01 de abril de 2001

Hombres de entre 15 a 30 años se anuncian en los diarios como masajistas o como bailarines o se sitúan en calles de la capital vendiendo sexo al mejor postor. ¿Qué hay tras ese comercio sexual? ¿Lo hacen por necesidad o por placer? ¿Hasta dónde llegan por dinero?


Escríbanos

“Jóvenes universitarios ofrecen compañía”, decía el clasificado de un periódico. Eso y un número de teléfono celular era todo lo que teníamos para comenzar un reportaje sobre prostitución masculina en San Salvador.
Este es un tema poco investigado y mucho menos reconocido que ha crecido en los últimos diez años y que más tarde nos arrojaría sorpresivos descubrimientos.
—Aló —dijo una voz masculina al otro lado de la línea.
—Hola, queríamos contratar tus servicios; es que tenemos una despedida de soltera.
—Ah, lo que quieren son “strippers”.
—Sí, ¿ustedes qué ofrecen?
—Lo que quieran. Cobramos 200 a 300 colones la hora, dependiendo del servicio.
Esta fue parte de la conversación sostenida con un joven que junto a cinco amigos más ofrecen “compañía” en los clasificados. Con el pretexto de conocerlos, concertamos una cita con tres de ellos en un centro comercial.
Una hora y media más tarde aparecieron. Vestidos con pantalones vaqueros y camisas casuales, ni atléticos ni guapos, pasaron inadvertidos entre la gente. Sonreían y parecían acostumbrados a ese tipo de “citas”.
—¿Así que van a tener una fiesta? —dijo el mayor de ellos, gordo y de lentes, mientras los otros dos, uno moreno y delgado, y el otro blanco y con lentes de contacto verdes nos miraban entusiasmados.
—Bueno, sí. ¿Ustedes bailan? —alcanzamos a preguntar.
—En realidad lo que ofrecemos es compañía y sexo —contestó con naturalidad.
Así de simple. Estábamos ante tres prostitutos bastante organizados que mediante anuncios clasificados obtienen hasta cuatro clientes por semana.

“Creemos que hay más de cien hombres trabajando en prostitución. Lo más preocupante es que son jóvenes entre 16 y 24 años...”

William Hernández, director “Entre Amigos”.


Y ellos no son los únicos. En un solo día se pueden encontrar hasta seis clasificados en los que se ofrece sexo disfrazado de servicios de “masajes”, “compañía” o “bailes privados”. Operan en grupos de entre tres y seis muchachos, que están dispuestos a realizar sexo, incluso con homosexuales. De hecho, ellos constituyen la mayor demanda.
“Walter”, prostituto desde hace tres años, hace al menos dos “striptease” por semana y asegura que de 20 llamadas que recibe sólo dos son de señoras; el resto es de “gays”.
Él dice que se ve obligado a “aceptarlos” a falta de mujeres que se animen a contratarlo. “Si me quedo solo con mujeres, me muero de hambre”, señala.
Él trabaja en otra de las formas de prostitución masculina muy publicitada en los diarios: la de bailes eróticos, tanto para mujeres como para hombres, donde también se espera “vender” sexo.

La calle, otro mercado

Pero la prostitución masculina va más allá. Arterias como la 1 Calle Poniente, la Calle Arce y la Darío, la Roosevelt, la 25 y la 59 Avenidas Norte, entre otras, se han convertido también en zonas de comercio sexual masculino.
Laura Valladares, de FUNDASIDA, encargada del programa de prevención GBLT (Gay, bisexuales, lesbianas y travestis), informa de otras zonas de prostitución masculina, como las Plazas Libertad y Morazán, así como el cafetín “Sagitario”, ubicado en el centro de San Salvador, donde se prostituyen sólo travestis.
Ella asegura que también hay muchachos que ofrecen sexo en discotecas, como “Scape”, “Millenium”, “Yagsquare” (Plaza de los “gays”), ubicadas al norte de San Salvador.
La Policía Metropolitana y miembros de la organización “Entre Amigos”, que trabaja con homosexuales desde hace ocho años, aseguran que hay más de un centenar de muchachos que ofrecen sexo en San Salvador, incluidos travestis.
“Nosotros creemos que hay más de cien hombres trabajando en prostitución. Lo más preocupante es que son jóvenes entre 15 y 24 años con nivel de bachillerato”, dice William Hernández, director de “Entre Amigos”.

