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Hace
un año, el grupo infantil hizo su primera presentación
en el Teatro Arce, cuando Sonsonate fue declarada capital de El
Salvador por un día.
Alegres y deliciosas notas musicales salen
de una caja de resonancia cuando ésta es golpeada en sus teclas
de cedro por las manos infantiles de los hermanos Fernández,
un grupo musical que ha cautivado a chicos y grandes a lo largo y ancho
de Sonsonate.
El equipo está integrado por Karen Isabel, José Manuel
y Boris Orlando, tres artistas que no pasan de los 13 años y
a quienes les encanta tocar canciones tradicionales de El Salvador como
El carbonero y El torito pinto. Además
interpretan ritmos de vals, cumbia y bolero.
La primera en pegarle con las bolitas de cera a las teclas para que
la caja de resonancia tuviera vida fue Karen Isabel, quien a su corta
edad (11 años) es la que dirige las melodías y se convierte
en el eje principal de cada melodía.
Y no sólo eso; a ella le encanta cantar y declamar. De esta última
actividad recita un poema llamado Mi marimba llora, dedicado
a los niños y a las niñas afectados el 11 de septiembre
con el atentado terrorista a las Torres Gemelas en los Estados Unidos.
José Manuel, con 12 años, fue el segundo en incorporarse.
Se encarga de pegarle a las láminas de madera que emiten sonidos
graves (los bajos) y coordinar al resto del grupo.
Él es el mayor del grupo. Sus manos tiernas y delgadas hacen
hablar los teclados afinados, trozos que relatan aquellas andanzas de
nuestros abuelos en los bailes de cofradía.
El último en ingresar al grupo es Boris, el más pequeño
del equipo y el más versátil. A sus escasos seis años
da brillo a cada escenario que pisa gracias a sus dotes de bailarín.
Y es que Boris, cuando tenía seis meses de nacido, nos
admiraba. Él escuchaba música, se quedaba quieto y con
el pie empezaba a llevar el ritmo, explica Ernesto Díaz,
padre de los menores y director del grupo.

Mi
marimba llora es uno de los poemas que Karen dedica a los niños
de Estados Unidos afectados por el atentado terrorista.
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Herencia
musical
Los dulces sonidos de la marimba de estos infantes cumplirán
un año de haber nacido. Los Fernández dieron su primera
presentación en el Teatro Arce el uno de febrero de 2001, cuando
la Asamblea Legislativa declaró a esta ciudad occidental capital
de El Salvador por un día.
El grupo se funda tras la inquietud y el amor que Ernesto Díaz
le tiene a la música. Este maestro inició sus conocimientos
en el arte musical como bajista en Los Jets y en Los
Gatos (1967 y 1969), ambos conjuntos ya desintegrados en Sonsonate.
Soy apasionado a la música. Quizá por eso es que
mis hijos sacaron esas inquietudes. Es más, creo que es de herencia
porque mi abuelo Porfirio Díaz (1950) era director de la Banda
Regimental de Sonsonate. Bien o mal, yo les enseño a tocar a
mis hijos. Lo importante es que a temprana edad están tratando
de conservar este arte. Y es que las nuevas generaciones en realidad
no aprecian la marimba por la nueva clase de música. A esto se
une la falta de promoción en los medios de comunicación
e instituciones gubernamentales, explica el padre de estos artistas.

El
más reciente material se titula Mi marimba llora,
en honor de los niños y de las niñas víctimas del
atentado terrorista en Estados Unidos.
En la actualidad son más de 30 canciones
las que forman parte de su repertorio, entre ellas Luna de Xelajú,
El carbonero, El sombrero azul y El torito
pinto. En esta última, Boris se pone unos cuernos de plástico
en la cabeza para darle creatividad al espectáculo.
Esta marimba ha sido invitada a distintos eventos nacionales y tiene
el mérito de haber tocado para la ministra de Educación,
diputados, alcaldes, al ex-cónsul de Italia, así como
en diferentes Casas de la Cultura.
Dentro de los proyectos futuros se encuentran grabar el eslogan del
canal ocho y realizar una gira artística con el grupo folclórico
de Roberto Navarrete por Bélgica, Suiza, Alemania y Francia.
Así todos los Fernández cantan, bailan y sienten los sonidos
que produce la marimba día tras días en su querido Sonsonate.
La mayor satisfacción de estos artistas es la aceptación
que tienen con el público y compartir lo que a ellos les gusta
hacer: tocar.

La
marimba no es un juego para ellos, es parte de la formación que
les fomentan sus padres.
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¿Cómo
piensan?
Los cantos
de pájaros y los repiques de las campañas que nacen
de la caja de resonancia no lo son todo para los Fernández.
Estos infantes tienen sueños y metas.

A mí
me gusta que me aplaudan. Aunque me canse cuando toco, siempre
continúo porque quiero ser experta en tocar la marimba.
Estudio cuatro grado y me encanta estudiar. Yo seré doctora
cuando esté grande, para curar a los enfermos, pero también
quiero ser una gran compositora.
Karen Isabel
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Me encanta
la música y el público. Estudio sexto grado y mis
compañeros en la escuela me dicen que soy muy inteligente,
porque estudio y en mis ratos libres practico con la marimba.
Es más, para la clausura toqué y les gustó.
Pero no quiero sólo presentarme para mi clase.
José
Manuel
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Yo les
digo a los niños que si les gusta un instrumento, que lo
practiquen; a los papás, que tengan paciencia y que los
apoyen para salir adelante.
Boris Orlando
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