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Jóvenes
universitarios ofrecen compañía, decía
el clasificado de un periódico. Eso y un número de teléfono
celular era todo lo que teníamos para comenzar un reportaje sobre
prostitución masculina en San Salvador.
Este es un tema poco investigado y mucho menos reconocido que ha crecido
en los últimos diez años y que más tarde nos arrojaría
sorpresivos descubrimientos.
Aló dijo una voz masculina al otro lado de la línea.
Hola, queríamos contratar tus servicios; es que tenemos una
despedida de soltera.
Ah, lo que quieren son strippers.
Sí, ¿ustedes qué ofrecen?
Lo que quieran. Cobramos 200 a 300 colones la hora, dependiendo
del servicio.
Esta fue parte de la conversación sostenida con un joven que junto
a cinco amigos más ofrecen compañía en
los clasificados. Con el pretexto de conocerlos, concertamos una cita
con tres de ellos en un centro comercial.
Una hora y media más tarde aparecieron. Vestidos con pantalones
vaqueros y camisas casuales, ni atléticos ni guapos, pasaron inadvertidos
entre la gente. Sonreían y parecían acostumbrados a ese
tipo de citas.
¿Así que van a tener una fiesta? dijo el mayor
de ellos, gordo y de lentes, mientras los otros dos, uno moreno y delgado,
y el otro blanco y con lentes de contacto verdes nos miraban entusiasmados.
Bueno, sí. ¿Ustedes bailan? alcanzamos a preguntar.
En realidad lo que ofrecemos es compañía y sexo contestó
con naturalidad.
Así de simple. Estábamos ante tres prostitutos bastante
organizados que mediante anuncios clasificados obtienen hasta cuatro clientes
por semana.
Creemos
que hay más de cien hombres trabajando en prostitución.
Lo más preocupante es que son jóvenes entre 16 y 24 años...
William
Hernández, director Entre Amigos.

Y ellos no son los únicos. En un solo día se pueden encontrar
hasta seis clasificados en los que se ofrece sexo disfrazado de servicios
de masajes, compañía o bailes
privados. Operan en grupos de entre tres y seis muchachos, que están
dispuestos a realizar sexo, incluso con homosexuales. De hecho, ellos
constituyen la mayor demanda.
Walter, prostituto desde hace tres años, hace al menos
dos striptease por semana y asegura que de 20 llamadas que
recibe sólo dos son de señoras; el resto es de gays.
Él dice que se ve obligado a aceptarlos a falta de
mujeres que se animen a contratarlo. Si me quedo solo con mujeres,
me muero de hambre, señala.
Él trabaja en otra de las formas de prostitución masculina
muy publicitada en los diarios: la de bailes eróticos, tanto para
mujeres como para hombres, donde también se espera vender
sexo.

La
calle, otro mercado
Pero la prostitución masculina va
más allá. Arterias como la 1ª Calle Poniente, la Calle Arce
y la Darío, la Roosevelt, la 25ª y la 59ª Avenidas Norte, entre
otras, se han convertido también en zonas de comercio sexual masculino.
Laura Valladares, de FUNDASIDA, encargada del programa de prevención
GBLT (Gay, bisexuales, lesbianas y travestis), informa de otras zonas
de prostitución masculina, como las Plazas Libertad y Morazán,
así como el cafetín Sagitario, ubicado en el
centro de San Salvador, donde se prostituyen sólo travestis.
Ella asegura que también hay muchachos que ofrecen sexo en discotecas,
como Scape, Millenium, Yagsquare (Plaza
de los gays), ubicadas al norte de San Salvador.
La Policía Metropolitana y miembros de la organización Entre
Amigos, que trabaja con homosexuales desde hace ocho años,
aseguran que hay más de un centenar de muchachos que ofrecen sexo
en San Salvador, incluidos travestis.
Nosotros creemos que hay más de cien hombres trabajando en
prostitución. Lo más preocupante es que son jóvenes
entre 15 y 24 años con nivel de bachillerato, dice William
Hernández, director de Entre Amigos.
Los
anuncios clasificados donde se ofrece servicios de masaje y compañía,
se extienden hacia otros departamentos, no únicamente a San Salvador.

