2 de junio 2002


Estando en la cima del templo IV, conocido como el rascacielos de Tikal, al norte
de Guatemala, la grandeza maya es impresionante. Desde allí, la selva se rinde a
nuestros pies y la fuerza del viento crea un silbido que acaricia los oídos.


Complejo de la Acrópolis Norte, la construcción individual más completa hasta ahora excavada en el área.

El idílico aroma que se desprende de árboles como el copal, la pimienta gorda y el zapote se riega en los amplios y sombríos senderos que conducen hacia una metrópoli histórica, tan antigua como sus moradores y tan actual como sus impresionantes hallazgos.
La mañana es perfecta para encontrarse con los vestigios de la civilización maya; el clima tropical se hace acompañar de una brisa fresca y el sol, aunque fuerte tropieza con la espesura de la selva, la misma que conquistó a los antiguos habitantes de Tikal, situado en el departamento de Petén, Guatemala.
La riqueza del bosque pudo haberse convertido en el oasis que atrajo a los mayas y los llevó a asentarse al norte de esa nación. Muchas de las especies de árboles y animales que acompañaron a esta civilización aún se refugian en los 576 kilómetros cuadrados de la reserva natural, una de las más importantes de Centroamérica.
El Parque Nacional Tikal resguarda una diversidad de aves locales y migratorias. Es hábitat de tucanes, loros, guacamayas, colibríes y especies raras, como los halcones de pecho naranja, y por supuesto quetzales, las aves sagradas de los mayas.
Más allá de la zona de las ruinas se pueden encontrar jaguares, pumas, ocelotes, venados y serpientes, como la coral venenosa y la barba amarilla. Esta última y el jaguar fueron motivos predilectos de la religión maya.
Mientras los turistas hacen su recorrido por las tierras mayas serán sorprendidos con los gritos de los monos aulladores. También encontrarán husmeando entre las hojas secas a los pizotes, unos animales de cola y hocico muy largos, pertenecientes a la familia procyonidae.
Lo cierto es que en Tikal los visitantes provenientes de Europa, Estados Unidos, Canadá, Japón, América del Sur, Centroamérica y de otras latitudes se encuentran con dos componentes que hacen inolvidable su estadía en el sitio: la naturaleza y la arqueología.
Cuando llega el momento de ingresar al otrora centro urbano más importante de los mayas y comenzar a admirar la grandeza de sus construcciones, los visitantes se aturden y se encuentran con una serie de interrogantes relacionadas con el tiempo.
¿De dónde procedían los mayas?, ¿cómo hicieron para construir esas pirámides cuando sólo contaban con herramientas de piedra? Las respuestas no satisfacen, aun cuando son pronunciadas por los guías turísticos del parque, quienes han recibido capacitaciones sobre la vida maya en Tikal.
Lo cierto es que este grupo étnico demostró que la tecnología no era imprescindible para dejar huella. Ellos alcanzaron un desarrollo artístico, arquitectónico, urbanístico y astronómico muy sobresaliente. Es la única civilización precolombina que desarrolló un sistema de escritura e incorporó el cero a su sistema de numeración.
Aunque no utilizaron más que herramientas de piedra y de madera, levantaron más de 3,000 edificaciones. Estas se extienden en 16 kilómetros cuadrados e incluyen palacios, templos, plataformas ceremoniales, juegos de pelota, terrazas, tumbas, residencias, plazas, calzadas y baños de vapor.
Sin embargo, Roberto Gallardo, jefe de la Unidad de Arqueología del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura), de El Salvador, detalla que los moradores de Tikal construyeron los templos más altos en toda Mesoamérica debido a que en el lugar existía mucha piedra caliza.
“Los mayas extraían del suelo los grandes bloques de piedra, y eso hacía más fácil la edificación de pirámides altas; es decir que el material les ayudó para lograr esa majestuosidad”, destaca Gallardo.
Una de las edificaciones que muestra el ingenio de esta civilización es la plaza mayor. La inmensidad arquitectónica de los templos I y II y la envergadura de sus masas escalonadas cautivan a cualquiera.
A los costados de estas pirámides, que miden 45 y 38 metros, se levantan la acrópolis norte y la acrópolis central.

 


Gallardo detalla que la plaza mayor era donde residía la nobleza y los sacerdotes. Ahí había templos que servían de tumba a la gente de clase alta. Los demás habitantes vivían en los alrededores del corazón de la urbe.

