|
Edición:
21 de diciembre de 2003

 |
|
La
iglesia El Calvario, en el centro de San Salvador, es
un legado cultural.
|
Los
historiadores dicen que la colonia nos dejó solo la
marca infamae de la espada y de la encomienda, la inútil
destrucción del pueblo indio, en sus piedras magníficas
como en su espíritu.
De tal etnocidio devinieron en la humillación el sentimiento
de inferioridad del salvadoreño, su agresividad de
venganza y su melancolía profunda.
Sin embargo, sobre las ruinas y las lágrimas, el genio
hispano levantó monumentos de espléndida majestad
arquitectónica, obra bella en que entonces se mezclaron
la fuerza del conquistador y la inspiración del artífice
nativo, de todos modos mestizaje trascendente.
Esa piedra de iglesia, pátina del tiempo y antiguos
conventos, columnas, patios y fuentes forman parte preciada
de nuestro patrimonio nacional. Y no se le verá más
como un testimonio de un agravio, sino como testimonio, no
más, de un pasado que debe dejarse atrás en
el calendario como en el sentimiento, y estimarla ya como
producto del ingenio y esfuerzos humanos en tierra definitiva
y orgullosamente mestiza.
Para la cuaresma
Con ese espíritu debe verse la iglesia de El Calvario
con vestigios de grandeza arquitectónica y ornamental
desde sus cimientos, desde que el 10 de agosto de 1660, fray
Payo Rivera, obispo de Guatemala y Verapaz, dio la autorización
para la construcción del templo. El propósito
fue atender las festividades de cuaresma y Semana Santa.
En el siglo XVII la primera iglesia de El Calvario medía
16 varas y estaba a la orilla de la ciudad, en la ubicación
actual. Se había edificado de cal y canto...
Bueno como el marquesote
La iglesia fue destruida por el terremoto de 1854. La segunda
se construyó de madera, pero fue consumida por un incendio
el 24 de enero de 1908. Algunas de las imágenes fueron
rescatadas, entre ellas las de Gestas, el ladrón malo.
Después se erigió una ermita provisional, pero
al mismo tiempo se dieron los primeros pasos para la construcción
de un templo de cemento armado, siguiendo las líneas
tradicionales de la arquitectura italiana y española:
el gótico, arte religioso por excelencia. Los trabajos
fueron dirigidos por el ingeniero Augusto Baratta.
En 1925 fue nombrado como vicario de la iglesia el padre somasco
Juan Garacino. De él contaba el padre Agustín
Griseri, quien fuera párroco de ese templo, que era
tan bueno como el marquesote.
Tres veces por semana hacía un recorrido por los mercados
pidiendo limosna y otras tantas visitaba las casas de los
feligreses.
En su tiempo se terminó de construir el extremo norte
de la iglesia. Se edificaron cuatro altares y se dotó
al templo de una cúpula con vidrieras de color provenientes
de la casa Albano Macario, de Turín, Italia.
En la monografía de la iglesia El Calvario, el padre
Agustín Griseri relata que el sábado 29 de mayo
de 1932 se inauguró la primera parte de la iglesia:
... Cuando ingresamos al templo brotó de todos
los corazones al unísono un grito de amor: ¡Viva
el Divino crucificado! ¡Viva el Santo Patrono!.
De 1938 a 1950 se concluyó la obra, que fue consagrada
por monseñor Luis Chávez y González el
20 de enero de 1951.
Una cruz de plata
El piso, los altares y el vía crucis están hecho
de mármol de carrara, traído de Italia con ayuda
del ingeniero Baratta. El altar del presbiterio es una hermosa
réplica de la última cena, de Leonardo da Vinci,
elaborado en los talleres de la casa Lucas Arrighini, de Pietra
Santa (Lucca).
La iglesia cuenta con varios altares. La cruz del altar mayor
que está en el centro fue elaborada y engalanada con
plata. La historia dice que todos los calvareños llevaron
al templo utensilios de plata, como tenedores, cucharas, tazones,
que fueron fundidos y se obtuvieron 180 libras. Corría
el año 1934.
Asimismo la urna del santo entierro es una obra maestra elaborada
por el artesano salvadoreño Asisclo Acosta.
Debe destacarse además el baptisterio traído
de México, cuya capilla contiene tres ángeles
que representan la fe, la esperanza y la caridad. Ellos llevan
una custodia, un ancla y un corazón. En los extremos
se pueden apreciar el Mar Rojo y el río Jordán.
Todo elaborado por el pintor Marcelino Carballo. El baptisterio
fue consagrado el sábado de Gloria de 1945.
El templo tiene 64 metros de largo por 52 de ancho. Constituye
una joya arquitectónica en el centro histórico
de la capital. Es un punto de partida del desarrollo arquitectónico
y de la tradición religiosa de San Salvador desde sus
más remotos orígenes en 1660. Su tercera construcción
gótica, de cemento armado, es un testimonio fervoroso
de la vida añeja de la capital en el siglo pasado.
Iglesia y monumento a la religión, piedra secular y
venerable, estética de alta calidad indiscutible, para
darse y darnos un perfil bueno y sin duda amoroso de lo que
ya tenemos entrañado y forma parte imperecedera de
nosotros.
Una visita al interior de la iglesia El Calvario representa
un recorrido y un viaje a lo eterno, a lo misterioso y a lo
profundo de un pasado invaluable que se niega a morir.
|