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Su creativa
artesanía lo ha vuelto famoso dentro de Ataco y en algunos pueblos
aledaños.
Es un hombre sencillo, sin
mayores recursos, pero con una inquietud inagotable para crear figuras
de las raíces del café.
Al ver sus manos toscas, que le ha heredado su oficio de albañil,
no parecieran las de un artista que sabe encontrarle la forma y la expresión
a esos desechos del cafetal.
No es que transforme las raíces; sólo aplica su ingenio
para extraer la figura que se encuentra en su mente y en esos pedazos
de madera.
Si yo le corto este pedacito aquí, sale un hombre que está
corriendo, puede ser un deportista, explica Cornelio González,
el ingenioso artista de Ataco, mientras manipula una raíz.
Corta pedacitos por aquí, pega una cabeza que previamente ha
elaborado por allá o le añade algún brazo que se
adapte a la postura de la figura que él ha imaginado. Con formones,
sierras y cuchillas limpia la corteza, corta, dibuja rostros y al final
las pega sobre pequeñas bases redondas.
Por lo general son parejas de baletistas y futbolistas en acción
los que más elabora, porque según este artesano son las
más demandadas y las que más salen. También
dice que saca más figuras de mujeres porque los ganchos que encuentra
en sus búsquedas se prestan para ello.
Sin pretenderlo, Cornelio ha retrocedido más de 30 años
en su vida, cuando a sus escasos diez descansaba un rato de la corta
del grano y jugaba con su imaginación. Veía los
ganchos en el suelo y les buscaba formas humanas y de animales, pero
nunca me atreví a hacerlas, relata Cornelio.
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Hace cinco años regresó al
cafetal con aquella misma inquietud y se decidió a materializar
sus figuras que rondaban su mente. Comenzó a elaborarlas para
él mismo, tanto que guarda celosamente su propia colección,
y fue hasta hace dos años que comenzó a venderlas.
Idea
original
Cornelio no sabe decir si en algún rincón de nuestro país
o en el extranjero hacen lo mismo que él o algo similar; sólo
sabe que cada vez que mira los ganchos en el cafetal hay
una potencial figura que explotar, más que en otros desechos
maderables.
Ahora Cornelio es muy conocido en Ataco por sus figuras desde que un
día la Casa de la Cultura le diera la oportunidad de participar
en una exposición de artesanías y por el hecho de haber
vendido algunas de ellas para regalárselas a los diputados que
arribaron hace dos años a Ataco cuando le otorgaron el título
de ciudad.
Desde entonces, el éxito de sus creaciones ha ido en aumento.
Por eso cada vez que las obras de albañilería en las que
participa concluyen se dedica a la hechura de sus figuras. Se sienta
en un banquito de café en la puerta de su humilde vivienda y
con paciencia confecciona una a una.
Al levantar de nuevo mi casa que me botó el terremoto estoy
dispuesto a poner mi taller para dedicarme a esto. No es muy rentable
como para dejar mi trabajo de albañil, pero me gusta esto,
dice Cornelio, mientras descorteza un nuevo gancho en el que plasmará
una de las tantas figuras que navegan en su mente.

Estas
figuras valen en el mercado
entre ¢60 y ¢75.
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Algunos
ganchos sirven para diseñar las figuras completas, desde los
pies hasta la cabeza.
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Artesanía
natural
Hasta el momento, las figuras de este oriundo de Ataco responden
a un proceso bastante artesanal que conservan hasta el color natural
de la madera del café.
Cornelio ha participado en tres exposiciones realizadas en Ataco
y en Apaneca, pero seguramente sus creaciones adornan escritorios
o algún rincón familiar del país y quizá
del extranjero, pues las vende a distintas personas, en su mayoría
turistas.
Sus figuras, especialmente los bailarines miden unos 35 centímetros.
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