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Edición:
28 de septiembre de 2003
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| EDICIÓN
ESPECIAL |
EL
PUENTE |
TRÁFICO
DE SUEÑOS
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Beatriz
Gómez es una colombiana que cruzó cuatro países
hasta llegar a El Salvador donde fue detenida. Si bien su
destino era Estados Unidos, ahora dice que de aquí
nadie la saca.
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No le
gusta el calor salvadoreño, tampoco la comida, pero
aun así quiere quedarse. Sus dos hijos, David y Felipe,
de seis y cinco años, también apoyan esa idea.
Cuando la conocimos permanecía en un reducido espacio
de una de las oficinas en la División de Fronteras
de la PNC. Ahí junto a sus dos traviesos hijos esperaba
la asistencia legal que les ayudaría a quedarse a vivir
en El Salvador como refugiada.
Me han dicho que puedo quedarme. Yo ya no quiero regresar
a Colombia. Si no puedo irme a Estados Unidos, yo aquí
me quiero quedar, dice.
Y es que salió de Medellín porque no soportaba
la inseguridad que vivía. No quiere regresar a un lugar
donde para vivir tranquila tenía que pagar una cuota
mensual de 20,000 pesos (unos siete dólares) a grupos
guerilleros de la zona.
Al menos 1,144 colombianos como ella abandonan su hogarpor
día buscando proteger sus vidas, según la Consultoría
para los Derechos Humanos y el Desplazamiento.Unos 33,400
colombianos han solicitado asilo en Estados Unidos.
Una peligrosa travesía
Estados Unidos era precisamente el destino final de Beatriz
y de sus dos hijos. La fecha de salida se fijó para
el cuatro de julio en el vuelo de las ocho y cuarto, procedente
de Bogotá.
El destino inicial: Panamá, desde donde debían
atravesar toda Centroamérica y México hasta
llegar a Florida.
Juan Carlos Arrellano, un coyote colombiano con residencia
mexicana, prometió a Beatriz y a sus dos pequeños
hijos que en menos de tres semanas ya estarían en suelo
estadounidense.
Llegaron a Panamá en un vuelo comercial y se hicieron
pasar como turistas. Mil novecientos dólares era todo
el dinero que portaba Beatriz. Con ellos en la mano consiguió
visa de turista para entrar a Panamá.
El destino siguiente era Costa Rica. Para llegar ahí
acudieron a una agencia de viajes, donde les facilitaron boletos
aéreos falsos que sirvieron para obtener visas turísticas
costarricenses.
Pasaron hacia Costa Rica y comenzaron los problemas. El coyote
los encerró en una casa, cuyos dueños, según
Beatriz, eran un policía y una empleada de una agencia
de seguridad.
Era un lugar horrible, todo sucio. Ropa por todos lados
y humedad. Mis niños y yo dormíamos en una camita
a la entrada de la puerta. Me dijeron que estábamos
esperando un contacto para salir a Nicaragua, explica.
El contacto llegó luego de diez días de espera.
Se trataba de José Alfredo Rodríguez, alias
el Arrugado, un coyote guatemalteco que prometió
pasarlos hasta Guatemala, no sin antes exigir 400 dólares
más a Beatriz.
Pasaron la frontera por un punto ciego, sorteando accidentados
y pantanosos caminos; sólo una vez fueron interceptados
por unos policías nicaragüenses que los dejaron
en libertad luego de recibir un reloj y un teléfono
celular a cambio.
En la frontera hondureña fueron también detenidos
por policías migratorios, pero el coyote ya había
previsto eso y obligó a Beatriz a colocarse una gasa
en la boca y simular que estaba enferma y no podía
hablar.
Así pisaron suelo hondureño. El destino siguiente:
nuestro país, donde luego de verificar que no portaban
documentos los detuvieron junto al coyote que los acompañaba.
Ahora mientras el Arrugado está siendo
procesado por el delito de tráfico de indocumentados,
Beatriz y sus hijos mantienen la esperanza de conseguir refugio
y esperar desde aquí reunirse un día con su
esposo por la vía legal.
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2230 colombianos han solicitado
asilo en Europa; otros 1,456 lo han solicitado en Costa
Rica; unos 105,000 lo han hecho en diferentes partes
de Sudamérica.
1.1 millones de colombianos
han abandonado el país desde 1996. La migración
obedece sobre todo a la inseguridad y a la violencia
de ese país.
50 millones de personas
viven como refugiados en todo el mundo; un 75 a 80 por
ciento de ellos mujeres y niños que intentan
abrirse paso en un país que no les pertenece.
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| Fuentes:
Comité de Estados Unidos para los Refugiados (USCR)
y Colectivo de Refugiados Colombianos en El Salvador. |
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