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Presencia y forma parte de los que dan vida al fenómeno de la
nueva Biblioteca Básica Salvadoreña, resultando harto
sencillo identificarlos.
En palabras breves, van por buen camino; la dificultad será llegar
al parnaso, debido esto a que no tienen a quién superar, tan
solo deberán ser monstruos literarios, continentales, mundiales,
universales.
Darío Lara está en ruta nuevamente; por fin terminó
con su labor de Aristóteles, abandonó el liceo para adentrarse
hacia su sensibilidad que admiro, pero que aderezada con su particular
estética lo transforma por momentos riguroso.
Es que en sus poemas nos deja claro que al pretender violentar las reglas
de la escuela o movimiento académico cualquiera, agredir la lógica
literaria, así como ignorar las elementales normas de la gramática
solo es permitido si se conocen primero. Nunca será al contrario...
pueden estar en desacuerdo o no, pero en eso coincido con él.
Después de un paseo por su constancia descubrimos que mandó
al traste cualquier filosofía pop, nos dejará
claro que el verdadero compromiso de un poeta es escribir bien, que
como tal no tiene más responsabilidades que consigo mismo; no
tiene por qué tener responsabilidades políticas ni religiosas,
no está preocupado hoy por hoy en salvar al mundo.
Esto es el aldeanismo literario del conflicto armado, entendiéndose
los que marcharon a la montaña y los que no; es egoísmo
puro, un interés en su mundo privado... Yo prefiero llamarlo
intimismo metafísico. Esta soltura de pensamiento es la que lo
vuelve escritor, y no entenderlo solo lo deja como un licenciado en
Letras.
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Determinado a no contar falacias
hermosas, rescatado del underground puede ahora transcribir
el mundo oculto y volverlo, con la complicidad de las formas, poesía.
Él ha vuelto a la cordura, la que particularmente siento no le
va bien; suficientemente capaz es como para equivocarse y consecuentemente
extinguirse.
¿Tendrá finalmente una decisión humana...? Comprensible
sería. ¿Se puede ser un barco a la deriva por decisión
propia? Lo que hace ya no serlo. ¿Puede volcarse toda esa experiencia
o infierno personal a la literatura y es posible extraer lo bueno?

ficha
Títulos:
Vitrales y Minotauro.
Autor: Álvaro
Darío Lara.
Páginas:
43 / 37.
A la venta en Casa de la Cultura del centro.
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En lo que ha publicado
no fue la autodestrucción lo que poetizó esas crónicas
blancas, enredadas, disimuladas, que pocas veces son emuladas sin pecar
de un lirismo aburrido. Álvaro Darío no logró alejarlo:
La resurrección
no es un mito
y el espíritu resurrecto
es genuino
como holocausto vivificante.
De Vitrales (1987) y Minotauro (1998) lo que
se podría decir es redundar, pasado, estancamiento, desperdicio...
con un prólogo denso el último que presagia un aburrido
pero corto camino.
Y es que notamos la ausencia de un gran escritor, que sabemos podría
incursionar en otras áreas de las letras y que estoy seguro no
ha parado de escribir.
Es que al parecer los literatos criollos padecen del síndrome
del repliegue. Dejan que su martirologio o jaula de oro los encasquille
impidiéndoles avanzar... Es de llamar la atención que
incluso muchos lo llaman ya un mal ejemplo hacia los noveles bates,
pretendiéndole beber la cicuta.
Esto merece un particular análisis: quizá las mentes superiores
o sin telarañas se asombren al observar aparecer el medievalismo,
cuando por el contrario la honestidad, la voluntad de apoyar géneros
o poetas diferentes lo colocan como un estremecedor de esta costumbre
de leer en blanco y negro, desplegando con su estilo o redacción
periodística una tonalidad de grises que nos recuerdan que ser
intolerantes solo nos lleva a la violencia. Entonces que desde la clase
intelectual se observen posiciones de oscurantismo, preocupa.
Sus clandestinos apoyos y bohemia marcó su inicio que despertó
muchas expectativas. En estos momentos vive su etapa de dandismo y son
pocos los escritores que pueden estar en esa dubitatividad que señalaba
al inicio. Potenciarlo él mismo es su meta. Ahora ya lo sabe.
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