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Edición:
31 de agosto de 2003

Sus playas de un azul
intenso, su riqueza arquitectónica y sus rincones medievales
hacen de Valencia un lugar perfecto para visitar en cualquier
estación del año.
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La provincia
de Valencia, ubicada al este de España, a 352 kilómetros
de Madrid, es reconocida a nivel internacional por sus naranjales
y su ambiente fallero; pero al visitarla se descubren innumerables
atractivos dispuestos a satisfacer los gustos más exigentes.
Ahí encontramos historia, cultura, modernidad, turismo
rural, playas, discotecas y contrastes climáticos que
la convierten en un agradable destino.
El lugar ideal para comenzar el recorrido es en la puerta
o Torres de Serranos, construida al estilo gótico urbano
hace seis siglos. Al entrar en ella es como viajar veinte
siglos atrás, ya que lo primero que salta a la vista
es el casco histórico de la ciudad, formado por pequeñas
callejuelas y edificios bajos de color amarillo pálido
que antaño fueron ocupados por legionarios de Roma,
legados imperiales y pobladores medievales.
En la actualidad, algunas de estas construcciones han sido
abandonadas; otras ya remodeladas son importantes empresas
y negocios.
Al caminar recto encontramos en el corazón de Valencia
la Plaza de la Virgen, sitio propicio para tomarnos un descanso
en una de sus cafeterías y deleitarnos de un café
con leche o una deliciosa horchata valenciana, hecha de chufas.
Desde allí podemos apreciar a nuestro alrededor la
belleza arquitectónica de la basílica de la
Virgen de los Desamparados y la majestuosa puerta gótica
de la catedral, en cuyo interior guarda joyas históricas
entre sus imágenes, pero sin duda el tesoro más
significativo que contiene es la capilla del santo cáliz
o santo grial, que según los habitantes es el que sostuvo
Jesucristo en la última cena.
Al terminar la visita en el interior de la catedral hay que
hacer un esfuerzo por subir los 207 escalones del Miguelete,
torre de 50 metros de altura que es el símbolo más
popular de la provincia (por la abundancia de campanarios
que hay en el casco histórico). La subida vale la pena,
ya que desde ahí se contempla una impresionante vista
panorámica de la ciudad, el mar y el verde de la campiña.
Al salir del templo, en la Plaza de la Virgen es muy común
presenciar un espectáculo sin igual, cuyos protagonistas
son los cientos de palomas que cada tarde revolotean en el
suelo o sobre la fuente que está al centro, construida
en honor al río Turia, y está representada por
una escultura de un hombre con apariencia de dios griego rodeado
de doncellas.
En este sitio con frecuencia se suelen ver turistas, bohemios,
valencianos charlando y uno que otro músico ambulante
pidiendo unos centavos de euro por tocar una pieza.
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| Bailes
típicos de la comunidad frente a la catedral durante
las fiestas falleras. |
Deslumbrante
ambiente fallero
El ambiente tranquilo y pasivo que se vive en esta plaza cambia
de escenario en mayo para las fiestas de las fallas en honor
a San José.
En esta festividad, cientos de personas llegan a contemplar
la basílica, cuya fachada está cubierta de flores.
Es el ritual llamado La Ofrenda: a lo largo de
dos días llegan comisiones falleras vestidas de labradoras
a dejar miles de ramos florales.
Este rito religioso es acompañado por música
de banda, bailes típicos y petardos, que convierten
el centro de la ciudad en un lugar alegre, divertido y con
mucho alboroto. Esta alegría se incrementa más
en la Plaza del Ayuntamiento, donde cada mediodía,
del 16 al 19 de mayo, miles de valencianos y turistas presencian
la famosa Mascletad, que no es más que una ruidosa
lluvia de petardos que hace vibrar toda la ciudad.
