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Edición:
21 de diciembre de 2003

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La
Navidad es producto de un milenario crisol de tradiciones
griegas y romanas.
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Cuando
compramos los regalos de Navidad, decoramos el árbol
o la casa o nos reunimos con la familia alrededor de la cena
navideña, en raras ocasiones nos detenemos a pensar
cómo se fueron formando esas tradiciones milenarias,
algunas de ellas mucho más antiguas que el propio cristianismo.
La fiesta más universal de Occidente, la conmemoración
del nacimiento de Jesús, se festejó por primera
vez el 25 de diciembre de 336, en Roma, pero hasta el siglo
V la Iglesia de Oriente siguió celebrando el nacimiento
y el bautismo del niño Dios de los cristianos
el 6 de enero.
En siglos posteriores, las diócesis orientales fueron
adoptando el 25 de diciembre y dejando el 6 de enero para
celebrar el bautismo de Cristo, con excepción de la
Iglesia armenia, que hasta hoy conmemora la Navidad en esa
fecha de enero.
No se conoce con certeza la razón por la cual se adoptó
el 25 de diciembre para celebrar la fiesta navideña,
pero los estudiosos consideran probable que los cristianos
de aquella época se hubieran propuesto reemplazar con
la Navidad la fiesta pagana conocida como natalis solis
invicti (festival del sol invicto), que correspondía
al solsticio de invierno en el Hemisferio Norte, a partir
del cual empieza a aumentar la duración de los días
y el sol sube más alto por encima del horizonte.
Una vez que la Iglesia oriental hubo adoptado el 25 de diciembre
para la Navidad, el bautismo de Jesús empezó
a festejarse en Oriente el 6 de enero, pero en Roma esa fecha
fue escogida para celebrar la llegada a Belén de los
Reyes Magos, con sus regalos de oro, incienso y mirra.
A lo largo de los siglos, las costumbres tradicionales vinculadas
a la Navidad se desarrollaron a partir de múltiples
fuentes. En esas tradiciones, tuvo considerable influencia
el hecho de que la celebración coincidiera con las
fechas de antiquísimos ritos paganos de origen agrícola,
que tenían lugar al comienzo del invierno.
Así, la Navidad acogió elementos de la tradición
latina de la Saturnalia, una fiesta de regocijo e intercambio
de regalos, que los romanos celebraban el 17 de diciembre.
Y no hay que olvidar que el 25 de diciembre era también
la fiesta del dios persa de la luz, Mitra, respetado por Diocleciano
y que había inspirado a griegos y romanos a adorar
a
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El
25 de diciembre de 336 se celebró por
primera vez el nacimiento de Jesús.
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Febo
y a Apolo.
En
el Año Nuevo, los romanos decoraban sus casas con luces
y hojas de vegetales y daban regalos a los niños y
a los pobres, y, a pesar de que el año romano comenzaba
en marzo, estas costumbres también fueron incorporadas
a la festividad cristiana.
Por otra parte, con la llegada de los invasores teutónicos
a la Galia, a Inglaterra y a Europa Central, ritos germánicos
se mezclaron con las costumbres celtas y fueron adoptados
en parte por los cristianos, con lo que la Navidad se tornó
desde muy temprano una fiesta de comida y bebida abundante,
con fuegos, luces y árboles decorados.
La Navidad que celebramos hoy es, pues, el producto de un
milenario crisol en el que antiguas tradiciones griegas y
romanas se conjugaron con rituales célticos, germánicos
y con liturgias ignotas de misteriosas religiones orientales.
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