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Complejo
de la Acrópolis Norte, la construcción individual más completa hasta
ahora excavada en el área.
El idílico aroma que se desprende
de árboles como el copal, la pimienta gorda y el zapote se riega
en los amplios y sombríos senderos que conducen hacia una metrópoli
histórica, tan antigua como sus moradores y tan actual como sus
impresionantes hallazgos.
La mañana es perfecta para encontrarse con los vestigios de la
civilización maya; el clima tropical se hace acompañar
de una brisa fresca y el sol, aunque fuerte tropieza con la espesura
de la selva, la misma que conquistó a los antiguos habitantes
de Tikal, situado en el departamento de Petén, Guatemala.
La riqueza del bosque pudo haberse convertido en el oasis que atrajo
a los mayas y los llevó a asentarse al norte de esa nación.
Muchas de las especies de árboles y animales que acompañaron
a esta civilización aún se refugian en los 576 kilómetros
cuadrados de la reserva natural, una de las más importantes de
Centroamérica.
El Parque Nacional Tikal resguarda una diversidad de aves locales y
migratorias. Es hábitat de tucanes, loros, guacamayas, colibríes
y especies raras, como los halcones de pecho naranja, y por supuesto
quetzales, las aves sagradas de los mayas.
Más allá de la zona de las ruinas se pueden encontrar
jaguares, pumas, ocelotes, venados y serpientes, como la coral venenosa
y la barba amarilla. Esta última y el jaguar fueron motivos predilectos
de la religión maya.
Mientras los turistas hacen su recorrido por las tierras mayas serán
sorprendidos con los gritos de los monos aulladores. También
encontrarán husmeando entre las hojas secas a los pizotes, unos
animales de cola y hocico muy largos, pertenecientes a la familia procyonidae.
Lo cierto es que en Tikal los visitantes provenientes de Europa, Estados
Unidos, Canadá, Japón, América del Sur, Centroamérica
y de otras latitudes se encuentran con dos componentes que hacen inolvidable
su estadía en el sitio: la naturaleza y la arqueología.
Cuando llega el momento de ingresar al otrora centro urbano más
importante de los mayas y comenzar a admirar la grandeza de sus construcciones,
los visitantes se aturden y se encuentran con una serie de interrogantes
relacionadas con el tiempo.
¿De dónde procedían los mayas?, ¿cómo
hicieron para construir esas pirámides cuando sólo contaban
con herramientas de piedra? Las respuestas no satisfacen, aun cuando
son pronunciadas por los guías turísticos del parque,
quienes han recibido capacitaciones sobre la vida maya en Tikal.
Lo cierto es que este grupo étnico demostró que la tecnología
no era imprescindible para dejar huella. Ellos alcanzaron un desarrollo
artístico, arquitectónico, urbanístico y astronómico
muy sobresaliente. Es la única civilización precolombina
que desarrolló un sistema de escritura e incorporó el
cero a su sistema de numeración.
Aunque no utilizaron más que herramientas de piedra y de madera,
levantaron más de 3,000 edificaciones. Estas se extienden en
16 kilómetros cuadrados e incluyen palacios, templos, plataformas
ceremoniales, juegos de pelota, terrazas, tumbas, residencias, plazas,
calzadas y baños de vapor.
Sin embargo, Roberto Gallardo, jefe de la Unidad de Arqueología
del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura), de El Salvador,
detalla que los moradores de Tikal construyeron los templos más
altos en toda Mesoamérica debido a que en el lugar existía
mucha piedra caliza.
Los mayas extraían del suelo los grandes bloques de piedra,
y eso hacía más fácil la edificación de
pirámides altas; es decir que el material les ayudó para
lograr esa majestuosidad, destaca Gallardo.
Una de las edificaciones que muestra el ingenio de esta civilización
es la plaza mayor. La inmensidad arquitectónica de los templos
I y II y la envergadura de sus masas escalonadas cautivan a cualquiera.
A los costados de estas pirámides, que miden 45 y 38 metros,
se levantan la acrópolis norte y la acrópolis central.
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Gallardo detalla que la plaza mayor era donde residía la nobleza
y los sacerdotes. Ahí había templos que servían
de tumba a la gente de clase alta. Los demás habitantes vivían
en los alrededores del corazón de la urbe.
A Juana Poró, una guatemalteca de 45 años que visita Tikal
por primera vez, le parecen una maravilla los edificios de sus antepasados.
Sabe que para ella es una tarea difícil llegar hasta la cima
del templo II o de las máscaras, llamado así por su fachada
ricamente decorada.
