13 de enero 2002



Es un “charco” natural donde nacen los caracoles, abunda la ninfa, afloran las historias encantadas y muchos nacionales y extranjeros se encuentran con la naturaleza. Pero está el otro lado de la moneda que brinda un color oscuro a su rostro: la contaminación.

 


Desde la carretera, la laguna El Espino, situada en el departamento de Ahuachapán, luce azulada, aliada con la madre naturaleza; el brillo que irradia la vuelve paradisiaca, los cerros que la rodean y el cielo despejado que la cubre cautivan el ojo humano.
Pero conforme uno se acerca, el agua se torna sucia y se da cuenta de que la playa pública sólo se ocupa para albergar a unas lavanderas que se mueven de sol a sol.
Según datos de los habitantes de la zona, dos beneficios de café situados a un costado de la laguna, cual vigilantes silenciosos a toda hora, contaminan el lugar que con esfuerzo y dedicación podría convertirse en un verdadero sitio de ecoturismo.
Alfredo Nasser, presidente de la delegación departamental de la Cruz Roja en Ahuachapán, relata que la contaminación de la laguna viene desde hace 20 años, pero en los últimos días se ha acrecentado con los desechos que depositan dos beneficios procesadores de café.
Pero Francisco Perdomo, director de gestión ambiental del Ministerio del Medio Ambiente, explica que ambos beneficios presentaron en su momento un diagnóstico donde se comprobaba que no se contaminaban las aguas. Cuando los técnicos de la institución llegaron a inspeccionar se verificó que los residuos no se depositaban en la laguna.
“No podemos establecer si en este momento se está contaminando; tendríamos que hacer otra inspección. Si se comprueba que las argumentaciones de la gente son verdaderas, los beneficios estarían incurriendo en una falta grave y se les impondría una multa de 101 a 500 salarios mínimos mensuales, según lo establecido por la ley del Medio Ambiente”, asegura Perdomo.
Si bien se pueden observar algunas áreas ricas en vegetación, con árboles como almendros de río, amates y maquilishuat, entre otros, aún existen muchos sectores deforestados que son sembrados de maíz y maicillo por los agricultores de la zona.
La tierra que cada año se desprende de los cultivos va a parar a la laguna. Esto hace que cada vez disminuya la profundidad de esta, que el agua se torne de color más oscuro y que las personas amantes de tomar un baño en las aguas frescas se encuentren con el lodo del fondo.
José Humberto Bojórquez, propietario del hotel y restaurante “El Gran Rancho”, ubicado en la ribera de la laguna, comenta que está trabajando por la belleza y el turismo del lugar. “Hemos construido un muelle, hemos reforestado y puesto a la disposición de los visitantes lanchas para que se sientan en contacto con el medio ambiente”, manifiesta.
Bojórquez añade que en este momento se encuentra en formación el Comité de Desarrollo Turístico de Ahuachapán, y uno de sus proyectos inmediatos es el fortalecimiento de la laguna El Espino. “Se piensa reforestar las orillas, invertir en la playa pública; es decir volverla atractiva para fomentar el turismo”. señala.

Una de las obras más inmediatas es la construcción de plantas para el tratamiento artesanal del agua.

 

Labor a medias

Por mucho tiempo, la laguna El Espino fue un recodo escondido para muchas personas. No obstante, en los últimos cinco años la afluencia de visitantes se ha acrecentado. “Vienen de diferentes lugares como Santa Ana, Usulután y hasta de Guatemala”, comenta Bojórquez.
Por eso, la preocupación por mantener bella la zona ha surgido de parte de comunidades como Llano la Laguna, colonia El Carmen y de los cantones Carrillo y Chancuyo. Además desde hace cuatro años el Fondo Ambiental de El Salvador (FONAES) ha financiado una serie de proyectos con el propósito de proteger el recurso hídrico.
Reinaldo Villalta, oficial de proyectos de este organismo, expresa que junto a algunas comunidades han desarrollado trabajos como construcción de lavaderos para evitar que la gente contamine el agua de la laguna con la lejía, jabón o deje envoltorios, que más tarde se descomponen y minan la pureza.
Además con apoyo de la alcaldía de Ahuachapán y otras comunidades se edificó una canaleta de 180 metros de largo en la parte surponiente de la laguna, a fin de disminuir la velocidad del agua que proviene de los cerros cercanos y el ensanchamiento de las correntías durante el invierno.

algunas comunidades han desarrollado trabajos como construcción de lavaderos para evitar que la gente contamine el agua.

