
Nahum es un artista muy sutil, con una creatividad poderosa y llena de
fantasía: su visión es sencillamente maravillosa; a veces
muy concreta, real y testimonial como debe ser toda obra que se precie
de novedosos contenidos éticos, técnicos y de calidad.
Desde temprana edad se preocupó por el dibujo, por la observación
cuidadosa de su ambiente, por el orden y la disciplina, virtudes y cualidades
que cultivaría con los años y consolidaría en sus
estudios formativos y académicos en el Centro Nacional de Artes
y en la Universidad de El Salvador.
Nahum se interesó siempre por la historia y por los principios
del arte, la teoría del color, la composición y la técnica
más depurada, esa que viene del corazón, al menos en los
artistas tocados con la luz y la magia de la sensibilidad.
En los dos últimos años su pintura ha evolucionado de manera
increíble: mantiene su coherencia, pero trata con mayor propiedad
el color y la fuerza contrastal, dándole un toque de romanticismo,
de serenidad y de transparencia a cada uno de sus cuadros. Es que el conjunto
de su obra a lo largo de su vida no le ha permitido escapismos o inútiles
bifurcaciones. Se ha mantenido fiel a su poderosa creatividad y a ese
misticismo que ciertamente surge de un espíritu inquieto y puro
en sus realizaciones. Hay además profundidad, sutileza y carácter
en su plástica. Su obra general es rica en humanismo y un tributo
preciado a la figura.
Esa su particular intimidad, su aparente tranquilidad, explota en cuadros
de vigorosa presencia, de un fervor pictórico que sólo alcanzan
los graduados de artistas. No por una simple repetición de senderos,
sino como una necesidad vital de fijar el rumbo y alcanzar estadios superiores
en su obra. Esta que sin llegar a la complejidad invita a la meditación
y a la comunicación tan importante entre el espectador y la pintura.
Esto es así porque el hilo conductor de Nahum surge de su misticismo
y sensibilidad. Por ello su renombre, su causa y su comportamiento se
lo ha labrado con base en el estudio, la investigación, la preocupación
por descubrir todos los días algo nuevo y no descansar
en esas esenciales virtudes que como hombre y como artista posee.
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Pintor
Nahum Nuila.
Trabajo
y madurez
Hay que agregar que toda esa belleza que ha logrado en esta etapa de
su vida llena de luz, de asombro y de color se debe también a
la aguda y profunda imaginación del artista que lo ha llevado
a establecer las premisas y fundamentos estéticos. Su pintura
de ahora es más trabajada y madura, pero coherente con una línea
de pensamiento; es de seguro de inestimable valor para la posteridad,
no solo por lo que atañe a su propio quehacer, sino por el aporte
que está dando a los principios básicos del arte y de
la pintura moderna en El Salvador.

Un
mundo cercano, acrílico.
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Pintor
insatisfecho
El otro aspecto por destacar en Nahum es su precisión y su particular
forma de observar y plasmar el mundo contemporáneo: arte realista,
con fondos abstractos y hasta surrealistas. No es seguidor de escuela
alguna porque sigue sus propios designios. Pero además porque
apela a su poderosa imaginación y al testimonio elocuente de
su humanismo. Y bajo esta óptica va reproduciendo lo visible,
porque al final esta es la misión del arte y del artista. Y no
es que por desearlo simplemente refleje una superficie, figuras decorativas
o elementos de la naturaleza.
Nahum va más al fondo no solo de su interioridad, sino que de
la compleja interpretación y concepción del ambiente y
de las personas. Esto es posible por esa técnica que en forma
aleatoria le viene de la mente y del corazón.
A estas alturas de su vida, Nahum con toda una obra de valor incalculable
no está satisfecho. Pese a dominar con exacta propiedad la pluralidad
del color, las entradas y salidas de luz, sigue investigando, explorando
otras posibilidades, tratando de hacer de la disciplina un rigor, de
la imaginación una permanente creatividad.
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