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Edición:
28 de diciembre de 2003

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Hacer
ejericio en bicicleta ayuda mucho a mejorar la circulación
de las venas de las piernas, lo que evita la aparición
de várices.
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¿Quién
no ha visto alguna vez la imagen de Marilyn Monroe intentando
aplacar su falda blanca arremolinada por el aire de las rejillas
del metro?
Esta escena, convertida en un hito del cine, no habría
resultado tan efectiva de no contar la explosiva rubia con
unas piernas prodigiosas.
Además de resultar sumamente funcional, esta parte
del cuerpo resulta hasta hoy en día una de las más
veneradas en términos de belleza femenina, pero también
una fuente de problemas para muchas personas.
Cuando se habla de la estética y la salud de las piernas,
la afección más común son las várices.
Se trata de dilataciones anormales y permanentes de las venas,
que por lo general suelen aparecer en la parte inferior de
las piernas, afeando su aspecto.
Si bien no se trata de una afección solo de las mujeres
la padecen aproximadamente una de cada diez personas,
son quienes más se preocupan al respecto por una cuestión
de estética. Estas son además el doble de propensas
a sufrir este problema debido sobre todo a los efectos del
embarazo.
Pueden causar úlceras
La aparición de las várices se relaciona con
el funcionamiento del sistema circulatorio. El corazón
bombea sangre a los pulmones, la cual es distribuida al resto
del cuerpo a través de las arterias, y cuando ésta
regresa al corazón lo hace a través de las venas.
Las várices aparecen cuando las venas carecen de la
fuerza suficiente para empujar la sangre con sus válvulas
hacia el corazón en forma eficaz, produciendo una aglomeración
en los vasos sanguíneos y haciendo que éstos
se dilaten.
Las varices tienden a agrandarse con el tiempo, y pueden llegar
a ser causa de edemas en las piernas y úlceras varicosas,
que a menudo son precedidos de pigmentación parda de
la piel. Con frecuencia duelen, hacen sentir las piernas cansadas
y en ocasiones provocan picazón en la parte inferior
de la pierna y tobillo.
Cómo combatirlas
Los tratamientos para combatirlas se dirigen principalmente
a aliviar estos síntomas, mejorar su aspecto y prevenir
complicaciones posteriores.
Los especialistas recomiendan la utilización de cremas
y geles, muchos de ellos con propiedades refrescantes, que
favorecen la circulación sanguínea al mismo
tiempo que aumentan la tonicidad y favorecen el descanso.
Deben aplicarse con masajes circulares empezando por el tobillo
y continuando siempre hacia arriba.
Otro método paliativo muy efectivo es el uso de medias
elásticas de compresión, tanto para evitar la
formación de várices como para su posterior
recuperación. Las medias ejercen una presión
gradual desde el tobillo hacia arriba, hacen descansar las
piernas y agilizan la circulación favoreciendo el flujo
venoso y el drenaje linfático, combatiendo la hinchazón
y la fatiga.
Sin embargo, como en casi todo lo relacionado con la salud,
un factor clave es una dieta equilibrada. Esta debe ser rica
en fibras y en frutas, las cuales contienen flavonoides, compuestos
nutrientes que se cree ejercen una acción
vasoconstrictora. También se recomienda el consumo
de cítricos, ricos en vitamina C, que interviene en
la síntesis de colágeno y elastina para reparar
las paredes venosas.
Del mismo modo se aconseja reducir el consumo de sal, que
puede provocar hinchazón en las piernas, e ingerir
alimentos ricos en potasio, ya que ayudan a eliminar la retención
de fluidos.
Mantenerse en un peso adecuado beneficia asimismo el aspecto
de las piernas, incluyendo las várices.
Otro pilar de la salud, la actividad física, también
es fundamental para combatir este problema, en particular
las caminatas prolongadas, la bicicleta y la natación.
El sedentarismo, así como estar de pie sin moverse
durante largos períodos, favorecen la aparición
de venas varicosas. Si no puede evitarse, flexionar las piernas
y los tobillos frecuentemente, levantarse y andar de a ratos
puede ayudar a paliar este problema.
En casos avanzados, esta afección también se
trata con medicación oral por lo general a base
de hamamelis, castaño de Indias o rucus o intervención
quirúrgica.
En esta última se practica la escisión de la
vena más grande y de sus tributarias o colaterales,
y por lo general se complementa con la esclerosis de várices,
una técnica que consiste en inyectar directamente en
cada vénula superficial varicosa una sustancia química
que produce una inflamación a la que le sigue la cicatrización
de la misma. Si se realiza en forma correcta, según
los especialistas es casi indolora y exenta de complicaciones,
con efectos positivos a largo plazo en los pacientes apropiados.
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