Se activaron unos estanques abandonados y se dedicaron a la producción de peces para repoblar la laguna. “Cuando están alevines (peces pequeños) son depositados al lago y con esto se contribuye para que no se extingan las dos especies propias del lugar: tilapia y guapote”, comenta.
Y una de las últimas labores ejecutadas ha sido la eliminación de una parte de la ninfa que se había expandido demasiado. “Debido a que es un cuerpo de agua con mucha materia orgánica, esta planta acuática se ha proliferado. Sabemos que si se controla es beneficiosa, pero de lo contrario y al sedimentarse consume oxígeno, y esto perjudica a otros organismos, como los peces”, dice Villalta.
Pese a todos los proyectos que FONAES ha desarrollado con el propósito de preservar el recurso hídrico, Villalta considera que hace falta mucho por hacer, pues aún se mantienen los tres focos de contaminación principales: agrícolas, aguas mieles de los beneficios y las correntías que arrastran las excretas de las comunidades contiguas durante el invierno.
Sostiene que en la tarea por convertir a la laguna El Espino en un verdadero sitio ecoturístico ha faltado un componente primordial: el apoyo de la municipalidad, ya que no ha mostrado ningún interés por retomar los proyectos ni coordinarse con las demás fuerzas sociales.

 

La tierra que cada año se desprende de los cultivos va a parar a la laguna. Esto hace que cada vez disminuya la profundidad de ésta y que el agua se torne de color más oscuro.

“Sí existe preocupación”

Al respecto, el alcalde de Ahuachapán, Luis Antonio Cortez, argumenta que están en toda la disponibilidad de colaborar con las comunidades y con las organizaciones que quieran implementar mejoras en el lugar.
“Nunca hemos dicho que no; al contrario, hemos pasado unas encuestas a los pobladores cercanos para detectar el campo de acción en el que se debe trabajar en la laguna. Pero sabemos que se necesitan tratamientos más íntegros y formales para un verdadero beneficio”, enfatiza el edil.
Cuenta que para desarrollar sus planes están solicitando ayuda a la comunidad internacional. Una de sus obras más inmediatas es la construcción de dos plantas para el tratamiento artesanal del agua. Esto reduciría en un 70% la contaminación del “recipiente” natural.
Esto último es lo que se debe perseguir en la laguna El Espino. Hace falta devolver el rostro de pureza y el encanto que tenía este “charco” hace treinta años, sólo que en la actualidad se contará con un componente especial: la visita de nacionales y extranjeros que buscan saludar a la naturaleza.

dueña de atractivos

La pesca con anzuelo es muy usual en la laguna, sobre todo cuando hace luna llena, muchos habitantes de la zona y de otras comunidades alejadas llegan con el fin de recolectar peces.

Las especies que más abundan en este “charco” son el guapote y la tilapia. También se pueden encontrar en grandes cantidades los caracoles, estos son muy conocidos a nivel nacional.

Durante el invierno, el agua se sale unos ocho metro de su cauce, mientras que en verano las playas quedan descubiertas y es allí donde algunos lugareños aprovechan para sembrar hortalizas, como pepino y rábano.

Misterios y encantos

Los habitantes que viven en los alrededores cuentan que a medianoche se aparece un lagarto gigante en el fondo de la laguna; otros dicen que se trata del monstruo que reina en el lugar. Para dar fe a sus historias agregan que han aparecido algunas personas mordidas por este animal.
También se dice que durante la noche se escuchan movimientos extraños y se ve que brilla el fondo de la laguna. Los caballos y las vacas que acuden a saciar su sed desaparecen entre la ninfa y las aguas encantadas.
Uno de los fenómenos típicos y llamativos (que está disminuyendo con la contaminación) es la presencia de garzas blancas al costado norte de la laguna durante los meses de verano. Después de volar por la zona se trasladan hacia el parque San Francisco de Ahuachapán, donde pasan la noche.
Esta laguna tiene una extensión de 128 manzanas y se trata de un “recipiente natural” que se formó hace muchos años, y con el transcurso del tiempo se llenó de aguas lluvias.

 

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