Vamos al especial

 
 

 

La obra del buen samaritano

El proyecto abrió sus puertas en 1998 para dar esperanza a las comunidades del Barrio San Miguelito. Ahora la idea es crear un albergue que ofrezca servicios básicos y asistencia espiritual.


 

Hace dos años, los asistentes se contaban con los dedos de la mano: ancianos sin hogar borrachos en busca de un plato de comida.
Así comenzó la obra de ayuda comunitaria que nació y vive al amparo de la Iglesia Luterana “La Resurrección” del Barrio San Miguelito.
Ahora un centenar de personas que buscan reformar sus vidas y conocer la Palabra de Dios forma parte del proyecto “Amor y Solidaridad” que no sólo atiende indigentes, sino también a todas aquellas personas de escasos recursos que piden ayuda.
Con Dios y amor
Cada martes al mediodía, la Iglesia Luterana se convierte en un comedor público. Ahí niños, mujeres y ancianos, pero sobre todo hombres jóvenes, encuentran un suculento almuerzo a cambio de compartir sus experiencias o si lo desean escuchar las celebraciones religiosas.
Un culto y la oración anteceden la comida que sirven con esmero los voluntarios luteranos, incluyendo dos misioneros estadounidenses que durante los próximos tres años dirigirán la obra de “Amor y Solidaridad”.

Los asistentes fluctúan de semana a semana, pero nunca baja de los 60; por el contrario hubo día en que tuvieron que disminuir la ración para dar de comer a 200 y más, y no importa que entre ellos haya borrachos y drogadictos; a más de alguno van a rescatar.
El reverendo Medardo Gómez dice que la carencia de recursos no les ha permitido entrar de lleno en un programa de desintoxicación, ya que el ministerio se sostiene con ofrendas de los mismos luteranos, pero los frutos han comenzado a verse.
“Es maravilloso cómo el poder de la palabra de Dios cambia”, dice el religioso para quien el componente más importante ha sido llenar el vacío espiritual de las personas que llegan buscando un plato de comida y encuentran a un Jesucristo dispuesto a cambiarles la vida.
Aunque no saben con exactitud la procedencia de cada visitante, ya que es difícil lograr que entren en confianza, han detectado que la mayoría de ellos son hombres en edad productiva, incluyendo ex-empleados, secretarias y obreros que se dejaron vencer por la droga.
Tres jóvenes en riesgo de terminar en la calle ahora estudian y se han convertido en colaboradores del mismo proyecto para servir de ejemplo a otros que todavía no se atreven a revelarse ante los problemas que padecen.

 

José, de 12 años, es uno de ellos. Adolescente, extrovertido, sonriente. Su rostro muestra su deseo de superación y las ganas de seguir adelante. Se convirtió a Jesucristo porque estaba “harto de sufrir”. Él atiende a los indigentes, les sirve la comida y les habla de Dios mientras Rafael Menjívar organiza juegos grupales que los divierten y les permiten incorporarse con mayor tranquilidad a las actividades.

Muchos hablan de la Biblia y lo hacen con seguridad y recuerdan pasajes bíblicos con exactitud, por eso el reverendo Gómez piensa que gran parte fueron cristianos de otras iglesias que cayeron en el vicio. Pero la idea, que surgió de una caminata del reverendo Medardo Gómez por las comunidades marginales de la zona, podría convertirse en un albergue que de construirse combinaría el trabajo social, pastoral y de vocación para quienes deseen aprender un oficio.

Comienza otra etapa

Sacha Elliot Amen ha comenzado una cruzada por escuelas, centros comerciales, empresas e incluso tiene entre sus planes llegar a las oficinas del alcalde Héctor Silva en busca de ayuda para fundar el albergue.
Ella, una misionera estadounidense de la Iglesia Cristo Unido, y su esposo, el reverendo Jim Elliott, van a dirigir la obra, cuyo presupuesto anual está calculado en unos 23 mil dólares, siempre y cuando encuentren ayuda voluntaria de sicólogos, siquiatras y médicos dispuestos a involucrarse sin ninguna retribución.
Sus metas son ambiciosas, a pesar de las barreras con las que se han encontrado. Piensa que durante la primera etapa la casa hogar, que podría ser una casa alquilada en sus inicios, dará comida y un lugar limpio donde dormir a unas 50 personas, para luego extenderse a otras áreas.
A través del Sínodo Luterano Salvadoreño también se ha solicitado ayuda a otras iglesias de Canadá y Estados Unidas solidarias con la entidad a fin de recolectar los fondos necesarios para que a finales del 2001 este hogar esté funcionando con toda la capacidad.
Pero el camino es largo y escabroso. Sacha y Jim han entrado muy en confianza con las comunidades Tutunichapa e incluso con indigentes, borrachos y prostitutas de la zona que han mostrado interés por conocer la palabra de Dios.
En esta zona todos los conocen y más de alguno suele detenerlos a media calle en busca de una moneda y en más de una ocasión de escucharles hablar de Jesucristo, como lo han hecho con una joven drogadicta, cuya hija, de meses de nacida, recibe la leche necesaria que su madre no puede darle.

 
 


De muchas necesidades

Cercanas a la Iglesia Luterana “La Resurrección” se encuentran unas comunidades marginales que la misma alcaldía de San Salvador ha considerado no aptas para el desarrollo humano, porque la mayor parte de viviendas carece de los requisitos fundamentales como servicios básicos.

En esta lista se encuentran la “17 de Enero”, “Tres de Mayo”, Enmanuel y las Tutunichapa dos y cuatro; en esta última residen unas 329 familias que viven en las márgenes del río Acelhuate.

Además del peligro de sufrir inundaciones y desbordamientos, esta zona presenta altos índices de delincuencia, drogadicción y alcoholismo debido a la pobreza de sus habitantes y a la existencia de decenas de bares.

La alcaldía de San Salvador, a través del Distrito Número 1, atiende esta zona del Barrio San Miguelito, pero carece de un diagnóstico sobre la situación de salud, pobreza o delincuencia. Sin embargo, dice que son comunidades muy dispuestas a trabajar en grupo.

Luego de casi 30 años de inundaciones, en un esfuerzo combinado de diferentes instituciones se está construyendo un dique para proteger de inundaciones a las colonias Tutunichapa uno y cuatro.

Una de las ideas que se teje es construir una zona de descanso y esparcimiento en San Miguelito para beneficiar a estas personas, así como habilitar un estadio en la colonia Guatemala.


 
 

Por eso el equipo de luteranos está tocando puertas para agilizar la fundación del albergue para el programa “Amor y Solidaridad”, cuyas puertas estarán abiertas no sólo para drogadictos, sino también para personas pobres en general en el entendido de que “el rostro de Jesucristo está en el necesitado”.
de muchas necesidades

Envie su comentario




Arriba
Derechos Reservados ®
Hablemos Online 1999 - 2000
elsalvador.com