Esta deslumbrante tradición es derivada de fiestas
gremiales y de barrio, que durante la segunda mitad del siglo
XVIII realizaban la costumbre de hacer hogueras y de quemar
algún muñeco grotesco.
Luego, en el siglo XIX, estas hogueras con ninots se convierten
en pequeños catafalcos con los muñecos formando
escenas satíricas, parecidas a las actuales.
Todos los barrios realizan una para competir, ya que la ganadora
será quemada hasta el último día en la
Plaza del Ayuntamiento a la media noche. Este día se
llena de turistas para apreciar este magnífico espectáculo
de petardos, luces de bengala y castillos de fuego que inundan
el entorno de luces y de calor.
Al final de la noche, para los que nos gusta bailar, hay carnavales
en las plazas y discotecas de la ciudad hasta el amanecer.
Todo este alboroto y alegría que se vive en la ciudad
también es la antesala a la primavera.
Primavera en la ciudad
La llegada de la primavera es anunciada por la preciosidad
de jardines que adornan la provincia y las nuevas tendencias
de moda que desfilan en las vitrinas de boutiques
y almacenes.
En esta temporada ya se empiezan a dejar a un lado los abrigos,
porque el clima comienza a ser menos fresco, aunque no siempre,
ya que en Valencia las temperaturas son impredecibles; es
probable que en la mañana haga frío y por la
tarde calor o que llueva, pero estos contrastes son los que
dan un toque especial al recorrido.
Para disfrutar a plenitud de esta estación del año
podemos visitar sus veinticinco jardines, entre los cuales
uno de los más hermosos es el jardín del Monforte.
También recorrer el gran cauce del río Turia,
que ahora es un parque verde lleno de palmeras, a raíz
del incidente de 1957 cuando sus aguas desviaran su curso
y se desbordaran, ocasionando innumerables muertes.
Este parque es muy apetecible durante las tardes de ocio.
Allí podemos ver gente paseando, otros descansando
después de un largo día de trabajo y algunos
les sirve de pista de carrera. Por mi parte después
de ir a la universidad me gustaba caminar por las riberas
del río hasta donde mi cuerpo resistía; luego
regresaba en metro.
En uno de esos paseos conocí un poco más de
los atractivos de Valencia. Y es que a las orillas del Turia
están el Palacio de la Música, el parque de
Gulliver (por la escultura gigante recostada en el suelo que
lo representa y a la cual niños y grandes escalan).
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| Clásica
corrida de toros que se realiza en cada fiesta, donde
compiten los mejores toreros de la región para
ofrecer un buen espectáculo a los miles de asistentes. |
Asimismo
podemos contemplar por un lado la ciudad nueva y por el otro
el casco histórico de Valencia. En ambas partes se
respira una tranquilidad que sólo es perturbada por
el correr de los autos.
Viaje al futuro
Al seguir el cauce del río Turia, a escasos minutos
del centro histórico, está ubicado un espacio
de ocio que nos acerca al futuro: La Ciudad de las Artes y
las Ciencias.
Este parque urbano de 350,000 metros cuadrados cuenta con
un Museo de las Ciencias Príncipe Felipe,
donde se accede al conocimiento sobre óptica, sonido,
electricidad de la forma más divertida: tocar, pensar
y sentir.
Esta puerta del conocimiento nos abre una amplia gama de temas
científicos, desde la biología, la física
hasta las más avanzadas tecnologías aplicadas
a la comunicación, la construcción y el deporte.
Otro de los atractivos que posee y es uno de mis preferidos
es El Hemisférico, sala donde se proyectan
películas en una pantalla gigante de 900 metros cuadrados,
capaz de crearnos emocionantes sensaciones en la medida en
que nos introduce a la acción a través de imágenes
impactantes y seis canales estereofónicos.
Estas sensaciones son producto de la más avanzada tecnología
en imagen y sonido que se puede acompañar con unos
modernos auriculares que emiten una narración en cuatro
idiomas diferentes: valenciano, castellano, inglés
y francés.
