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Si usted cree que su hijo, por estar gordo es saludable, entonces está
muy equivocado, porque los pequeños, al igual que los adultos,
pueden sufrir de sobrepeso, y este es un problema que a la larga les
podría traer una vida adulta con muchos achaques de salud.
Es más, algunos chiquitines desde temprana edad ya están
padeciendo enfermedades que estaban asociadas principalmente con adultos,
como la presión arterial alta, altos niveles de glucosa y principios
de diabetes.
En el Hospital Benjamín Bloom son cientos los casos de este tipo
que les toca atender, por ese motivo los médicos endocrinólogos
sugirieron la creación de una clínica de nutrición,
atendida por dos nutricionistas, en donde buscarían la mejor
manera para hacer rebajar a los niños obesos, diseñándoles
un plan especial de alimentación y educando a su familia para
que les enseñen a comer en forma balanceada a los pequeños.
Es así como desde 1999 funciona la clínica, que hasta
el momento ha dado una amplia cobertura, por ejemplo sólo el
año 2001 atendió a 283 pacientes, combatiéndoles
la obesidad, la diabetes y el bajo peso en algunos casos.
Por lo general, aquí vienen niños que presentan un 50%
más de su peso, de sus necesidades nutricionales, señala
la licenciada Hilda Gloria de Romualdo.
A manera de ejemplo, un caso típico de obesidad infantil es un
niño de seis años, con una talla (altura) de un metro
con veinte centímetros. El peso ideal del pequeño debería
ser de 45 libras, pero el cipote tendría disparado su peso a
88 libras, y así como este prototipo existen cientos de niños
y niñas que sufren de este problema.

Los tres indicadores
Hay madres que creen que porque sus hijos están gordos no tienen
anemia, y también hay niños altos que pueden estar obesos
y no notarse a simple vista, menciona la nutrióloga Gloria de
Romualdo.
Debido a esto se hace necesario que a todo niño que ha sido remitido
a la clínica se le haga una revisión de sus exámenes
de laboratorio para ver si tiene colesterol; se hace también
una entrevista exhaustiva sobre sus hábitos de alimentación,
así como el peritaje por medio de una fórmula matemática
que utiliza tres indicadores: peso/edad; talla/edad y peso/talla.
A la madre y al mismo infante le cuestionan sobre diversos aspectos
de sus vidas, como el tipo de actividad que realizan los niños,
si juegan o no; preguntan sobre el horario de clases y cuántos
recreos disfruta, qué es lo que come en los tres tiempos, si
le dan refrigerio o le dan dinero para que compre golosinas.
También averiguan cómo preparan la comida, si usan manteca,
margarina, aceites o mantequilla, o si prefieren salcochar o asar. Asimismo
interrogan sobre la frecuencia en comer comida rápida, como pollo
frito, hamburguesas, pizzas, hot dogs y pupusas.
Después de esa investigación, a los niños mayores
de seis años le toman el índice de masa corporal. Con
este procedimiento se puede reflejar el riesgo que tienen los menores
a padecer enfermedades crónicas a temprana edad o en su vida
adulta. Entre esos males se pueden mencionar la ateroesclerosis (endurecimiento
de las arterias), la hiperglicemia o hipoglicemia (azúcar circulante
en la sangre, ya sea elevada o baja), la diabetes y la hipertensión,
entre otras dolencias, señala la nutrióloga Patricia Ascencio.
Al tener toda esta evaluación, las nutricionistas establecen
una dieta adecuada para cada caso, que depende de las necesidades calóricas
de cada niño; a la vez motivan a los chiquitines a una mayor
actividad física y les imparten una charla mensual a las madres
junto con sus hijos para que conozcan cómo alimentarse mejor.
Esta experiencia la han vivido Claudia Landaverde y su hijo Walter Emilio
Molina. Este pequeño de cuatro años pesaba 76 libras hace
dos meses y medio, ahora tiene un peso de 70 libras, treinta más
de las que debe pesar, por lo que la lucha aún continúa.
