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Desde la carretera, la laguna El Espino, situada en el departamento
de Ahuachapán, luce azulada, aliada con la madre naturaleza;
el brillo que irradia la vuelve paradisiaca, los cerros que la rodean
y el cielo despejado que la cubre cautivan el ojo humano.
Pero conforme uno se acerca, el agua se torna sucia y se da cuenta de
que la playa pública sólo se ocupa para albergar a unas
lavanderas que se mueven de sol a sol.
Según datos de los habitantes de la zona, dos beneficios de café
situados a un costado de la laguna, cual vigilantes silenciosos a toda
hora, contaminan el lugar que con esfuerzo y dedicación podría
convertirse en un verdadero sitio de ecoturismo.
Alfredo Nasser, presidente de la delegación departamental de
la Cruz Roja en Ahuachapán, relata que la contaminación
de la laguna viene desde hace 20 años, pero en los últimos
días se ha acrecentado con los desechos que depositan dos beneficios
procesadores de café.
Pero Francisco Perdomo, director de gestión ambiental del Ministerio
del Medio Ambiente, explica que ambos beneficios presentaron en su momento
un diagnóstico donde se comprobaba que no se contaminaban las
aguas. Cuando los técnicos de la institución llegaron
a inspeccionar se verificó que los residuos no se depositaban
en la laguna.
No podemos establecer si en este momento se está contaminando;
tendríamos que hacer otra inspección. Si se comprueba
que las argumentaciones de la gente son verdaderas, los beneficios estarían
incurriendo en una falta grave y se les impondría una multa de
101 a 500 salarios mínimos mensuales, según lo establecido
por la ley del Medio Ambiente, asegura Perdomo.
Si bien se pueden observar algunas áreas ricas en vegetación,
con árboles como almendros de río, amates y maquilishuat,
entre otros, aún existen muchos sectores deforestados que son
sembrados de maíz y maicillo por los agricultores de la zona.
La tierra que cada año se desprende de los cultivos va a parar
a la laguna. Esto hace que cada vez disminuya la profundidad de esta,
que el agua se torne de color más oscuro y que las personas amantes
de tomar un baño en las aguas frescas se encuentren con el lodo
del fondo.
José Humberto Bojórquez, propietario del hotel y restaurante
El Gran Rancho, ubicado en la ribera de la laguna, comenta
que está trabajando por la belleza y el turismo del lugar. Hemos
construido un muelle, hemos reforestado y puesto a la disposición
de los visitantes lanchas para que se sientan en contacto con el medio
ambiente, manifiesta.
Bojórquez añade que en este momento se encuentra en formación
el Comité de Desarrollo Turístico de Ahuachapán,
y uno de sus proyectos inmediatos es el fortalecimiento de la laguna
El Espino. Se piensa reforestar las orillas, invertir en la playa
pública; es decir volverla atractiva para fomentar el turismo.
señala.

Una de las
obras más inmediatas es la construcción de plantas para
el tratamiento artesanal del agua.
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Labor
a medias
Por mucho tiempo, la laguna El Espino fue un recodo escondido para muchas
personas. No obstante, en los últimos cinco años la afluencia
de visitantes se ha acrecentado. Vienen de diferentes lugares
como Santa Ana, Usulután y hasta de Guatemala, comenta
Bojórquez.
Por eso, la preocupación por mantener bella la zona ha surgido
de parte de comunidades como Llano la Laguna, colonia El Carmen y de
los cantones Carrillo y Chancuyo. Además desde hace cuatro años
el Fondo Ambiental de El Salvador (FONAES) ha financiado una serie de
proyectos con el propósito de proteger el recurso hídrico.
Reinaldo Villalta, oficial de proyectos de este organismo, expresa que
junto a algunas comunidades han desarrollado trabajos como construcción
de lavaderos para evitar que la gente contamine el agua de la laguna
con la lejía, jabón o deje envoltorios, que más
tarde se descomponen y minan la pureza.
Además con apoyo de la alcaldía de Ahuachapán y
otras comunidades se edificó una canaleta de 180 metros de largo
en la parte surponiente de la laguna, a fin de disminuir la velocidad
del agua que proviene de los cerros cercanos y el ensanchamiento de
las correntías durante el invierno.