Los anuncios clasificados donde se ofrece servicios de masaje y compañía, se extienden hacia otros departamentos, no únicamente a San Salvador.

“Aquí habemos como 30 que venimos sólo de viernes a domingo porque algunos trabajamos durante el día en otra cosa”.

“Tito”, trabajador sexual

Más de la mitad son travestis, pero otros son sólo muchachos vestidos como cualquier joven que se “pavonean” en las esquinas de estas calles a negociar sus cuerpos.
“Aquí habemos como 30 que venimos solo de viernes a domingo porque algunos trabajamos en otra cosa durante el día”, dice “Tito”, quien hasta hace un año trabajó como cajero en un banco.
A sus escasos 19 años se ha prostituido por año y medio en la Calle Arce y la Darío, junto a otros cinco muchachos más.
Moreno, de 1.60 de estatura, cabello negro y vestido como cualquier muchacho de su edad, asegura ganar hasta 500 colones por noche, en temporada buena.
Según datos de los entrevistados, la mayoría —ocho de cada diez— clientes son hombres casados. De vez en cuando —dicen— también hay líderes religiosos o políticos.
“Viene gente pobre y también de dinero; gente importante como diputados. No vienen mujeres, solo una pareja que al hombre le gusta que la mujer tenga sexo con uno frente a él. Mientras paguen, hago lo que me pidan, pero cobro por adelantado”, dice “Tito”.
“Pedro”, otro jovencito de escasos quince años y compañero de “Tito” en la cuadra, se ha convertido en el favorito de otros clientes. “Me contratan hasta viejos”, dice “Pedro”, quien se prostituye desde hace tres meses en la Calle Darío.
“Renato”, de 29 años, otro de sus compañeros de oficio, también ha tenido experiencias similares. “Seguido vienen curas o extranjeros. Ahorita estoy saliendo con dos hondureños”, dice “Renato”, quien se ha dedicado por siete años a la prostitución.
Él se confiesa homosexual, pero asegura que otros de sus compañeros son bisexuales y aceptan mujeres, aunque son escasas, por ello se ven obligados a tener sexo con hombres.
A juicio del director de “Entre Amigos”, esta enorme cantidad de hombres que contratan prostitutos tiene que ver con el alto número de bisexuales que hay en el país.

 

FUNDASIDA realizó entre mayo y noviembre del 2000 un diagnóstico a 153 hombres entre los 16 y 30 años para evaluar los riesgos y las prácticas sexuales a los que están expuestos. Este determinó que el 60.2% de ese total es homosexual; el 26.2%, bisexual; el 2.0%, heterosexual; 19.8% es transexual y un 0.7% transgéneros.
“Entre Amigos” también hace estimaciones alarmantes basadas en su trabajo con prostitutos. Según ellos, cuatro de cada diez salvadoreños son homosexuales y cinco de cada diez, bisexuales.
Cierto o no, la realidad les muestra a diario que estos muchachos tienen sexo con entre tres o cuatro hombres por noche, todos ellos casados.
Pese a los porcentajes citados por el director de “Entre Amigos”, Laura Valladares advierte que no todos los hombres reconocen o aceptan su bisexualidad; ellos siguen considerándose heterosexuales.
“Los hombres en este país que buscan los servicios sexuales de los ‘gays’ no aceptan ser bisexuales u homosexuales y se escudan diciendo que ellos solamente penetran a un gay”, dice.

