27 de enero 2002



La medicina natural se usa desde tiempos inmemorables. De hecho, la Biblia menciona que el Creador ha dado la hierba para el servicio del hombre, pero según investigaciones científicas recientes se ha comprobado que los compuestos químicos de algunas plantas también pueden ser dañinos para la salud.





Irma de Trujillo, de 52 años, tiene 20 de dedicarse a la comercialización de plantas naturales.

María Rodríguez se acerca a una venta de medicina natural, ubicada a un costado de la iglesia El Calvario en San Salvador. Con voz cansada pide cáscaras de brasil y manzanilla, que luego le servirán para preparar las “botellas de agua”, como ella las llama.
Con entusiasmo cuenta que a lo largo de veinte años ha comprobado las propiedades curativas de las esencias que vende en Santa Cruz Porrillo, Zacatecoluca, departamento de La Paz. “Sirven para curar dolor de estómago, aires, vómitos, dolor de vientre y padecimientos de los riñones”, asegura.
Otra vendedora de plantas medicinales, Jesús Martínez, de 72 años, quien tiene 50 años de dedicarse a este oficio, cree con fidelidad en la naturaleza. “Yo nunca he ido al médico, siempre me curo con plantas. Sólo cuando tuve a mis ocho hijos acudí al hospital”, musita mientras sus manos arrugadas repasan unos rollos de ciprés.
Ángela Portillo viaja cada semana desde San Marcos a las ventas de herbarios situadas en la capital. Ayudada por su bordón, la anciana, que ya perdió la cuenta de su edad, se acerca con lentitud en busca de jabones y pomadas a base de sábila que le curen los granos y las alergias en la piel. “Yo sólo en eso confío”, dice.
Personas como Ángela y como María acuden con regularidad a las ventas de medicina herbaria o a las clínicas naturistas, confiadas en que una hoja, una flor, una semilla, un vástago, una raíz, una fruta o cualquier parte de una planta tendrán un efecto especial en sus cuerpos dolidos o en su espíritu decaído.

Jesús Martínez (derecha) ofrece una
variedad de plantas medicinales a un
costado de la Iglesia el Calvario.

Fuentes de beneficio

El químico y naturópata español Biagio Tinghino, en su libro “Terapias naturales”, señala que aunque la medicina moderna está al alcance de la población, la tradicional (plantas o hierbas) ha mantenido su popularidad, debido a su impacto cultural e histórico.
De hecho, en el país algunos sitios arqueológicos —como Joya de Cerén— conservan vestigios de la utilización de plantas medicinales. Allí se encontraron salones que servían como saunas comunales, donde los mayas usaban especies aromáticas para sus rituales de purificación. Consumían achiote para el sarampión, las infecciones intestinales y obtenían el pigmento para colorear su cuerpo.
Durante la conquista, muchos españoles se admiraban de lo rápido que los indígenas se curaban de las heridas sufridas en combate a través del uso de plantas. Esa enseñanza llegó a oídos de los reyes de España, quienes enviaron personas especializadas con el fin de investigar sobre esa práctica antigua en América.
Rhina Toledo, investigadora de plantas medicinales de la sección Investigación Aplicada de la Universidad de El Salvador, explica que una de las ventajas de la medicina natural es que ofrece una variedad de plantas para una misma enfermedad.
Por ejemplo, si una hierba tiene propiedades diuréticas, pero tiene sustancias tóxicas para recetársela a una persona, entonces se escoge otra que no le ocasione efectos secundarios.
Otra de las ganancias de las plantas medicinales es que al prescribirlas se hace necesario conocer al individuo de forma integral; es decir se examinan todas las causas y los efectos de su enfermedad.
En cambio, al recetar la medicina alopática (farmacéutica), los médicos lo hacen para un solo síntoma, y eso puede provocar que muchas veces no se combata la raíz del padecimiento.

Las cápsulas de martinya annva son comercializadas sin restricciones en el centro de San Salvador.