algunas
comunidades han desarrollado trabajos como construcción de lavaderos
para evitar que la gente contamine el agua.
Se activaron unos estanques abandonados
y se dedicaron a la producción de peces para repoblar la laguna.
Cuando están alevines (peces pequeños) son depositados
al lago y con esto se contribuye para que no se extingan las dos especies
propias del lugar: tilapia y guapote, comenta.
Y una de las últimas labores ejecutadas ha sido la eliminación
de una parte de la ninfa que se había expandido demasiado. Debido
a que es un cuerpo de agua con mucha materia orgánica, esta planta
acuática se ha proliferado. Sabemos que si se controla es beneficiosa,
pero de lo contrario y al sedimentarse consume oxígeno, y esto
perjudica a otros organismos, como los peces, dice Villalta.
Pese a todos los proyectos que FONAES ha desarrollado con el propósito
de preservar el recurso hídrico, Villalta considera que hace
falta mucho por hacer, pues aún se mantienen los tres focos de
contaminación principales: agrícolas, aguas mieles de
los beneficios y las correntías que arrastran las excretas de
las comunidades contiguas durante el invierno.
Sostiene que en la tarea por convertir a la laguna El Espino en un verdadero
sitio ecoturístico ha faltado un componente primordial: el apoyo
de la municipalidad, ya que no ha mostrado ningún interés
por retomar los proyectos ni coordinarse con las demás fuerzas
sociales.

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La tierra
que cada año se desprende de los cultivos va a parar a la laguna.
Esto hace que cada vez disminuya la profundidad de ésta y que
el agua se torne de color más oscuro.
Sí
existe preocupación
Al respecto, el alcalde de Ahuachapán, Luis Antonio Cortez, argumenta
que están en toda la disponibilidad de colaborar con las comunidades
y con las organizaciones que quieran implementar mejoras en el lugar.
Nunca hemos dicho que no; al contrario, hemos pasado unas encuestas
a los pobladores cercanos para detectar el campo de acción en
el que se debe trabajar en la laguna. Pero sabemos que se necesitan
tratamientos más íntegros y formales para un verdadero
beneficio, enfatiza el edil.
Cuenta que para desarrollar sus planes están solicitando ayuda
a la comunidad internacional. Una de sus obras más inmediatas
es la construcción de dos plantas para el tratamiento artesanal
del agua. Esto reduciría en un 70% la contaminación del
recipiente natural.
Esto último es lo que se debe perseguir en la laguna El Espino.
Hace falta devolver el rostro de pureza y el encanto que tenía
este charco hace treinta años, sólo que en
la actualidad se contará con un componente especial: la visita
de nacionales y extranjeros que buscan saludar a la naturaleza.
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dueña
de atractivos
La
pesca con anzuelo es muy usual en la laguna, sobre todo cuando
hace luna llena, muchos habitantes de la zona y de otras comunidades
alejadas llegan con el fin de recolectar peces.
Las
especies que más abundan en este charco son
el guapote y la tilapia. También se pueden encontrar en
grandes cantidades los caracoles, estos son muy conocidos a nivel
nacional.
Durante
el invierno, el agua se sale unos ocho metro de su cauce, mientras
que en verano las playas quedan descubiertas y es allí
donde algunos lugareños aprovechan para sembrar hortalizas,
como pepino y rábano.
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Misterios
y encantos
Los habitantes que viven en los alrededores cuentan que a medianoche
se aparece un lagarto gigante en el fondo de la laguna; otros
dicen que se trata del monstruo que reina en el lugar. Para dar
fe a sus historias agregan que han aparecido algunas personas
mordidas por este animal.
También se dice que durante la noche se escuchan movimientos
extraños y se ve que brilla el fondo de la laguna. Los
caballos y las vacas que acuden a saciar su sed desaparecen entre
la ninfa y las aguas encantadas.
Uno de los fenómenos típicos y llamativos (que está
disminuyendo con la contaminación) es la presencia de garzas
blancas al costado norte de la laguna durante los meses de verano.
Después de volar por la zona se trasladan hacia el parque
San Francisco de Ahuachapán, donde pasan la noche.
Esta laguna tiene una extensión de 128 manzanas y se trata
de un recipiente natural que se formó hace
muchos años, y con el transcurso del tiempo se llenó
de aguas lluvias.
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