|
Edición:
21 de diciembre de 2003


Pocos festejan el
fin de la novena ronda de negociaciones del TLC con EE.UU.
 |
|
Muchos
centroamericanos se oponen
al Tratado de Libre Comercio con EE.UU.
|
Estados
Unidos propuso hace poco más de un año a cinco
países de América Central un tratado de libre
comercio para desarrollar sus economías y erradicar
la pobreza creando empleos en la región de 37 millones
de habitantes.
Pero en nueve rondas de negociaciones concluidas el 17 de
este mes, el panorama promisorio se convirtió en amenazante.
La insistencia estadounidense en cuestiones delicadas llevó
a Costa Rica, el martes 16, a postergar la negociación
hasta enero, mientras las delegaciones de Guatemala,
El Salvador, Honduras y Nicaragua dieron por concluido el
acuerdo un día después, en la novena y última
ronda celebrada en Washington.
El retiro de Costa Rica tuvo su momento más tenso el
mismo martes, cuando el presidente Abel Pacheco amenazó
con no firmar el acuerdo de libre comercio si se mantenía
la posición colonizadora de Estados Unidos.
El TLC es por el bienestar de los costarricenses, es
una ayuda que nos da Estados Unidos generosamente a los centroamericanos,
(pero) si consiste en un proceso de colonización, no,
muchas gracias, advirtió Pacheco.
La decisión costarricense se debió al reclamo
estadounidense de apertura de los monopolios estatales de
seguros y telecomunicaciones.
Estamos avanzando con estos cuatro países. Esperamos
que Costa Rica se una pronto, pero tampoco vamos a esperarla,
advirtió el representante de Comercio de Estados Unidos,
Robert Zoellick.
Los documentos acordados se harían públicos
en abril, cuando se cumplan los plazos para ser ratificados
por los respectivos parlamentos y firmados por los presidentes.
Si el tratado entra en vigor en enero de 2005, más
de 80 por ciento de las manufacturas estadounidenses quedarán
libres de aranceles de manera inmediata. Como contrapartida,
Washington concederá un trato similar a casi todos
los bienes industriales y de consumo de los cuatro países
firmantes, lo que en los hechos implica consolidar los beneficios
ya vigentes en virtud de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe.
Más de la mitad de las ventas agrícolas de Estados
Unidos también quedarán inmediatamente libres
de aranceles, como la carne bovina de calidad, el algodón,
el trigo, la soja y el vino, entre otros.
Pocos festejan en América Central. Organizaciones sociales
encabezadas por campesinos recuerdan las advertencias que
lanzaron a inicios de este año: que el acuerdo podía
provocar la pérdida de miles de puestos de trabajo
y agravar la pobreza que ya afecta a más de la mitad
de la población.
Esa es la experiencia que sacamos de México,
cuando firmó el tratado (de Libre Comercio de América
del Norte) con Estados Unidos y Canadá, explicó
a Tierramérica el dirigente de la Coordinadora Nacional
de Organizaciones Campesinas en Guatemala (CNOC), Daniel Pascual.
La propuesta actual es solo apertura de fronteras centroamericanas
al mercado de Estados Unidos, apuntó el dirigente.
Según Pascual, a Estados Unidos sólo le interesa
eliminar los aranceles a la importación de maíz
y frijol, cultivos tradicionales de la región. Será
la aniquilación de miles de productores guatemaltecos,
eliminar la seguridad alimentaria y la tradición cultural,
aseveró.
Los cinco países de América Central intentaron
obtener una salvaguarda agrícola especial para proteger
a sus cultivadores de los subsidiados productos estadounidenses
que llegarán a sus mercados. Pero en virtud del secreto,
nada está claro.
Teníamos que pelear por un todo, en temas como
maíz, arroz, frijol, carne vacuna y porcina, pollo,
leche, azúcar, y en lo nuestro, los textiles y confección,
dijo a Tierramérica desde Washington Juan Carlos Paiz,
presidente de la Gremial de
Exportadores de Productos no Tradicionales.
Los productos textiles y de confección quedarían
libres de aranceles y cuotas retroactivamente, desde el 1
de enero de 2004, pero si cumplen las reglas de origen del
tratado, es decir si sus materias primas proceden de los países
parte. Este esquema prevé algunas excepciones.
Milton González, de la Coordinadora Nacional de Granos
Básicos de Guatemala, dijo a Tierramérica que
Estados Unidos fijó un plazo para llegar al arancel
cero en las ventas de frijol.
Nuestra propuesta era que por cada quintal (100 libras)
importado, las empresas nacionales debían adquirir
diez en el mercado local. Ahora está en peligro la
dieta de los guatemaltecos y miles de empleos agrícolas,
aseguró González.
Fuimos sacrificados; ahora vamos a tener que competir
en desiguales condiciones con productores de porcinos de Estados
Unidos, se quejó desde El Salvador Federico Fernández,
director de la Asociación de Porcicultores.
Según el empresario, los productores estadounidenses
podrán exportar por año unas 1,500 toneladas
de carne de cerdo a cada uno de los países del acuerdo,
con un aumento de 10% anual.
La cuota otorgada a Estados Unidos es el doble de lo
que habíamos planteado a nuestro equipo negociador,
lamentó Fernández.
El fin de las negociaciones pareció dar razón
a sectores sociales, encabezados por indígenas y campesinos,
que cuestionaron los supuestos beneficios del tratado. Pero
aún resta la batalla por la ratificación parlamentaria.
Apenas iniciamos la otra etapa: la lucha interna y regional
para que con marchas o como sea, los congresos no ratifiquen
un tratado que sólo traerá miseria, hambre y
muerte, dijo Pascual.
|