20 de enero 2002



Los cactus son plantas carnosas con armadura de espinas y que son amigas de la sequedad.
En Armenia, Sonsonate, existe una colección muy peculiar, donde su dueña,
Josefina de Zepeda, los trata como a sus hijos.


Más de 300 especies forman parte de la colección de cactus que posee Josefina.

Unas cuantas láminas transparentes forman parte del vivero de estos diminutos, pinchudos y verdosos amigos. Aunque no viven en condiciones desérticas como se cree, doña Josefina, de 61 años, se ha encargado de adaptarlos para que estén cómodos.
Esta apasionada coleccionista se interesó por las especies de vegetales hace 28 años. Todo empezó como una afición cuando le trajeron de Costa Rica uno de estos espinudos. Luego obtuvo otros de México y de Estados Unidos, sin descartar los nacionales.
“Poseo 300 especies distintas y no tengo ningún favorito en especial; todos son bellos. En la actualidad, ellos me generan cada dos meses más de tres mil cactus, producción que vendo a los viveros de San Salvador y de Santa Tecla”, comenta con orgullo la coleccionista.
Estas plantas las comercializa por mayor (de cincuenta en adelante) y están clasificadas en dos precios: las pequeñas las vende a cinco colones y las medianos a quince, independiente de su especie.


Flores entre espinas

Los cactus, por su apariencia tosca, gruesa, carnosa y con armadura de espinas, no dan ganas de tocarlos, pero cuando florecen, los ojos de quienes los rechazaron se deleitan con un mundo lleno de colores.
Ejemplo de ellos son los seniles, unos pequeños, gordinflones y canosos cactus, también llamados “ancianos y viejitos”, que poseen en su cúspide una atractiva corona de flores rojas.
Dentro de la colección diminuta (tipo bonsai) se encuentran también los Opuntía (nopales), los Gimnocallicium (tipo melón) y los Coriphanta (similares a una piña). A ellos se unen otros con nombres raros, como los cola de gato, los cerebros, los cola de zorra y el galán de noche. Este último florece al ocultase el sol y cuando sale el astro rey se cierra.
“Que ellos florezcan es un premio para mí. Yo los cuido como a mis hijos”, dice la señora de Zepeda. No es para menos; desde que inició la producción no permite que otra persona los cuide y los cultive en su casa.
El buen trato que reciben los inquilinos puntiagudos es bien recompensado. De los espinosos de tallo blando sale a diario una infinidad de flores increíbles en formas y colores; hay azules, rojos, amarillos, anaranjados, rosados, celestes y blancos.

La tierra no tiene que ser muy apretada,
sino suelta. Para esto se utiliza cascajo
y tierra negra.

 

¿Cómo los multiplica?

La reproducción de estos minúsculos vegetales es igual que cualquier otra planta. Se hace por dos vías: por medio de semillas (sexuada) y mediante yemas (deshijar, asexuada).
La técnica que emplea esta coleccionista para multiplicar es por medio de la semilla. Aunque el proceso es muy lento y delicado, a ella le encanta porque le produce variabilidad en la descendencia, todo por el intercambio del material genético que realiza al injertar una planta con otra.
Multiplicar por semilla es uno de los aspectos mas apasionantes. Esta técnica le resulta muy rica en enseñanza, porque conoce de sus inquilinos la velocidad del crecimiento, la coloración de las hojas, la longitud de la planta y la consistencia de las espinas. Para poder comercializarlo se requiere de seis a siete meses.
En cambio, a través de la reproducción mediante yemas trasplantadas (hijos) no le parece mucho porque obtiene plantas idénticas al cactus matriz y cuesta que se peguen. Esta forma de cultivo fue la primera que empleo para hacer propagar su vivero.

En este vivero, los cactus se siembran en macetas.

El secreto no es la técnica

“La clave no está en la técnica que se utilice para reproducirlos, sino en la calidad de tierra, humedad y sol que reciban. De esto dependerá el crecimiento, la consistencia de espinas y la cantidad y tamaño de las flores”, indica la señora de Zepeda.
Es decir que la tierra deberá cumplir como requisito un buen drenaje y un porcentaje alto de nutrientes. Este último es un sustrato elaborado de cascajo (piedra pómez), tierra negra y madera. La mezcla es esponjosa y facilita el crecimiento de los brotes.
La luz juega un papel importante; es la responsable de darle vida a las púas de los cactus, es la fuente de energía que influye en la forma de los órganos. Sin ella, las plantas se deforman, se marchitan y resisten menos a las enfermedades.
El peor enemigo es el agua. Los espinudos absorben el líquido por las raíces y la dosificación correcta de los riegos constituye uno de los puntos claves para cuidarlos. Según la experta, estos amigos de la sequedad deben ser regados cada ocho días.
Pese que estas plantas son famosas por retener cantidades de agua, con la que resisten largas épocas de sequía, no hay que ponerles mucho líquido; de lo contrario, los encharcamientos producirán la podredumbre con facilidad.
Cultivar cactus no es nada fácil. Doña Josefina rompió esa barrera de espinas que poseen estas réplicas del desierto para poder obtener flores muy bellas; sólo bastó armarse de paciencia, dedicación, conocimiento y mucho amor por las plantas. A esto se debe es el éxito de su producción en Armenia.

Para mantenerlas saludables, debe
aplicarles agua cada ocho días.

 

 
La experta recomienda

Si compran un cactus por su flor hay que tener cuidado. Algunas personas insertan con las mismas espinas otro tipo de flores en las plantas; en el lapso de nueve días la planta estará podrida.

No exponenga la planta a la luz directa del sol; los deshidratará. Si lo hace tiene que ser por una hora.

Se pueden colocar como adorno en ventanas, oficinas e interiores de la casa, siempre y cuanto reciban luz natural. De lo contrario, los deformará. La planta siempre busca la energía del sol.


Opuntía Blanca


Gymmocalyclum Mihanowichil


Injerto de pitalaya y cactus

Feucaria tigria

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