3 de febrero 2002



En menos de un año, los hermanos Fernández se han convertido en uno de los grupos
musicales más conocidos de Sonsonate. Estos infantes, cuyas edades oscilan entre seis
y doce años, son expertos en tocar la marimba.

Hace un año, el grupo infantil hizo su primera presentación en el Teatro Arce, cuando Sonsonate fue declarada “capital de El Salvador” por un día.

Alegres y deliciosas notas musicales salen de una caja de resonancia cuando ésta es golpeada en sus teclas de cedro por las manos infantiles de los hermanos Fernández, un grupo musical que ha cautivado a chicos y grandes a lo largo y ancho de Sonsonate.
El equipo está integrado por Karen Isabel, José Manuel y Boris Orlando, tres artistas que no pasan de los 13 años y a quienes les encanta tocar canciones tradicionales de El Salvador como “El carbonero” y “El torito pinto”. Además interpretan ritmos de vals, cumbia y bolero.
La primera en pegarle con las bolitas de cera a las teclas para que la caja de resonancia tuviera vida fue Karen Isabel, quien a su corta edad (11 años) es la que dirige las melodías y se convierte en el eje principal de cada melodía.
Y no sólo eso; a ella le encanta cantar y declamar. De esta última actividad recita un poema llamado “Mi marimba llora”, dedicado a los niños y a las niñas afectados el 11 de septiembre con el atentado terrorista a las Torres Gemelas en los Estados Unidos.
José Manuel, con 12 años, fue el segundo en incorporarse. Se encarga de pegarle a las láminas de madera que emiten sonidos graves (los bajos) y coordinar al resto del grupo.
Él es el mayor del grupo. Sus manos tiernas y delgadas hacen hablar los teclados afinados, trozos que relatan aquellas andanzas de nuestros abuelos en los bailes de cofradía.
El último en ingresar al grupo es Boris, el más pequeño del equipo y el más versátil. A sus escasos seis años da brillo a cada escenario que pisa gracias a sus dotes de bailarín.
“Y es que Boris, cuando tenía seis meses de nacido, nos admiraba. Él escuchaba música, se quedaba quieto y con el pie empezaba a llevar el ritmo”, explica Ernesto Díaz, padre de los menores y director del grupo.

“Mi marimba llora” es uno de los poemas que Karen dedica a los niños de Estados Unidos afectados por el atentado terrorista.

 

Herencia musical

Los dulces sonidos de la marimba de estos infantes cumplirán un año de haber nacido. Los Fernández dieron su primera presentación en el Teatro Arce el uno de febrero de 2001, cuando la Asamblea Legislativa declaró a esta ciudad occidental “capital de El Salvador” por un día.
El grupo se funda tras la inquietud y el amor que Ernesto Díaz le tiene a la música. Este maestro inició sus conocimientos en el arte musical como bajista en “Los Jets” y en “Los Gatos” (1967 y 1969), ambos conjuntos ya desintegrados en Sonsonate.
“Soy apasionado a la música. Quizá por eso es que mis hijos sacaron esas inquietudes. Es más, creo que es de herencia porque mi abuelo Porfirio Díaz (1950) era director de la Banda Regimental de Sonsonate. Bien o mal, yo les enseño a tocar a mis hijos. Lo importante es que a temprana edad están tratando de conservar este arte. Y es que las nuevas generaciones en realidad no aprecian la marimba por la nueva clase de música. A esto se une la falta de promoción en los medios de comunicación e instituciones gubernamentales”, explica el padre de estos artistas.

El más reciente material se titula “Mi marimba llora”, en honor de los niños y de las niñas víctimas del atentado terrorista en Estados Unidos.

En la actualidad son más de 30 canciones las que forman parte de su repertorio, entre ellas “Luna de Xelajú”, “El carbonero”, “El sombrero azul” y “El torito pinto”. En esta última, Boris se pone unos cuernos de plástico en la cabeza para darle creatividad al espectáculo.
Esta marimba ha sido invitada a distintos eventos nacionales y tiene el mérito de haber tocado para la ministra de Educación, diputados, alcaldes, al ex-cónsul de Italia, así como en diferentes Casas de la Cultura.
Dentro de los proyectos futuros se encuentran grabar el eslogan del canal ocho y realizar una gira artística con el grupo folclórico de Roberto Navarrete por Bélgica, Suiza, Alemania y Francia.
Así todos los Fernández cantan, bailan y sienten los sonidos que produce la marimba día tras días en su querido Sonsonate. La mayor satisfacción de estos artistas es la aceptación que tienen con el público y compartir lo que a ellos les gusta hacer: tocar.

La marimba no es un juego para ellos, es parte de la formación que les fomentan sus padres.

 

¿Cómo piensan?

Los cantos de pájaros y los repiques de las campañas que nacen de la caja de resonancia no lo son todo para los Fernández. Estos infantes tienen sueños y metas.

“A mí me gusta que me aplaudan. Aunque me canse cuando toco, siempre continúo porque quiero ser experta en tocar la marimba. Estudio cuatro grado y me encanta estudiar. Yo seré doctora cuando esté grande, para curar a los enfermos, pero también quiero ser una gran compositora”.

Karen Isabel

“Me encanta la música y el público. Estudio sexto grado y mis compañeros en la escuela me dicen que soy muy inteligente, porque estudio y en mis ratos libres practico con la marimba. Es más, para la clausura toqué y les gustó. Pero no quiero sólo presentarme para mi clase.

José Manuel

“Yo les digo a los niños que si les gusta un instrumento, que lo practiquen; a los papás, que tengan paciencia y que los apoyen para salir adelante”.

Boris Orlando

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