil y la destreza ilimitada
en la impresión de claroscuros y grises alucinantes
de las placas y el buril de este original grabador, donde nacen todo
tipo de mujeres que caminan, descansan, esperan, posan y anhelan, para
ser gozadas visualmente por quien desee disfrutar su obra.

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Varias
técnicas
El artista explica que en el grabado son
numerosas las técnicas que se pueden utilizar, entre ellas la
litografía, que se trabajar con una matriz de piedra, se utiliza
grasa, ya sea en lápiz o directa para poder atraer la tinta.
También existe la serigrafía que recurre a la filtración
de colores, como en el estampado.
Además existe la calcografía, donde se usa una matriz
de metal, y es una de las técnicas más complicadas.
En ella se utiliza un método indirecto donde puede trabajar el
aguatinta y el aguafuerte. Se labora con ácido, asegura.
Para trabajar la xilografía, que es una técnica del grabado
en madera, sólo se requiere una matriz, gubias (cuchillas) y
objetos que permitan hacer texturas en el molde.
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Ficha
técnica
Geovanni Gil nació en San
Salvador 19 de diciembre de 1971. La mayoría de sus trabajos
se vende en el extranjero. En la actualidad se desempeña
como maestro en el taller de grabado del CENAR.
Exposiciones
1991. La Palma, Chalatenango.
1992. Casa de la Cultura, Chalatenango.
1993. Exposición colectiva en el CENAR.
1994. Teatro de Cámara San Salvador, exposición
colectiva.
1996. Exposición colectiva en Japón.
1996. Colombia.
1997. CENAR.
1998. Japón.
1999. Teatro de Cámara y Teatro Nacional de San Salvador.
1999. Puerto Rico.
2000. Chile, Brasil, Puerto Rico.
2001. Cuba, Japón Puerto Rico, Chile, San Salvador.
En noviembre próximo estará en Cuba.
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