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Edición:
28 de diciembre de 2003

Con
la publicación del libro Ilobasco, barro eterno
se ha recuperado la historia
de los alfareros ilobasquenses, y mostrar quiénes son
los creadores de esos muñecos
de barro que cautivan tanto.
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El
libro Ilobasco, barro eterno es el resultado
de una investigación profesional para documentar
una de las expresiones del arte popular de El Salvador.
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Antes
de que el tiempo sepulte la información, el investigador
Gregorio Bello-Suazo Cóbar ha logrado rescatar los
datos que algunas personas saben acerca de los iniciadores
de los muñecos de barro en Ilobasco. Ahora esas referencias
están registradas en su libro Ilobasco, barro
eterno recién publicado.
Con la experiencia de arqueólogo y antropólogo
que tiene, Bello-Suazo Cóbar se dedicó por seis
meses en el año 2001 para investigar todo sobre las
creaciones en barro en ese municipio del departamento de Cabañas,
a 54 kilómetros al oriente de San Salvador.
Por horas, Cóbar se sentaba con los artesanos y escuchaba
con mucha paciencia la información que tradicionalmente
es transmitida en forma oral. Con unos oídos muy diestros
él registraba toda esa información con mucho
detalle; casi ningún dato era excluido a la hora de
escribir.
En un principio, la información recopilada, tanto oral
como escrita, serviría para darle el soporte teórico
y explicativo a la Sala de la Miniatura Dominga Herrera,
un lugar donde se exhiben trabajos artesanales con la especialidad
de figuritas de barro en miniatura, elaboradas por algunos
artesanos ilobasquenses.
Esta Sala de la Miniatura surgió por el interés
de la asociación Iniciativa Pro Arte Popular (INAR),
integrada por profesionales unidos con la intención
de documentar, estudiar y preservar las diferentes expresiones
de las artes y tradiciones populares de El Salvador; de esta
manera crearon la Sala para dar a conocer el trabajo minucioso
que realizan los alfareros de Ilobasco.
Pero a la vez que se obtenía la información
de primera mano, Bello-Suazo asegura que Iniciativa Pro Arte
Popular también dio talleres de capacitación
creativa, además de concursos en 2001 y 2002 para motivar
a la creación de nuevas formas de miniaturas, de los
que salieron nuevas propuestas, además de realizar
un vídeo.
A partir de estas experiencias surgió mucha información
que permitió elaborar no sólo un folleto informativo
sino un libro, el cual fue presentado el viernes 12.
Lo investigado
Desde un inicio, el libro que sería publicado sería
bastante modesto, menciona Suazo. Empero lograron obtener
el apoyo del empresario Luis Ivandic, un hombre culto y amante
del arte, quien ayudó a que la publicación fuera
realizada con un trabajo de mucha calidad.
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| María
Dominga Herrera, en 1944, cuando salió publicada
en la revista National Geografic. |
La
obra no sólo es rica en información, sino que
es atractiva visualmente, gracias a las fotografías
muy creativas de Federico Trujillo. Otra característica
de este ejemplar es que es bilingüe, escrito en español
e inglés.
Bello-Suazo incluye en esta obra la información histórica
sobre Ilobasco y la cerámica que en este lugar se ha
realizado, según las crónicas de los españoles.
Habla sobre la cerámica tradicional utilitaria, la
popular con el inicio de los misterios (el nacimiento), los
juguetes, su comercialización y la cerámica
artística.
También incluye la alfarería o loza hecha en
torno, tal como lo heredaron los españoles, y el paso
de lo grande a lo pequeño, dando a conocer no sólo
el trabajo que realizan los alfareros, sino también
las personas que lo hacen, para que no queden en el anonimato.
En esta publicación resaltan dos elementos importantes
a criterio de Gregorio Bello-Suazo: uno es el inicio de la
elaboración de los muñecos de barro, situándolo
a mediados del siglo XIX, y el otro es el surgimiento de las
figuras en miniatura, a principios del siglo XX.
En el primer caso se toma en consideración que Ilobasco
ha sido tradicionalmente un centro alfarero. Suazo señala
que en el año de 1807, don Antonio Gutiérrez
y Ulloa en su calidad de Corregidor Intendente de la Provincia
de San Salvador elaboró un detallado informe sobre
la situación de los territorios a su cargo. En su informe
se refiere que:
Cojutepeque comprende tres curatos, Cojutepeque, Ylobasco
y Perulapán, con 6 pueblos de yndios, uno de ladinos,
3 villas, 3 aldeas y 14 haciendas, con tres ranchos en ellas,
siendo su total población, 108 españoles, 3057
ladinos y 11150 yndios... sus havitantes (sic) no son de los
más abandonados, favoreciéndoles su aplicación
al ramo de la alfarería tosca....
