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A 20 kilómetros de San Salvador, en el municipio de Zaragoza, ocho mujeres llenas de entusiasmo y creatividad aprendieron a elaborar muñecas, flores y otras artesanías en tusa y hoy mantienen a flote una próspera empresa que las llena de orgullo.


 

Un grupo de mujeres, todas amas de casa que hasta hace tres años vivían angustiadas por no contribuir al sustento de sus familias, se integraron al proyecto de elaborar artesanías de tusa, en Zaragoza, La Libertad.
La organización no gubernamental “Sistema de Asesoría y Capacitación del Desarrollo Local”, entidad creada para apoyar municipios pobres del país, fundó este proyecto junto a dos más: una escuela de música para niños y cursos de karate para los muchachos.
La entidad consiguió financiamiento de la Cooperación Canadiense —aproximadamente 200 mil colones— que incluían capacitación para las tres áreas, así como mantenimiento y apoyo para alquiler de locales y otros.
En un inicio los proyectos estaban destinados a apoyar a la juventud del municipio, pero fueron las amas de casa quienes dieron fuerza a la producción de artesanías y aprendieron no sólo a elaborar muñecas, cestas, animales, manteles y otros, sino además a venderlos.
En un inicio este grupo de mujeres que llegó a sumar hasta 25 tuvo algunas dificultades para mantenerse, porque como dice la señora Anabel Borja, una de las artesanas, hacer figuras en tusa no es una labor sencilla; se requieren horas de trabajo y voluntad para no rendirse si algo sale mal.

“Lo que pasa es que la tusa pica en las manos cuando una está trabajando, además se usan varios colores y a veces una se puede equivocar o mancharse toda. La venta no es siempre buena, pero hay que perseverar para mantener vivo esto”, dice Teresa de Castellanos, otra de las artesanas.
Y es que desde que comenzaron a confeccionar las artesanías, Zaragoza comenzó a ser más visitado. Ahora los turistas que viajan hasta el lugar, si bien lo hacen en busca de estos simpáticos muñecos también dan una vuelta y conocen el pintoresco municipio.
“Lo que queremos es que nuestro trabajo sea como el patrimonio de Zaragoza, que afuera sea reconocido y nombrado tanto por sus flores y muñecas de tusa como por su gente”, dice la señora de Borja.

Una próspera empresa

Cuando todo comenzó, hace unos tres años, las mujeres llevaban sus artesanías hasta la orilla de la carretera que conduce hacia las hermosas playas de La Libertad y las ofrecían a los viajantes.
Y la idea resultó buena. Los veraneantes se estacionaban a un lado y admiraban el trabajo de estas mujeres llevándose casi todo lo que ellas ofrecían.

 

Les fue tan bien que alquilaron un local, situado frente a la misma carretera, donde llevan los sábados y domingos el producto que han confeccionado durante la semana.
De lunes a viernes, las ocho mujeres, cuyas edades oscilan entre los 25 y los 60 años, dividen su tiempo entre el cuidado de los hijos, la preparación de la comida, los oficios domésticos y por supuesto la elaboración de flores, muñecas y otros encargos.
Tanto ha sido el éxito que han conformado la empresa “El Tunalmil (milpa de verano) de Zaragoza”, que administran ellas mismas.
Anabel Borja, directora de este esfuerzo, dice que el compañerismo y la responsabilidad de todas les ha ayudado a mantenerse en pie.
“Cada quien trabaja lo que puede en su casa y el fin de semana hacemos dos turnos, una para cada día; ponemos a la venta todo lo que cada quien tiene y el día lunes repartimos entre todas lo que se vendió”, dice la señora Borja.
También dejan un 10% de todo el ingreso como ganancia general de la empresa, dinero que utilizan para alquilar vehículos cuando necesitan acudir a cumplir los distintos compromisos que tienen.
“Nos invitan a ferias y Concultura siempre nos toma en cuenta para actividades culturales que ellos realizan, entonces tenemos un fondo común que utilizamos para eso”, dice la directora.
La organización de este grupo de mujeres es tal que poseen una tesorera que lleva en orden la contabilidad, así como el gasto de materiales, que incluye compra de tijeras, el teñido —cuya fórmula, aseguran, es un secreto—, el papel, la tela y todo lo que necesiten.
Si bien comenzó como una forma de entretenerse y hacer algo útil, más tarde se convirtió en una forma de contribuir para el sustento del hogar.
“Yo soy madre soltera y me gradué de ingeniera agrícola, pero como no encontré trabajo me metí en esto para mantenerme ocupada. Ahora de esto vivo y mantengo a mi hijo”, dice Ilsia Jovel, otra de las mujeres.
Y es que los ingresos en un promedio de dos años alcanzaron los 80 mil colones, cantidad que se distribuyó entre todas, menos un porcentaje para el fondo común, que garantiza el funcionamiento de la empresa.

Trascendiendo fronteras

Cada una de estas ocho entusiastas empresarias tiene un estilo propio a la hora de elaborar flores, las parejas de muñecos o las cestas.
Doña Teresa de Castellanos prefiere en ocasiones no teñir la tusa y confeccionar los vestidos de tela y listones de papel.
Su compañera Ilsia, en cambio, si bien elabora muñecas, su especialidad es hacer grandes flores amarillas o rosadas, las que vende en jarrones de barro traídos desde Honduras.
Y doña Anabel, quizá una de las que más disfruta este trabajo, confecciona muñecas para su colección personal que ya sobrepasa la docena.

 

 
 


Confección y precio

Y precioPara elaborar estas artesanías, las ocho mujeres viajan hasta Chalatenango para recolectar la tusa, luego de que el maíz ha sido tapizcado. Esta la almacenan en cajas de cartón y la guardan para irla ocupando según las necesidades.

Asimismo elaboran un teñido de diversos colores, cuya fórmula mantienen en secreto, la secan al sol y luego la utilizan según la muñeca, la flor o la artesanía que van a elaborar.

Entre las variedades están muñecas con trajes típicos y sus esposos, cuyo costo es de 30 colones cada una; ángeles, flores que van de un colón a 25 colones cada una; nacimientos completos a 150 colones, cestas de entre cuatro y seis colones, entre otras.

Si desea realizar un pedido de artesanías puede contactar a las empresarias: Anabel Borja al 314-0809 o a Blanca Sermeño al 314-0829.


 
 

Todas lucen trajes típicos de nuestro país, desde una “panchita” de Panchimalco hasta una izalqueña de Sonsonate, luciendo variados adornos que van desde diminutas flores hasta pequeños animalitos de barro; otras vestidas de novia apretando en sus brazos un cesto de flores, ángeles, nacimienos con todo y reyes magos, todos elaborados en tusa teñida con los más vivos y variados colores.
El trabajo es tan apreciado que a menudo reciben pedidos de escuelas, universidades y gente particular que les compra las flores y las muñecas para llevarlas a Canadá, Estados Unidos y hasta Australia como regalos para sus familias.



Si bien algunos comerciantes han intentado comprarles artesanías, estas mujeres prefieren trabajar a su ritmo, tomando pequeños pedidos que no sobrepasan las 300 unidades porque confiesan que todavía no pueden producir al por mayor.
Sin embargo, la demanda que por hoy tienen les permite contar con un ingreso semanal que les ayuda a sobrevivir; además cada muñeca o flor que elaboran se traduce en una satisfacción personal para cada una de ellas.

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