Blanca Esperanza Perdomo de Reyes y su hija Hilda Antonia tienen problemas
de sobrepeso, y ambas se han puesto en control en la misma clínica
del Hospital Bloom. La niña, de casi tres años, pesaba
casi 63 libras; esto significa un sobrepeso de 28 libras, ya que su
peso normal debería ser 35 libras. Ahora que ya tiene seis meses
de estar en control nutricional ha rebajado más de cinco libras.
A esta pequeña, que le gustaba comer dos o tres tortillas junto
con la comida, no sólo le están controlando su peso, sino
que también le han logrado disminuir la cantidad de azúcar
en la sangre, asegura doña Blanca Esperanza.
Lo importante de todo esto es que los niños obesos deben ser
tratados por especialistas. Primero debe verlos un médico y luego
serán los nutricionistas quienes deberán de llevarles
un control con sus hábitos alimenticios, de esta forma los hijos
obesos podrán evitar muchas enfermedades relacionadas con el
sobrepeso cuando lleguen a la edad adulta.
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Conozca
la obesidad infantil
La obesidad infantil es un proceso metabólico en el que
se produce una acumulación de grasa excesiva en relación
con el promedio normal para su edad, sexo y talla.
A corto plazo, sus consecuencias más frecuentes son alteraciones
sicosociales: incluso en edades tempranas el niño obeso
es descrito despectivamente por sus compañeros, tiene problemas
de aislamiento y relación y menores expectativas académicas.
A medio plazo, la obesidad infantil produce alteraciones ortopédicas,
respiratorias y cutáneas. No habituales, pero de extrema
gravedad, son el síndrome de Picwick (somnolencia e insuficiencia
respiratoria), miocardiopatía y pancreatitis asociados
a obesidad, señala la doctora Amparo Rodríguez en
la página de internet: www.socalec
.es/consejos/obes.htm.
En los niños obesos aumenta la incidencia de la diabetes
mellitus y el riesgo de la intolerancia a la glucosa, hipertensión
y alteraciones de los lípidos (aumento de colesterol y
triglicéridos). La obesidad infantil aumenta el riesgo
de obesidad en la edad adulta. El 75% de los adolescentes obesos
será obeso de adultos y la obesidad es factor de riesgo
de enfermedad cardiovascular.
En edades precoces existe obsesión en algunos padres para
que el niño coma mucho; sin embargo, es normal una disminución
del apetito hacia los dos años de edad que se corresponde
con un ajuste fisiológico a sus necesidades. Más
adelante se festejan los mínimos acontecimientos de la
vida del niño con la comida basura y un consumo
casi diario de bolsas de chucherías y refrescos.
La falta de juego al aire libre o de deporte y las actividades
extraescolares sedentarias, además, disminuyen el gasto
de energía. El hábito de ver televisión aumenta
el sedentarismo y propicia comer alimentos hipercalóricos.
Sin embargo, en la regularización del apetito y del gasto
de energía intervienen mecanismos complejos que escapan
a la propia voluntad de la persona y que no están completamente
aclarados. Podríamos decir que, en presencia de factores
ambientales apropiados desarrollará obesidad la persona
capacitada para hacerlo, afirma la doctora Rodríguez.
En general, y más aún en la infancia, el tratamiento
de la obesidad será con estricta vigilancia médica.
El niño deberá llevar una dieta controlada y sólo
en contados casos los medicamentos y las técnicas quirúrgicas
tienen cabida en el tratamiento.
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Madres
con sus hijos recibiendo charlas de nutrición en el Hospital
de Niños Benjamín Bloom.
