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Irma de Trujillo, de 52 años, tiene 20
de dedicarse a la comercialización de plantas naturales.
María Rodríguez
se acerca a una venta de medicina natural, ubicada a un costado de la
iglesia El Calvario en San Salvador. Con voz cansada pide cáscaras
de brasil y manzanilla, que luego le servirán para preparar las
botellas de agua, como ella las llama.
Con entusiasmo cuenta que a lo largo de veinte años ha comprobado
las propiedades curativas de las esencias que vende en Santa Cruz Porrillo,
Zacatecoluca, departamento de La Paz. Sirven para curar dolor
de estómago, aires, vómitos, dolor de vientre y padecimientos
de los riñones, asegura.
Otra vendedora de plantas medicinales, Jesús Martínez,
de 72 años, quien tiene 50 años de dedicarse a este oficio,
cree con fidelidad en la naturaleza. Yo nunca he ido al médico,
siempre me curo con plantas. Sólo cuando tuve a mis ocho hijos
acudí al hospital, musita mientras sus manos arrugadas
repasan unos rollos de ciprés.
Ángela Portillo viaja cada semana desde San Marcos a las ventas
de herbarios situadas en la capital. Ayudada por su bordón, la
anciana, que ya perdió la cuenta de su edad, se acerca con lentitud
en busca de jabones y pomadas a base de sábila que le curen los
granos y las alergias en la piel. Yo sólo en eso confío,
dice.
Personas como Ángela y como
María acuden con regularidad a las ventas de medicina herbaria
o a las clínicas naturistas, confiadas en que una hoja, una flor,
una semilla, un vástago, una raíz, una fruta o cualquier
parte de una planta tendrán un efecto especial en sus cuerpos
dolidos o en su espíritu decaído.

Jesús
Martínez (derecha) ofrece una
variedad de plantas medicinales a un
costado de la Iglesia el Calvario.
Fuentes
de beneficio
El químico y naturópata español Biagio Tinghino,
en su libro Terapias naturales, señala que aunque
la medicina moderna está al alcance de la población, la
tradicional (plantas o hierbas) ha mantenido su popularidad, debido
a su impacto cultural e histórico.
De hecho, en el país algunos sitios arqueológicos como
Joya de Cerén conservan vestigios de la utilización
de plantas medicinales. Allí se encontraron salones que servían
como saunas comunales, donde los mayas usaban especies aromáticas
para sus rituales de purificación. Consumían achiote para
el sarampión, las infecciones intestinales y obtenían
el pigmento para colorear su cuerpo.
Durante la conquista, muchos españoles se admiraban de lo rápido
que los indígenas se curaban de las heridas sufridas en combate
a través del uso de plantas. Esa enseñanza llegó
a oídos de los reyes de España, quienes enviaron personas
especializadas con el fin de investigar sobre esa práctica antigua
en América.
Rhina Toledo, investigadora de plantas medicinales de la sección
Investigación Aplicada de la Universidad de El Salvador, explica
que una de las ventajas de la medicina natural es que ofrece una variedad
de plantas para una misma enfermedad.
Por ejemplo, si una hierba tiene propiedades diuréticas, pero
tiene sustancias tóxicas para recetársela a una persona,
entonces se escoge otra que no le ocasione efectos secundarios.
Otra de las ganancias de las plantas medicinales es que al prescribirlas
se hace necesario conocer al individuo de forma integral; es decir se
examinan todas las causas y los efectos de su enfermedad.
En cambio, al recetar la medicina alopática (farmacéutica),
los médicos lo hacen para un solo síntoma, y eso puede
provocar que muchas veces no se combata la raíz del padecimiento.

Las cápsulas
de martinya annva son comercializadas sin restricciones en el centro
de San Salvador.
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Medidas
para usarlas
Jorge Miranda, propietario de la clínica naturista Fuente
de Salud El Salvador, menciona que aunque se trata de medicina
natural, para lograr un uso efectivo y seguro se deben tomar en cuenta
algunas recomendaciones, como conocer en qué circunstancias se
deben administrar; ya sea oral, sublingual, rectal, cutánea o
pulmonar.
Además es necesario saber los efectos secundarios que pueden
producir y dejar de consumirlos si se presentan o consultar a una persona
entendida en la materia.
