El
CO2 es uno de los componentes mayoritarios de los gases disueltos en
los magmas (lava).
Estudiar la composición química
de la tierra y el comportamiento de los elementos en ella, tanto en
materiales sólidos como en líquidos y gaseosos, es el
reto que tienen los siete nuevos aparatos de monitoreo de volcanes.
Estos equipos, donados por el Gobierno español, tienen como tarea
recolectar muestras de las diferentes emanaciones gaseosas que fluyen
del interior de los colosos, tales como radón y el dióxido
de carbono (CO2), entre otros.
El CO2 es uno de los componentes mayoritarios de los gases disueltos
en los magmas (lava) y su baja solubilidad hace que se escape con facilidad
hacia la superficie a través de penachos volcánicos, fumarolas
o en forma difusa a través de los suelos.
Y es que estos fluidos es importante atenderlos, sobre todo por
su movilidad. Son los primeros en indicar cualquier variación
térmica que se da en el vientre de un volcán, explica
Francisco Barahona, geofísico de la Universidad de El Salvador
(UES).
Esta nueva red geoquímica, según el especialista, permite
predecir las erupciones volcánicas, debido a que se hace un estudio
sobre el ascenso del cuerpo magmático (lava) hacia la superficie,
proceso que produce modificaciones térmicas y cambios de la composición
química.
Los primeros pasos para detectar los suspiros de la actividad volcánica
se obtuvieron a partir de abril de 2001, con la instalación de
un equipo geoquímico en el volcán Chichontepec en San
Vicente.
Estos novedosos centinelas también están ubicados en los
volcanes de San Salvador, San Miguel, Tecapán (Usulután),
Santa Ana, Izalco (Sonsonate) y Coatepeque (Santa Ana). El proyecto
tiene un monto aproximado de $191,500.

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Redes
modernas
El funcionamiento de estas redes geoquímicas no sería
posible sin las herramientas proporcionadas por el desarrollo de la
tecnológica y de la informática: software
especial diseñado para interpretar los movimientos y los gases
que envían estos gigantes.
La red se convierte en un instrumento útil para mejorar y optimizar
todos los pálpitos y los suspiros de gases que tienen los volcanes.
Su forma de actuar está basada en dos estaciones sistematizadas,
una remota y otra proximal.
La primera, con una apariencia de tienda de campaña de
esas que usan los montañistas y los niños exploradores
se encuentra enclavada a un costado de los gigantescos conos invertidos.
Tiene como misión atrapar toda la información que sale
de las entrañas de los volcanes.
Esta trabaja con cantidades importantes de gases que extrae del suelo
de forma difusa o dispersa fenómeno conocido como manifestaciones
no visibles y que acumula en una cámara almacenadora (parecida
a una olla de metal).
Y es que los fluidos que emanan los ardientes conos son como una especie
de telegramas de carácter urgente que poseen información
valiosa de todos los movimientos que ejecutan.
Ya leídos los testimonios de los volcanes en las paradas remotas,
estos son disparados por una radio que envía ondas electromagnéticas
de forma lineal, que rompen el viento para ser atrapadas por una base
receptora ubicada en alguna ciudad o población cercana.

La
primera estación fue colocada en abril pasado en el volcán
Chichontepec, de San Vicente.
Solo que en geoquímica, esta ágil
receptora tiene nombre y apellidos: estación proximal.
Su función consiste en interpretar los datos de manera digital.
En un abrir y cerrar de ojos aparece en la pantalla de una computadora
toda la pesquisa obtenida de estos fogosos amigos (temperatura, velocidad
del aire y porcentaje de fluido de gases, este último de interés
para los especialistas).
Ya traducidos los fluidos, la base, que está equipada con un
sistema de red, envía lo registrado al Ministerio de Medio Ambiente,
a la UES y a científicos de la División de Medioambiente
del Instituto Tecnológico y de Energías renovables (ITER)
de España, para su interpretación.
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ventaja
de este instrumento de monitoreo de gases es que existe un proceso de
conversión de registro analógico a registro digital.
Pioneros
en Latinoamérica
A nivel tecnológico, el equipo de monitoreo juega un papel fundamental
para estos centinelas, ya que por su manejo indirecto, los científicos
no corren riesgo de enfermarse de los continuos gases tóxicos
que lanzan los volcanes.
Este desarrollo de la informática también se convierte
en un soporte de gran valor para los especialistas nacionales. Por medio
de ellas se adquieren y procesan volúmenes de emisiones gaseosas
cada hora.
El estudio de los movimientos volcánicos y el fluido que
emiten son importantes porque proporcionan datos sobre los procesos
que ocurren en el interior de la tierra y nos permiten evaluar si están
en etapa de pre-erupción. Con estos equipos geoquímicos
se pretende llevar un control de la actividad de los volcanes dormidos
que se encuentran en El Salvador. Pero no quiere decir que vamos a explicar
dónde y cuándo ocurrirán las erupciones,
manifestó Nemesio Pérez, investigador español del
ITER.
Él afirmó que el aumento de estas emisiones no es para
alarmar; lejos de tener una repercusión negativa, son positivas,
porque se recolectan datos más precisos.
Debido al carácter innovador de estas investigaciones, el geoquímico
español aseguró que muy pocos son los volcanes que disponen
de estos proyectos de registro continuo de los niveles de emisión
difusa de CO2, El Salvador es el primero en implementarlo a nivel latinoamericano.
Sin embargo, este nuevo método en la actualidad sólo permite
reconocer una serie de estados anormales de los colosos de fuego, pero
no determinar con precisión cuándo ocurrirá dicha
erupción y cuál será su intensidad.
Hay que aclarar que con este programa
los geofísicos geoquímicos no hay en el país
no pueden impedir la erupción de estos gigantes de tierra y lava,
pero sí pueden reducir el riesgo volcánico con un monitoreo
a diario de los movimientos del suelo.
Los equipos de geoquímica son lo último en tecnología
para proporcionar una alerta temprana ante una posible catástrofe.
Sin embargo, deben pasar varias décadas de estudio individual
de cada volcán cada uno tiene comportamiento diferente
para poder determinar cuándo se realizará una erupción.
| Los
novedosos centinelas también están ubicados en los
volcanes de San Salvador, San Miguel, Tecapán (Usulután),
Santa Ana, Izalco (Sonsonate) y Coatepeque (Santa Ana). El proyecto
tiene un monto aproximado de $191,500.
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