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Al principio, durante los primeros segundos, los movimientos de la tierra
fueron suaves, parecía un temblor pasajero, como cualquier otra
sacudida leve de los que estamos acostumbrados a sentir. Pero en cuestión
de segundos, el temblor aumentó su intensidad hasta llegar a
los 7.6 grados en la escala de Richter: ese era el primer terremoto
del 2001 y el que dejó a los primeros 100 mil salvadoreños
sin un techo donde refugiarse.
En tan sólo 45 segundos que la tierra bailó, las cifras
se dispararon hasta contabilizar más de un millón de damnificados,
miles de ellos perdieron por completo sus casas y tuvieron que vivir
en albergues temporales mientras terminaban de pasar los movimientos
del suelo. La cifra de muertos alcanzó la cantidad oficial de
994.
Los lugares más afectados por este primer sismo fueron: Comasagua,
Jayaque, Nueva San Salvador, San Agustín y Berlín, entre
otros. Símbolo de esta tragedia fue la urbanización La
Colina, en Santa Tecla, donde una ladera de la cordillera de El Bálsamo
se desprendió y sepultó con toneladas de tierra alrededor
de 200 casas junto con sus habitantes.
El gobierno se enfrentó a una de las mayores crisis del país,
originada por un fenómeno natural que no se puede predecir con
exactitud, por lo que siempre nos toma por sorpresa y mal preparados.
El Comité de Emergencia Nacional (COEN) contabilizó 754
albergues y 14 mil 978 ocupantes, hasta el 12 de febrero de 2001, justo
antes que otro terremoto cambiara las cifras.

Cuando todo parecía normalizarse, la tierra volvió a ser
estremecida por otro sismo, casualmente fue un día 13, exactamente
un mes después de la primera sacudida. Este nuevo fenómeno,
de 6.6 grados en la escala de Richter, dejó 315 muertos y 44,750
viviendas destruidas.
La mayor destrucción que causó el segundo seísmo
fue en la zona central y oriental del país, donde dañó
más del 50 por ciento de las casas y edificios de San Vicente,
Cojutepeque, Paraíso de Osorio, Candelaria, Verapaz, Santa María
Ostuma, San Juan Tepezontes, San Miguel Tepezontes, San Emigdio y Santa
Cruz Analquito, por mencionar algunas poblaciones.
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7.6
grados
en la escala de Richter fue la magnitud delprimer terremoto.
45
segundos
duró el sismo.
1
millón
de damnificados
fueron contabilizados.
100
mil
salvadoreños
sin un techo donde refugiarse.
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994
muertos
fue la cifra oficial del terremoto.
200
casas
aproximadamente fueron sepultadas en La Colina
754
albergues
y 14,978 ocupantes contabilizó el COEN hasta el 12 de febrero
de 2001
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Todavia
faltan 100.000 casa que construir para los damnificados de los terremotos
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Cifras,
13 de febrero
6.6
grados
en la escala de Richter fue la magnitud del terremoto del 13 de
febrero.
315
muertos
y 44,750
viviendas
destruidas.
480
moradas
están en proceso de ser entregadas por parte de Techo para
un Hermano.
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Lo
que falta por hacer
163,000
casas
fueron destruidas por los terremotos a nivel nacional.
60,000
casas
se han construido.
100,000
hogares
faltan por restablecer.
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Techo
para un hermano
Las necesidades que habían dejado los dos terremotos eran cuantiosas,
principalmente en lo que respecta a viviendas. Frente a esta situación,
y considerando que el gobierno no podría solventar los problemas
de vivienda por sí solo, un grupo de ciudadanos emprendedores
del Club Activo 20-30 de San Salvador, la Telecorporación Salvadoreña
(TCS), la Asociación Salvadoreña de Radiodifusoras (ASDER)
y la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) realizaron
la campaña de recaudación de fondos por medio de Teleunidos
20-30. Con esta actividad recogieron más de un millón
de dólares.
Para invertir ese dinero con que la empresa privada y la ciudadanía
había contribuido fue creada, en el mes de abril, la Fundación
Techo para un Hermano, a iniciativa del Club Activo 20-30 San Salvador,
la ANEP, la Fundación Salvadoreña para la Tercera Edad
(FUSATE), miembros rotarios y dos personas de la sociedad civil.
