Vamos al especial

 
 

 

Si usted se siente agotado todo el tiempo, sufre dolores de cabeza, temblor y hormigueo en el cuerpo, incluyendo el rostro, puede ser que esté a punto de sufrir una crisis de estrés.


 

Un año atrás, Nora Martínez comenzó a cambiar; estaba siempre agotada y con dolores de cabeza. Para empeorar su situación, comenzó a tener problemas en la empresa donde trabajaba como asesora de mercadeo.
En abril de este año se le diagnosticó ansiedad generalizada y estrés, a raíz de lo que sufría colitis nerviosa, inflamación del estómago, disfunción en el hígado y problemas con la tiroides.
Los factores desencadenantes de su mal estado de salud fueron el exceso de trabajo, los problemas y las deficiencias vitamínicas. “Dejé de estudiar y comencé un tratamiento, pues temía llegar al suicidio”, explica.
Después de siete meses aún persiste la ansiedad, pero ha recuperado sus ganas de vivir. Para eso, según cuenta, ha sido necesaria una inversión de casi 15 mil colones en médicos y medicamentos, un cambio de empleo y una buena dosis de ejercicio.
Las personas sufren de estrés en cualquier circunstancia de su vida, ya sea de éxito o de dificultades. La diferencia es que uno es positivo y el otro contrario a la salud. En el caso de Nora, la situación se salió de su control.
Mal generalizado
El estrés es multicausal y es también una luz de alerta para el organismo cuando ha perdido energías. Aunque las secuelas son mayores: el suicidio, un paro cardíaco o cáncer gastrointestinal ante la baja de defensas son sólo algunas.
La sicóloga y naturópata Ana Elena Bravocruz afirma que el estrés es un preludio a la depresión y al suicidio, ya que una persona deprimida pierde interés por la vida.
La profesional, cuyos pacientes que llegan buscando medicina natural cansados de los tratamientos químicos terminan con un caso clínico de estrés, dice que en el país la situación empeora con la pobreza, el poco desarrollo de los mecanismos de paz en la mente y la carencia de programas de ayuda.
Un ejemplo son los discapacitados del conflicto, de quienes, según la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador (ALGES), desde 1992 hasta la fecha al menos 15 que vivían en condiciones de pobreza y desempleo se suicidaron luego de una crisis de depresión.
La contaminación ambiental, el desorden social, la falta de sitios de esparcimiento, los bajos salarios, el desempleo y una canasta básica valorada en cinco mil colones aumentaron el problema en personas que no alcanzan a sufragar los gastos familiares.
El sobreestrés daña los sistemas glandular, gastrointestinal, cardiovascular y el cerebro, a cuya disfunción se debe la fatiga, el llanto, las angustias y el insomnio que ocurren en la etapa de mayor agotamiento del sistema de estresores, que funciona como un semáforo de acuerdo a las circunstancias.

 

Este enemigo silencioso será más agresivo en personas bajo condiciones negativas a nivel social y económico, mal alimentadas (22% de los salvadoreños está desnutrido), mujeres abusadas y empleados bajo extremas presiones laborales con más de 40 horas hábiles por semana.

Estrés laboral

Si el caso de Nora Martínez fuera único, la situación no tendría trascendencia alguna, pero no es así. En una encuesta al azar realizada a 150 personas (obreros, vendedores y empleados), los síntomas del sobreestrés han estado presentes en tres o más momentos en los últimos cinco años.
Las razones concordantes en 125 de los casos son la violencia, los problemas en el hogar y las dificultades para lograr sus proyectos debido a la crisis económica familiar.
La doctora Claudina Campos, siquiatra del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), dice que el estrés laboral es un problema serio porque hay muchos despidos en este momento, los trabajos inestables, la insuficiencia del salario para sobrevivir y hay mucha presión laboral en un mundo globalizado.
Según Campos, las personas estresadas están regularmente ansiosas, padecen de presión arterial, taquicardias, insomnio, dolores de cabeza, trastornos gastrointestinales (diarreas, cólicos, gastritis), entonces baja el rendimiento laboral.
El jefe de Salud Mental del ISSS, doctor Víctor González, dice que desde hace 10 años existen grupos de ayuda que orientan en las empresas sobre la necesidad de trabajar en las áreas de salud mental para el bienestar de los empleados.
En 1997 se crearon siete grupos especializados que operan en las unidades médicas que pueden remitir a los pacientes para recibir ayuda, a través de los grupos de autoayuda, incluso para mujeres embarazadas de cara a reducir el maltrato infantil.
Sin embargo, Rosa Estela S., empleada de una imprenta, dice que “en el seguro me daban pastillas para dormir e ibuprofeno para el dolor de cabeza. Me dijeron que tenía ansiedad y estrés, pero no cómo podía evitarla”. En lo que va de este año, Rosa se ha incapacitado en cinco ocasiones.

 

 

El doctor Hugo Cohen, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), quien asesora la creación de un sistema nacional de salud mental, dice que lo importante es la promoción, lograr que la gente entienda que el estrés le puede llevar a problemas mayores.
La mayoría de empresas carece de sitios para relajamiento y, por otro lado, las responsabilidades laborales no le permiten al empleado realizar ejercicios que son vitales para mantener la salud mental.
En 1997, un estudio hecho por expertos de la universidad holandesa de Maastricht con 884 trabajadores reveló que las empresas que ofrecen atractivos planes de ejercicios a sus empleados reducen en casi la mitad del ausentismo por enfermedad, ya que están mejor estimulados.
Por eso, Nora Martínez ha tenido que cambiar todos sus hábitos, desde los culturales, que la llevaban a fumarse 10 cigarrillos por día, hasta evitar el café, recibir asistencia espiritual y hacer ejercicio en aras de su salud, tanto física como mental.

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