3 de febrero 2002



Ahora Concepción de Ataco no sólo se distingue por sus coloridos cafetales y su imaginería, sino también por sus objetos elaborados en madera, cuya creadora, Marta María Castrillo, adorna con figuras hechas con la técnica del pirograbado.

Marta María Castrillo es la creadora de
esta nueva artesanía de Ataco.

Su casa de habitación en Ataco (Ahuachapán) es todo un tesoro.
El amplio corredor interior, que tiene al frente un bonito y relajante jardín, es insuficiente para albergar tantos objetos, que curiosos o antiguos le imprimen a ese rincón una particularidad muy especial.
Pero esa casa no sólo alberga esta curiosa colección que comparten Marta María Castrillo y su madre, María, sino que también ampara la única tienda de artesanías que existe en todo Ataco.
Aunque allí se vende todo tipo de recuerdos y útiles y decorativos objetos para el hogar fabricadas por otros artesanos, los que elabora desde 1993 Marta María destacan de manera especial.
Su amor por este material y la cualidad que tiene para sacar de ellas bonitas creaciones artesanales la han impulsado a continuar con estas creaciones que adorna con variadas figuras hechas en pirograbado y coloreadas con tintes especiales.
Los dibujos de hermosas flores, como el “cartucho”, le imprimen vida y elegancia a útiles revisteros y cajitas que sirven para guardar desde fósforos hasta joyas. Pero también tiene en su haber otras creaciones, como portallaveros, servilleteros,

 

“descostillos” (pedazos de troncos), mesas, bancos y sillas hechas de ciprés, cedro y de café.
Esta artesana aprovecha todo resto de madera que desechan en los aserraderos para darle utilidad. Hasta las raíces que para la mayoría pasarían inadvertidas, ella las limpia y las convierte en útiles colgaderos de collares u otros objetos.

Lo nuestro

“Trabajamos especialmente la madera de ciprés por el color que tiene y porque absorbe cualquier tipo de tinte”, relata Marta María.
Y esto es cierto. La clara textura del ciprés es un bonito escenario para dibujar con el pirógrafo interesantes estampas que van desde las pueblerinas hasta flores y motivos mayas.
Marta María dice que el contenido maya es su preferido porque se relaciona con la tierra y es una manera de rescatar nuestro patrimonio y es algo que se identifica con la identidad de nuestros pueblos. “Tengo una colección personal de mis artesanías con grabados mayas”, confiesa.
De hecho, sigue trabajando con la temática maya, aunque lamenta que el turista nacional en general no sepa apreciar lo nuestro, muy diferente al extranjero. Quizá a esto se deba que del patrimonio cultural de Ataco, por ejemplo el telar de pedal y los talladores de santos apenas sobrevivan y otros como la cestería hayan prácticamente desaparecido.
Por eso, a través de su artesanía y de su pequeña tienda “Madre Tierra”, no sólo intenta promover la identidad de nuestros pueblos, especialmente de Ataco y Apaneca, sino también apoyar el trabajo que hacen otros artesanos que empiezan a surgir del anonimato.



 

La tienda “Madre Tierra” se ha convertido en un sitio de atracción turística de Ataco.

Amante del arte

Su inclinación natural por el arte la llevó a inscribirse en cursos de dibujo que impartía el pintor Camilo Minero y los de cerámica que tenía a cargo César Sermeño.

El conflicto que viviera el país la obligó a salir del país junto a su familia y radicó por varios años en Costa Rica.

A su regreso a su natal Ataco vio en esas bonitas montañas, cultivadas de café y adornadas por el ciprés, una importante fuente de materia prima para fabricar artesanías.

Comenzó elaborando bancos rústicos, similares a los que se hacen en Apaneca, pero luego se concentró en la hechura de las cajitas y ahora ofrece diversidad de útiles y decorativos objetos.



Jamás habría imaginado que su encuentro infantil con las raíces cada vez que pisaba un cafetal y extraía
mentalmente de ellas variadas figuras lo llevarían a crear una original forma de expresión artística que identifica también a Ataco.


Su creativa artesanía lo ha vuelto famoso dentro de Ataco y en algunos pueblos aledaños.

Es un hombre sencillo, sin mayores recursos, pero con una inquietud inagotable para crear figuras de las raíces del café.
Al ver sus manos toscas, que le ha heredado su oficio de albañil, no parecieran las de un artista que sabe encontrarle la forma y la expresión a esos desechos del cafetal.
No es que transforme las raíces; sólo aplica su ingenio para extraer la figura que se encuentra en su mente y en esos pedazos de madera.
“Si yo le corto este pedacito aquí, sale un hombre que está corriendo, puede ser un deportista”, explica Cornelio González, el ingenioso artista de Ataco, mientras manipula una raíz.
Corta pedacitos por aquí, pega una cabeza que previamente ha elaborado por allá o le añade algún brazo que se adapte a la postura de la figura que él ha imaginado. Con formones, sierras y cuchillas limpia la corteza, corta, dibuja rostros y al final las pega sobre pequeñas bases redondas.
Por lo general son parejas de baletistas y futbolistas en acción los que más elabora, porque según este artesano son las más demandadas y “las que más salen”. También dice que saca más figuras de mujeres porque los ganchos que encuentra en sus búsquedas se prestan para ello.
Sin pretenderlo, Cornelio ha retrocedido más de 30 años en su vida, cuando a sus escasos diez descansaba un rato de la corta del grano y jugaba con su imaginación. “Veía los ganchos en el suelo y les buscaba formas humanas y de animales, pero nunca me atreví a hacerlas”, relata Cornelio.

 

Hace cinco años regresó al cafetal con aquella misma inquietud y se decidió a materializar sus figuras que rondaban su mente. Comenzó a elaborarlas para él mismo, tanto que guarda celosamente su propia colección, y fue hasta hace dos años que comenzó a venderlas.

Idea original

Cornelio no sabe decir si en algún rincón de nuestro país o en el extranjero hacen lo mismo que él o algo similar; sólo sabe que cada vez que mira “los ganchos” en el cafetal hay una potencial figura que explotar, más que en otros desechos maderables.
Ahora Cornelio es muy conocido en Ataco por sus figuras desde que un día la Casa de la Cultura le diera la oportunidad de participar en una exposición de artesanías y por el hecho de haber vendido algunas de ellas para regalárselas a los diputados que arribaron hace dos años a Ataco cuando le otorgaron el título de ciudad.
Desde entonces, el éxito de sus creaciones ha ido en aumento. Por eso cada vez que las obras de albañilería en las que participa concluyen se dedica a la hechura de sus figuras. Se sienta en un banquito de café en la puerta de su humilde vivienda y con paciencia confecciona una a una.
“Al levantar de nuevo mi casa que me botó el terremoto estoy dispuesto a poner mi taller para dedicarme a esto. No es muy rentable como para dejar mi trabajo de albañil, pero me gusta esto”, dice Cornelio, mientras descorteza un nuevo gancho en el que plasmará una de las tantas figuras que navegan en su mente.

Estas figuras valen en el mercado
entre ¢60 y ¢75.

 

Algunos ganchos sirven para diseñar las figuras completas, desde los pies hasta la cabeza.

Artesanía natural

Hasta el momento, las figuras de este oriundo de Ataco responden a un proceso bastante artesanal que conservan hasta el color natural de la madera del café.

Cornelio ha participado en tres exposiciones realizadas en Ataco y en Apaneca, pero seguramente sus creaciones adornan escritorios o algún rincón familiar del país y quizá del extranjero, pues las vende a distintas personas, en su mayoría turistas.

Sus figuras, especialmente los bailarines miden unos 35 centímetros.

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