Esta fundación tiene como visión erradicar la pobreza
extrema a través de la construcción de viviendas dignas,
procurando la mejora de la calidad de vida de las familias damnificadas,
mediante la fabricación de casas permanentes.

La
Fundación Techo para un Hermano y SkAL Internacional El
Salvador firmarán un convenio para construir y donar cinco
casas en el municipio de San Sebastián, en San Vicente. De esta
manera beneficiarán a cinco familias damnificadas que se dedican
al trabajo artesanal.
Techo para un Hermano consideró
que el dinero recogido en la actividad de Teleunidos no alcanzaría
para suplir todas las necesides, por lo que planeó diversos programas
de recaudación, como donaciones en efectivo, entre prominentes
empresarios, instituciones altruistas, organizaciones internacionales
de cooperación, así como de gobiernos amigos.
De esta manera, Techo para un Hermano
está en proceso de entrega de 480 moradas entre las comunidades
más golpeadas por los terremotos, como Verapaz, en San Vicente;
San Antonio Masahuat, San Miguel Tepezontes y San Emigdio, en La Paz,
y Santo Tomás, de San Salvador, señala el presidente de
la fundación, licenciado José Roberto Espínola
Escobar.
Asimismo han sido intermediarios o facilitadores para otros proyectos
donados por empresarios, tres ejemplos de esto son: las dos casas en
Suchitoto regaladas por el Centro Cultural Salvadoreño; quince
viviendas obsequiadas por las fábricas de ropa Industria Merlet
a sus trabajadores en diferentes puntos del país, y uno de los
proyectos más grandes es el de la Villa Palestina, financiado
por la Sociedad Benéfica Femenina Árabe, que entregará
162 casas, junto con una escuela, una guardería, una iglesia
y un complejo deportivo.
No obstante, la cifra de gente sin vivienda todavías es alta.
Los terremotos destruyeron 163 mil casas a nivel nacional, de las cuales,
durante los nueve meses posteriores a la emergencia, se han construido
60 mil, por lo tanto, la resta es la necesidad pendiente de 100 mil
hogares que restablecer, asegura el ingeniero Ricardo Granada, director
ejecutivo de la Fundación Techo para un Hermano.
Frente a esta realidad, los responsables de la Fundación Techo
para un Hermano hacen el llamado a más empresarios, personas
u organizaciones bondadosas y al público en general, para que
se unan al esfuerzo y sean protagonistas, cada uno según su capacidad,
en brindarle un techo digno a los salvadoreños que fueron castigados
por los vaivenes de los terremotos del 2001
Empresarios
con visión social
La construcción de la Villa Palestina nace de las pláticas
entre los representantes de la Sociedad Benéfica Femenina Árabe
de El Salvador y la Fundación Techo para un Hermano. Este complejo
habitacional es el más ambicioso de todos, ya que la comunidad
de salvadoreños de descendencia árabe regalarán
162 viviendas, en un proyecto que incluye una escuela, la guardería,
una iglesia y un complejo deportivo.
Ubicada a la par de la Hacienda Cooperativa Astoria, en Comalapa, carretera
hacia el aeropuerto internacional, la Villa Palestina tiene terrenos
que van desde los diez metros de ancho por 20 de fondo, con un área
de construcción de 40 metros cuadrados.
Actualmente los trabajos se encuentran en la etapa de terracería;
la construcción de los hogares posiblemente será concluida
hasta agosto o septiembre de este año.
Después que entreguen las casas, los beneficiados recibirán
diferentes capacitaciones laborales y asesoría sobre cómo
aprovechar el espacio de sus terrenos, ya sea para cultivos u otras
actividades, así como orientación para cuidar mejor sus
casas, asegura un representante de la comunidad de salvadoreños
de descendencia árabe, que prefirió reservar su nombre.
Ayuda patronal
Para 15 trabajadores de industrias Merlet que perdieron sus casas, la
ayuda llegó de sus mismos patronos, quienes a un costo de 41,250
de dólares financiaron las viviendas más dañadas
de sus empleados.
