Edición: 28 de diciembre de 2003

Con la captura del supuesto ex dictador Saddam Hussein, la situación político-social
de Irak aún se vislumbra difícil, y eso mismo trata la obra “Irak: el Estado incierto”.

Danilo Ramos
Ilustración: Ricardo Leiva

Un día llegó al pueblo el poeta. Alto y elegante como un fantasma al atardecer. En su mano derecha una maleta; dentro de esta, escritos raros, antiguos y una botella de whisky. Descansando sobre su espalda, una negra guitarra con aire de dragón.

Venía de vivir la vida, de recorrer sus caminos, de conocer sus misterios.
Sabía mucho, casi todo, de aquello a lo que los mortales llaman amor. El paso del tiempo, ignorado por muchos, le había regalado su contenido. Ya no tenía prisa, porque sabía que la vida es una estación en el universo, y que esta vuelve, así como su sombra regresó para ver nuevamente el ocaso.

Alquiló una pequeña habitación limpia y blanca, donde se miraba, a través de una gran ventana, el atardecer. Para él, el día era la noche, y la oscuridad, la luz. Porque justo a la hora del ocaso abría los ojos, y sus manos reclamaban las cuerdas de su guitarra con voz de dragón, y sus labios buscaban el whisky para aclarar su voz.

Después de diluir su mirada en el atardecer, hermosas canciones salían de su boca y estremecían el corazón de la gente que las oía. Avanzaba la noche y el poeta seguía entonando las más dulces y variadas melodías. Así, cuando el sol acariciaba con dulzura el alegre azul del amanecer, el poeta cerraba sus ojos hasta el ocaso de cada día.

Cuando el tiempo pasó, los habitantes del pueblo comenzaron a esperar con ansiedad la hora donde el sol muere en el horizonte. También algo extraño sucedió con la llegada del hombre de la guitarra con aire de dragón. Justo a la hora del crepúsculo aparecían y pasaban por el pueblo de altos árboles y pequeñas casas los más variados pájaros y mariposas de alegres y finos colores.

Todo en aquel lugar se volvió alegría, paz y tranquilidad. Las palabras de mago veraz, recitadas por el poeta, invitaban e inclinaban a la gente hacia las cosas buenas y maravillosas de la vida. De esta manera pasó el tiempo, y los días se disolvieron en chispas sobre aquella región donde nunca faltaba un cielo diáfano.

Sin embargo, una tarde aparecieron del norte nubes negras, impetuosas y pesadas que borraron el atardecer de ese día. También en ese aciago atardecer hicieron presencia en el pueblo unos hermosos ojos claros que pasaron frente a la ventana del poeta. Un estremecimiento de hielo crispó las manos de aquel que cantaba con dulce voz... Y sus ojos se congelaron ante la hermosa mirada que pasó frente a él con la prisa de un fantasma.

Entonces comprendió el poeta que cuando se dejan rescoldos en el corazón, el pasado vuelve y crece como la hierba en los jardines hermosos. Se dio cuenta de que es un error imperdonable, para aquel que ha caminado mucho sobre el camino de sí mismo, volver al país de los recuerdos. Porque cuando se ha traspasado el umbral del pensamiento y bruscamente a él se regresa es como morir lenta y dolorosamente.

Fue así como sus canciones se volvieron tristes e insidiosas, y hablaban del dolor y de las espinas deformes que hay en el corazón de los hombres. Como culebras perversas se deslizaron las canciones envenenadas por los oídos de los habitantes del pueblo. Al principio les dio tristeza, se llenaron de dudas y preguntas. Después, como aquellos que una vez amaron y terminaron odiando a su amante, así, aquellas personas comenzaron a odiar al hombre que otrora les endulzara el corazón.

Los días se amontonaron, también el odio y la locura. Hasta que un día fueron en busca del poeta. Era un día gris, sórdido y triste. Con rudeza lo apresaron y lo sacaron de su habitación. Querían matarlo en el acto, pero el poeta todavía les inspiraba respeto por los días que los hizo felices. Decidieron entonces enterrarlo vivo y no manchar sus manos con la sangre de aquel que un día les pareció divino.

Lo llevaron a una cueva en una apartada colina; lo encaminaron al final de la gruta y lo ataron a una roca; después salieron y sellaron para siempre el agujero.

Han pasado años y eras y el pueblo es ahora solo ruinas. Allí nunca brilla el sol; las nubes y el viento se pasean a su antojo. Y según dicen los viajeros que pasan por ese lugar, de las entrañas de la colina salen y se escuchan de noche bellas melodías, y en el día acuden a la colina los pájaros y las mariposas más bellos de la tierra.



DPA
LA HABANA.

Lo que comenzó como una necesidad, resultado de la escasez económica, se ha convertido en la actualidad en un floreciente y atractivo turístico: visite Cuba y verá, rodando y en sorprendente estado de conservación, la mayor cantidad de autos antiguos del mundo.

Automóviles norteamericanos fabricados en las cinco primeras décadas del pasado siglo circulan por La Habana y otras ciudades cubanas, muchos de ellos con sus piezas originales. Representan el diez por ciento de todos los coches que transitan por la isla.