A Juana Poró, una guatemalteca de 45 años que visita Tikal por primera vez, le parecen una maravilla los edificios de sus antepasados. Sabe que para ella es una tarea difícil llegar hasta la cima del templo II o de las máscaras, llamado así por su fachada ricamente decorada.
Pero el entusiasmo y la admiración de Juana pueden más. Cuando ha subido la mitad del camino se detiene, su cuerpo tiembla y su frente se salpica con las gotas del sudor. Con voz entrecortada se pregunta: ¿Cómo hacían los mayas para subir?

¿Por qué Petén?

El libro “Tikal”, del arqueólogo estadounidense Willian Coe, detalla que hace más o menos 2500 años se estableció un pueblo sobre una colina y zonas aledañas, apenas visibles en las selvas bajas del norte de Guatemala.
Un período preclásico se inició en Tikal alrededor de 600 años antes de Cristo y fue seguido de un período clásico que se divide en clásico temprano de 250 a 550 años después de Cristo y en clásico tardío desde 550 hasta el colapso de la metrópoli allá por 900 d.C.
Las virtudes de Petén atrajeron a los mayas, tanto así que decidieron edificar allí una de sus ciudades más importantes. Son diversas las razones por las que esta civilización se asentó en las tierras de este departamento.
Gallardo menciona que se trataba de terrenos planos. Esto permitía la construcción de grandes metrópolis y, por ende, las formas de comunicación eran más efectivas. Desde las pirámides más altas de Tikal, los mayas controlaban los acontecimientos de toda la región. Las planicies también les facilitaron la siembra de
maíz.

En Copán sobresalen los detalles en las construcciones.

Encontraron en la riqueza natural de la selva de Petén un medio de subsistencia. Obtenían las plumas del quetzal para comercializarlas, del árbol de hule sacaban la materia prima para elaborar los balones que utilizaban en los campos de pelota.
Gran parte de su alimentación la obtenían de la caza de animales que habitaban en el bosque, y los ríos Pasión y Usumacinta les prodigaban sustento diario y les servían como medio de comunicación.
Pero los más de 1,500 años que este grupo étnico permaneció en la zona norte de Guatemala llegaron a su fin. Dentro de las teorías que tratan de explicar el colapso maya, incluido Tikal, está una serie de guerras entre las ciudades-estado (existían diferencias entre los diferentes asentamientos).
Además se dice que la población estaba creciendo bastante en el clásico tardío (sobrepasaba los 150,000 habitantes). Había una sobrepoblación que poco a poco fue limitando los recursos agrícolas. Conforme se van descifrando más estelas se comprueban estas dos teorías.
No obstante, sólo las indagaciones podrán desentrañar las dudas en torno al colapso de la cultura maya, así como sus orígenes y su forma de vida. Mientras tanto, para millones de turistas de todo el mundo sigue siendo un deleite apreciar los majestuosos vestigios de estos antepasados.

Pirámides vistas desde la cima del templo IV.

 

También predominan los templos majestuosos.

Dos ciudades, dos historias

El arqueólogo Roberto Gallardo habla sobre las diferencias más marcadas de dos de los asentamientos mayas más importantes del área mesoamericana: Copán y Tikal.

El arte empleado en los dos sitios es diferente Tikal posee una decoración esmerada, pero no llega a la altura de Copán, donde el arte es más elaborado.

Tikal es dueño de las construcciones más altas del área maya y por eso llegó a ser uno de los centros urbanos más importantes. Copán era una metrópoli más pequeña.

La ocupación en Tikal comienza desde el preclásico y continúa hasta el clásico tardío. la ocupación de Copán se da más en el clásico tardío, aunque las dos ciudades colapsan en esta última fase: 900 años después de cristo.

Tikal está edificada sobre suelo de piedra caliza; Copán se levanta en su mayoría sobre toba volcánica (ceniza volcánica bien compactada).

En 1948, Modesto Méndez y Ambrosio Tut, comisario y gobernador de Petén, realizaron la primera expedición en Tikal.

La cima de Tikal

El ingenio y la habilidad de los mayas se aprecia en la cima del templo IV, el más alto de esta ciudad, con 65 metros de altura.

Para llegar a este rascacielos se sube una angosta escalera de madera. En el recorrido, los turistas ven como los enormes árboles se quedan atrás.

La incomodidad del sudor se borra de nuestros pensamientos cuando llegamos a la cúspide. Una fuerza especial e indescriptible y no el cansancio nos invita a sentarnos para observar y sentir la grandeza de los mayas.

Allí la brisa fresca llega fuerte y con un silbido que acaricia los oídos. La sorpresa es más grande cuando contemplamos la densa selva que se rinde ante nuestros pies.

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