¿Placer o necesidad?

Muchos de los jóvenes que se prostituyen poseen un empleo regular durante el día, ganan salarios arriba del mínimo e incluso son estudiantes de nivel básico o bachillerato que viven con sus padres, sin que éstos se enteren de lo que hacen sus hijos.
“Si mi mamá se entera, me mata. Yo en la casa me visto distinto y trato de disimular. Hasta una novia de pantalla tengo y ni ella ni mi familia saben ni que soy homosexual ni que me prostituyo”, dice “Tito”.
Lo mismo sucede con “Renato”. Pese a que ya lleva siete años como prostituto ha tenido que ocultarlo, porque durante el día trabaja como digitador en una oficina de gobierno.
Entonces, ¿qué los mueve a ejercer la prostitución? ¿Es por necesidad o por simple placer? Los datos recabados con este reportaje advierten que no se puede ser exacto en esto. Los travestis, por ejemplo, podría decirse que lo hacen porque no tienen otra opción de trabajo que puedan ejercer siendo mujeres, que es como se sienten.
Sin embargo, en el caso de los muchachos, sus motivaciones no son siempre de estrechez económica.
El licenciado René Martínez, sociólogo de la Universidad Tecnológica, advierte precisamente esto. “La prostitución masculina es un problema de crisis de valores, no de subsistencia, porque las personas que salen anunciadas en los periódicos no están en un nivel de indigencia. No estaríamos hablando de suplir la necesidad de comer y vestirse, sino de consumir determinados bienes que no están a su alcance”, señala.

“Necesidad siempre hay, pero yo lo hago porque me gusta el dinero y tener cosas que con el trabajo de mecánico que antes tenía no podía comprar”, asegura Walter, quien además es casado y tiene una hija de tres años.
Él trabaja como instructor de un gimnasio, empleo que tiene a manera de “pantalla” y asegura que en una sola noche prostituyéndose gana lo que en una semana como instructor.
Para el sociólogo Martínez, también hay otros factores que determinan la existencia de esta actividad, como los mensajes en los medios de comunicación que promueven el machismo.
El haber sufrido abusos sexuales de niños también puede ser un condicionante para que más tarde los muchachos tengan conductas homosexuales o promiscuidad. Dos de cinco entrevistados dijeron haber sido violados de niños.
Empero para el director de “Entre Amigos” también existe un buen número de prostitutos que trabajan para comer. “Muchos dependen de la prostitución para sobrevivir. Hay muchachos que mantienen hasta a siete familiares con su trabajo sexual”, explica.
Aunque no descarta que también existan jóvenes desorientados que ejercen la prostitución para “pasarla bien”, inconscientes de los riesgos a los que se exponen.
“Pedro”, de quince años, es uno de ellos. “Lo hago porque me gusta venir a fregar, a ganar pisto y después irme a la gasolinera a seguir fregando. No tomo ni uso drogas. Sólo me gusta ir a comer y estar divirtiéndome”, dice este muchacho que cursa el octavo grado en un colegio privado.

Peligros y abusos

Las calles donde se prostituyen también son escenarios de violencia. Ahí son amenazados o golpeados por clientes u otros que repudian lo que hacen.
“Un día pasaron unos hombres que estaban molestos porque estábamos aquí. Uno de ellos insultó a otro compañero y sin qué ni para qué comenzaron a disparar. Por poquito y quedamos ahí muertos”, cuenta “Renato”.
Los clientes en ocasiones no les pagan por sus servicios y en el peor de los casos los llevan a sitios apartados donde los dejan abandonados.
Con frecuencia se dan riñas entre los mismos compañeros de oficio.

Ni sus familiares ni sus amigos saben que ellos son “trabajadores sexuales”, ellos tienen otros empleos durante el día y hasta novias de “pantalla”.

