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Edición:
26 de octubre de 2003

París
es la ciudad de la luz, del romanticismo, de la moda, de monumentos
simbólicos,
de los más importantes movimientos artísticos
y culturales, y espectaculares jardines
que cautivan a cada paso.
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París
nos seduce con sus impresionantes monumentos, catedrales,
avenidas y parques donde se respira ese romanticismo y encanto
que caracteriza a esta hermosa capital francesa.
Son muchas las maravillas que encierra esta ciudad. Cinco
días no me bastaron para conocerla a plenitud, pero
sí para recorrer los sitios más importantes,
gracias a que mis hermanos, Magdalena, Margarita y Juan, que
viven allí, me guiaron durante el paseo.
Cuando llegué, el clima estaba fresco y el entorno
un poco nublado, ideal para caminar por las grandes avenidas
y los elevados edificios grises que componen la ciudad; sin
embargo, mi deseo en ese momento era conocer el símbolo
distintivo de París: la Torre Eiffel, construida por
el ingeniero Gustavo Eiffel para la Exposición Universal
de 1889.
Estar frente a esa gran estructura metálica de 320
metros de altura no es tan impresionante como subir hasta
su tercera planta, donde hay restaurantes y bares desde los
que se puede contemplar la inmensidad de París. Los
puntos más visibles son: en un extremo, los jardines
del Trocadero y, por el otro, el Campo de Marte, ambos adornados
por lagos, estatuas de doncellas que decoran las fuentes y
chorros de agua que se elevan por los aires como queriendo
alcanzar la torre.
Paseo por el Sena
Un paseo
en barco es la mejor forma de apreciar todo el entorno en
un solo día. Este recorrido nos permite conocer, al
mismo tiempo, las dos partes en las que el río separa
a esta capital francesa: la Rive Droite (orilla derecha) y
la Rive Gauche (orilla izquierda).
Durante el viaje pasamos por el Pont-Neuf o Puente Nuevo (paradójicamente
el más antiguo de la ciudad), la Conciergerie (antigua
prisión de la ciudad), la iglesia Sainte-Chapelle,
hasta desembarcar en la mayor de las islas del Sena: La Cité,
donde surgió el primer núcleo civil y religioso
de París.
En las orillas de la isla se encuentra la imponente catedral
de Notre Dame, construida desde 1163 hasta 1345, que nos deslumbra
con sus amplios y coloridos ventanales por donde se filtran
los rayos del sol que iluminan el interior.
De igual forma son dignas de contemplación las capillas,
ricas en obras de arte.
Sin darnos cuenta empezó a oscurecer, así que
caminamos por las avenidas a la orilla del río Sena
(especiales para paseos románticos). Aquí disfrutamos
de maravillosas vistas de la ciudad a la luz de la luna.
El gran Louvre
El segundo día, con mi hermana Margarita visitamos
el Museo de Louvre, donde están las obras más
ricas del mundo. Algunas pertenecieron a la colección
que tenían los reyes de Francia, otras son nuevas adquisiciones
o producto de generosas donaciones.
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| La
Gioconda se encuentra en el pabellón Denon del
Museo del Louvre. |
Cuando
se llega al Louvre, lo primero que salta a la vista es el
Arco del Triunfo del Carrousel, erigido para celebrar las
victorias de Napoleón. En medio se observa, a lo lejos,
la gran pirámide transparente que sirve de entrada
subterránea al gran museo.
Tan pronto ingresamos al interior del Louvre, con mapa en
mano nos dirigimos hacia las pinturas italianas, porque mi
deseo era ver el cuadro de la Gioconda o Mona Lisa de Leonardo
da Vinci.
Esta pintura es pequeña, pero es tal su fama que miles
de turistas lo visitan cada día, por lo que es la única
sala del museo en la que se hace fila para entrar.
Después de apreciar esta muestra recorrimos rápido
las colecciones francesas, españolas, holandesas y
alemanas hasta detenernos en las antigüedades egipcias,
donde están los sarcófagos de los faraones y
los artículos pertenecientes a éstos, que al
instante nos trasladaron al Egipto antiguo.
Otro de los tesoros que vale la pena ver son las joyas de
la corona, los aposentos de Napoleón III; las antigüedades
orientales, del Islam, romanas y griegas. En esta última
destaca la conocida estatua Venus de Milo, considerada como
el prototipo de la belleza femenina griega.
Hacia el Arco del Triunfo
Al salir del Louvre partimos hacia el Arco del Triunfo. Para
ello caminamos por el Jardín de las Tullerías,