Suazo cita que la Estadística de Gómez de 1858
refiere que en Ilobasco la ocupación principal...
es la agricultura, pero muchos de los indígenas son
fabricantes de loza del país y comparativamente con
la de otros pueblos de la República es la más
fina.
En cuanto a los muñecos de barro, Suazo dice que es
muy probable que la elaboración del muñeco de
barro en Ilobasco se haya iniciado con la fabricación
de los nacimientos o misterios a mediados del siglo XIX.
Existe la versión de que a mediados de ese siglo llegó
a Ilobasco un artesano español de nombre Catarino Castillo.
Su especialidad era la fabricación de misterios, y
uno de los motivos que tuvo para residir en este pueblo fue
la excelente calidad del barro del lugar.
Don Catarino se casó con Amparo Alvarenga, y durante
muchos años elaboraron los misterios, enseñando
la técnica a sus hijos y a otros habitantes del pueblo,
originando así toda una generación de artesanos.
En cuanto a las miniaturas, Bello-Suazo permite conocer oficialmente
que la señora María Dominga Herrera fue la precursora
de esas pequeñeces, y cómo ésta ha ido
cambiando a través del tiempo, hasta llegar a la sorpresa
miniatura y la más atrevida, la sorpresa pícara.
Por cierto, el investigador señala que fue el artesano
Juan Córdova, quien nació en 1913 y murió
en 1998, el que inició con la cerámica pícara.
Este ceramista tradicional fue el creador de la figura en
barro de Juan Pueblo, personaje famoso por la
crítica social en la década de los años
50 y 60.
Según lo recopilado por Suazo, fue Córdova quien
creó los penes de barro. Cuando los empezó
a fabricar tenían forma de pitos, les colocaba una
pitadera en la parte posterior y adelante le hacía
un agujero para sacar los tonos. Posteriormente los modificó
y en lugar de pitadera les incorporó una
cacha convirtiéndolos en pistolas.
Otra de las creaciones de Juan Córdova son las
figuras pornográficas o pícaras, las cuales
fabricó en tamaño grande de unos seis centímetros,
que posteriormente fueron reproducidas por otros artesanos
en forma de sorpresas miniaturas, señala Bello-Suazo.
Con la publicación de Ilobasco, barro eterno,
el autor logra recuperar en forma escrita la información
necesaria para conocer una tradición de los alfareros,
la cual era transmitida sólo en forma oral, con el
riesgo de que algún día el tiempo la ocultaría
para siempre.
Es
en Ilobasco, pequeña población de la
República de El Salvador, donde puede afirmarse
que se fabrican los más diminutos pastores
de barro que conocemos....
Premio
Nobel de Literatura
Miguel Ángel Asturias
(periódico La Vanguardia,
Barcelona, España, 1972)


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Datos
en miniatura
Ilobasco, barro eterno tiene
un precio de $25, y es distribuido por la asociación
Iniciativa Pro Arte Popular, teléfono 274-5154,
y es vendido en las tiendas Nanche, El Árbol
de Dios e Índigo, entre otros lugares.
Gregorio Bello-Suazo Cóbar es director
del Instituto de Estudios Históricos, Antropológicos
y Arqueológicos de la Universidad de El Salvador.
Para la realización de la investigación
de Gregorio Bello-Suazo Cóbar, la Asociación
Iniciativa Pro Arte Popular contó con el apoyo
la Agencia de Canadiense de Desarrollo Internacional
en El Salvador, el Instituto de Estudios Históricos,
Antropológicos y Arqueológicos de la
Universidad de El Salvador, el empresario Luis Ivandic,
Rosales Amplifoto, que otorgó el material fotográfico
para la realización de las fotos por parte
de Federico Trujillo, así como la participación
de los artesanos ilobasquenses, entre otras personas
e instituciones.
En la actualidad, algunos alfareros realizan
miniaturas por encargo que son exportardas a las islas
del Caribe, donde son venden como recuerdos a los
turistas.
A finales de los años ochenta, la
alfarera Marta Daysu Barahona, quien trabajaba el
muñeco tradicional, desarrolló la variante
de las sorpresas, que se ha denominado procesos,
los que cuentan una historia por medio de escenas
secuenciales en una serie de cuatro o seis sorpresas,
con temas sobre el amor, la producción de las
tortillas y los emigrantes.
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| Arqueólogo
Gregorio Bello-Suazo Cóbar. |
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