Edición: 28 de septiembre de 2003


EDICIÓN ESPECIAL TESTIMONIO
TRÁFICO DE MUJERES

En Tecún Uman funcionan 10 cárteles de droga, Según la División Antinarcoticos de Guatemala

Angie es una salvadoreña de 26 años que fue llevada con engaños a Guatemala. Durante un año estuvo sumida en un mundo de drogas y explotación. Hace dos meses escapó. Esta es su historia.

“Angie” es madre de cuatro hijos, tres de los cuales viven en El Salvador y el último, de sólo cuatro meses, nació sano, pese a que su madre se prostituyó y se mantuvo drogada durante todo el embarazo.

“Yo vivía en San Salvador con mi mamá y mis tres hijos de ocho, seis y cuatro años. Mi esposo nos abandonó, pero con una tiendita que había puesto en la casa la íbamos pasando.

En esos días comecé una relación con un guatemalteco que llegaba al negocio y salí embarazada. Era otra boca que alimentar y yo estaba preocupada. Mi vecina se dio cuenta y me dijo que aquí en Guatemala podía trabajar en un restaurante y ganar más dinero y decidí venirme.

Todo era mentira. Me trajo a un bar en la capital. Creo que la dueña le dio dinero cuando me entregó; no estoy segura. Ahí vi menores de 15 años a quienes golpeaban y hasta amenazaban con matarlas si hablaban. Me dio mucho miedo...

Desde el primer día me obligaron a tomar y al segundo, ya querían que tuviera sexo... Me sentía sucia y lloraba. Al principio la dueña me golpeaba con un cincho o mandaba a la seguridad de ella a que me golpearan porque yo luchaba por no tener relaciones.

Entonces comenzó a encerrarme en un sótano hasta por tres días sin darme ni comida ni agua; sólo cocaína me daba. Así fue como me hice adicta.

La dueña me la daba porque decía que sólo así podía hacer variedad (bailar) y atender a los clientes. Nunca había probado droga, así que me puse bien mal y lo
peor es que ya tenía tres meses de embarazo.

No sólo probé la coca, sino también el ‘crack’ y una vez un trailero a la fuerza me inyectó heroína. Hacía mucho dinero ‘ocupándome’: 500 dólares por mes, $200 los mandaba a mis hijos en El Salvador y con el resto compraba coca. Ya ni siquiera comía...

Un día apareció el papá de mi último hijo y me llevó a su casa aquí cerca de Tecún. Creí que me estaba rescatando, pero me equivoqué. Comenzó a golpearme y a decirme que yo era una basura y que no valía nada. Por eso huí...
Me fui a Panajachel a trabajar allá... Ahí llega mucho americano e italiano y pagan bien; tenía relaciones con ellos y me regalaban droga.

Casi siempre pedía que usaran condón, pero creo que un día tomé mucho y se me olvidó. Me ‘ocupé’ hasta los ocho meses de embarazo. A los clientes así les gustaba, no sé por qué. Llámenme a la panzoncita, decían...

El último mes trabajé aquí en Tecún. Sólo me dediqué a servir en las mesas; encontré una amiga guatemalteca que me llevó a su casa cuando nació mi niño. También de ahí me fui porque necesitaba drogarme.

Me pasé el río Suchiate hacia Ciudad Hidalgo, México, subida en los tubos. Nadie me pidió ni mis documentos. En ese bar me ‘ocupaba’ hasta 10 veces por día. Ahí, al igual que en Tecún, vi mujeres y chavalitas de toda Centroamérica.
Decidí salirme y regresarme a Tecún, porque la señora me maltrataba y me robaba. Al irme me quitó mi ropa y lo poquito que había ahorrado...

Llegué aquí a la Casa de la Mujer y pasé los primeros 22 días descontrolada por la droga, comiéndome las uñas, tronándome los dedos y llorando.

Ahora ya llevó dos meses sin probarla. Pienso aprender a coser, regresar a mi casa y ver a mis hijos. Ya no quiero regresar al infierno de los bares; ya no quiero que nadie abuse de mí, ya no quiero drogas, ya no más...”.

50 mil consumidores de droga hay en Tecún Umán.
2000 niñas son explotadas en burdeles guatemaltecos, según la policía.
45 mil mujeres y niñas son traficadas para explotación al año en el mundo (ONU).


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