Aquí
habemos como 30 que venimos sólo de viernes a domingo porque algunos
trabajamos durante el día en otra cosa.
Tito,
trabajador
sexual
Más de la mitad son travestis,
pero otros son sólo muchachos vestidos como cualquier joven que
se pavonean en las esquinas de estas calles a negociar sus
cuerpos.
Aquí habemos como 30 que venimos solo de viernes a domingo
porque algunos trabajamos en otra cosa durante el día, dice
Tito, quien hasta hace un año trabajó como cajero
en un banco.
A sus escasos 19 años se ha prostituido por año y medio
en la Calle Arce y la Darío, junto a otros cinco muchachos más.
Moreno, de 1.60 de estatura, cabello negro y vestido como cualquier muchacho
de su edad, asegura ganar hasta 500 colones por noche, en temporada buena.
Según datos de los entrevistados, la mayoría ocho
de cada diez clientes son hombres casados. De vez en cuando dicen
también hay líderes religiosos o políticos.
Viene gente pobre y también de dinero; gente importante como
diputados. No vienen mujeres, solo una pareja que al hombre le gusta que
la mujer tenga sexo con uno frente a él. Mientras paguen, hago
lo que me pidan, pero cobro por adelantado, dice Tito.
Pedro, otro jovencito de escasos quince años y compañero
de Tito en la cuadra, se ha convertido en el favorito de otros
clientes. Me contratan hasta viejos, dice Pedro,
quien se prostituye desde hace tres meses en la Calle Darío.
Renato, de 29 años, otro de sus compañeros de
oficio, también ha tenido experiencias similares. Seguido
vienen curas o extranjeros. Ahorita estoy saliendo con dos hondureños,
dice Renato, quien se ha dedicado por siete años a
la prostitución.
Él se confiesa homosexual, pero asegura que otros de sus compañeros
son bisexuales y aceptan mujeres, aunque son escasas, por ello se ven
obligados a tener sexo con hombres.
A juicio del director de Entre Amigos, esta enorme cantidad
de hombres que contratan prostitutos tiene que ver con el alto número
de bisexuales que hay en el país.
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FUNDASIDA realizó entre
mayo y noviembre del 2000 un diagnóstico a 153 hombres entre los
16 y 30 años para evaluar los riesgos y las prácticas sexuales
a los que están expuestos. Este determinó que el 60.2% de
ese total es homosexual; el 26.2%, bisexual; el 2.0%, heterosexual; 19.8%
es transexual y un 0.7% transgéneros.
Entre Amigos también hace estimaciones alarmantes basadas
en su trabajo con prostitutos. Según ellos, cuatro de cada diez
salvadoreños son homosexuales y cinco de cada diez, bisexuales.
Cierto o no, la realidad les muestra a diario que estos muchachos tienen
sexo con entre tres o cuatro hombres por noche, todos ellos casados.
Pese a los porcentajes citados por el director de Entre Amigos,
Laura Valladares advierte que no todos los hombres reconocen o aceptan
su bisexualidad; ellos siguen considerándose heterosexuales.
Los hombres en este país que buscan los servicios sexuales
de los gays no aceptan ser bisexuales u homosexuales y se
escudan diciendo que ellos solamente penetran a un gay, dice.

¿Placer
o necesidad?
Muchos de los jóvenes que se prostituyen
poseen un empleo regular durante el día, ganan salarios arriba
del mínimo e incluso son estudiantes de nivel básico o bachillerato
que viven con sus padres, sin que éstos se enteren de lo que hacen
sus hijos.
Si mi mamá se entera, me mata. Yo en la casa me visto distinto
y trato de disimular. Hasta una novia de pantalla tengo y ni ella ni mi
familia saben ni que soy homosexual ni que me prostituyo, dice Tito.
Lo mismo sucede con Renato. Pese a que ya lleva siete años
como prostituto ha tenido que ocultarlo, porque durante el día
trabaja como digitador en una oficina de gobierno.
Entonces, ¿qué los mueve a ejercer la prostitución?
¿Es por necesidad o por simple placer? Los datos recabados con
este reportaje advierten que no se puede ser exacto en esto. Los travestis,
por ejemplo, podría decirse que lo hacen porque no tienen otra
opción de trabajo que puedan ejercer siendo mujeres, que es como
se sienten.
Sin embargo, en el caso de los muchachos, sus motivaciones no son siempre
de estrechez económica.
El licenciado René Martínez, sociólogo de la Universidad
Tecnológica, advierte precisamente esto. La prostitución
masculina es un problema de crisis de valores, no de subsistencia, porque
las personas que salen anunciadas en los periódicos no están
en un nivel de indigencia. No estaríamos hablando de suplir la
necesidad de comer y vestirse, sino de consumir determinados bienes que
no están a su alcance, señala.
Necesidad siempre hay, pero yo lo hago
porque me gusta el dinero y tener cosas que con el trabajo de mecánico
que antes tenía no podía comprar, asegura Walter,
quien además es casado y tiene una hija de tres años.
Él trabaja como instructor de un gimnasio, empleo que tiene a manera
de pantalla y asegura que en una sola noche prostituyéndose
gana lo que en una semana como instructor.
Para el sociólogo Martínez, también hay otros factores
que determinan la existencia de esta actividad, como los mensajes en los
medios de comunicación que promueven el machismo.
El haber sufrido abusos sexuales de niños también puede
ser un condicionante para que más tarde los muchachos tengan conductas
homosexuales o promiscuidad. Dos de cinco entrevistados dijeron haber
sido violados de niños.
Empero para el director de Entre Amigos también existe
un buen número de prostitutos que trabajan para comer. Muchos
dependen de la prostitución para sobrevivir. Hay muchachos que
mantienen hasta a siete familiares con su trabajo sexual, explica.
Aunque no descarta que también existan jóvenes desorientados
que ejercen la prostitución para pasarla bien, inconscientes
de los riesgos a los que se exponen.
Pedro, de quince años, es uno de ellos. Lo hago
porque me gusta venir a fregar, a ganar pisto y después irme a
la gasolinera a seguir fregando. No tomo ni uso drogas. Sólo me
gusta ir a comer y estar divirtiéndome, dice este muchacho
que cursa el octavo grado en un colegio privado.
Peligros
y abusos
Las calles donde se prostituyen también
son escenarios de violencia. Ahí son amenazados o golpeados por
clientes u otros que repudian lo que hacen.
Un día pasaron unos hombres que estaban molestos porque estábamos
aquí. Uno de ellos insultó a otro compañero y sin
qué ni para qué comenzaron a disparar. Por poquito y quedamos
ahí muertos, cuenta Renato.
Los clientes en ocasiones no les pagan por sus servicios y en el peor
de los casos los llevan a sitios apartados donde los dejan abandonados.
Con frecuencia se dan riñas entre los mismos compañeros
de oficio.