Desde un inicio, al enterarse de la destrucción de las viviendas
de sus trabajadores, nació el deseo de ayudar a quienes más
lo necesitaban. Fue entonces cuando Industrias Merlet se puso en contacto
con la Fundación Techo para un Hermano, para que por medio de
ellos se canalizara la ayuda, menciona doña Mary Alice Simán
de Frech, vicepresidenta de Industrias Merlet.
Las quince casas que donó Industrias Merlet fueron construidas
en diferentes partes de país, porque las moradas eran levantadas
en el mismo lugar de residencia de los empleados, ya que no fueron reubicadas.
Entre los criterios que tomaron en cuenta para donar las casas estaban:
que tuvieran las escrituras de los terrenos, el año de antigüedad
dentro de la empresa y que fueran familias numerosas.
Para el presidente de Merlet, ingeniero Freddie Frech, el terremoto
agravó una condición que ya estaba, la necesidad de una
vivienda digna, y ojalá todo el empresariado salvadoreño
tome conciencia que la mayor parte de la población está
viviendo en una situación muy lamentable... y este testimonial
que estamos dando sirva de alguna forma para motivar y desarrollar una
iniciativa a otros empresarios, para que se avoquen al proyecto fabuloso
de Techo para un Hermano.
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Cómo
ayudar
La Fundación Techo para un Hermano tiene diferentes programas
para que con su ayuda le puedan dar una vivienda digna a un damnificado
del terremoto.
Si está interesado en colaborar puede contactarlos en Calle
Cuscatlán #4314, Colonia Escalón, San Salvador,
teléfono 275-4848 y fax 275-4843. Correo electrónico:
fundaciontph@telesal.net y mbustamante@telesal.net
Cuenta Fundación Techo para un Hermano, en los bancos Cuscatlán,
Agrícola, Comercio, Salvadoreño, Credomatic e Hipotecario.
Programas
de donaciones:
Institucionales: aporte económico continuo de empresas,
desde $100 ó más.
Empleados y empresas: aporte en cooperación entre los empleados
y la empresa.
Donación por promoción y venta: aporte en porcentaje
por las ventas promocionales de una empresa.
Patrocinio: donación patrocinadora de un proyecto.
Apadrinamiento de proyecto: empresas que se hacen cargo de un
proyecto propio.
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Agradecido
en el alma
Eran las ocho de la mañana del 13 de febrero, cuando Luis
Alonso Amaya Mejía se dirigió hacia una quebrada
para llenar de agua su cántaro, en el Cantón San
José Costa Rica, en San Emigdio, La Paz. Ahí lo
esperaba su señora que lavaba ropa. En su casa , dañada
en el primer terremoto, ubicada a 800 metros de la quebrada, quedaron
sus seis hijos.
Cuando ya habían pasado 22 minutos de las ocho, inició
el segundo sismo. De inmediato, Luis y su señora corrieron
hacia la casa, a buscar a sus hijos.
Adentro de la vivienda estaban los pequeñuelos, y al primer
temblor, Juan Alonso Figueroa Amaya, de 14 años, el mayor
de los niños, gritó a sus demás hermanos
para que salieran rápido de la casa.
Corrieron tambaleándose de un lado hacia otro, y se pusieron
al aire libre justo cuando la casa se vino abajo, con un crujir
de maderas que todavía perturba a Juan. Gracias a
Dios encontré a los niños vivos todavía,
aunque la casa estaba completa en el suelo, recuerda con nostalgia
Luis Alonso.
Para resguardarse de la intemperie, Luis colocó varios
plásticos alrededor de una ramada de granadillas, ahí
estuvieron por dos semanas, mientras llegaba la ayuda para levantar
una vivenda temporal con láminas y madera.
La Alcaldía y la embajada de Costa Rica le proporcionaron
el material suficiente para hacer la morada provisional. Meses
después supo que a la alcaldía de San Emigdio había
gente de una Fundación Techo para un Hermano, que ofrecía
25 casas para los damnificados. Llegó a la comuna y se
inscribió. Fue uno de los cinco seleccionados al cumplir
los requisitos: ser damnificado del terremoto, ser dueño
legal del terreno, ser de escasos recursos y que el terreno no
presentara riesgos .
Así el 12 de diciembre le entregaron su vivienda en forma
oficial. Me siento muy feliz, muy agradecido, y le pido
a Dios que así como me ayudaron, le construyan a otras
familias que también necesitan, menciona Luis Amaya.
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