3 de febrero 2002



Preocupados por la obesidad de sus pacientes, el Hospital Nacional Benjamín Bloom tiene una Clínica de Nutrición como un mecanismo para controlar el sobrepeso de cientos de niños y así evitarles graves enfermedades cuando sean adultos.



Si usted cree que su hijo, por estar gordo es saludable, entonces está muy equivocado, porque los pequeños, al igual que los adultos, pueden sufrir de sobrepeso, y este es un problema que a la larga les podría traer una vida adulta con muchos achaques de salud.
Es más, algunos chiquitines desde temprana edad ya están padeciendo enfermedades que estaban asociadas principalmente con adultos, como la presión arterial alta, altos niveles de glucosa y principios de diabetes.
En el Hospital Benjamín Bloom son cientos los casos de este tipo que les toca atender, por ese motivo los médicos endocrinólogos sugirieron la creación de una clínica de nutrición, atendida por dos nutricionistas, en donde buscarían la mejor manera para hacer rebajar a los niños obesos, diseñándoles un plan especial de alimentación y educando a su familia para que les enseñen a comer en forma balanceada a los pequeños.
Es así como desde 1999 funciona la clínica, que hasta el momento ha dado una amplia cobertura, por ejemplo sólo el año 2001 atendió a 283 pacientes, combatiéndoles la obesidad, la diabetes y el bajo peso en algunos casos.
Por lo general, aquí vienen niños que presentan un 50% más de su peso, de sus necesidades nutricionales, señala la licenciada Hilda Gloria de Romualdo.
A manera de ejemplo, un caso típico de obesidad infantil es un niño de seis años, con una talla (altura) de un metro con veinte centímetros. El peso ideal del pequeño debería ser de 45 libras, pero el cipote tendría disparado su peso a 88 libras, y así como este prototipo existen cientos de niños y niñas que sufren de este problema.


Los tres indicadores

Hay madres que creen que porque sus hijos están gordos no tienen anemia, y también hay niños altos que pueden estar obesos y no notarse a simple vista, menciona la nutrióloga Gloria de Romualdo.
Debido a esto se hace necesario que a todo niño que ha sido remitido a la clínica se le haga una revisión de sus exámenes de laboratorio para ver si tiene colesterol; se hace también una entrevista exhaustiva sobre sus hábitos de alimentación, así como el peritaje por medio de una fórmula matemática que utiliza tres indicadores: peso/edad; talla/edad y peso/talla.
A la madre y al mismo infante le cuestionan sobre diversos aspectos de sus vidas, como el tipo de actividad que realizan los niños, si juegan o no; preguntan sobre el horario de clases y cuántos recreos disfruta, qué es lo que come en los tres tiempos, si le dan refrigerio o le dan dinero para que compre golosinas.
También averiguan cómo preparan la comida, si usan manteca, margarina, aceites o mantequilla, o si prefieren salcochar o asar. Asimismo interrogan sobre la frecuencia en comer comida rápida, como pollo frito, hamburguesas, pizzas, “hot dogs” y pupusas.
Después de esa investigación, a los niños mayores de seis años le toman el índice de masa corporal. Con este procedimiento se puede reflejar el riesgo que tienen los menores a padecer enfermedades crónicas a temprana edad o en su vida adulta. Entre esos males se pueden mencionar la ateroesclerosis (endurecimiento de las arterias), la hiperglicemia o hipoglicemia (azúcar circulante en la sangre, ya sea elevada o baja), la diabetes y la hipertensión, entre otras dolencias, señala la nutrióloga Patricia Ascencio.
Al tener toda esta evaluación, las nutricionistas establecen una dieta adecuada para cada caso, que depende de las necesidades calóricas de cada niño; a la vez motivan a los chiquitines a una mayor actividad física y les imparten una charla mensual a las madres junto con sus hijos para que conozcan cómo alimentarse mejor.
Esta experiencia la han vivido Claudia Landaverde y su hijo Walter Emilio Molina. Este pequeño de cuatro años pesaba 76 libras hace dos meses y medio, ahora tiene un peso de 70 libras, treinta más de las que debe pesar, por lo que la lucha aún continúa.
Blanca Esperanza Perdomo de Reyes y su hija Hilda Antonia tienen problemas de sobrepeso, y ambas se han puesto en control en la misma clínica del Hospital Bloom. La niña, de casi tres años, pesaba casi 63 libras; esto significa un sobrepeso de 28 libras, ya que su peso normal debería ser 35 libras. Ahora que ya tiene seis meses de estar en control nutricional ha rebajado más de cinco libras.
A esta pequeña, que le gustaba comer dos o tres tortillas junto con la comida, no sólo le están controlando su peso, sino que también le han logrado disminuir la cantidad de azúcar en la sangre, asegura doña Blanca Esperanza.
Lo importante de todo esto es que los niños obesos deben ser tratados por especialistas. Primero debe verlos un médico y luego serán los nutricionistas quienes deberán de llevarles un control con sus hábitos alimenticios, de esta forma los hijos obesos podrán evitar muchas enfermedades relacionadas con el sobrepeso cuando lleguen a la edad adulta.

 

 

Conozca la obesidad infantil

La obesidad infantil es un proceso metabólico en el que se produce una acumulación de grasa excesiva en relación con el promedio normal para su edad, sexo y talla.

A corto plazo, sus consecuencias más frecuentes son alteraciones sicosociales: incluso en edades tempranas el niño obeso es descrito despectivamente por sus compañeros, tiene problemas de aislamiento y relación y menores expectativas académicas.