Ni
sus familiares ni sus amigos saben que ellos son trabajadores sexuales,
ellos tienen otros empleos durante el día y hasta novias de pantalla.
Según Carlos Castillo, jefe de operaciones
de la Policía Metropolitana, en ocasiones las prostitutas y los
travetis que se sitúan en la 27ª Calle Poniente se enfrentan a
golpes en franca competencia por los clientes.
Son innumerables las riñas entre prostitutas y travestis
por la disputa de algún cliente. Todo esto es considerado como
parte de la realidad en el mercado laboral del sexo, dice Isabel
Ascencio, responsable de Comunicaciones de Flor de Piedra,
organización que brinda asistencia a las trabajadoras sexuales
de San Salvador.
Asaltos y robos también son frecuentes, sobre todo por el alto
consumo de drogas. Hay clientes que se lo llevan a uno solo para
tenerlo toda la noche consumiendo drogas, y ya. Luego lo traen de regreso.
La idea es que uno se vuelva adicto y luego les compren, cuenta
Ernesto, quien se prostituyó como travesti por ocho años.
FUNDASIDA considera que este sector enfrenta problemas por drogas como
la cocaína, la piedra, la marihuana y el alcohol, entre otras,
y es que en ocasiones el servicio contratado por el cliente incluye sexo
y consumo de sustancias.
Por su parte, Pedro cuenta que también han sufrido
abusos sexuales por parte de los policías. A veces los policías
nos llaman para que les hagamos sexo oral y no pagan. A veces los del
Parque Cuscatlán sí pagan 50 colones, pero a veces no quieren
pagar, y ni modo , dice.
Obligados en la mayor parte de casos a tener sexo sin protección,
los muchachos se exponen a contraer enfermedades de transmisión
sexual como el sida.
Trato de usar condón siempre, pero cuando es sexo oral es
más peligroso. Nos toca ir botando lo que los hombres van echando
porque ni modo, y si ellos no quieren que usemos condón, pues no
usamos, añade Pedro.
El Ministerio de Salud reporta al menos 3481 casos de sida a nivel nacional.
De estos por lo menos el seis por ciento corresponde a homosexuales y
el 5% a bisexuales.
Pese a lo alarmante de estas cifras, los organismos gubernamentales todavía
no tienen programas específicos para estos grupos.
Flor de Piedra por su parte mantiene abiertos programas sobre
educación, salud, prevención de enfermedades de transmisión
sexual, autoestima y derechos humanos dirigidos a prostitutas y en los
que también se integran travestis.
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Necesidad
siempre hay, pero yo lo hago porque me gusta el dinero y tener cosas que
con el trabajo de mecánico que tenía antes no podía
comprar.
Walter,
stripper
FUNDASIDA ejecuta además proyectos
de prevención para los GBLT, proporcionándoles preservativos,
material educativo y charlas sobre los riesgos de contraer el VIH.
Asimismo
Entre Amigos mantiene un fuerte trabajo de prevención
distribuyendo preservativos en las calles, y en un primer esfuerzo por
ofrecerles otro tipo de opciones que les ayuden a salir de las calles
planean implementar, a partir de abril, un programa denominado Jóvenes
labrando su futuro, financiado por un fondo especial de las Naciones
Unidas.
El programa dará oportunidad a diez trabajadores sexuales para
que se capaciten en diseño, corte y confección para que
en un futuro pongan sus talleres.
El programa, con un financiamiento de 8500 dólares, apenas alcanza
para becar a diez muchachos. El resto de los que se prostituyen, ya sea
por desorientación, por placer o por necesidad, continuará
en las calles, expuesto a contraer enfermedades sexuales y a la violencia
de una sociedad que los discrimina y rechaza sin ofrecerles ninguna salida.
Maribel
Quisiera ser secretaria