 

Medidas para usarlas

Jorge Miranda, propietario de la clínica naturista “Fuente de Salud El Salvador”, menciona que aunque se trata de medicina natural, para lograr un uso efectivo y seguro se deben tomar en cuenta algunas recomendaciones, como conocer en qué circunstancias se deben administrar; ya sea oral, sublingual, rectal, cutánea o pulmonar.
Además es necesario saber los efectos secundarios que pueden producir y dejar de consumirlos si se presentan o consultar a una persona entendida en la materia.
Además, a la hora de utilizarla se debe verificar que la dosis sea la correcta y que la forma de preparación sea adecuada. Puede ser por infusión, aceites, cocimiento, jarabes, tinturas, polvos y cápsulas, gárgaras, vahos o vapores, lavativa o enema, ensaladas, compresas y jugos.

¡Alerta con la toxicidad!

Desde hace 25 años, un grupo de docentes investigadores y alumnos en proceso de graduación de la Universidad de El Salvador estudia los principios activos de muchas especies y ha determinado que son efectivas para curar diversas enfermedades.
Pero desde 1997 se han dedicado más a analizar los factores de toxicidad de unas 115 plantas, a través del proyecto “Búsqueda de bioactividad mediante ensayos simples”.
“Últimamente nos interesamos más por los efectos secundarios, debido a la expansión que están teniendo. La gente las ve como una panacea, y han surgido muchos charlatanes que sin conocimiento empiezan a medicar a alguien”, señala Rhina Toledo.
También se están preocupando por los efectos narcóticos, porque existen casos de personas intoxicadas. Plantas como el chichipince, la altamisa y la ruda, y la raíz del limón, al no consumirlas en dosis adecuadas pueden provocar abortos.
La investigadora explica que con el fin de detectar las sustancias tóxicas de la medicina natural se realizan dos ensayos. Uno se denomina “interacción con ADN”, que mide la toxicidad de una planta, pero además puede determinar la parte dañina para las células del cuerpo. Es específico porque se trabaja con la molécula de ADN y se mide la interacción que hace el extracto de la planta con dicha molécula.
El otro ensayo se llama “Artemiasalina” y con él se mide la LC50 (concentración letal media que puede tener una planta). “Según los resultados que se tienen se pasan a un programa de computadora y este arroja hasta qué punto es tóxica para el humano, pero no permite detectar las contraindicaciones”, menciona Toledo.
Algunas de las hierbas que más se usan y se les han encontrado altos niveles de toxicidad al aplicarles el LC50 son el amatillo, la chula, la floripondio, el aceite esencial de orégano y la semilla de anona.
Otras de las plantas que ocasionan efectos secundarios son la pasiflora y el amatillo, que producen somnolencia; la chichigua, que al utilizarla en grandes cantidades afecta la mucosa de la nariz; el zacate limón y el muérdago bajan la presión arterial.
Mal uso, el problema
El ajenjo es una de las plantas más tóxicas. Al usarlo en tintura, el alcohol hace que sus principios activos se potencien más, y puede provocar ceguera y daños renales; en altas concentraciones provoca alucinaciones.
En el país, dentro del campo botánico existe mucho desconocimiento de la parte química. Algunas personas que se autodenominan “naturistas” o vendedores que por la necesidad se dedican a comercializar hierbas argumentan que las plantas actúan por ser naturales y no porque tengan compuestos químicos.
Marcelo Quintanilla, de 69 años, un vendedor de plantas medicinales, se ubica todos los días en una de las calles del centro de la capital, en compañía de su esposa. Él no cree que la medicina natural tenga contraindicaciones.

Roberto Domínguez, un vendedor de cápsulas contra la impotencia sexual, muestra su producto a posibles clientes.

