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Edición:
28 de septiembre de 2003
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| EDICIÓN
ESPECIAL |
EL
CALVARIO |
TRÁFICO
DE MUJERES
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| 45
mil personas son objetos de tráfico hacia
EE. UU. por año segun el Departamento de
Estado |
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Mil
ciento cuarenta y tres salvadoreñas han sido deportadas
de México en lo que va del 2003, según el Instituto
Mexicano de Migración. Todas ellas vivieron un calvario
al intentar llegar del sur de México a Estados Unidos;
ninguna llegó ni a la mitad del camino.
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| La
Organización Internacional de las Migraciones estima
que 150 millones de personas emigraron en el mundo en
el 2000; 47.5% de ellos, mujeres. |
Es un
martes cualquiera en Ciudad Hidalgo, México. El calor
es sofocante, arriba de los 41 grados centígrados,
y el sol inclemente, la camioneta naranja de Beta Sur un
grupo que ayuda a inmigrantes indocumentados en la zona
recorre una accidentada calle hasta llegar a la línea
férrea.
Este es el punto de partida de millares de centroamericanos
que pretenden llegar a Estados Unidos.
El lugar parece desierto; minutos después emergen de
entre los matorrales y los viejos vagones color ocre, hombres
y mujeres que con pasos débiles y cansados se acercan
en busca de agua y de comida. No hay. Lo único que
tienen los oficiales de Beta para ofrecerles son panfletos
que hablan de sus derechos.
No tomen el tren si va veloz, se van a caer y ahí
nomás van a quedar, les advierte uno de los dos
oficiales, pero a estos hombres y mujeres de piel curtida
y cabellos enredados eso no parece importarles. Lo único
que quieren es que el tren pase para continuar el viaje.
Entre ellos hay pocas mujeres que se animan a seguir esta
vía. La mayoría de quienes emigran prefiere
viajar escondidas en autobuses o caminar por entre cerros
durante varias semanas.
Sin embargo, Rosemary y Érika, de origen guatemalteco,
y Guadalupe y Ana, de Honduras, sí van a intentarlo.
Saben que es peligroso, lo han escuchado de la voz de sus
compañeros de viaje, pero las ganas que tienen de llegar
al norte las llena de valor.
Tienen 18, 19 y 22 años, visten pantalones de lona
gastados y sucios; en una pequeña mochila guardan una
mudada extra que aún no se atreven a usar. Sentadas
a la orilla de los rieles esperan pacientes la llegada del
ferrocarril.
Quieren irse. En sus países no hay trabajo y sí
mucha hambre; dos de ellas tienen hijos y una es madre soltera.
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Sólo
Guadalupe y Ana han logrado bañarse en un bar cercano.
El oficial de Migración nos explicaría más
tarde que quizá ellas se han estado prostituyendo para
poder comer y tomar un baño.
No lo sabemos. Lo cierto es que muchas se ven obligadas a
hacerlo para sobrevivir, luego de que son violadas y asaltadas
por miembros de maras que operan en la zona. El Consulado
salvadoreño calcula que unos 15 compatriotas e igual
número de hondureños y guatemaltecos participan
de estos grupos.
Por eso, ellas no se separan de sus compañeros de viaje,
todos centroamericanos, que intentan protegerlas. A
ellas las agarran primero porque quieren violarlas. Nosotros
las cuidamos y cuando nos echamos a correr tratamos de que
ellas vayan primero, cuenta José Quintanilla,
un pescador usuluteco que lleva tres días de recorrido
y que dejó en Jiquilisco a su esposa y a sus hijos.
También están atentos a que cuando haya detenciones
no sean separadas del grupo porque sospechan que algunos policías
podrían abusarlas sexualmente.
Karen, otra hondureña de 20 años, es el claro
ejemplo de esto. Asegura que fue detenida por dos policías
municipales de Tapachula que intentaron abusar de ella.
Me separaron del grupo y me llevaron al monte. Quitáte
la ropa, me dijeron, y yo comencé a gritar como una
loca para que oyeran y ya no me hicieron nada, cuenta
esta joven, todavía angustiada.
Karen es madre de un niño de tres años que dejó
al cuidado de su madre en Honduras. Ella está decidida
a llegar pese a los riesgos que que ya vivió en carne
propia.
Aunque no hay cifras oficiales, la hermana Angélica,
directora de la Casa de la Mujer, en Tecún Umán
que ayuda a las víctimas de explotación
sexual en la zona, ha conocido en dos años al
menos 20 casos de mujeres migrantes que fueron violadas en
su intento por llegar al Norte, principalmente por pandilleros.
Las más vulnerables
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| Karen
y dos indocumentados más ya fuerón deportadas
en uma ocación a unos pasos de territoris estadounidenses.
No importa. ellos aseguran que seguiran intentandolo |
Su condicion
de mujeres las hace todavía mas vulnerables a sufrir
otras complicaciones durante el viaje, como abortos o desnutrición.
Muchas viajan embarazadas o vienen con problemas de
abortos incompletos. Algunas viajan hasta con ocho meses de
embarazo y tienen la firme idea de que su hijo vaya a nacer
allá y por eso viajan así, dice la doctora
Sahara Rodríguez, de la estación mexicana de
Migración en Tapachula.
Otro de los problemas que enfrentan es que son presas fáciles
para la explotación sexual, tanto en Tecún Umán
como en Ciudad Hidalgo, porque ya sea por hambre, por necesidad
o en su desesperación para reunir dinero y continuar,
muchas terminan prostituyéndose.
Muchos coyotes también a cambio de llevarlas
hasta Estados Unidos las obligan a tener relaciones sexuales
con ellos, o les roban sus documentos y su dinero y las obligan
a prostituirse para recuperarlos o para pagar sus alimentos,
dice el padre Ademar Barilli, director de la Casa del Migrante,
que opera en la zona.
El calvario de todas ellas inicia apenas en la frontera sur.
Salir de ahí es para muchas jugarse la vida; sin embargo,
si lo logran empiezan una nueva travesía que de la
capital mexicana las conduzca a la frontera norte, donde la
historia de agresiones, golpes y abusos es todavía
más dramática.
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Trescientos setenta denuncias de violaciones a los derechos
humanos que tienen que ver con detenciones arbitrarias,
trato cruel, golpes y lesiones a indocumentados mexicanos
y centroamericanos reporta la Comisión Estatal
de Derechos Humanos de Tapachula.
Quinientas cincuenta denuncias del mismo
tipo reporta la Casa del Migrante en lo que va del 2003.
Quince personas fallecidas reporta el Consulado
salvadoreño en Tapachula en el 2003, cinco debido
a violencia, cinco más al caer del tren en marcha
y el resto por causas no determinadas.
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6000 mujeres centroamericanas
abandonan sus países cada año en busca del
sueño americano.
3180 mujeres guatemaltecas, 1704 hondureñas
y 75 nicaragüenses han sido deportadas de la frontera
sur en lo que va del 2003.
200 salvadoreños intentan
viajar a diario a los Estados Unidos por la frontera sur,
según el Consulado salvadoreño en Tapachula.
65% de hombres y mujeres
que pasan por Ciudad Hidalgo y Tapachula rumbo al Norte
tiene entre 16 y 25 años. |
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