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Un
centenar de personas acudió por primera vez, después de
muchos años, al teatro en Kabul.
El fondo para la obra acerca de la destrucción
de la cultura afgana durante 23 años de guerra fueron las ruinas
del bombardeado teatro de Kabul, devastado durante los feroces combates
entre las facciones rivales de muyahidin (guerreros santos), en 1992.
En este monumento, el grupo de cuatro actores presentó su simple
pero emotivo show ante un público compuesto por unas
100 personas, entre ellos el ministro de Cultura, Raheen Makhdoom, y
la ministra de Asuntos para las Mujeres, Sima Samar, del nuevo gobierno
que reemplazó al Talibán.
Estoy súper encantado. Las paredes y el edificio entero
me están aplaudiendo, dijo el actor Najibullah, de 39 años,
quien escribió, dirigió y protagonizó la obra,
antes de hacer su primera aparición en el escenario en 10 años.
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Nostalgia
La obra comenzó con un hombre de apariencia desaliñada
riendo frenéticamente mientras ondeaba una antorcha encendida
y luego encendió una fogata en el escenario, que en la actualidad
no es más que un cúmulo de trozos de concreto.
Mientras las llamas se elevaban hacia el cielo abierto, Najibullah lamentaba
la muerte del edificio que en un tiempo albergó conciertos y
obras ante unas mil personas cada noche.
Ellos quemaron mi teatro, quemaron mi arte, quemaron mi casa.
Yo solía tener muchos espectadores, que me dieron aplausos generosos
y regalos. Ahora mis espectadores no son nada, sino polvo, dijo
Najibullah, que administraba un puesto de venta de cigarrillos durante
los años de gobierno del Talibán.
Najibullah y su doliente elenco fueron consolados eventualmente con
la aparición de la paz en forma de una chica joven enfundada
en un vestido de bodas blanco.
Ahora vendrá el tiempo en que no habrá lamento,
declaró la mujer ante fuertes aplausos.
Un cantante y un grupo musical interpretaron luego canciones folclóricas
afganas, mientras el público aplaudía y bailaba al unísono:
otra forma de entretenimiento prohibida por el Talibán.
Queremos mostrar la destrucción
no sólo del teatro, sino de todo el país, causada por
invasores extranjeros y el conflicto interno, dijo una de las
actrices, Karima, de 32 años, quien administraba un salón
de belleza cuando gobernaba el Talibán.
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Una
mujer vestida de novia, y que representaba la paz, trajo consuelo al
elenco y espectadores.
Queremos que el teatro sea como era hace 10 años y queremos
alentar, especialmente a las artistas, a volver al teatro, agregó.
El teatro, situado en un suburbio de Kabul, fue destruido en 1992 durante
los combates entre el general uzbeko Abdul Rashid Dostum, ahora viceministro
de Defensa, y el líder de la facción muyahidin Gulbuddin
Hekmatyar, exiliado en la actualidad en Irán.
Esto era tan bello como el Centro Kennedy, dijo Narine Gross,
una activista de los derechos de la mujer afgana que salió de
Kabul hace 37 años y ahora vive en Washington.
Esto es como el ave fénix levantándose de sus cenizas.
Hay mucha esperanza en este destruido lugar, añadió.
Al final del espectáculo, el ministro de Cultura Makhdoom se
dirigió a la audiencia.
Esto es lo que nuestros enemigos nos hicieron. Pero juro ante
Dios que reconstruiremos esto. Reconstruiremos este país. Reconstruiremos
todo, reiteró.
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