A medio plazo, la obesidad infantil produce alteraciones ortopédicas, respiratorias y cutáneas. No habituales, pero de extrema gravedad, son el síndrome de Picwick (somnolencia e insuficiencia respiratoria), miocardiopatía y pancreatitis asociados a obesidad, señala la doctora Amparo Rodríguez en la página de internet: www.socalec
.es/consejos/obes.htm.

En los niños obesos aumenta la incidencia de la diabetes mellitus y el riesgo de la intolerancia a la glucosa, hipertensión y alteraciones de los lípidos (aumento de colesterol y triglicéridos). La obesidad infantil aumenta el riesgo de obesidad en la edad adulta. El 75% de los adolescentes obesos será obeso de adultos y la obesidad es factor de riesgo de enfermedad cardiovascular.

En edades precoces existe obsesión en algunos padres para que el niño coma mucho; sin embargo, es normal una disminución del apetito hacia los dos años de edad que se corresponde con un ajuste fisiológico a sus necesidades. Más adelante se festejan los mínimos acontecimientos de la vida del niño con la “comida basura” y un consumo casi diario de bolsas de chucherías y refrescos.

La falta de juego al aire libre o de deporte y las actividades extraescolares sedentarias, además, disminuyen el gasto de energía. El hábito de ver televisión aumenta el sedentarismo y propicia comer alimentos hipercalóricos.

Sin embargo, en la regularización del apetito y del gasto de energía intervienen mecanismos complejos que escapan a la propia voluntad de la persona y que no están completamente aclarados. Podríamos decir que, en presencia de factores ambientales apropiados desarrollará obesidad la persona “capacitada” para hacerlo, afirma la doctora Rodríguez.

En general, y más aún en la infancia, el tratamiento de la obesidad será con estricta vigilancia médica. El niño deberá llevar una dieta controlada y sólo en contados casos los medicamentos y las técnicas quirúrgicas tienen cabida en el tratamiento.

Madres con sus hijos recibiendo charlas de nutrición en el Hospital de Niños Benjamín Bloom.

Qué puede hacer por sus niños

El Dr. Dennis Styne, de la Clínica de Obesidad Infantil de UC Davis Medical Center, citado en la página www.4children.org/news/301foods.htm, culpabiliza del problema a las dos tendencias siguientes:

Los niños están comiendo más “comida basura”. Los anuncios de este tipo de comidas en los medios de comunicación contribuyen a esta situación.

Los niños realizan menos actividad física. Cada vez hay menos lugares seguros donde los niños puedan jugar; asimismo la falta de programas extracurriculares de bajo costo también contribuye a que los niños pasen más tiempo sentados y mirando televisión.
Frente a esto el especialista recomienda lo siguiente:

Sirva de ejemplo para alentar buenos hábitos alimenticios. Golosinas y aperitivos de altas calorías deben estar fuera del alcance de los niños.

Planee ejercicio diario para la familia. Haga salidas familiares en bicicleta, juegos activos o caminatas de fin de semana.

Aliente a sus niños para que sean físicamente activos en casa. Tenga juguetes que alienten el juego activo, como pelotas, bates de béisbol y patines.

Trate el tema de la televisión. Los padres pueden desalentar las actividades pasivas limitando las horas permitidas para mirar televisión a dos horas o menos por día. Además no deje que los niños se sienten a comer con la televisión encendida, de modo tal que comer mientras miran televisión o juegan con la computadora no se convierta en un hábito.

Eduque a los niños sobre lo que están comiendo.

Evite duras restricciones en la alimentación del niño.

 

 

 

Para evitar la obesidad infantil es necesario reducir el consumo de alimentos con poco valor nutricional.

Alerta grasa

La obesidad tiene efectos adversos en la salud y en la longevidad. Entre sus consecuencias están muerte prematura, dificultad para respirar, presión sanguínea elevada; rodillas, tobillos y columna vertebral soportan mayor presión y el sudor atrapado en los pliegues cutáneos puede predisponer infecciones.

1. Célula grasa creciente
Las gotas de grasa que el cuerpo no desecha abandonan los capilares sanguíneos y se depositan en la célula grasa. Una vez formada, la célula grasa se mantiene en los tejidos durante toda la vida. La dieta provoca que la célula grasa se encoja, pero no que desaparezca.

2. Distribución de la grasa
Las mayores áreas de distribución de la grasa tienden a ser diferentes en varones que en mujeres, como lo demuestran las áreas amarillas. En términos generales, el estómago, las piernas y los glúteos reciben la mayor carga de grasa.

Evite que sus hijos consuman golosinas antes de las comidas, ya que no contienen significativos valores nutricionales.


3. Ateroesclerosis
La ateroesclerosis se caracteriza por engrosamiento de la capa interna de las arterias, secundario a la acumulación de gránulos lipoideos (colesterol, ésteres de colesterol y fosfolípidos). Mientras las gotas de grasa continúan formándose (color amarillo y blanco y gotas rosadas), apareciendo primero con estrías de grasa y luego como placas calcificadas, la arteria se endurece. Las complicaciones están entre las causas de muerte.

4. Infiltración grasa
Los depósitos de grasa en la superficie del corazón (epicardio) son comunes en gente obesa. La grasa epicardia aumenta y encapsula la mayor parte del corazón. La infiltración grasa es raramente responsable por enfermedad cardíaca, pero cuando invade e infliltra el músculocardíaco (miocardio) puede interferir con la contracción normal de los ventrículos.

Esta es una guía para saber cuáles productos debe comer más que otros. Los alimentos que están en la parte más ancha de la figura (inferior) son los que se deben consumir más que los que están en la parte estrecha (superior). Los cereales y las legumbres inclúyalos en su dieta todos los tiempos de comida. Frutas y verduras cómalos todos los días; leche y sus derivados se consumen tres veces a la semana. Carnes, una vez a la semana, y los alimentos más grasos deben ser bien limitados.

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