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Edición:
24 de agosto de 2003


Según ecologistas
del departamento hondureño de Olancho, se trata de
un montaje
para debilitarlos y atemorizar a la población.
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| La
mitad de los bosques del departamento de Olancho, en Honduras,
ha sido depredada por los madereros. |
Un mes
después de su aparición en Honduras, el misterio
sigue envolviendo a una presunta guerrilla en defensa de los
bosques del nororiental departamento de Olancho, calificada
por ecologistas como un intento de desacreditar su lucha.
El sacerdote católico Andrés Tamayo aseguró
a Tierramérica que el Movimiento Ambientalista de Olancho
(MAO), que lidera, no tiene vinculación alguna
con la banda irregular, que calificó de montaje.
El 28 de julio, la prensa hondureña publicó
una entrevista a un encapuchado comandante Pepe,
quien dijo representar a defensores del ambiente decididos
a pasar a la acción, cansados de esperar
las respuestas del gobierno.
El entrevistado se refería a la hasta ahora infructuosa
campaña pacífica de campesinos y ecologistas
contra la tala de árboles que está acabando
con los bosques de Olancho.
Con un fusil AK-47 en sus manos, el portavoz de la denominada
ecoguerrilla que en esta primera etapa optó
por el silencio total, en todos los sentidos afirmó
que los olanchanos somos un solo grupo (...), un solo
bloque.
Quieren desacreditarnos; grupos poderosos están
detrás de esto y los vamos a identificar para denunciarlos.
Nosotros no somos portadores de muerte ni de violencia. Luchamos
por la vida, que comienza por asegurar los recursos naturales
en Olancho, replicó Tamayo.
Ese grupo aparece como una estrategia para culparnos
de cualquier brote violento, agregó.
El religioso salvadoreño encabezó entre el 20
y el 26 de junio una marcha pacífica de miles de olanchanos
hasta Tegucigalpa, que no pudo lograr una veda gubernamental
a la tala de bosques.
Según los manifestantes, rastras cargadas de madera
siguen transitando desde Olancho a los aserraderos del país,
mientras la sobreexplotación de los recursos forestales
deviene en escasez de agua potable, por el agotamiento de
las cuencas hidrográficas.
Al menos la mitad de 2,5 millones de hectáreas boscosas
de Olancho fue depredada, señalan cifras oficiales.
Honduras cuenta con 11 millones de hectáreas de bosques.
Para la analista y catedrática de la Universidad Nacional
Autónoma de Honduras Julieta Castellanos, la existencia
de una guerrilla en Olancho resulta difícil de creer.
Da la impresión de que se busca confundir, deslegitimar
al movimiento del padre Tamayo y generar temor en la zona
para que se desista de la lucha por defender los bosques,
agregó.
Peor aún, la aparición de este grupo podría
sembrar condiciones para mayor violencia y acciones represivas
en un futuro inmediato.
La organización irregular surgió días
después de que desconocidos asesinaron al promotor
social de la Iglesia Católica olanchana Carlos Reyes.
Y una de las primeras reacciones tras la aparición
de este grupo fue la decisión de la Diócesis
Católica de Olancho de retirar, por tiempo indefinido,
su programa pastoral social.
Mientras prosigan persecución y confusión,
marcadas con saldos de muertos, listas de sentenciados y hostigamiento,
no expondremos la vida de nuestros promotores y feligreses,
dijo a Tierramérica el obispo de Olancho, Mauro Muldoon.
La Iglesia rechaza que integrantes del MAO estén armados
y representen una amenaza para los madereros.
A juicio de la activista del Comité de Familiares Detenidos
Desaparecidos en Honduras Bertha Oliva, las noticias sobre
una ecoguerrilla buscan justificar una intervención
militar total en el departamento de Olancho y generar
a partir de actos de violencia, mayor represión en
la zona.
Este nuevo capítulo de Olancho pone al gobierno de
Ricardo Maduro en un aprieto, pues ahora no sólo debe
garantizar seguridad en la región sino controlar a
grupos que lo están desafiando desde el poder
para evitar cualquier intención de apoyo en favor de
los bosques, arguyó.
Julieta Castellanos comparte la opinión de que la presencia
de un grupo armado envía un mensaje desafiante al gobierno:
Nosotros también estamos aquí.
Las autoridades reforzaron la vigilancia de zonas conflictivas
de Olancho y lograron decomisar 186 mil pies tablares (unos
432 metros cúbicos) de madera cortada ilegalmente,
una docena de vehículos, motosierras y armas AK-47.
La resistencia a la tala de bosques costó la vida a
tres líderes ambientalistas: Reyes, en julio, Carlos
Flores, en 2000, y Carlos Luna, en 1998. Estas muertes continúan
impunes.
El gobierno sostiene que no tolerará a grupos armados
y que controlará cualquier brote de violencia en Olancho.
En los años 80, cuando varias guerras civiles sacudieron
a América Central, Honduras tenía cinco grupos
guerrilleros de izquierda. Pero sólo dos Cinchoneros
y las Fuerzas Populares de Liberación Lorenzo
Zelaya cobraron algo de notoriedad, con acciones
esporádicas.
La autora es colaboradora de Tierramérica
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