Pero el entusiasmo y la admiración de Juana pueden más.
Cuando ha subido la mitad del camino se detiene, su cuerpo tiembla y
su frente se salpica con las gotas del sudor. Con voz entrecortada se
pregunta: ¿Cómo hacían los mayas para subir?
¿Por
qué Petén?
El libro Tikal, del arqueólogo estadounidense Willian
Coe, detalla que hace más o menos 2500 años se estableció
un pueblo sobre una colina y zonas aledañas, apenas visibles
en las selvas bajas del norte de Guatemala.
Un período preclásico se inició en Tikal alrededor
de 600 años antes de Cristo y fue seguido de un período
clásico que se divide en clásico temprano de 250 a 550
años después de Cristo y en clásico tardío
desde 550 hasta el colapso de la metrópoli allá por 900
d.C.
Las virtudes de Petén atrajeron a los mayas, tanto así
que decidieron edificar allí una de sus ciudades más importantes.
Son diversas las razones por las que esta civilización se asentó
en las tierras de este departamento.
Gallardo menciona que se trataba de terrenos planos. Esto permitía
la construcción de grandes metrópolis y, por ende, las
formas de comunicación eran más efectivas. Desde las pirámides
más altas de Tikal, los mayas controlaban los acontecimientos
de toda la región. Las planicies también les facilitaron
la siembra de
maíz.

En
Copán sobresalen los detalles en las construcciones.
Encontraron en la riqueza natural de la
selva de Petén un medio de subsistencia. Obtenían las
plumas del quetzal para comercializarlas, del árbol de hule sacaban
la materia prima para elaborar los balones que utilizaban en los campos
de pelota.
Gran parte de su alimentación la obtenían de la caza de
animales que habitaban en el bosque, y los ríos Pasión
y Usumacinta les prodigaban sustento diario y les servían como
medio de comunicación.
Pero los más de 1,500 años que este grupo étnico
permaneció en la zona norte de Guatemala llegaron a su fin. Dentro
de las teorías que tratan de explicar el colapso maya, incluido
Tikal, está una serie de guerras entre las ciudades-estado (existían
diferencias entre los diferentes asentamientos).
Además se dice que la población estaba creciendo bastante
en el clásico tardío (sobrepasaba los 150,000 habitantes).
Había una sobrepoblación que poco a poco fue limitando
los recursos agrícolas. Conforme se van descifrando más
estelas se comprueban estas dos teorías.
No obstante, sólo las indagaciones podrán desentrañar
las dudas en torno al colapso de la cultura maya, así como sus
orígenes y su forma de vida. Mientras tanto, para millones de
turistas de todo el mundo sigue siendo un deleite apreciar los majestuosos
vestigios de estos antepasados.

Pirámides
vistas desde la cima del templo IV.
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También
predominan los templos majestuosos.
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Dos
ciudades, dos historias
El arqueólogo
Roberto Gallardo habla sobre las diferencias más marcadas
de dos de los asentamientos mayas más importantes del área
mesoamericana: Copán y Tikal.
El arte empleado en los dos sitios es diferente Tikal posee una
decoración esmerada, pero no llega a la altura de Copán,
donde el arte es más elaborado.
Tikal es dueño de las construcciones más altas del
área maya y por eso llegó a ser uno de los centros
urbanos más importantes. Copán era una metrópoli
más pequeña.
La ocupación en Tikal comienza desde el preclásico
y continúa hasta el clásico tardío. la ocupación
de Copán se da más en el clásico tardío,
aunque las dos ciudades colapsan en esta última fase: 900
años después de cristo.
Tikal está edificada sobre suelo de piedra caliza; Copán
se levanta en su mayoría sobre toba volcánica (ceniza
volcánica bien compactada).
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En
1948, Modesto Méndez y Ambrosio Tut, comisario y gobernador de
Petén, realizaron la primera expedición en Tikal.
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La
cima de Tikal
El ingenio
y la habilidad de los mayas se aprecia en la cima del templo IV,
el más alto de esta ciudad, con 65 metros de altura.
Para llegar a este rascacielos se sube una angosta escalera de
madera. En el recorrido, los turistas ven como los enormes árboles
se quedan atrás.
La incomodidad del sudor se borra de nuestros pensamientos cuando
llegamos a la cúspide. Una fuerza especial e indescriptible
y no el cansancio nos invita a sentarnos para observar y sentir
la grandeza de los mayas.
Allí la brisa fresca llega fuerte y con un silbido que
acaricia los oídos. La sorpresa es más grande cuando
contemplamos la densa selva que se rinde ante nuestros pies.
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