“Cuba es el mayor reservorio de autos antiguos en el mundo”, aseguró a dpa Lorenzo Verdecia, fundador de uno de los tantos clubes de “carros de época” existentes en el único país socialista del hemisferio occidental, cuyos socios se reúnen periódicamente para intercambiar información, experiencias y algún que otro aditamento.

El automóvil hizo su aparición en Cuba en 1898. Antes del primero de enero de 1959, la inmensa mayoría del parque automotor cubano procedía de Estados Unidos, situación que cambió drásticamente en las décadas subsiguientes.
Luego de 1958 los “Ladas” rusos inundaron las calles y a pesar de ser grandes gastadores de combustible aún hoy permanecen con vida.

Sin embargo, Fords, Buicks, Pontiacs, Chevrolets, Odsmobiles y Cadillac, entre otros, se negaron a desaparecer. El ingenio y la necesidad lograron “milagros” y ante la imposibilidad de adquirir piezas en Estados Unidos debido al embargo, los mecánicos nacionales hicieron adaptaciones que permitieron la supervivencia de esas marcas.

“El motor es casi todo de Lada y el resto es mucho invento, pero aquí está, caminando, y gracias a él vivimos mi familia y yo”, asegura Orlando García, propietario de un Chevrolet del 54, quien posee licencia para ejercer como chofer de auto de alquiler, uno de los pocos trabajos por cuenta propia autorizados en el país.

Junto a estos “frankenstein de la mecánica”, otros automóviles norteamericanos de principios del siglo XX se mantienen casi intactos, con piezas originales y colores de fábrica. Sus propietarios están integrados en la Asociación de Autos Antiguos de Cuba y realizan competencias y exposiciones cada año.

Empresas estatales también poseen autos de este tipo, los cuales alquilan a turistas, al tiempo que los mejores ejemplares se exhiben en el Depósito del Automóvil, en La Habana Vieja, donde puede verse un Cádillac de 1905, el auto más antiguo del país.

Sin constituir aún una práctica generalizada, entidades de Chile y Argentina, así como coleccionistas privados, se han interesado en comprar algunos de estos autos, transacción que, según se informó, se puede realizar sólo con empresas estatales cubanas.

La apertura de la isla al turismo en los últimos años y el surgimiento de empresas con capital extranjero propiciaron la importación de automóviles nuevos, casi todos propiedad de esas compañías, de instituciones estatales o destinados al turismo.

Los Honda, Peugeot, Renault y hasta Mercedes Benz se reproducen con celeridad en Cuba. Pero lejos de opacar resaltan el atractivo de los viejos autos estadounidenses, cuya sola existencia es un permanente desafío al tiempo y un incentivo a la curiosidad.

SEMANA CULTURAL

La pluma

Domingo 28
El Instituto Salvadoreño de Turismo (ISTU) invita a conocer los parques recreativos, viajando con los Buses Alegres, que salen de la Plaza Gerardo Barrios (Frente a Catedral) en San Salvador, a las 6:30 a.m. Lugares a visitar: Apastepeque, Ichanmichen, Costa del Sol. Precio: $2.29.

Hasta el martes 30
Exposición de pintura de los artistas Paula Linch (chilena) y Armando Lara (hondureño) en la Galería Espacio, Calle La Mascota # 209, San Salvador.
Todo diciembre -u Exposición “José Mejía Vides, 70 años de expresión” con obras en óleo, vinílica y escultura, en el Museo de Arte de El Salvador. Aquí también estará la muestra fotográfica “Objetivo: un mundo de personas”.-u Exposición sobre restauración, “Una obra silenciosa”, parte del trabajo del Palacio Nacional y la iglesia El Pilar de San Vicente. De martes a domingo. Entrada $0.34.

Jueves 1 de enero

El ISTU invita a viajar al Cerro Verde y Agua Fría con los Buses Alegres. Salida: Plaza Gerardo Barrios (frente a Catedral) en San Salvador, a las 6:30 a.m. Precio $2.89.

Hasta el domingo 4 de enero
Exposición de pintura e instalación “Ensayo de manifiesto”, de Miguel Ángel Ramírez, en la Casa de los Mestizos, en Suchitoto, donde también podrá ver la muestra permanente de arte utilitario en hierro de Baltasar, y esculturas en madera por Ruschi.

Hasta el 6 de enero

Exposición de porcelana japonesa, en el Teatro de Santa Ana; entrada $0.35. Horario de visitas: lunes a viernes de 8:00 a.m. a 11:30 a.m. y de 2:00 p.m. a 5:30 p.m. Sábado de 8:00 a.am. a 11.30 a.m.

Hasta el 11 de enero
Muestra fotográfica del mexicano Manuel Álvarez Bravo, en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE), final Avenida La Revolución, contiguo al Teatro Presidente.

Esta tarde frente al mar

Carlos Andrés Villacorta



 Se va la tarde
con sus fuegos al morir el día,
allá en el horizonte
vuelan las gaviotas
como muchachas locas
en desbandada.

El astro refulgente en llamaradas
se va perdiendo lentamente,
con sus aros y sus fuegos
se hunde lentamente en el poniente
y con ello mis recuerdos,
mis nostalgias y alegrías...

Te busco en el tiempo
y en las arenas del mar
y no te encuentro. Este tiempo,
aquel tiempo... que es eterno
y no termina.

Cómo me duele la existencia,
mar de lluvias y cenizas
es mi alma, triste y conmovida.



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