Según Carlos Castillo, jefe de operaciones de la Policía Metropolitana, en ocasiones las prostitutas y los travetis que se sitúan en la 27 Calle Poniente se enfrentan a golpes en franca competencia por los clientes.
“Son innumerables las riñas entre prostitutas y travestis por la disputa de algún cliente. Todo esto es considerado como parte de la realidad en el mercado laboral del sexo”, dice Isabel Ascencio, responsable de Comunicaciones de “Flor de Piedra”, organización que brinda asistencia a las trabajadoras sexuales de San Salvador.
Asaltos y robos también son frecuentes, sobre todo por el alto consumo de drogas. “Hay clientes que se lo llevan a uno solo para tenerlo toda la noche consumiendo drogas, y ya. Luego lo traen de regreso. La idea es que uno se vuelva adicto y luego les compren”, cuenta Ernesto, quien se prostituyó como travesti por ocho años.
FUNDASIDA considera que este sector enfrenta problemas por drogas como la cocaína, la piedra, la marihuana y el alcohol, entre otras, y es que en ocasiones el servicio contratado por el cliente incluye sexo y consumo de sustancias.
Por su parte, “Pedro” cuenta que también han sufrido abusos sexuales por parte de los policías. “A veces los policías nos llaman para que les hagamos sexo oral y no pagan. A veces los del Parque Cuscatlán sí pagan 50 colones, pero a veces no quieren pagar, y ni modo” , dice.
Obligados en la mayor parte de casos a tener sexo sin protección, los muchachos se exponen a contraer enfermedades de transmisión sexual como el sida.
“Trato de usar condón siempre, pero cuando es sexo oral es más peligroso. Nos toca ir botando lo que los hombres van echando porque ni modo, y si ellos no quieren que usemos condón, pues no usamos”, añade “Pedro”.
El Ministerio de Salud reporta al menos 3481 casos de sida a nivel nacional. De estos por lo menos el seis por ciento corresponde a homosexuales y el 5% a bisexuales.
Pese a lo alarmante de estas cifras, los organismos gubernamentales todavía no tienen programas específicos para estos grupos.
“Flor de Piedra” por su parte mantiene abiertos programas sobre educación, salud, prevención de enfermedades de transmisión sexual, autoestima y derechos humanos dirigidos a prostitutas y en los que también se integran travestis.

 

“Necesidad siempre hay, pero yo lo hago porque me gusta el dinero y tener cosas que con el trabajo de mecánico que tenía antes no podía
comprar”.

“Walter”, “stripper”

FUNDASIDA ejecuta además proyectos de prevención para los GBLT, proporcionándoles preservativos, material educativo y charlas sobre los riesgos de contraer el VIH.
Asimismo “Entre Amigos” mantiene un fuerte trabajo de prevención distribuyendo preservativos en las calles, y en un primer esfuerzo por ofrecerles otro tipo de opciones que les ayuden a salir de las calles planean implementar, a partir de abril, un programa denominado “Jóvenes labrando su futuro”, financiado por un fondo especial de las Naciones Unidas.
El programa dará oportunidad a diez trabajadores sexuales para que se capaciten en diseño, corte y confección para que en un futuro pongan sus talleres.
El programa, con un financiamiento de 8500 dólares, apenas alcanza para becar a diez muchachos. El resto de los que se prostituyen, ya sea por desorientación, por placer o por necesidad, continuará en las calles, expuesto a contraer enfermedades sexuales y a la violencia de una sociedad que los discrimina y rechaza sin ofrecerles ninguna salida.