Además, a la hora de utilizarla se debe verificar que la dosis
sea la correcta y que la forma de preparación sea adecuada. Puede
ser por infusión, aceites, cocimiento, jarabes, tinturas, polvos
y cápsulas, gárgaras, vahos o vapores, lavativa o enema,
ensaladas, compresas y jugos.
¡Alerta
con la toxicidad!
Desde hace 25 años, un grupo de docentes investigadores y alumnos
en proceso de graduación de la Universidad de El Salvador estudia
los principios activos de muchas especies y ha determinado que son efectivas
para curar diversas enfermedades.
Pero desde 1997 se han dedicado más a analizar los factores de
toxicidad de unas 115 plantas, a través del proyecto Búsqueda
de bioactividad mediante ensayos simples.
Últimamente nos interesamos más por los efectos
secundarios, debido a la expansión que están teniendo.
La gente las ve como una panacea, y han surgido muchos charlatanes que
sin conocimiento empiezan a medicar a alguien, señala Rhina
Toledo.
También se están preocupando por los efectos narcóticos,
porque existen casos de personas intoxicadas. Plantas como el chichipince,
la altamisa y la ruda, y la raíz del limón, al no consumirlas
en dosis adecuadas pueden provocar abortos.
La investigadora explica que con el fin de detectar las sustancias tóxicas
de la medicina natural se realizan dos ensayos. Uno se denomina interacción
con ADN, que mide la toxicidad de una planta, pero además
puede determinar la parte dañina para las células del
cuerpo. Es específico porque se trabaja con la molécula
de ADN y se mide la interacción que hace el extracto de la planta
con dicha molécula.
El otro ensayo se llama Artemiasalina y con él se
mide la LC50 (concentración letal media que puede tener una planta).
Según los resultados que se tienen se pasan a un programa
de computadora y este arroja hasta qué punto es tóxica
para el humano, pero no permite detectar las contraindicaciones,
menciona Toledo.
Algunas de las hierbas que más se usan y se les han encontrado
altos niveles de toxicidad al aplicarles el LC50 son el amatillo, la
chula, la floripondio, el aceite esencial de orégano y la semilla
de anona.
Otras de las plantas que ocasionan efectos secundarios son la pasiflora
y el amatillo, que producen somnolencia; la chichigua, que al utilizarla
en grandes cantidades afecta la mucosa de la nariz; el zacate limón
y el muérdago bajan la presión arterial.
Mal uso, el problema
El ajenjo es una de las plantas más tóxicas. Al usarlo
en tintura, el alcohol hace que sus principios activos se potencien
más, y puede provocar ceguera y daños renales; en altas
concentraciones provoca alucinaciones.
En el país, dentro del campo botánico existe mucho desconocimiento
de la parte química. Algunas personas que se autodenominan naturistas
o vendedores que por la necesidad se dedican a comercializar hierbas
argumentan que las plantas actúan por ser naturales y no porque
tengan compuestos químicos.
Marcelo Quintanilla, de 69 años, un vendedor de plantas medicinales,
se ubica todos los días en una de las calles del centro de la
capital, en compañía de su esposa. Él no cree que
la medicina natural tenga contraindicaciones.

Roberto
Domínguez, un vendedor de cápsulas contra la impotencia
sexual, muestra su producto a posibles clientes.
Su trabajo es más que eso, debido
a que sus clientes se lo piden. En un molino de nixtamal muele uña
de gato, cancerina y otras plantas más, y luego elabora cápsulas.
Hago los paquetitos de 30 y 60 cápsulas y los vendo a 25
y 50 colones. Yo les digo cuántas deben tomar. Dos después
de cada tiempo de comida es lo más recomendable, comenta.
Además se dedica a preparar cápsulas de víbora.
La gente me las pide, porque son buenas para el cáncer
y la diabetes; también crean inmunidad ante algunas enfermedades
y afinan la piel. A mi edad ya tuviera arrugas, dice para dar
fe de las propiedades de esta especie de serpiente.
Pero Toledo señala que una planta es beneficiosa porque tiene
principios químicos que van a curar o a prevenir una enfermedad.