Su trabajo es más que eso, debido a que sus clientes se lo piden. En un molino de nixtamal muele uña de gato, cancerina y otras plantas más, y luego elabora cápsulas. “Hago los paquetitos de 30 y 60 cápsulas y los vendo a 25 y 50 colones. Yo les digo cuántas deben tomar. Dos después de cada tiempo de comida es lo más recomendable”, comenta.
Además se dedica a preparar cápsulas de víbora. “La gente me las pide, porque son buenas para el cáncer y la diabetes; también crean inmunidad ante algunas enfermedades y afinan la piel. A mi edad ya tuviera arrugas”, dice para dar fe de las propiedades de esta especie de serpiente.
Pero Toledo señala que una planta es beneficiosa porque tiene principios químicos que van a curar o a prevenir una enfermedad. “Parte de mi responsabilidad y de los encargados de prescribir plantas es enseñarle a la gente a que conozca bien una hierba, desde la identificación botánica hasta sus efectos secundarios, para no complicar la salud de ninguna persona”, manifiesta.
El mal uso que se hace de las plantas medicinales preocupa a Lolly de Ayala, presidenta del Consejo Superior de Salud Pública.
En el país no se puede llevar un control de la venta y del uso indiscriminado de estas, debido a que la Junta de Vigilancia Médica aún no las ha legalizado, pues alegan que no están comprobados los efectos secundarios que pueden tener.
Lo cierto es que según investigaciones científicas, las plantas hacen maravillas en el organismo. Pero esos beneficios se logran sólo cuando los consumidores, a la hora de ingerir una esencia, una cápsula o un jarabe, estén enterados tanto de las propiedades como de los efectos tóxicos.

 

 

Uña de gato, ¿una panacea?

El nombre científico de la uña de gato es “uncaria tomentosa” y pertenece a la familia de las rubiáceas.
Es originaria de Perú y según estudios científicos de laboratorio tiene principios activos que actúan contra ciertos tipos de cáncer, gastritis, reumatismos, artritis y enfermedades epidérmicas.
Recientemente se ha comprobado que posee actividad inmunoestimulante, por lo que podría curar el sida.
Luego de que las propiedades curativas de la uña de gato se expandieran en el país, muchos vendedores y charlatanes trataron de buscar en las plantas salvadoreñas características similares a la uncaria tomentosa (que tiene fruto parecido a un gancho). Después que las encontraron, algunas especies vegetales son cortadas sin precaución, generándose así un deterioro de la flora salvadoreña.
El problema es aún mayor. Muchos negocios de medicina natural ofrecen plantas originarias del país a las que llaman “uña de gato”.
Las dos especies más comercializadas son la Martinya annua (fruto en forma de garra) y la Machacrium riparium (árbol con espinas).
Por esa razón, la Escuela de Biología de la Universidad de El Salvador desarrolló una investigación para comprobar si las dos especies vegetales poseían algún principio activo que justificara la sobreexplotación y su venta.
Noemy Ventura, coordinadora del estudio, manifiesta que los resultados fueron sorpresivos. “Se encontró que estas dos plantas no poseen alcaloides como los presentes en la uncaria tomentosa”, asegura.
Ventura agrega que el análisis demuestra que el uso de estas dos plantas podría ser dañino para la salud.
El doctor Raúl Huezo recuerda que hace algún tiempo acudieron unas personas a su consultorio. Durante la rutina de preguntas, el galeno descubrió que los pacientes presentaban mareos y ardor en el estómago.
Los enfermos coincidieron al decir que estaban consumiendo “uña de gato”, un fruto en forma de garra que habían adquirido en las ventas de medicina natural. Aunque no se comprobó la causa de los padecimientos, todo parece indicar que se debieron al uso de este vegetal.
Rhina Toledo detalla que no es recomendable abusar en el consumo de la uncaria tomentosa, porque al usarla en grandes cantidades sus efectos secundarios son enormes, sobre todo disfunciones renales y hepáticas.
También se ha comprobado que el extracto acuoso de este vegetal puede inhibir la síntesis del ADN. Debido a eso, su uso se vuelve peligroso por el daño genético irreversible que puede ocasionar.

¿Por qué
curan las plantas?


Fácil absorción por su semejanza biológica. El ADN de las plantas posee función y ciclo metabólico similar al de los humanos.

Alto contenido en vitaminas, minerales, enzimas, aceites esenciales, etc.

El fitocomplejo de millares de sustancias se complementa.

Son menos tóxicas que los fármacos químicos.

Los resultados se han observado en miles de casos con rigor científico.

Por los principios activos que contienen. (Cada planta posee compuestos químicos que actúan ante diversas enfermedades, pero esos mismos compuestos pueden ocasionar efectos secundarios).
(Fuente: libro “Terapias naturales” del Dr. Biagio Tinghino).

El gordolobo es utilizado para tratar la broquitis, la tos y el asma.

La flor de jamaica actúa contra en
f
ermedades de los riñones.



El cancerín tiene compuestos químicos que son útiles para combatir el cáncer.
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