Usa zapatos con tacones diez centímetros
de alto, una falda larga que estiliza su delgada figura y un sutil maquillaje
que logra enfatizar la belleza que por naturaleza le corresponde a sus
21 años.
Aunque sus padres lo bautizaron con nombre de niño, él se
hace llamar Maribel desde hace tres años que comenzó
a ejercer la prostitución en la 27ª Avenida Norte en San Salvador.
Sus clientes también son hombres casados y algunos hasta con cargos
importantes.
Es difícil tratarlo como hombre, se siente mujer, y al conversar
con él es imposible pensar lo contrario. Su suave voz y el aroma
de su dulce fragancia se suman a sus innumerables facciones femeninas.
Su tarifa es de 200 colones la hora, media hora o el rato,
y si la noche resulta buena recibe hasta tres clientes. Con el dinero
que gana mantiene a sus tres hermanos menores.
Sin embargo, no le gusta su trabajo, no sólo por los múltiples
insultos que recibe, sino por los riesgos a los que se expone con clientes
que luego rehúsan pagarle y amenazan con golpearlo.

Asegura que se prostituye por falta de oportunidades. Su dilema es simple:
es homosexual y se siente mujer, le gusta usar tacones y faldas y no quiere
un empleo masculino. Quisiera ser secretaria, dice. Un sueño
que comparten muchos de sus compañeros de oficio.
Nos gustaría salir de las calles y trabajar, pero en cosas
de mujeres; que nos dejaran ser mujeres y trabajar como ellas, dice.
¿Lo
castiga la ley?
El que en la vía pública
ofreciere o solicitare servicios sexuales y de manera notoria o con escándalo
perturbe el orden público, lesione la moral y las buenas costumbres
u ofenda el pudor con sus desnudeces o por medio de palabras obscenas,
gestos, actitudes o exhibiciones indecorosas será sancionado con
una multa de 300 a 1000 colones . Así reza el artículo
36 de la Ordenanza Contravencional emitida por la Alcaldía de San
Salvador y que entró en vigencia en septiembre de 1999.
Aunque es un delito excarcelable, quien se prostituye y quien paga por
el servicio debe pagar la multa citada; sin embargo, esta sólo
puede ser aplicada cuando se encuentre a la pareja, ya sea heterosexual
o bisexual, en pleno acto sexual, señala el comandante Castillo.
Sólo en el 2000 se impusieron alrededor de 50 multas por mes de
este tipo y aunque no se lleva un registro de cuántas han sido
impuestas a prostitutas y cuántas a hombres que se prostituyen,
el comandante Castillo reconoce que la mayoría ha sido a mujeres,
debido a que el fenómeno de la prostitución masculina todavía
es un fenómeno bastante nuevo.
Una
visión sicológica
Haber sufrido abusos sexuales siendo niños
puede ser un factor de riesgo que provoque la prostitución masculina,
señala la doctora Margarita Mendoza Burgos, siquiatra infanto juvenil
y terapeuta de familia.
Si un hombre abusa a un niño en repetidas ocasiones puede
crear en él inseguridad respecto a su orientación sexual,
dudas e incertidumbre y es además un factor de riesgo para la prostitución,
señala la doctora.
Para ella, un hombre que se dedica a la prostitución puede no ser
siempre homosexual, pero la ambición por el dinero puede llevarlo
a mantener prácticas sexuales con gays hasta que se
acostumbra.
Con el ánimo de lucrarse pueden llegar muy lejos. Puede que
no haya placer, pero si hay dinero pues lo hacen. Es igual que las prostitutas.
No son felices con lo que hacen, pero es su forma de superviviencia,
dice.
Para ella lo que lleva a los hombres a ejercer la prostitución
es el consumismo. Nosotros le llamamos consumismo, pero en realidad
para ellos los lujos llegan a convertirse en necesidades, advierte.
Precisamente el consumismo, la migración de salvadoreños
al exterior, el acceso fácil a la pornografía, la internet
y los mensajes abiertos sobre sexo en los medios de comunicación
son también factores determinantes para que el comercio sexual
haya aumentado en los últimos años en el país.
Los muchachos están recibiendo mensajes consumistas. El país
mismo ha entrado en un proceso de liberalización sexual y la información
sobre sexo está más a la mano que nunca, dice la profesional.
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