Qué
puede hacer por sus niños
El Dr. Dennis Styne, de la Clínica de Obesidad
Infantil de UC Davis Medical Center, citado en la página
www.4children.org/news/301foods.htm, culpabiliza del problema
a las dos tendencias siguientes:
Los niños están comiendo más comida
basura. Los anuncios de este tipo de comidas en los medios
de comunicación contribuyen a esta situación.
Los niños realizan menos actividad física.
Cada vez hay menos lugares seguros donde los niños puedan
jugar; asimismo la falta de programas extracurriculares de bajo
costo también contribuye a que los niños pasen más
tiempo sentados y mirando televisión.
Frente a esto el especialista recomienda lo siguiente:
Sirva de ejemplo para alentar buenos hábitos
alimenticios. Golosinas y aperitivos de altas calorías
deben estar fuera del alcance de los niños.
Planee ejercicio diario para la familia. Haga salidas
familiares en bicicleta, juegos activos o caminatas de fin de
semana.
Aliente a sus niños para que sean físicamente
activos en casa. Tenga juguetes que alienten el juego activo,
como pelotas, bates de béisbol y patines.
Trate el tema de la televisión. Los padres pueden
desalentar las actividades pasivas limitando las horas permitidas
para mirar televisión a dos horas o menos por día.
Además no deje que los niños se sienten a comer
con la televisión encendida, de modo tal que comer mientras
miran televisión o juegan con la computadora no se convierta
en un hábito.
Eduque a los niños sobre lo que están
comiendo.
Evite duras restricciones en la alimentación
del niño.
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Para
evitar la obesidad infantil es necesario reducir el consumo de alimentos
con poco valor nutricional.
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Alerta
grasa
La obesidad tiene efectos adversos
en la salud y en la longevidad. Entre sus consecuencias están
muerte prematura, dificultad para respirar, presión sanguínea
elevada; rodillas, tobillos y columna vertebral soportan mayor
presión y el sudor atrapado en los pliegues cutáneos
puede predisponer infecciones.
1.
Célula
grasa creciente
Las gotas de grasa que el cuerpo no desecha abandonan los capilares
sanguíneos y se depositan en la célula grasa. Una
vez formada, la célula grasa se mantiene en los tejidos
durante toda la vida. La dieta provoca que la célula grasa
se encoja, pero no que desaparezca.
2. Distribución
de la grasa
Las mayores áreas de distribución de la grasa tienden
a ser diferentes en varones que en mujeres, como lo demuestran
las áreas amarillas. En términos generales, el estómago,
las piernas y los glúteos reciben la mayor carga de grasa.

Evite
que sus hijos consuman golosinas antes de las comidas, ya que
no contienen significativos valores nutricionales.
3. Ateroesclerosis
La ateroesclerosis se caracteriza por engrosamiento de la capa
interna de las arterias, secundario a la acumulación de
gránulos lipoideos (colesterol, ésteres de colesterol
y fosfolípidos). Mientras las gotas de grasa continúan
formándose (color amarillo y blanco y gotas rosadas), apareciendo
primero con estrías de grasa y luego como placas calcificadas,
la arteria se endurece. Las complicaciones están entre
las causas de muerte.
4.
Infiltración grasa
Los depósitos de grasa en la superficie del corazón
(epicardio) son comunes en gente obesa. La grasa epicardia aumenta
y encapsula la mayor parte del corazón. La infiltración
grasa es raramente responsable por enfermedad cardíaca,
pero cuando invade e infliltra el músculocardíaco
(miocardio) puede interferir con la contracción normal
de los ventrículos.
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Esta es una guía
para saber cuáles productos debe comer más que otros.
Los alimentos que están en la parte más ancha de la figura
(inferior) son los que se deben consumir más que los que están
en la parte estrecha (superior). Los cereales y las legumbres inclúyalos
en su dieta todos los tiempos de comida. Frutas y verduras cómalos
todos los días; leche y sus derivados se consumen tres veces
a la semana. Carnes, una vez a la semana, y los alimentos más
grasos deben ser bien limitados.
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