6 de enero 2002



El seis de enero los católicos festejan la Epifanía: celebración que conmemora la manifestación de Cristo a los gentiles y que en el Evangelio figura como el episodio de los Reyes Magos; pero ¿quiénes son esos personajes misteriosos que sólo son mencionados una vez en el libro de Mateo?







Mientras la Biblia señala que cuando Jesús nació fue visitado por unos magos del Oriente, la tradición nos ha cambiado la historia al presentarlos como tres reyes y hasta con sus respectivos nombres.
Melchor, Gaspar y Baltasar son los tres magos que son representados en las artesanías de barro, yeso y otros materiales, cuando se instalan los nacimientos en las festividades de Navidad junto con José, María y el Niño Dios.
Los tres son mostrados con un semblante de pesada sobriedad y sabiduría; el primero de ellos tiene la figura de un hombre viejo, el segundo es más joven y el tercero representa a un hombre de piel oscura.
No obstante, la Biblia da una escasa descripción de esos individuos que viajaron desde el Oriente para visitar al recién nacido. Es más, no menciona nombres ni siquiera dice cuántos eran, ni mucho menos que eran reyes.
En el segundo capítulo del Evangelio de San Mateo se encuentra la única referencia: “Jesús había nacido en Belén de Judá durante el reinado de Herodes. Unos magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente, y venimos a adorarle”.
Herodes y toda Jerusalén quedaron muy alborotados al oír esto. Reunió de inmediato a los sumos sacerdotes y a los que enseñaban la Ley al pueblo, y les hizo precisar dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron: En Belén de Judá, pues así lo escribió el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá. No eres en absoluto la más pequeña entre los pueblos de Judá; Porque de ti saldrá un jefe, el que apacentará a mi pueblo, Israel”.

Los artesanos hacen desde las imágenes más sencillas y toscas, hasta las más elaborados en detalles.

Entonces Herodes llamó en privado a los magos, y les hizo precisar la fecha en que se les había aparecido la estrella. Después los envió a Belén y les dijo: Vayan y averigüen bien todo lo que se refiere a ese niño, y apenas lo encuentren, avísenme, porque yo también iré a rendirle homenaje.
Después de esta entrevista con el rey, los magos se pusieron en camino; y fíjense: la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño....
Al entrar a la casa vieron al niño con María, su madre; se arrodillaron y le adoraron. Abrieron después sus cofres y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra...


 

Tras la pista de los magos

La aguda curiosidad del viajero James P. O’Donnell le permitió averiguar muchos datos interesantes acerca de los magos que menciona la Biblia, durante una estadía fortuita que hizo en la ciudad de Colonia, en Alemania, en una fecha que no especifica.
La información que recopiló en ese lugar la publicó en diciembre del 2001 en la prestigiosa revista “Navidad” de “Reader’s Digest”, los mismos editores de la prestigiosa revista Selecciones, en las páginas 116 hasta la 119.
En la catedral de Colonia se entrevistó con el canónigo Joseph Hoster, una de las eminentes autoridades mundiales en la historia de los Reyes Magos, quien le mencionó que “en el siglo V el papa León I, el Grande, declaró lógica la inferencia de que tres regalos hubieran sido llevados por tres devotos. Y en lo sucesivo quedó establecido que los magos fueron tres”.
En cuanto a los nombres de ellos, según Hoster la tradición menciona al historiador y teólogo inglés Beda el venerable (nació en 672 y murió el año 735), como uno de los primeros que dieron a conocer los nombres que hoy nos son familiares.
“Se da por sabido que el primero de los magos fue Melchor, un anciano de pelo blanco. El segundo, Gaspar, rubicundo (de pelo rubio rojizo), joven imberbe (sin barba). Y el tercero, de cabello negro y barbado, se llamaba Baltasar. Melchor llevaba oro como regalo para el rey: Gaspar, incienso para el Dios; Baltasar, mirra para el hombre mortal”.
En cuanto al cuestionable rango de reyes, O’Donnell menciona que “Un colaborador del padre Hoster, el doctor Herbert Rode, explicó que Tertuliano, erudito cartaginés del siglo III, fue probablemente el primer autor que dio a los magos el título de reyes”.
Aunque durante algún tiempo no se aceptó esa distinción se sabe que antiguamente los reyes le hacían regalos a otros reyes más poderosos, como una muestra de simpatía y reconocimiento de su soberanía, este precedente permitió después que los magos fueran reconocidos también como tales.
En todo caso, los magos, más que reyes forman parte de la tradición que ha perdurado por los siglos alrededor del mundo católico, y que en El Salvador es celebrado con regalos para los niños y una ceremonia litúrgica.

Lo que dice la tradición

Melchor, el más anciano de los magos, le llevó oro a Jesús, como símbolo de realeza, ya que el hijo de Dios es considerado también como un rey.


Gaspar, el más joven, regaló incienso para simbolizar la divinidad que representaba el Niño.
Este mago es de cabello rubio rojizo y debe ser sin barba.


Baltasar es el mago de piel oscura. Él llevó mirra, una especie de resina aromática utilizada en las sepulturas. Este último regalo era para simbolizar al hombre mortal.

 

 

 

 

 

Aunque los “Reyes Magos” son colocados en diciembre junto al Niño Dios, la Epifanía es celebrada este día.

Según eruditos

La Biblia Latinoamericana, aclara en sus comentarios de pie de página lo relacionado al capítulo 2 del libro de Mateo: “Los Magos eran sacerdotes muy respetados de la religión de Zoroastro (de la antigua Persia)
que también eran astrólogos y adivinos...“

No obstante, el padre Oscar Rodríguez dice que “la visita de los magos a Jesús es para demostrar la manifestación del hijo de Dios a los hombres de todos los pueblos, razas y naciones, no solamente al pueblo judío...Lo significativo para el cristianismo es que estos hombres representan a los extranjeros a los que Dios trajo la salvación”.

Para el doctor Edgar López Bertrand, de la Iglesia Bautista Amigos de Israel, “Los Magos son de gran importancia para el reconocimiento bíblico del nacimiento del Señor, por el hecho de que ellos inquirieron en Herodes, y Herodes inquirió en los eruditos bíblicos de aquel entonces...

Los profetas consultan en los escritos y se dan cuenta que en Miqueas 5: 2 hay una profesía que dice: Belén Efrata pequeña para estar dentro de las tribus de Israel, de tí me saldra el libertador de Israel. Esta profesía fue escrita 665 años antes del nacimiento (de Jesús) señala el doctor Bertrand.

Sin embargo, para los Testigos de Jehová, la palabra mago que utilizó Mateo fue escrita en griego (má-goi) y significa “astrólogos”, un arte que Dios condena en las Sagradas Escrituras.

Estos religiosos señalan en el artículo “La verdadera historia del nacimiento de Jesús”, publicado en la revista “La Atalaya” el 15 de diciembre de 1998, que la estrella (que guió a los magos) no los conduce a Belén, sino a Jerusalén y a Herodes el Grande...donde la noticia del nacimiento del futuro “rey de los judíos” lo perturba.

Los Testigos concluyen que “Aunque ignoramos si aquella luz en el cielo fue real o una simple visión, lo que sí sabemos es que esa “estrella” no provenía de Dios. Con siniestra precisión, conduce a los adoradores paganos directamente a Jesús: un niño vulnerable, desvalido...

“Los astrólogos, cómplices involuntarios de Herodes, probablemente hubieran informado al vengativo monarca y provocado la muerte del pequeño, pero Dios interviene por medio de un sueño y hace que (los magos) vuelvan a su tierra por otra ruta”, señala la revista religiosa.

 

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