cuyas flores adornadas de esculturas invitan al descanso.
A pocos pasos de allí está la Plaza de la Concordia.
En el centro encontramos el obelisco egipcio de 23 metros
de alto, procedente del templo de Luxor.
Al dejar atrás el obelisco, en donde estuvo hace años
la guillotina en la que murió María Antonieta,
pasamos por los Campos Elíseos, avenida rodeada de
árboles en cuyas aceras hay lujosos restaurantes, teatros,
cines y cafés.
Ahí la noche es espectacular. La avenida siempre está
iluminada por los focos de los miles de carros que la transitan
hasta perderse en el Arco del Triunfo.
Este monumento construido por orden de Napoleón en
honor a la Grande Armada es el sitio ideal para apreciar a
la ciudad de la luz en todo su esplendor y vivir
una noche con mucha alegría entre turistas y parisinos.
Por el corazón de Montmartre
El tercer día lo comenzamos en la iglesia del Sacre-Coeur
o Sagrado Corazón, que se eleva sobre la cumbre de
la colina de Montmartre. Esta privilegiada ubicación
hace que sus blancas cúpulas se observen desde cualquier
sitio de la ciudad.
Una imponente escalinata adornada con una verde pradera y
flores conducen hasta la fachada blanca de este templo.
Al entrar en esta hermosa iglesia, con aires romanos y bizantinos,
se puede bajar a la cripta o ascender a la enorme cúpula.
En esta última se divisa un magnífico escenario
de París.
De la iglesia Sacre Coeur caminamos hacia el corazón
de Montmartre: la plaza Du Tertre, siempre repleta de pintores
que exhiben al aire libre sus cuadros o hacen retratos a los
cientos de turistas que llegan a disfrutar de este ambiente
artístico.
Los que les gusta la diversión nocturna van a La Place
Blanche, al pie de la colina, donde está el Moulin
Rouge desde 1889, en cuyo escenario surgió el can can.
Este sitio cobra vida en las noches cuando las luces rojas
del local se encienden e iluminan al resto de discotecas o
restaurantes que están a su lado.
Oasis lleno de paz
Cansados del bullicio de la gente, del ruido del tráfico,
de las largas caminatas, el cuarto día decidimos dar
un paseo relajante, por lo que fuimos a los jardines del Palacio
de Luxemburgo, un rincón mágico de verdes bosquecillos,
hermosas fuentes y lagos, donde el tiempo parece no avanzar.
Este oasis lleno de tranquilidad roba encanto al palacio que
antaño fue residencia de María de los Médicis.
Tan pronto nos alejamos de los jardines y nos acercamos al
Barrio Latino, el silencio se interrumpe con el correr de
los autos y el bullicio de los estudiantes que nos indican
que cerca está la Universidad de la Sorbona.
Este barrio habitado desde la Edad Media, en su mayoría
por estudiantes, siempre pasa animado. Fue ese ambiente juvenil
lo que nos hizo parar un rato en uno de los restaurantes y
degustar unos bocadillos parisinos.
Saboreamos una assiette anglaise, que es carne
fría y jamón, y un croque monsieur,
emparedado de jamón y queso gratinado, y como postre
un delicioso pan au chocolat, pan relleno de chocolate.
Después de endulzarnos el día visitamos la iglesia
más antigua de París: la Saint-Germain-Des-Prés,
edificada en los siglos XI y XII, en el barrio que lleva su
mismo nombre.
Para terminar el día, último de mi estancia
en París, lo disfrutamos donde comenzamos el recorrido,
en la Torre Eiffel, contemplando desde lo alto de la Plaza
del Trocadero una fascinante vista nocturna de la Torre con
la ciudad de fondo.
| Un
recorrido entre imponentes templos y bellos jardines |
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La
iglesia del Sagrado Corazón, construida en 1876
en la cumbre de la colina de Montmartre, tiene en su
pórtico dos estatuas ecuestres: la de Juana de
Arco y el rey Luis el Santo. Miles de turistas visitan
este templo para contemplar una de las más hermosas
vistas de París.

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Vista
panorámica desde la Torre Eiffel del Campo de
Marte, sede de numerosas exposiciones universales. Al
final se ve la Escuela Militar, lugar en el que Napoleón
Bonaparte obtuvo en 1785 el grado de subteniente de
segunda en artillería.

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En
la orilla del Sena se contempla el lado derecho de la
iglesia Notre Dame, cuya infraestructura ha sufrido
modificaciones debido a los daños que le ocasionaron
las guerras y el tiempo. En el sagrario se han descubierto
restos de casas que datan de hace 2000 años.

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