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Edición:
26 de octubre de 2003


Especialistas se integran
para mitigar los daños de la actividad telúrica
en la región, que se origina en la zona de subducción
Cocos-Caribe, en el fondo
del océano Pacífico.
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| Las
zonas pobres son más vulnerables a los devastadores
efectos de los sismos. |
Especialistas
en sismología en América Central realizan investigaciones
conjuntas y cooperan en programas de prevención de
terremotos, que han causado miles de muertes y millonarias
pérdidas materiales en la región durante las
últimas décadas.
La integración de los expertos tomó un nuevo
impulso con la firma este año de un convenio entre
el Centro Sismológico de América Central (CSAC),
creado en 1998 y con sede en Costa Rica, y la fundación
independiente noruega Norsar, que opera algunos de los observatorios
sismológicos más grandes del mundo.
Estamos consolidando nuestro trabajo regional. El convenio
con Norsar nos permitirá fortalecer la investigación
y la capacitación, enfocadas sobre todo a estudiar
mejor las zonas de mayor vulnerabilidad ante los sismos,
dijo a Tierramérica Mario Fernández, director
del CSAS.
Debido a la imposibilidad de predecir los terremotos
es necesario estar preparados en todo momento y la integración
centroamericana en este ámbito se está convirtiendo
en un ejemplo continental, destacó.
Los expertos comenzaron hace un par de décadas el registro
histórico de los terremotos en la región y,
luego, a intercambiar esa información y a cooperar
para mitigar daños.
El CSAS colabora estrechamente con el Centro de Coordinación
para la Prevención de Desastres Naturales en América
Central, creado en 1991, con apoyo del gobierno noruego.
La inversión paga. El mejor monitoreo sísmico
permite la mejor prevención y mitigación
de los daños causados por terremotos, dijo a Tierramérica
Alejandro Maldonado, presidente del Centro.
La labor del Centro ha fortalecido las redes regionales de
supervisión de actividad sísmica, así
como la capacitación en la materia, mediante becas
de postgrado para expertos centroamericanos, explicó
Juan Pablo Ligorría, subsecretario de la Coordinadora
Nacional para la Reducción de Desastres Naturales de
Guatemala.
América Central sufrió sismos devastadores en
el siglo XX, como los de 1910 y 1989 en Costa Rica, el de
1972 en Managua, el de 1976 en Guatemala y el de 1986 en El
Salvador, castigado en 2001 por otros dos en un mes.
Esos destructivos fenómenos naturales han ocurrido
en el eje montañoso que cruza la región, y sobre
las costas del Pacífico,
cercanas a grandes centros urbanos.
La distribución de la actividad sísmica es altamente
influenciada por la zona de subducción (deslizamiento
del borde de una placa de la corteza terrestre por debajo
del borde de otra) Cocos-Caribe, en el fondo del océano
Pacífico, cuya distancia de la línea costera
varía de 30 a 100 kilómetros.
Dicha zona libera 93 por ciento de la energía sísmica
presente en América Central, apuntó Fernández.
También incide el sistema de fallas Polochic-Motagua-Chamalecón,
ubicado cerca de la frontera entre Guatemala y Honduras, donde
limitan las placas Caribe y Norteamérica (la segunda
incluye toda América del Norte), y la denominada Zona
de Fractura de Panamá, ubicada en el Pacífico,
al sur de la frontera entre Costa Rica y Panamá, donde
se rozan horizontalmente las placas Cocos y Nazca.
Además, en los últimos años se ha observado
un importante nivel de actividad sísmica a lo largo
de la llamada falla Escape de
Hess, al este del Caribe nicaragüense.
Lo principal es conocer la recurrencia y la ubicación
de las fuentes sísmicas, cada cuánto se da la
liberación de energía y la respuesta del terreno
a las ondas telúricas, indicó Maldonado.
La sustitución de equipos analógicos por digitales
ha marcado un avance en la región, y los futuros proyectos
deben centrarse en investigación, comunicación
y trabajos en el área de modelo de corteza terrestre,
opinó Griselda Marroquín, del Servicio Nacional
de Estudios Territoriales de El Salvador.
Nicaragua, por su parte, propuso crear un centro regional
de alerta ante maremotos, con capacidad técnica y científica
para localizar sismos que los puedan originar, en no más
de 10 ó 15 minutos, según el director del Instituto
Nicaragüense de Estudios Territoriales, Claudio Gutiérrez.
Nicaragua tiene mucha experiencia en el sostenimiento
de redes sismológicas, mientras Honduras no tiene
red, pero Guatemala es el único país del área
con un aparato para medir los niveles de gases volcánicos,
apuntó.
Especialistas de la región también comparten,
a partir de un programa guatemalteco, experiencias de ordenamiento
territorial y normas de construcción, entre ellas las
vinculadas con calidad de materiales y capacitación,
tanto de la mano de obra como de los funcionarios que autorizan
las edificaciones.
Con
aportes de Pilar Franco (México), Lidia Hunter (Nicaragua)
y Sandra Rodríguez (El Salvador).
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