6 de enero 2002



Este, al parecer dubitativo poeta, es tal, por el sencillo razonamiento que está frente a
una gran meta con un recorrido fácil.




Presencia y forma parte de los que dan vida al fenómeno de la nueva Biblioteca Básica Salvadoreña, resultando harto sencillo identificarlos.
En palabras breves, van por buen camino; la dificultad será llegar al parnaso, debido esto a que no tienen a quién superar, tan solo deberán ser monstruos literarios, continentales, mundiales, universales.
Darío Lara está en ruta nuevamente; por fin terminó con su labor de Aristóteles, abandonó el liceo para adentrarse hacia su sensibilidad que admiro, pero que aderezada con su particular estética lo transforma por momentos riguroso.
Es que en sus poemas nos deja claro que al pretender violentar las reglas de la escuela o movimiento académico cualquiera, agredir la lógica literaria, así como ignorar las elementales normas de la gramática solo es permitido si se conocen primero. Nunca será al contrario... pueden estar en desacuerdo o no, pero en eso coincido con él.
Después de un paseo por su constancia descubrimos que mandó al traste cualquier filosofía “pop”, nos dejará claro que el verdadero compromiso de un poeta es escribir bien, que como tal no tiene más responsabilidades que consigo mismo; no tiene por qué tener responsabilidades políticas ni religiosas, no está preocupado —hoy por hoy— en salvar al mundo.
Esto es el aldeanismo literario del conflicto armado, entendiéndose los que marcharon a la montaña y los que no; es egoísmo puro, un interés en su mundo privado... Yo prefiero llamarlo intimismo metafísico. Esta soltura de pensamiento es la que lo vuelve escritor, y no entenderlo solo lo deja como un licenciado en Letras.

 

Determinado a no contar falacias hermosas, rescatado del “underground” puede ahora transcribir el mundo oculto y volverlo, con la complicidad de las formas, poesía.
Él ha vuelto a la cordura, la que particularmente siento no le va bien; suficientemente capaz es como para equivocarse y consecuentemente extinguirse.
¿Tendrá finalmente una decisión humana...? Comprensible sería. ¿Se puede ser un barco a la deriva por decisión propia? Lo que hace ya no serlo. ¿Puede volcarse toda esa experiencia o infierno personal a la literatura y es posible extraer lo bueno?

ficha
Títulos: “Vitrales” y “Minotauro”.
Autor: Álvaro Darío Lara.
Páginas: 43 / 37.
A la venta en Casa de la Cultura del centro.

  En lo que ha publicado no fue la autodestrucción lo que poetizó esas crónicas blancas, enredadas, disimuladas, que pocas veces son emuladas sin pecar de un lirismo aburrido. Álvaro Darío no logró alejarlo:

La resurrección no es un mito
y el espíritu resurrecto
es genuino
como holocausto vivificante.


De “Vitrales” (1987) y “Minotauro” (1998) lo que se podría decir es redundar, pasado, estancamiento, desperdicio... con un prólogo denso el último que presagia un aburrido pero corto camino.
Y es que notamos la ausencia de un gran escritor, que sabemos podría incursionar en otras áreas de las letras y que estoy seguro no ha parado de escribir.
Es que al parecer los literatos criollos padecen del “síndrome del repliegue”. Dejan que su martirologio o jaula de oro los “encasquille” impidiéndoles avanzar... Es de llamar la atención que incluso muchos lo llaman ya un mal ejemplo hacia los noveles bates, pretendiéndole beber la cicuta.
Esto merece un particular análisis: quizá las mentes superiores o sin telarañas se asombren al observar aparecer el medievalismo, cuando por el contrario la honestidad, la voluntad de apoyar géneros o poetas diferentes lo colocan como un estremecedor de esta costumbre de leer en blanco y negro, desplegando con su estilo o redacción periodística una tonalidad de grises que nos recuerdan que ser intolerantes solo nos lleva a la violencia. Entonces que desde la clase intelectual se observen posiciones de oscurantismo, preocupa.
Sus clandestinos apoyos y bohemia marcó su inicio que despertó muchas expectativas. En estos momentos vive su etapa de dandismo y son pocos los escritores que pueden estar en esa dubitatividad que señalaba al inicio. Potenciarlo él mismo es su meta. Ahora ya lo sabe.

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