“Maribel”
“Quisiera ser secretaria”

Usa zapatos con tacones diez centímetros de alto, una falda larga que estiliza su delgada figura y un sutil maquillaje que logra enfatizar la belleza que por naturaleza le corresponde a sus 21 años.
Aunque sus padres lo bautizaron con nombre de niño, él se hace llamar “Maribel” desde hace tres años que comenzó a ejercer la prostitución en la 27 Avenida Norte en San Salvador. Sus clientes también son hombres casados y algunos hasta con cargos importantes.
Es difícil tratarlo como hombre, se siente mujer, y al conversar con él es imposible pensar lo contrario. Su suave voz y el aroma de su dulce fragancia se suman a sus innumerables facciones femeninas.
Su tarifa es de 200 colones la hora, media hora o el “rato”, y si la noche resulta buena recibe hasta tres clientes. Con el dinero que gana mantiene a sus tres hermanos menores.
Sin embargo, no le gusta su trabajo, no sólo por los múltiples insultos que recibe, sino por los riesgos a los que se expone con clientes que luego rehúsan pagarle y amenazan con golpearlo.



Asegura que se prostituye por falta de oportunidades. Su dilema es simple: es homosexual y se siente mujer, le gusta usar tacones y faldas y no quiere un empleo masculino. “Quisiera ser secretaria”, dice. Un sueño que comparten muchos de sus compañeros de oficio.
“Nos gustaría salir de las calles y trabajar, pero en cosas de mujeres; que nos dejaran ser mujeres y trabajar como ellas”, dice.

¿Lo castiga la ley?

“El que en la vía pública ofreciere o solicitare servicios sexuales y de manera notoria o con escándalo perturbe el orden público, lesione la moral y las buenas costumbres u ofenda el pudor con sus desnudeces o por medio de palabras obscenas, gestos, actitudes o exhibiciones indecorosas será sancionado con una multa de 300 a 1000 colones” . Así reza el artículo 36 de la Ordenanza Contravencional emitida por la Alcaldía de San Salvador y que entró en vigencia en septiembre de 1999.
Aunque es un delito excarcelable, quien se prostituye y quien paga por el servicio debe pagar la multa citada; sin embargo, esta sólo puede ser aplicada cuando se encuentre a la pareja, ya sea heterosexual o bisexual, en pleno acto sexual, señala el comandante Castillo.
Sólo en el 2000 se impusieron alrededor de 50 multas por mes de este tipo y aunque no se lleva un registro de cuántas han sido impuestas a prostitutas y cuántas a hombres que se prostituyen, el comandante Castillo reconoce que la mayoría ha sido a mujeres, debido a que el fenómeno de la prostitución masculina todavía es un fenómeno bastante nuevo.

Una visión sicológica

Haber sufrido abusos sexuales siendo niños puede ser un factor de riesgo que provoque la prostitución masculina, señala la doctora Margarita Mendoza Burgos, siquiatra infanto juvenil y terapeuta de familia.
“Si un hombre abusa a un niño en repetidas ocasiones puede crear en él inseguridad respecto a su orientación sexual, dudas e incertidumbre y es además un factor de riesgo para la prostitución”, señala la doctora.
Para ella, un hombre que se dedica a la prostitución puede no ser siempre homosexual, pero la ambición por el dinero puede llevarlo a mantener prácticas sexuales con “gays” hasta que se acostumbra.
“Con el ánimo de lucrarse pueden llegar muy lejos. Puede que no haya placer, pero si hay dinero pues lo hacen. Es igual que las prostitutas. No son felices con lo que hacen, pero es su forma de superviviencia”, dice.
Para ella lo que lleva a los hombres a ejercer la prostitución es el consumismo. “Nosotros le llamamos consumismo, pero en realidad para ellos los lujos llegan a convertirse en necesidades”, advierte.
Precisamente el consumismo, la migración de salvadoreños al exterior, el acceso fácil a la pornografía, la internet y los mensajes abiertos sobre sexo en los medios de comunicación son también factores determinantes para que el comercio sexual haya aumentado en los últimos años en el país.
“Los muchachos están recibiendo mensajes consumistas. El país mismo ha entrado en un proceso de liberalización sexual y la información sobre sexo está más a la mano que nunca”, dice la profesional.

 

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