Parte de mi responsabilidad y de los encargados de prescribir
plantas es enseñarle a la gente a que conozca bien una hierba,
desde la identificación botánica hasta sus efectos secundarios,
para no complicar la salud de ninguna persona, manifiesta.
El mal uso que se hace de las plantas medicinales preocupa a Lolly de
Ayala, presidenta del Consejo Superior de Salud Pública.
En el país no se puede llevar un control de la venta y del uso
indiscriminado de estas, debido a que la Junta de Vigilancia Médica
aún no las ha legalizado, pues alegan que no están comprobados
los efectos secundarios que pueden tener.
Lo cierto es que según investigaciones científicas, las
plantas hacen maravillas en el organismo. Pero esos beneficios se logran
sólo cuando los consumidores, a la hora de ingerir una esencia,
una cápsula o un jarabe, estén enterados tanto de las
propiedades como de los efectos tóxicos.
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Uña
de gato, ¿una panacea?
El nombre científico de la uña de gato es uncaria
tomentosa y pertenece a la familia de las rubiáceas.
Es originaria de Perú y según estudios científicos
de laboratorio tiene principios activos que actúan contra
ciertos tipos de cáncer, gastritis, reumatismos, artritis
y enfermedades epidérmicas.
Recientemente se ha comprobado que posee actividad inmunoestimulante,
por lo que podría curar el sida.
Luego de que las propiedades curativas de la uña de gato
se expandieran en el país, muchos vendedores y charlatanes
trataron de buscar en las plantas salvadoreñas características
similares a la uncaria tomentosa (que tiene fruto parecido a un
gancho). Después que las encontraron, algunas especies
vegetales son cortadas sin precaución, generándose
así un deterioro de la flora salvadoreña.
El problema es aún mayor. Muchos negocios de medicina natural
ofrecen plantas originarias del país a las que llaman uña
de gato.
Las dos especies más comercializadas son la Martinya annua
(fruto en forma de garra) y la Machacrium riparium (árbol
con espinas).
Por esa razón, la Escuela de Biología de la Universidad
de El Salvador desarrolló una investigación para
comprobar si las dos especies vegetales poseían algún
principio activo que justificara la sobreexplotación y
su venta.
Noemy Ventura, coordinadora del estudio, manifiesta que los resultados
fueron sorpresivos. Se encontró que estas dos plantas
no poseen alcaloides como los presentes en la uncaria tomentosa,
asegura.
Ventura agrega que el análisis demuestra que el uso de
estas dos plantas podría ser dañino para la salud.
El doctor Raúl Huezo recuerda que hace algún tiempo
acudieron unas personas a su consultorio. Durante la rutina de
preguntas, el galeno descubrió que los pacientes presentaban
mareos y ardor en el estómago.
Los enfermos coincidieron al decir que estaban consumiendo uña
de gato, un fruto en forma de garra que habían adquirido
en las ventas de medicina natural. Aunque no se comprobó
la causa de los padecimientos, todo parece indicar que se debieron
al uso de este vegetal.
Rhina Toledo detalla que no es recomendable abusar en el consumo
de la uncaria tomentosa, porque al usarla en grandes cantidades
sus efectos secundarios son enormes, sobre todo disfunciones renales
y hepáticas.
También se ha comprobado que el extracto acuoso de este
vegetal puede inhibir la síntesis del ADN. Debido a eso,
su uso se vuelve peligroso por el daño genético
irreversible que puede ocasionar.
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¿Por
qué
curan las plantas?
Fácil absorción por su semejanza biológica.
El ADN de las plantas posee función y ciclo metabólico
similar al de los humanos.
Alto contenido en vitaminas, minerales, enzimas, aceites esenciales,
etc.
El fitocomplejo de millares de sustancias se complementa.
Son menos tóxicas que los fármacos químicos.
Los resultados se han observado en miles de casos con rigor científico.
Por los principios activos que contienen. (Cada planta posee compuestos
químicos que actúan ante diversas enfermedades, pero
esos mismos compuestos pueden ocasionar efectos secundarios).
(Fuente: libro Terapias naturales del Dr. Biagio Tinghino). |
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El
gordolobo es utilizado para tratar la broquitis, la tos y el asma.
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La
flor de jamaica actúa contra en
fermedades
de los riñones.
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El
cancerín tiene compuestos químicos que son útiles
para combatir el cáncer.
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