Si es amante de la vida submarina, La Ciudad de las Ciencias
y las Artes le ofrece el mayor parque oceanográfico
de Europa para conocer de cerca la fauna y la flora más
representativa de nuestro planeta. Ahí puede sumergirse
y conocer el hábitat de los animales marinos y sentirse
como en el centro del océano.
Es así como la Ciudad de las Ciencias y las Artes se
ha convertido en el emblema de la comunidad valenciana para
el siglo XXI.
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| Vista
de las Torres de Serrano desde el antiguo cauce del río
Turia. Esta infraestructura data de 1391. |
Recorrer
el paisaje lacustre
Cuando llegan los días soleados de verano, algunos
valencianos y turistas abandonan la ciudad por un momento
y emigran a las playas, ya sea la del Saler o la Malva-rosa.
Esta última esta a 45 minutos del centro.
En el atardecer se encuentran jóvenes y viejos bronceándose
a la orilla del mar hasta quedar rojos del sol, otros paseándose
en la arena y algunos sentados en los bares y restaurantes
de los alrededores.
En estas playas es imprescindible saborear la exquisita gastronomía
de la región: la famosa paella valenciana, elaborada
con arroz, verduras y mariscos; el filete de pescado; la crema
de gambas, acompañada de la deliciosa horchata y como
postre un delicioso turrón.
También puede degustar estos manjares en un ambiente
más tranquilo y en contacto con la naturaleza. Valencia
conserva a pocos kilómetros, al sur de la ciudad, un
parque donde el mar y la playa se unen: La Albufera, lugar
ideal para recorrer en lancha la campiña valenciana
y respirar aire puro entre el paisaje lacustre y contemplar
una de las más hermosas puestas de sol.
A lo largo del paseo se aprecian en las orillas del lago,
Las Barracas, que son unas pequeñas casas
con paredes blancas y techos de paja, típicas de la
huerta valenciana.
Al caminar por la huerta descubrimos verdes naranjales, pequeñas
parcelas de arroz y unas que otras plantaciones de alcachofas
y cebollas bien trabajadas, reflejo de una ciudad con fuerte
tradición agrícola.
Noche valenciana
Para los que prefieren la vida nocturna, desde las diez de
la noche la ciudad se convierte en una fiesta, en la cual
vienen y van gentes en dirección al Barrio El Carme.
Aquí están las mejores discotecas, restaurantes,
salas de teatro y música en vivo dispuestos a complacer
todos los gustos.
Allí la juventud impregna de alegría todo el
ambiente y se puede conocer mejor la cultura valenciana, ya
que es cuando más habitantes se unen a los turistas
con un objetivo: divertirse.
Cuando amanece llega el silencio y el barrio no parece ser
el mismo; sólo quedan sus siniestros edificios de diez
o doce pisos en medio de solares abandonados o entre casitas
bajas y construcciones modernas un poco desoladas.
Después de contemplar el contraste de las edificaciones
que nos presenta Valencia, disfrutar al máximo el día
y la noche, y pasear por sus variadas atracciones y estar
seguros de que se conoce un poco la provincia es hora de despedirnos
por la otra puerta de la ciudad: la Quart, no sin antes pasar
por la Plaza Redonda a comprar alguna artesanía típica,
como recuerdo de este hermoso destino.
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| Fuente
dedicada al río Turia. Al fondo se aprecia la catedral
y la Basílica de la Virgen de los Desamparados.
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La
Ciudad de las Ciencias y las Artes es considerada el
emblema de la Comunidad Valenciana. Esta reúne
arte, ciencia y naturaleza.
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Datos
de interés
Valencia pertenece a la Comunidad Valenciana.
Población: 764,010
habitantes.
Economía: tradición
agrícola (naranja, arroz, hortalizas), pero sobresale
la industria y los servicios.
Idiomas: castellano y valenciano. |
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